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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-11-2014

Entrevista a la sociloga Maristella Svampa
Cristina, el maldesarrollo y el progresismo sudamericano

Emiliano Guido
Brecha


Los libros de y ensayos de Maristella Svampa no ocupan un lugar central en las bateas promocionadas por los gobiernos progresistas sudamericanos. Indudablemente piezas como 15 mitos y realidades de la minera transnacional argentina, o la novela Donde estn enterrados nuestros muertos, van a contramano de la narrativa de poca gubernamental.

Vens acuando la categora consenso de los commodities para referirte a un modelo productivo y cultural regional invisibilizado en el relato poltico de los gobiernos progresistas, Qu hechos, datos o acontecimientos de la actual coyuntura sudamericana te parecen que refuerzan o resignifican tu tesis sobre la ilusin (neo) desarrollista?

Creo que, en los ltimos aos hubo una suerte de blanqueo del consenso de los commodities. Me explico. La expansin del neoextractivismo, y la conflictividad asociada a ste, hay que leerlas desde una perspectiva dinmica. En esa lnea, el consenso de los commodities tiene varios momentos. La primera fase es la del perodo de auge econmico, de apertura poltica, pero tambin de no reconocimiento de los conflictos asociados a la dinmica extractiva. Esta fase se extiende aproximadamente desde 2002-2003 hasta 2008-2010, poca en la cual varios gobiernos progresistas, consolidados en sus respectivos mandatos (algunos en un contexto de reeleccin) fueron admitiendo una matriz explcitamente extractivista, debido a la virulencia y la visibilidad a nivel nacional que adquirieron ciertos conflictos territoriales y socioambientales: ah los casos del Tipnis (Bolivia); la construccin de la megarrepresa de Belo Monte (Brasil), la pueblada de Famatina (Argentina) y las resistencias contra la megaminera (Argentina), la suspensin final de la propuesta Yasun (Ecuador), el conflicto por el proyecto megaminero de Aratir (Uruguay), entre ellos. La respuesta de los diferentes gobiernos progresistas fue la estigmatizacin de la protesta ambiental y la deriva hacia una lectura conspirativa. Optaron por un lenguaje nacionalista y el escamoteo de la cuestin, negando la legitimidad del reclamo y atribuyndolo, sea al ecologismo infantil (en Ecuador), al accionar interesado de Ong extranjeras (en Brasil y Bolivia) o incluso al ambientalismo colonial (segn el vicepresidente Garca Linera, en Bolivia). Ni que hablar de Argentina, donde se minimiz el conflicto en Famatina, se busc su reencapsulamiento en la esfera provincial y la megaminera fue finalmente blanqueada; esto es, presentada como parte legtima del proyecto kirchnerista.

Se abri, entonces, lo que llamo una segunda etapa que nos interna en un perodo de blanqueo u oficializacin del consenso de los commodities, a raz de los conflictos en los territorios. Esta corresponde tambin a una poca en la cual los gobiernos progresistas redoblaron la apuesta, a travs de la multiplicacin de los proyectos extractivos, paradjicamente utilizando un discurso industrialista. Para el caso de Brasil, el Plan de Aceleracin del Crecimiento multiplica el nmero de represas en la Amazonia. En Bolivia es la promesa del gran salto industrial, frmula lanzada en 2010 y basada en la multiplicacin de los proyectos extractivos (gas, litio, hierro, agronegocios, entre otros). Para el caso de Ecuador, es el avance de la megaminera y el final de la moratoria del Proyecto Yasun (2013). Por su parte Venezuela formul en 2012 el plan estratgico de produccin del petrleo, que implica un avance de la frontera de explotacin en la faja del Orinoco, donde se hallan los crudos extrapesados (no convencionales). Argentina lanz el Plan Estratgico Agroalimentario 2010-2020, que proyecta un aumento de la produccin de granos, al tiempo que avanza en la explotacin de los hidrocarburos no convencionales, a travs del fracking. Entre 2013 y 2014 Uruguay anuncia de modo unilateral dos aumentos en la produccin de la pastera Upm (ex Botnia); y el conflicto por Aratir se profundiza.

Adems, como afirma Martnez Alier en un artculo reciente, la balanza comercial de pases como Argentina, Colombia, Brasil, Per y Ecuador ya presenta un saldo negativo. Se exporta mucho y sin embargo no se cubre el costo de las importaciones. Esto no slo conlleva ms endeudamiento sino tambin ms extractivismo, a fin de cubrir el dficit, con lo cual entramos ya en una espiral perversa.

Qu lneas de continuidad o ruptura tiene el actual desarrollismo con el modelo desarrollista de sustitucin de importaciones pregonado en la dcada del 60 en la regin.

Veo escasas continuidades y claras rupturas. Ms all de la retrica nacionalista en boga, uno de los elementos clave es la asociacin con los capitales privados multinacionales, cuyo peso en las economas regionales, lejos de atenuarse, se fue acentuando a medida que se expandan y multiplicaban las actividades extractivas. Un nuevo desarrollismo, ms pragmtico y en clave extractivista, no necesariamente ligado a las formas del estatismo propio de los aos cincuenta-setenta, asoma como rasgo central de la prctica dominante, y configurando la nueva hegemona. Adems, el efecto de reprimarizacin de las economas se profundiza con el rol cada vez mayor que tiene China en Amrica Latina.

El maldesarrollo no tiene que ver solamente con modelos de produccin sino tambin con modelos de consumo que prevalecen tanto en el Norte como en el Sur global, con lo cual estamos frente a un problema de fondo, de orden civilizatorio. Esto no significa desresponsabilizar a los gobiernos latinoamericanos, cuando vemos que stos promueven activamente dichos modelos de maldesarrollo a travs de polticas pblicas y los presentan como la panacea. Es lo que hizo el kirchnerismo en la ltima dcada, a travs del modelo sojero, el de megaminera y ahora con el de hidrocarburos.

Tomemos el modelo sojero: en vez de pensar en una transicin y salida del monocultivo, el gobierno redobla la apuesta a travs del Plan Estratgico Agroalimentario 2010-2020, que plantea un aumento del 60 por ciento de la produccin de soja, con los efectos que esto tiene en trminos de deforestacin, corrimiento de la frontera agropecuaria y, por ende, de mayor criminalizacin y represin de poblaciones campesinas e indgenas. A esto sumara los efectos socio-sanitarios que se estn haciendo pblicos y los nuevos convenios con la trasnacional Monsanto y los conflictos desatados en la provincia de Crdoba, que tambin ilustran la relacin entre modelo sojero y regresin de la democracia. Por ltimo, agreguemos el proyecto de la nueva ley de semillas, que avanza en el sentido de la mercantilizacin. As, pese al fuerte imaginario agrario que hay en Argentina, la visibilidad del agronegocio como modelo de maldesarrollo es cada vez mayor.

Los gobiernos de la regin aducen que China, o muchos de los pases del Brics (grandes inversores en el rea de los commoditites), ejercen una suerte de dominacin suave, ya que como hegemn no se entrometen en la agenda domstica gubernamental, en contraste con el injerencismo estadounidense. Qu te parece esta lectura poltica?

Creo que es de una gran ingenuidad. Lejos de la autodefinicin como pas en desarrollo, China constituye hoy una gran potencia econmica, con un ascenso vertiginoso y una diversificada presencia a nivel global. El ingreso a un mundo multipolar tiene a China como uno de los candidatos firmes a convertirse en posible hegemn en el moderno sistema-mundo. Segn el Consejo Nacional de Inteligencia de Estados Unidos, para el ao 2030 Asia habr superado a Amrica del Norte y a Europa combinadas en trminos de un poder global basado en el nivel de Pib, poblacin, gasto militar e inversin tecnolgica. En este marco, en los ltimos aos los intercambios entre Amrica Latina y China se intensificaron notoriamente. Tal es as que China ocupa el primer puesto como pas de destino de sus exportaciones para Brasil, Chile y Per; el segundo para Uruguay, Venezuela y Colombia, el tercero para Argentina. Asimismo, es el principal pas importador para Brasil y Paraguay, y el segundo para Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Honduras, Mxico, Per, Panam y Venezuela.

As, en el sector de hidrocarburos, estn presentes en la regin las cuatro grandes empresas de origen chino: Sinopec, la Corporacin Nacional de Petrleo de China, la China National Offshore Oil Company y Sinochem. Por otra parte, no podemos dejar de mencionar la participacin conjunta en explotaciones por parte de Sinopec con Repsol Brasil, y de Sinochem con Statoil Brasil (ambas de origen europeo) y la adquisicin del 50 por ciento del grupo Bridas (Argentina) por parte de Cnooc. Bridas, que es la propietaria del 40 por ciento de las acciones de Pan American Energy, explota el yacimiento petrolfero ms importante de Argentina, Cerro Dragn, en Chubut. Tambin estn presentes capitales chinos en Vaca Muerta, para la explotacin de hidrocarburos no convencionales. Puede concluirse que el tipo de inversiones que la regin latinoamericana recibe de China no tiende a desarrollar capacidades locales, ni actividades intensivas en conocimiento o encadenamientos productivos. Tiende a potenciar las actividades extractivas en detrimento de aquellas con mayor valor agregado, lo cual genera un efecto reprimarizador de las economas de Amrica Latina.

Ms all de las expresiones de deseo que podemos encontrar en los documentos de la Cepal, o en ciertos analistas (Mnica Bruckmann, por ejemplo), estamos lejos de una relacin de cooperacin Sur-Sur. Antes bien, estamos asistiendo a la consolidacin de nuevas y vertiginosas relaciones asimtricas entre Amrica Latina y China. La emergencia de una nueva dependencia, cuyos contornos en trmino de ordenamiento econmico y jurdico y condiciones de subordinacin (y de desarrollo) se estaran definiendo, hacen plausible la hiptesis del pasaje del consenso de los commodities al consenso de Beijing, lo que traer aparejado nuevas consecuencias polticas, sociales, ambientales y culturales.

Muchos intelectuales orgnicos del rumbo progresista regional, como el vicepresidente boliviano Garca Linera, defienden el modelo extractivista con dos ejes bien claros: que la captura de renta posnacionalizacin de recursos permite fomentar planes sociales y, por otro lado, recuerdan que los pases perifricos deben completar la senda del desarrollo econmico para luego, s, poder dar un salto cualitativo en la matriz productiva.

Bolivia es uno de los pases en los cuales la poltica de planes sociales est directamente atada a la renta extractiva. Sin embargo, creo que se exagera la relacin entre planes sociales y reduccin de la desigualdad. En realidad, a la hora de hacer un balance ya se est viendo que en pases como Ecuador y Argentina, en la ltima dcada, la disminucin de las desigualdades fue mnima y la concentracin econmica mayor. Sucede que si el patrn de distribucin de riqueza no es afectado, como afirma el ecuatoriano Alberto Acosta, los ricos seguirn siendo ms ricos, y los pobres, pueden en algn caso mejorar sus condiciones de vida, gracias a una serie de ejercicios clientelares del Estado, pero seguirn siendo marginados y dependientes. Tengamos en cuenta que el 19 por ciento de la poblacin latinoamericana, segn estimaciones de la Cepal, recibe planes sociales. Podemos compartir la medida, pero de ninguna manera podemos afirmar que esto se traduzca en una reduccin significativa de las brechas de desigualdad. Los excluidos siguen siendo excluidos y, ms que nunca, dependientes de las polticas gubernamentales.

Por otro lado, es un error seguir creyendo que hay una senda evolutiva que conduce del subdesarrollo al desarrollo. El extractivismo no conduce a un modelo de desarrollo industrial o a un salto de la matriz productiva, sino a ms reprimarizacin y a la consolidacin del maldesarrollo, insustentables en diferentes niveles y dimensiones, que abren a una fase de criminalizacin y violacin de derechos humanos. Por ltimo, hay que pensar de modo ms global, no quedarnos en la cuestin nacional y regional: los sucesivos informes sobre los lmites del crecimiento, la huella ecolgica, el calentamiento global, entre otros, nos envan claras seales hacia los pases del Sur de que el modelo de desarrollo industrial propio de los pases del Norte no puede ser universalizable, ya que tenemos un solo planeta, y queremos conservarlo.

El agronegocio sojero y la megaminera ganaron cierto consenso social y un significativo apoyo gubernamental gracias a su alta renta en divisas. Los promotores petroleros del fracking recorren la misma estructura narrativa que las anteriores oleadas extractivistas para promocionar la viabilidad del gas shale?

Para comenzar, no es lo mismo el agronegocio, en trminos de renta en divisas, que la megaminera. En el libro mostramos las limitaciones de esta lectura respecto de la megaminera, contestando punto por punto los argumentos y datos de la Cmara Empresarial Minera. No los voy a repetir ac. Por otro lado, el libro tiene un captulo largo sobre el fracking donde analizamos la construccin de lo que llamamos el consenso sobre el fracking, el cual se monta sobre una campaa nacionalista (la expropiacin parcial de Ypf), y en la asimilacin entre soberana hidrocarburfera y soberana energtica.

No es casual que esta campaa haya arrancado luego de la aprobacin del convenio con la multinacional estadounidense Chevron. A partir de ah, la estrategia comunicacional del gobierno se propuso minimizar todas las irregularidades e ilegalidades cometidas, colocando un manto de olvido sobre las mltiples dudas que haba respecto del citado convenio. Ms aun, busc construir un consenso en torno del fracking, mostrando que de la mano de Ypf ste no es slo seguro y necesario, sino adems altamente beneficioso para el pas. As que, si bien encontramos una narrativa eldoradista, sta se hace en clave fuertemente nacionalista; algo que el gobierno argentino explot al mximo, al punto de identificar la seleccin de ftbol con Ypf, y el valor de la recuperacin de Ypf con la figura de Messi.

A qu te refers cuando habls de urbanismo neoliberal?

Me refiero al modelo de ciudad que hoy se impone en nuestro pas, expresado en el vertiginoso proceso de especulacin inmobiliaria que mercantiliz hasta el paroxismo las condiciones de acceso a la vivienda, cuestionando la tradicin de los espacios pblicos. Enrique Viale lo denomina tambin extractivismo urbano. Lejos de salir del modelo de ciudad neoliberal, en los ltimos diez aos los diferentes gobiernos profundizaron la accin del mercado de la mano de los grandes agentes econmicos. Tambin incluimos en el libro la expansin de los megaemprendimientos residenciales al estilo de los countries, comerciales y tursticos, que se reactivaron de la mano de desarrolladores y grandes grupos inmobiliarios a partir de 2004. Un ejemplo de ello son las urbanizaciones cerradas acuticas que construyen su oferta en torno a paisajes asociados al agua y que hoy amenazan ecosistemas estratgicos y frgiles, como los humedales y las cuencas de los ros, imprescindibles para la sustentabilidad del aglomerado metropolitano.

En clave regional, organismos como la Unasur han dado debates y acciones soberanas muy interesantes en el captulo de la defensa (Consejo de Defensa Sudamericano), en materia poltica (desconexin de la Oea), e incluso antinarcticas (despegue de la doctrina del Comando Sur). Por qu te parece, entonces, que el proceso de integracin regional no aborda de manera encendida cmo desconectarse de las grandes cadenas de valor mundial que profundizan el perfil primarizante de nuestra economa?

La Unasur defiende una perspectiva neoestructuralista, desarrollada por la Cepal, que parte del reconocimiento de que la acumulacin se sostiene en el crecimiento de las exportaciones de commodities o bienes primarios. Ya en 2010 el brasileo Bresser Pereira escribi sobre el neodesarrollismo sealando que en la era de la globalizacin, el crecimiento liderado por las exportaciones es la nica estrategia sensata para los pases en desarrollo. El neoestructuralismo aparece as como la base conceptual de los gobiernos progresistas en cuanto a la concepcin del desarrollo. Esta posicin, hoy sostenida por la Cepal, fue presentada oficialmente en la Unasur en la reunin de Caracas, en junio de 2013, centrada en el tema Recursos naturales para un desarrollo integral de la regin, que subraya las condiciones privilegiadas que ofrece Amrica Latina en la actual fase, en trminos de capital natural o de recursos naturales estratgicos, demandados por el mercado internacional, muy especialmente Asia.

El neoestructuralismo tiene una concepcin sobre los bienes naturales que instala un campo de ambigedad entre la nocin de commodities y recursos naturales estratgicos. Si bien la poltica de desarrollo se orienta al crecimiento de las exportaciones y la asociacin con grandes corporaciones trasnacionales, tambin busca un control mayor por parte de los estados de la renta extractiva, en materia de hidrocarburos y energa. En una suerte de wishful thinking, la regin propone como estrategia industrializar los recursos naturales, que algunos avizoran a travs de la relacin estratgica con China (vase Mnica Bruckmann). Otros autores consideran que a partir de la primera parte del siglo XXI ya no es posible hablar de deterioro de los trminos de intercambio (tal como lo haca Ral Prebisch en dcadas pasadas al criticar la estructura productiva de los pases latinoamericanos y dar cuenta de las relaciones asimtricas del intercambio comercial con los pases desarrollados). Pero los deseos no pueden contra la realidad, ya que lo que tenemos es un escenario crecientemente reprimarizador. Y, adems, pareciera que la cada de los precios de los commodities en los ltimos tiempos no les daran la razn.

La Alianza del Pacfico, en caso de ensancharse a nivel regional, implicara una profundizacin del modelo productivo extractivista?

Es cierto que tres de los cuatro pases que componen esa alianza (Per, Chile, Colombia), son exportadores de commodities y son extractivo-dependientes (a excepcin tal vez de Mxico, el cuarto socio). Pero la profundizacin del extractivismo tambin se ha venido dando en un contexto de gobiernos progresistas. La industria retrocede en Argentina, e incluso en Brasil, frente a la demanda de commodities.


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