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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2014

23 notas sobre la contraofensiva de las derechas y las opciones de las izquierdas

Nils Castro
Rebelin

Texto de la intervencin realizada por el autor en la 12 Conferencia de Estudios Americanos, celebrada el 24 de octubre de 2014 en el Centro de Investigacin de Poltica Internacional (CIPI), en La Habana.


En estos aos me he interesado en el tema de los gobiernos progresistas surgidos en nuestra regin desde inicios del siglo XXI. Al comienzo, comentando las realidades que propiciaron su aparicin, sus aportaciones y lmites, y el campo de oportunidades que han abierto, as como las diferencias entre procesos progresistas y revolucionarios, intentando bosquejarle cierto marco terico al asunto. Luego, observando la muy previsible contraofensiva de las derechas, sus recursos y modos de operar y, en consecuencia, las acciones que las organizaciones y partidos de izquierda, y los gobiernos progresistas, debieran asumir para vencer esa contraofensiva y emprender la siguiente etapa del desarrollo regional. En este caso, ms en busca de respuestas polticas que de generalizaciones tericas.

Como en estos das hay acontecimientos que inciden en el tema y pueden modificarlo, hoy me limitar a resumir ciertas premisas que ya seal antes y a situar algunas consideraciones adicionales:

  1. Usualmente, las presentaciones sobre la oleada de gobiernos progresistas surgidos desde comienzos del siglo XXI empiezan por la primera eleccin de Hugo Chvez (1998). Sin embargo, pocas recuerdan que haca unos aos el establishment poltico mexicano le haba escamoteado una significativa victoria del movimiento encabezado por Cuauhtmoc Crdenas.

Enseguida de la victoria chavista empez una secuela de triunfos: el de la Concertacin chilena (2000) y los liderados por Lula da Silva (2002 y 2006), Nstor Kirchner (2003), Tabar Vsquez (2004), Martn Torrijos (2004), Manuel Zelaya (2005), Evo Morales (2006, 2009 y 2014), Daniel Ortega (2006), Michelle Bachelet (2006 y 2014), Rafael Correa (2006, 2009 y 2013), lvaro Colom (2007), Cristina Fernndez (2007 y 2011), Fernando Lugo (2008), Mauricio Funes (2009), Pepe Mujica (2010), Dilma Rousseff (2011 y 2014), Nicols Maduro (2013), Salvador Snchez Cern (2014) y Luis Guillermo Sols (2014).

A ellos deben aadirse las importantes demostraciones electorales abanderadas, tambin en el 2006, por Carlos Gaviria, Andrs Manuel Lpez Obrador y Ollanta Humala1.

  1. Ms que discernir sus respectivos perfiles polticos, aqu interesa observar que esa oleada ‑‑reelecciones incluidas‑‑, se extendi por todo el decenio y fue muy notoria en 2006. Antes de ese ao, lo que suceda pudo parecer una excepcin venezolana, que poco despus tuvo una rplica ms dilatada en el Cono Sur. Pero las victorias de Evo Morales y Rafael Correa evidenciaron que este brote andino ya implicaba la aparicin de un fenmeno continental. No extraa as que, aunque la punta del iceberg asom en 1988 y se confirm en 1998, fue a partir de 2006 que la literatura periodstica y acadmica lo asumi como tal, aunque todava apelando ms a reminiscencias ideolgicas de la poca anterior que inquiriendo en la originalidad del nuevo proceso.2

  2. Ese fenmeno emergi a travs de dismiles procesos nacionales, que en pocos aos sumaron un conjunto relativamente heterogneo. Pero esto no niega sino que confirma la vigencia de un factor comn: el agotamiento de los modelos conservadores constituidos por las derechas locales y los grupos financieros internacionales que, tras la imposicin de las prdicas y prcticas neoliberales, rpidamente agravaron la crisis social y sus efectos polticos. Pese a la intensa implantacin de los mitos neoliberales, el malestar e inconformidad exacerbados por ese drama sobrepasaron los sistemas polticos y electorales que, pas por pas, antes haban bastado para controlar la situacin.

Esa ola de gobiernos progresistas pronto signific que millones de latinoamericanos pudieron comer tres veces al da, mejorar sus condiciones de vida, obtener ciudadana, y todo lo dems que sabemos.

  1. A la vez, esa heterogeneidad dej atrs la poca en la que las conductas latinoamericanas eran uniformadas por la hegemona estadunidense, las polticas neoliberales se implantaban sin alternativa y sus portavoces podan reelegirse. Cada una de las naciones involucradas recuper importantes cuotas de autodeterminacin, soberana y recursos ‑‑aunque no todos los que la dominacin neoliberal les haba arrebatado‑‑. Entre sus realizaciones estuvo la de darle notable impulso a la integracin latinoamericana, ya no solo como un bien en s misma sino como una de las condiciones para potenciar el papel de Latinoamrica en el mundo, asegurar la defensa de la democracia y de las conquistas polticas y sociales conseguidas, y sustentar colectivamente su mantenimiento.

Eso le inyect a esta integracin un sentido emancipador y solidario, no estrechamente comercial.3

La agenda inconclusa

  1. Con todo, estos xitos progresistas no bastaron para superar el conjunto de distorsiones econmicas, sociopolticas y culturales que en los aos 80 y 90 la ofensiva neoconservadora impregn en el tejido de nuestras sociedades. Debe recordarse que, a inicios de aquel perodo, la crisis de la deuda quebr la inspiracin latinoamericanista de algunos gobiernos. Luego, tras la implosin del socialismo real, el cambio de la estrategia internacional china y la retraccin de las teoras revolucionarias latinoamericanas de los aos 60 y 70, un desconcierto temporal redujo la capacidad de las izquierdas para resistir a esa ofensiva. La hegemona neoliberal da la cultura poltica y organizativa de importantes segmentos populares, que sufrieron degradaciones y deserciones.4

  2. Al superar ese perodo, los xitos progresistas alcanzados en esos primeros lustros del siglo XXI se desarrollaron en dos campos que vale distinguir:

a) en el Cono Sur, donde los pactos para desmantelar las dictaduras de seguridad nacional permitieron aglutinar grandes partidos o coaliciones polticas como el PT, el Frente Amplio, el PJ kirchnerista y la Concertacin chilena. Aun dentro del subsiguiente rgimen poltico de democracia restringida, eso a la postre permiti elegir gobiernos comprometidos con promesas progresistas ‑‑con las limitaciones que ello implica‑‑;

b) en la regin andina (especialmente en Venezuela, Bolivia y Ecuador), donde los partidos y sistemas polticos establecidos padecan avanzado agotamiento y descrdito, facilitando que las protestas sociales los desbordaran con grandes movilizaciones populares (y tnicas). Esto pronto permiti darle ratificacin electoral a iniciativas ms audaces, y lograr importantes reformas al marco constitucional de los respectivos Estados.

  1. De todo ello se desprende que los xitos progresistas alcanzados durante la primera dcada del siglo XXI no resultaron de nuevos desarrollos y propuestas poltico‑ideolgicas, ni de la formacin de una nueva cultura poltica de las mayoras sociales y electorales que los hicieron factibles. Ms bien fueron expresiones sociales y electorales espontneas de su inconformidad con la situacin existente, de su repudio moral y su castigo poltico al rgimen existente, a su corrupcin, su insensibilidad social y su incapacidad para defender los intereses nacionales. Por consiguiente, fueron expresiones emocionales y sujetas a los vaivenes de las coyunturas electorales, como los mismos votantes an lo reflejan en las elecciones intermedias y locales.

  2. Esto es, la aparicin de ese fenmeno expres tanto la demanda como el lmite poltico de lo que esas mayoras sociales deseaban y eran capaces de acoger, elegir y sostener. El referente conocido ‑‑o recordado‑‑ de un proyecto ms radical era el de las izquierdas latinoamericanas de los aos 60 y 70. En uno y otro de esos dos campos hubo grandes contingentes dispuestos a impulsar y sostener hasta determinado punto un proceso de cambios, pero no disponibles an para asumir los riesgos y rigores de un proyecto revolucionario cuyo contorno se desdibuj en los aos 80.5

Se trataba de victorias electorales, no de revoluciones. Todava faltaba el proyecto de masas apropiado a las posibilidades de la nueva situacin. En este sentido, las discusiones sobre si estos gobiernos progresistas son o no revolucionarios fue ron ms discursivas que provechosas. Esos gobiernos han sido lo que en los lmites de sus propuestas electorales, y en los lmites sociopolticos, econmicos y culturales ellos podan ser, al menos hasta que ms adelante mejores alternativas cuenten con el apoyo de masas que las hagan factibles y sustentables.

  1. En el terreno histrico ms que en la imaginacin ideolgica, la coincidencia y la diferenciacin entre las opciones progresistas y revolucionarias fue visible al comienzo de la Revolucin cubana. En sus primeros dos aos, sus realizaciones y discurso tuvieron no pocos parecidos con algunos de los actuales gobiernos progresistas. En la terminologa de aquellos aos, a intentos como el cubano ‑‑y poco antes a los de Guatemala y Bolivia‑‑ se les llam revolucin democrtico‑popular o de liberacin nacional6, conceptos compartidos por las izquierdas de aquel entonces y que ahora no hay por qu soslayar sino reactualizar.

Qu le impide a estos gobiernos dar el salto que Cuba inici en los das de Playa Girn? Entre otras cosas, porque cuando en la Isla la guerra revolucionaria concluy el Ejrcito Rebelde haba remplazado al viejo ejrcito, la claque poltica tradicional haba sido desbanda, la derecha poltica, el Parlamento y la Corte Suprema se haban desintegrado por s mismas, el entusiasmo patritico y revolucionario martiano se haba tomado la cultura poltica dominante y los mayores medios de comunicacin se hundieron bajo el peso de sus complicidades con la oligarqua.

En el contexto de esa situacin revolucionaria, ante el pueblo indignado por los bombardeos que precedieron la invasin organizada por el gobierno norteamericano, Fidel Castro y sus compaeros decidieron cruzar el Rubicn. Y lo hicieron cuando las mayoras populares ya estaban dispuestas a combatir por la opcin socialista. Reclamar que los actuales gobiernos progresistas los imiten sin disponer de condiciones equivalentes que lo hagan factible ms parece un pretexto que una ingenuidad.

  1. Para resumir, a finales del siglo XX e inicios del XXI el repudio colectivo a las consecuencias sociales de la dominacin neoliberal desencaden crecientes movilizaciones populares. No obstante, qued inconclusa la misin estratgica de convertir esa inconformidad, y su enorme potencial poltico, en un nuevo conjunto de conocimientos y convicciones duraderos. Un conjunto no solo motivador, sino tambin eficaz para entender los mecanismos de ese estado de cosas y los medios requeridos para transformarlo a favor de los sectores sociales mayoritarios.

Sin embargo, por su carcter esta misin corresponde a las organizaciones, movimientos y partidos polticos expresivos de las reivindicaciones populares, con la colaboracin de los intelectuales afines. Incluso despus de ganar elecciones esa misin es indelegable, puesto que los gobiernos de izquierda tienen otras funciones que los comprometen a servir igualmente a los sectores sociales desafiliados o de otras preferencias polticas.7

Las derechas vuelven a la carga
  1. Por el lado opuesto, a su vez, las derechas polticas, econmicas y socioculturales vencidas en diversas elecciones a comienzos del siglo XXI, no por ello quedaron duraderamente derrotadas. Esos reveses no las privaron de su poder econmico, de sus relaciones transnacionales ni del control de los grandes medios de comunicacin. Por consiguiente, tras la perplejidad inicial, pasaron a prever y reorganizar sus propias opciones, de viejo o nuevo tipo, para recuperar su anterior poder poltico y gubernamental.

En la organizacin de sus intentos no falta el apoyo organizador, logstico y meditico de sucesivos gobiernos norteamericanos, en tanto que el progresismo latinoamericano tiene un sentido emancipador que erosiona la hegemona regional y global estadunidense.

  1. Esa contraofensiva dispone de cuantiosos recursos financieros y tcnicos que le permiten desplegarse en varios planos. Combina las viejas marrulleras polticas de los partidos conservadores y democristianos con avanzados recursos empresariales como asesoras forneas, investigaciones de mercado, tcnicas de publicidad y mtodos gerenciales de formacin de cuadros, etc. Como igualmente combina viejos y nuevos modelos de partidos, liderazgos, cooptaciones y retricas polticas, y mtodos de manipulacin electoral y formas ms brutales de desestabilizacin del orden pblico y asalto al poder.

Aqu tomara demasiado tiempo volver a describir cada uno de esos aspectos, sobre los cuales ya hay variado material informativo8, as que me limitar a apuntar los ms relevantes.

  1. Esta derecha reactualizada tambin dispone da varios gneros de respaldos transnacionales, entre los cuales destacan las conferencias, seminarios y cursos auspiciados por fundaciones y universidades privadas, asociaciones internacionales de partidos polticos y ONGs de diferentes tipos, as como organismos gubernamentales como la AID. Entre sus actividades ms frecuentes proliferan los encuentros subsidiados por fundaciones vinculadas al PP espaol y a la Heritage estadunidense, a los que concurren ex presidentes y personalidades de la reaccin latinoamericana y espaola del pelaje de Jos Mara Aznar, lvaro Uribe, Luis Alberto Lacalle, Henrique Capriles y hasta Ricardo Martinelli. Asimismo abundan los cursos y entrenamientos proporcionados por universidades del rea de Miami en materias como el marketing poltico, diseo e interpretacin de encuestas y manejo de polticas y mtodos de comunicacin.

  2. En la articulacin de grupos y liderazgos, la definicin de objetivos, la seleccin de temas y la orientacin de conductas y acciones, desempea un papel especial el manejo de los medios de comunicacin. La relevancia de su papel, en no pocos casos hace que quienes fijan e implementan la poltica editorial asuman de hecho la direccin estratgica de la ofensiva, dejndole a los polticos de oficio el papel de operadores de las lneas de accin que ellos disponen. No es para menos: esos medios custodian, actualizan y manejan la hegemona ideolgica, cultural y poltica del bloque socioeconmico dominante. Justifican sus decisiones, conductas y desempeos y, al propio tiempo, desacreditan y aslan a las personas y propuestas de quienes se oponen a dicho bloque, y ningunean sus iniciativas.

  3. Como piezas de la contraofensiva reaccionaria, esas instancias e instrumentos forman estados de opinin que resultan tanto de promover las figuras, opiniones y proyectos que al bloque dominante le interesa encumbrar, como de tergiversar a quienes lo adversan o banalizar sus ideas, para justificar las ataques y marginaciones que se cometan contra ellos en el curso de las campaas derechistas para descalificar a los sectores populares, y desestabilizar la situacin general, ya sea con vistas a objetivos electorales o para enmascarar los asaltos blandos o duros al poder gubernamental.

Un antecedente conocido fue el de la larga campaa meditica y desestabilizadora que precedi el golpe militar contra el gobierno de Salvador Allende. Dos ms recientes han sido la prolongada campaa de guarimbas en Venezuela y las movilizaciones que precedieron al campeonato mundial de ftbol en Brasil, entre otras.

  1. Del 2006 a la fecha se ha apelado a muy diversas modalidades de asalto al poder, cada una de ellas preparada y avalada por los grandes medios locales e internacionales de comunicacin. La conspiracin para inculpar de asesinato al presidente lvaro Colom, el golpe sui generis mediante el cual el ejrcito depuso y expatri a Manuel Zelaya y acto seguido entreg el gobierno al presidente del Congreso; la conversin de empresarios exitosos en candidatos presidenciales para derrotar a los socialdemcratas en Panam y Chile; la intentona secesionista de la Media Luna para sacar del poder a Evo Morales; la matanza de campesinos urdida para justificar el golpe parlamentario contra Fernando Lugo; la insubordinacin policial dirigida a derrocar a Rafael Correa; y, ltimamente, las campaas de desestabilizacin y descrdito emprendidas contra el gobierno de Cristina Fernndez y los escndalos mediticos fabricados para desprestigiar al de Dilma Rousseff, con vistas a erosionar sus posiciones en vsperas de nuevos retos electorales, etc.

Ello sin contar ms de medio siglo de conspiraciones, sabotajes, atentados y toda suerte de ataques materiales, econmicos, diplomticos y mediticos contra la revolucin y el pueblo de Cuba, entre los cuales ltimamente han descollado el auspicio, entrenamiento, dotacin y soporte internacional para blogueros y otros tipos de medios y operadores de redes digitales.

  1. Por otra parte, nada de ello ocurre por gestin meramente local. Cada una de esas acciones, desde su etapa preparatoria, ha dispuesto de un coro internacional que va ms all de los medios y agencias de prensa, y los alimenta. Esto incluye declaraciones de organismos de derechos humanos, de clubes de escritores y de directivos del FMI, de congresistas norteamericanos y rganos de la Unin europea, etc. Es decir, las campaas de la llamada nueva derecha no se circunscriben a la asociacin con sus congneres latinoamericanos, espaoles y estadunidenses; forman parte de una estructura global ms articulada y extensa.

  2. Entre los mayores objetivos de esa estructura y de las derechas locales est el de degradar el sentido del proceso latinoamericano de integracin. El solo hecho de que en la gestacin de la llamada Alianza del Pacfico hayan sobresalido personajes como Felipe Caldern Hinojosa, lvaro Uribe y Sebastin Piera, y de que eso inmediatamente recibiera fuerte aliento norteamericano, es de por s un aviso elocuente. Por lo tanto, en la coyuntura que tenemos por delante, defender la proyeccin emancipadora, solidaria y desarrollista del proceso de integracin deber ser uno de nuestros mayores empeos, aunque las organizaciones latinoamericanas de izquierda an disten de haber convertido ese tema en una aspiracin de masas.

Pero esta historia contina

  1. Esa es la naturaleza del adversario que los gobiernos progresistas y las izquierdas latinoamericanas tienen por delante. No ser con el respaldo de grandes recursos financieros, empresariales ni mediticos que lo podrn superar. Esto solo podr lograrse renovando tanto ideas y propuestas, como formas de lenguaje y comunicacin juvenil y popular.

Tanto ms cuando, tras las sucesivas reelecciones de los partidos y los lderes progresistas, los aos no dejan de acumularse y, a los ojos de los jvenes, nosotros mismos empezamos a formar parte del pasado. El tiempo reabre a los conservadores la oportunidad de presentarse como los portadores del cambio que anhelan los insatisfechos de hoy. A los doce aos de gobiernos del PT, por ejemplo, las demoras de la reforma agraria o de la reorganizacin del transporte metropolitano no pueden achacarse a Collor de Mello o Fernando Enrique Cardoso, ni mucho menos a los militares.

  1. Frente a la magia de la publicidad y la manipulacin de la maquinaria meditica burguesa, y de su capacidad para reciclar el reinado de la vieja cultura de su conveniencia, solo construir una contracultura o nueva cultura poltica popular puede darle a nuestros pueblos la solidez de convicciones indispensable para enfrentar crticamente las ofertas de los grandes medios.

Esa contracultura es indispensable para contrarrestar y superar la hegemona ideolgica y poltica del bloque dominante. Precisamente porque eso no puede lograrse a corto plazo, debe ser la primera de nuestras dedicaciones, transversal a todos nuestros dems esfuerzos.

  1. El impacto de la contraofensiva de las derechas no es un asunto colateral. Hace cuatro aos algn optimismo o autosatisfaccin imprudente podan tomarla como un asunto manejable. Sin embargo, durante este ltimo perodo la reeleccin de los candidatos del PSUV, del FMLN y del PT fue ms difcil y reida de lo previsto; Alianza Pas sufri reveses inesperados en Quito y otras ciudades, y los xitos contundentes solo volvieron a producirse en Bolivia y, en menor grado, Uruguay. En Brasil la victoria presidencial se acompa de importantes prdidas parlamentarias; el fantasma de la derrota amenaz al destino de la integracin latinoamericana y caribea.

La izquierda progresista est a la defensiva y de eso ella debe extraer importantes lecciones y reajustes de mtodos, estilos y objetivos. En esto la reaccin reflexiva y poltica de Rafael Correa fue ejemplar, al convocar el encuentro latinoamericano de partidos, organizaciones y movimientos progresistas para debatir cmo derrotar la estrategia de restauracin conservadora de nuestra Amrica.9

  1. Ms all de aciertos y errores locales, y de mayores o menores dinmicas y alcances, pueden tres lustros de surgimiento y reproduccin de gobiernos progresistas reducirse a eventos coyunturales, o expresan fenmenos estructurales de mayor significado? Desde luego, la eleccin y reeleccin de gobiernos progresistas, y parte de sus realizaciones, son reversibles. Pero es irresponsable sostener que su paso no deja huellas. Aun en el peor de los desenlaces, durante este perodo ya hay acumulaciones que echaron races en la evolucin de las culturas polticas de los pueblos latinoamericanos.

La movilizacin social y electoral de grandes masas, que puso en escena nuevos sujetos y objetivos polticos, derrumb gobiernos o los hizo tambalear, expresa movimientos telricos del desarrollo latinoamericano: las clases se movieron, sus exigencias continan y las conciencias han pasado a hacer un nuevo balance de posibilidades. Nadie tiene por qu ser mejor que nosotros para aprender de sus errores y volver a la liza fortalecidos. Donde sea el caso, el revs sufrido puede ser parte de una historia donde las fuerzas progresistas retornarn mejor dotadas. En Honduras, Libre es muy superior a la anterior ala democrtica del partido liberal; en Paraguay, el Frente Guas posterior al derrocamiento de Lugo tiene mejores propuestas y arraigo social que aquel que en el pasado eligi al obispo.

  1. Si el progresismo es sntoma de un fenmeno estructural, las eventuales ganancias de la contraofensiva de la derecha deben asumirse como reveses aleccionadores, cuyo anlisis autocrtico ayudar a realimentar la continuacin de la ofensiva de izquierdas.

Por su naturaleza, las derechas son inevitablemente conservadoras, pues su misin es conservar o recuperar estructuras y privilegios del pasado, por mucho que ellas pretendan envolverse en los ropajes del cambio. Como a su vez las izquierdas legtimas solo pueden ser innovadoras, una vez que expresan la fuerza creativa de quienes senos indignan frente a las causas de las injusticias y desigualdades del presente que queremos remplazar.

Esta verdad medular debe incidir sobre nuestras organizaciones y proyectos, sobre sus modos de abordar y sumar a nuestros pueblos, sobre sus lenguajes y modos de escuchar, renovar propuestas y persuadir. Solo as ellas podrn convocar, formar y ayudar a organizarse por s mismos a los contingentes sociales necesarios para pasar del progresismo ahora posible a la necesaria transformacin revolucionaria, y sostenerla.

Notas:

1. Pese a lo decepcionante que este ltimo personaje enseguida resultara, en aquel momento quienes votaron por l crean hacerlo por una opcin progresista.

2. Es errneo e intil juzgar el carcter de estos gobiernos segn el rasero de las pre misas y expectativas conceptuales caractersticas de los aos 70.

3. Sentido que, por otra parte, contribuye a multilateralizar las relaciones internacionales y erosiona la hegemona estadunidense. Si bien esto propicia la adquisicin de nuevos socios pero, a la vez, define y moviliza la hostilidad norteamericana y sus capacidades conspirativas.

4. Las agrupaciones y personalidades ms fieles al inters popular y nacional mantuvieron las denuncias y protestas contra las tragedias sociales, las corrupciones y las renuncias a la soberana agudizadas por las polticas neoliberales pero, batindose a la defensiva, tuvieron escasa posibilidad de desarrollar propuestas alternas.

5. A escala masiva, de los aos 70 quedaba la memoria de los costos y sacrificios que acompaaron al esfuerzo revolucionario sin que sus esperanzas se cumplieran.

6. Por ejemplo, en 1960 Blas Roca, respetado dirigente del Partido Comunista cubano, caracteriz lo que suceda en Cuba como un proceso caracterstico de una revolucin democrtico burguesa en los pases coloniales, semicoloniales o dependientes, o sea, una revolucin agraria y antimperialista. Ver 29 artculos sobre la Revolucin Cubana, Publicaciones del Comit Municipal de la Habana del Partido Socialista Popular, 1960, p. 20.

7. La crtica de ciertas izquierdas sealando que estos gobiernos no forman cuadros ni organizaciones revolucionarias es una forma de eludir la responsabilidad que les corresponde por incumplir esa misin. Desde siempre, la formacin de cuadros idneos para implementar su proyecto ha sido una de las misiones medulares de los partidos, gobernantes o no.

8. En lo que me corresponde, hace pocos aos elabor para el CIPI un material sobre la contraofensiva reaccionaria y la llamada nueva derecha, discutido en una de las pasadas Conferencias. Al respecto, ver Quin es la nueva derecha? en Agencia Latinoamericana de Informacin (Alai) del 14 de abril de 2010 o en Rebelin del 15 de abril de 2010.

9. Al respecto, ver su discurso inaugural del Encuentro internacional de partidos, movimientos, frentes y organizaciones de izquierda progresista Amrica Latina unida y soberana frente a la restauracin conservadora, en Quito, el 29 de septiembre de 2014 [www.elap2014.com].

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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