Portada :: EE.UU. :: 60 Aniversario del bombardeo de EEUU en Japn
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-08-2005

Little Boy y Fat Man: cadas del cielo

Alfredo Iglesias Diguez
Rebelin


A las ocho y cuarto de la maana del 6 de agosto de 1945 la detonacin de Little Boy, una bomba con una potencia explosiva equivalente a 12,5 kilotones provoc que la temperatura ambiente ascendiese en el lugar de la explosin (a 600 metros del suelo) a 15 millones de grados centgrados en cuestin de segundos, siendo la temperatura en el suelo de 3.000 C, y una ola de presin devastadora en un radio de 2 Km. Los efectos fueron inmediatos: en 3 segundos se desintegraron los cuerpos de 110.000 vctimas inocentes y caus graves heridas y quemaduras a otras 190.000, al tiempo que la completa totalidad de los edificios situados en el permetro de la onda expansiva fueron destruidos por el fuego. Estos fueron los efectos inmediatos, los efectos convencionales; sin embargo, Hiroshima y sus habitantes haban sido vctimas del primer bombardeo nuclear de la historia, as que pronto vendran los efectos de larga duracin: las deformaciones y las malformaciones congnitas producidas por la exposicin a la radioactividad de cientos de miles de vctimas inocentes.

Tres das despus, sin atender a ninguna reaccin diplomtica de los japoneses, el presidente estadounidense Truman autorizaba el lanzamiento sobre Nagasaki de Fat Man, la tercera de las bombas que se fabricaron en el marco del Proyecto Manhattan; la primera (Trinity) haba sido detonada en el desierto de Nuevo Mxico como ensayo el 16 de julio anterior. En esta ocasin, los efectos tambin fueron devastadores, aunque un error de clculo evit que fuesen mayores, pues su carga explosiva (21 kilotones) casi duplicaba la anterior: 70.000 vctimas inocentes murieron tambin en cuestin de segundos y todo lo que haba en un radio de 2,5 Km. del epicentro qued reducido a cenizas.

Estamos ante el mayor acto criminal de la historia y sesenta aos despus, los EE UU continan justificando su accin, que siguen considerando necesaria y legtima. En este sentido, resulta reveladora la lectura del prestigioso semanario neoyorquino Time, que dedicaba su portada del pasado 1 de agosto a Kimuyo Watanabe, quien perdi a su familia el 6 de agosto de 1945 en Hiroshima, y titulaba el nmero Testigos de Hiroshima. De hecho, el artculo que abre el reportaje (Vivir bajo la nube), empieza con esta sentencia legitimadora: la bomba atmica arrojada sobre Japn puso fin a una terrible guerra; sin embargo, lo cierto es que, a pesar de la insistencia con que se repite ese argumento, no hay nada ms falso. En este sentido, conviene recordar que Alemania ya capitulara, que las fuerzas nacionalistas chinas vencieran a las tropas imperiales en Manchuria, que las Filipinas, Iwo Jima y Okinawa ya estaban controladas por los EE UU, que la fuerza naval nipona fuera derrotada y destrozada en la batalla de Midway y que Tokio haba sido tan persistentemente bombardeada que los japoneses ya haban solicitado la rendicin por conductos diplomticos que se mantuvieron ocultos a su poblacin. No es entonces cierto y evidente que la guerra pudo haber concluido tambin sin la necesidad de provocar semejante terror? As pues, habr que buscar otra justificacin para semejante accin militar.

Tambin llama la atencin, en el especial aniversario de Time, el artculo de fondo de David M. Kennedy, profesor de Historia en la Universidad de Stanford, donde, a pesar del ttulo (Cruzando el umbral moral), no se realiza ninguna condena de los hechos, si no que por el contrario se minimizan al sealar que las armas que incineraron esas dos desafortunadas ciudades (Hiroshima e Nagasaki) representaron una innovacin tecnolgica de temibles consecuencias para el futuro de la humanidad. Curioso tratamiento: armas incendiarias (y los efectos nucleares?), desafortunadas ciudades, innovacin tecnolgica... slo al final seala las temibles consecuencias para el futuro da humanidad (aunque no indica cuales) y destaca la necesidad de centrar en ese punto una futura discusin moral.

No obstante, esa futura discusin moral no tendr lugar en tanto que, como se advierte a lo largo del especial aniversario y de las noticias que leemos en toda la prensa occidental servil con el imperio, nos sentimos orgullosos de esa accin militar. En este sentido, fijmonos en el trato que deparamos a los Testigos de Hiroshima (los supervivientes del bombardeo nuclear, las vctimas, y la tripulacin que pilotaba los dos bombarderos B-29 que arrojaron las dos bombas atmicas, los verdugos) en la revista Time:

a las vctimas se les trata como vctimas, aparecen sus nombres, sus fotografas, sus historias son brevemente relatadas;

a los verdugos se les trata como hroes, aparecen sus nombres, se recrea la accin militar, quin era quien en cada bombardero, aparecen sus fotografas, se recogen sus impresiones y sus recuerdos

En este sentido, es necesario realizar una breve reflexin: mientras que se seleccionaron 10 supervivientes de entre las vctimas del bombardeo atmico, de las cuales se recoge una pequea historia del tipo Niimi estaba en casa con su madre y su hermana el 6 de agosto. Su hermano y su padre trabajaban cerca de la zona cero. Su padre fue gravemente herido en el bombardeo y muri una semana despus; nunca volvi a ver a su hermano. Se cas con otro superviviente, con el que tuvo tres hijos, que se inserta como pie de una pequea fotografa, a los verdugos se les realiza una amplia entrevista y se les dedica un amplio reportaje resaltando su aspecto humano, incluso se proyecta de ellos la imagen de ancianos entraables y tiernos que le estn contando a sus nietos una historieta de la que se muestran orgullosos. Destaca, pues, el hecho de que los miembros de la tripulacin (cuyos nombres, rango y puesto que ocupaban son sobradamente conocidos) son vistos como hroes, como soldados patriotas que cumplieron satisfactoriamente su misin; de hecho, el coronel Tibbets declar en ms de una ocasin que estaba sumamente orgulloso de su accin, que sin dudarlo volvera a repetir, y fue condecorado por el gobierno de los EE UU. No en vano se les conoce con el nombre genrico de flyboys y nombres como Enola Gay, Bockscar, Little Boy o Fat Man, figuran en nuestro imaginario colectivo bajo el signo de la admiracin, a penas recordamos que esas armas son las que causaron el mayor nmero de muertos en una sola accin militar.

Contrasta, frente a este tratamiento para con los hroes-verdugos, la informacin elaborada con ocasin de otro clebre aniversario: el de la liberacin de los campos de exterminio nazis. Si los tripulantes del Enola Gay y del Bockscar son hroes, los ejecutores de Auschwitz y otros campos de exterminio son criminales de guerra, son asesinos que actuaban en nombre de una poltica genocida y xenfoba sustentada en el ms odioso racismo alemn. No obstante, cul es la sutil diferencia que existe entre Auschwitz e Hiroshima? Quizs la nica diferencia reside en el ordenante, en el primer caso el abominable Hitler, en el segundo el presidente Truman. De hecho, en ambos casos murieron vctimas inocentes: ya fueran judos alemanes o japoneses, en ambos casos fueron vctimas de una guerra provocada para satisfacer intereses ajenos a los suyos.

En este sentido, hay que decir bien alto y claro que Auschwitz e Hiroshima son las dos caras de una misma guerra entre imperialismos, una guerra en la que, como ha demostrado brillantemente el historiador estadounidense Higham en su libro Transacciones concertadas con el adversario: desenmascaramiento del complot monetario nazi-estadounidense de 1939-1945, la familia Rockefeller, la Ford, Sosthenes Behn, o la familia Morgan, apoyaron y negociaron hasta el ltimo momento con Hitler, dndose la circunstancia de que los aviones que bombardeaban a los norteamericanos que avanzaban hacia Berln lo hacan gracias a los motores que le suministraba la Ford y el combustible que le suministraba la Standard Oil of New Jersey, de la familia Rockefeller: al gran capital no le interesan las vidas humanas, slo los beneficios.

No obstante, en tanto que Auschwitz forma parte de los crmenes de los perdedores hoy, sesenta aos despus, son recordados bajo el signo de la condena y el nunca ms, no hay que olvidar que el gobierno alemn que sucedi al III Reich pidi disculpas por los crmenes cometidos durante el nazismo; sin embargo, en tanto que Hiroshima forma parte de los crmenes de los vencedores hoy, sesenta aos despus, contina siendo justificada como una accin necesaria para poner fin a una terrible guerra y, por tanto, continua siendo legitimada, de hecho, el gobierno de los EE UU nunca ha condenado ese crimen ni ha pedido disculpas a las vctimas.

En definitiva, 60 aos despus del bombardeo atmico norteamericano de Hiroshima e Nagasaki, es necesario pensar Hiroshima, es necesario pensar en las causas de la legitimacin del mayor acto criminal de la historia de la humanidad. As, hoy, sesenta aos despus, debemos denunciar el bombardeo atmico de Hiroshima y Nagasaki y renunciar a considerar que fueron actos de guerra necesarios. Hoy, sesenta aos despus, debemos admitir que en los campos de exterminio nazis, en la ciudad de Hiroshima o Nagasaki, como tambin en la ciudad de Dresde y Tokio (vctimas de un bombardeo convencional terrorfico), murieron vctimas inocentes de una guerra que nicamente satisfaca los intereses del gran capital.

Hoy, sesenta aos despus, debemos condenar con la misma intensidad Auschwitz e Hiroshima, pero sobre todo debemos condenar el sistema que engendr esas atrocidades, el mismo sistema que hoy nos gobierna con otras armas: el capitalismo.



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