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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2014

Tras la ltima agresin del Estado de Israel contra Palestina...
Lecciones de Gaza

Julien Salingue
Viento Sur


[La reciente agresin contra la Franja de Gaza ha demostrado de nuevo la locura destructora y asesina que es capaz de mostrar el Estado de Israel cuando trata de aplastar al pueblo palestino, a sus organizaciones y a sus aspiraciones nacionales. Cerca de 2.000 personas muertas, ms de 11.000 heridas, ms de 500.000 desplazadas (30% de la poblacin), decenas de miles de edificios parcial o totalmente destruidos Cifras que producen vrtigo, an ms si se piensa en la pequeez de la franja costera, una vez ms vctima de una ofensiva que es una masacre. A finales de agosto, se logr un alto el fuego cuyos trminos y condiciones muestran que aunque es inapropiado hablar de victoria de los palestinos, hemos asistido a una derrota poltica y militar del Estado de Israel.]

Falsos pretextos y verdaderos objetivos

Muchas personas se han preguntado sobre el motivo del momento elegido de esta nueva agresin para comprender las verdaderas razones del Estado de Israel ms all del eterno pretexto de los cohetes desde la Franja de Gaza, ya citados durante la campaa precedente de bombardeos en noviembre de 2012. En aquella poca, Israel afirmaba que intervena con el nico fin de proteger a sus habitantes de los cohetes. Sin embargo, antes del inicio de la ofensiva de 2012, ningn israel haba muerto a causa de un cohete desde haca un ao. La historia se repite: Gaza ha sufrido este verano un diluvio de hierro y fuego siendo que la ltima vez que un israel muri a causa de un cohete se remontaba a noviembre de 2012, durante la anterior operacin israel.

No se trata de hacer balances macabros sino de recordar algunos datos: desde que hace siete aos, Hamas tom el control de Gaza y antes de la ltima agresin, 17 israeles haban muerto a causa de los cohetes, 10 durante la operacin Plomo fundido (invierno 2008-2009) y Pilar defensivo (noviembre de 2012). Con otras palabras, ms de la mitad de las vctimas de los cohetes murieron durante las operaciones israeles y el nmero de 17 hay que compararlo con el de ms de 2.000 gazates muertos durante el mismo periodo..., un desequilibrio semejante a la relacin de las fuerzas militares que hace ms escandaloso el discurso sobre las amenazas y la violencia del que sera vctima el Estado de Israel que no hara ms que defenderse.

Hay que buscar ms all las verdaderas razones de la agresin. En primer lugar, para Netanyahou, se trata de una operacin de poltica interior. A la cabeza de una coalicin que engloba a la derecha, la extrema derecha y los colonos, Netanyahou ha elegido una vez ms la brutalidad para contentar a sus socios y a un electorado que confluyen en el odio a los palestinos. Despus del descubrimiento del cuerpo de tres jvenes israeles desaparecidos cerca de una colonia de Cisjordania y el aumento de los abusos contra los palestinos, Netanyahou eligi atender a las llamadas al odio golpeando a la poblacin de Gaza, a la que es totalmente fantasioso atribuir la muerte de los tres israeles asesinados cerca de Hebron.

En segundo lugar, la operacin intentaba desviar la atencin internacional, que las semanas anteriores se concentraba en Cisjordania, Jerusalem e Israel, por la multiplicacin de las llamadas al odio y la venganza y el paso de las palabras a los hechos: la horrible muerte del joven Mohammed Abou Khdeir (quemado vivo), la paliza a su primo Tareq por parte de la polica, pasando por las incursiones llevadas a cabo por los colonos, las decenas de actos criminales perpetrados. Todo esto mostrara a quienes se negaban a verlo, la verdadera cara de la violencia y el racismo del Estado de Israel, a quien le incumbe la principal responsabilidad, y a los propios dirigentes israeles, a pesar de sus hipcritas declaraciones de condena con la boca pequea, de los abusos cometidos contra los palestinos.

Romper la unidad nacional palestina?

Hay que tener en cuenta un tercer factor aunque no se trata de sobrevalorarlo: el acuerdo de reconciliacin firmado a finales de abril por Hamas y la OLP y la creacin de un gobierno de unidad nacional a principios del mes de junio. Este acuerdo aunque es muy desfavorable para Hamas (volveremos sobre esto), era intolerable para el Estado de Israel en la medida en que contribuye a normalizar a Hamas en la escena poltica regional, pero tambin en la internacional, ms an, despus del reconocimiento por la Unin Europea y los Estados Unidos, de la legitimidad de un gobierno formalmente apoyado por los dos principales componentes del movimiento nacional palestino.

Una de las constantes de la poltica israel respecto a los palestinos es la voluntad de las autoridades coloniales (en la gran tradicin del colonialismo) de elegir ellos mismos los representantes del pueblo colonizado y, consecuentemente, los eventuales interlocutores de unas hipotticas negociaciones. Del boicot a la OLP, denominada organizacin terrorista durante las dcadas de 1970 y 1980, a la negativa a reconocer los resultados de las elecciones de enero de 2006 (ganadas por Hamas), pasando por la puesta en fuera de juego de Yasser Arafat a comienzos de este siglo, los gobernantes israeles siempre quisieron imponer a los palestinos elegir a sus representantes para que respondieran a las aspiraciones de Israel y no a los interesen de los principales afectados.

El presidente Mahmoud Abbas era el interlocutor ideal para Israel, por al menos dos razones aparentemente contradictorias: desde hacia decenios era conocido por su moderacin y su capacidad de aceptar compromisos que ms parecan concesiones; con otras palabras, estaba dispuesto a renunciar a lo esencial de los derechos nacionales de los palestinos por el intercambio de algunas ventajas materiales y simblicas. Pero desde la victoria de Hamas en enero de 2006 y la guerra Fatah-Hamas en Gaza en el verano de 2007, Abbas no ejerce ningn poder y ningn control en la Franja de Gaza as que no puede presentarse como apoyo al conjunto de los palestinos de los territorios ocupados.

La tendencia a capitular y una dbil legitimidad son a ojos de Israel, las principales cualidades del presidente de la Autoridad Palestina (un presidente cuyo mandato acab hace ms de cinco aos...), en la medida en que permite a la potencia ocupante mantener la ilusin de un hipottico proceso de negociacin, que Abbas apoya regularmente acudiendo a negociaciones auspiciadas por Estados Unidos, incluso sabiendo que l es incapaz de imponer a la poblacin palestina ningn acuerdo de paz que equivaliera a una rendicin. Abbas es una pieza fundamental en el dispositivo de transformacin de lo provisional en permanente por parte de Israel. S, ocupamos colonizamos, expulsamos, detenemos, pero todo esto no durar. La prueba: negociamos con la representacin palestina.

El acuerdo de reconciliacin, por frgil que sea, cambi algo el panorama: Mahmoud Abbas habra podido presentarse con una nueva legitimidad y, elemento esencial, Hamas habra sido simblicamente asociado a las negociaciones y por tanto, reconocido como un interlocutor potencialmente legtimo en la escena internacional. Una situacin intolerable para Israel que rechaza que una organizacin palestina que ha rehusado abandonar las armas y que est muy implantada en la sociedad de Gaza y Cisjordania pueda adquirir el estatus de representante legtimo de los palestinos ante los pases de la regin pero, tambin, ante los pases occidentales. De ah, la ofensiva de este verano, uno de cuyos objetivos ms importantes era empujar a Hamas a cometer un error y una vez ms, desacreditar el movimiento de resistencia islmico hacindole aparecer como una organizacin terrorista.

Forzar las contradicciones de Hamas

La firma de Hamas del acuerdo de reconciliacin en abril hay que entenderlo como una inflexin significativa en la orientacin de la estrategia del movimiento. Los trminos del acuerdo le eran muy desfavorables y el gobierno de unidad nacional que se form algunas semanas ms tarde, pareca confundirse con el gobierno que exista hasta entonces en Ramallah. El gabinete acordado no era ms que la continuacin del gabinete unilateral e ilegal que le haba precedido (los mismos Primer ministro, Viceministros, Ministro de Asuntos Exteriores, de Economa, del Plan, de Salud, de Asuntos de Jerusalem como antes de la reconciliacin); el gabinete y especialmente el Primer ministro, no son ms que marionetas de la Presidencia desprovistas de cualquier carcter legislativo/1.

Hay que entender este retroceso de Hamas a la luz de la reciente evolucin de los acontecimientos en la regin y a la toma de conciencia, por parte del movimiento de resistencia islmico, de que su aislamiento aumentaba y de los riesgos que le hacan correr su incapacidad de mejorar por poco que fuera las condiciones de vida de los habitantes de Gaza. Mientras que 2012 haba sido una bendicin para Hamas, desde el verano de 2013, las dinmicas regionales le haban sido muy desfavorables obligndole a aceptar un acuerdo con Mahmoud Abbas bajo patrocinio egipcio.

Recordemos que en la dinmica de las mal llamadas primaveras rabes, Hamas haba adquirido un estatus inslito: el boicot al movimiento decretado por la gran mayora de los estados rabes despus de las elecciones legislativas de 2006, haba fracasado. En enero de 2012, Ismal Haniyyah, Primer ministro del gobierno de Gaza, era recibido por los nuevos responsables tunecinos; en junio, era recibido oficialmente por el Presidente egipcio recientemente elegido, Mohammad Morsi, un encuentro impensable durante la poca de Mubarak, unido a un alivio del bloqueo del lado egipcio; la visita con gran pompa del Emir de Qatar a Gaza a finales de octubre era el ltimo acontecimiento que consagraba la nueva centralidad regional del actor poltico Hamas.

Pero la evolucin de la situacin en Tnez, el golpe de estado contra Mohammad Morsi en el verano de 2013, la masiva represin contra los Hermanos Musulmanes que le sigui, el empeoramiento de la situacin en Siria, as como la conducta de Qatar -un enano poltico que se vea como un gigante diplomtico-, erosionaron considerablemente esa centralidad revelando su carcter precario. El refuerzo del bloqueo a Gaza que sigui a la llegada al poder del Mariscal Sissi, el agotamiento de la ayuda financiera procedente de un Irn poco satisfecho por la posicin anti Assad adoptada por Hamas, as como el rechazo de la AP de Ramallah a pagar los salarios a los funcionarios empleados por Hamas en Gaza, colocaron a Hamas en una situacin peligrosa: El riesgo de una revuelta social (contra las autoridades de Gaza) se converta en una hiptesis verosmil, el bloqueo no poda exonerarle de responsabilidad eternamente incluso si algn cambio de la coyuntura econmica no se alcanzaba a corto plazo/2

Estas son algunas de las razones que han llevado a un Hamas exange a aceptar una reconciliacin que, verdaderamente, no lo era, en la medida en que el acuerdo contena fundamentalmente disposiciones tcnicas (fusin de funciones pblicas, vuelta de la Guardia Presidencial a Gaza, organizacin de elecciones generales, etc.) pero en ningn caso, un programa poltico. Esta reconciliacin fue un acto de dos personajes debilitados y contestados en la escena poltica palestina. No olvidemos que durante las ltimas elecciones celebradas en Cisjordania, las municipales de otoo de 2012, la derrota de Mahmoud Abbas fue casi total a pesar del boicot de Hamas: poco inters (pocas candidaturas, 80 ciudades sin ninguna lista,), dbil participacin (apenas 50% frente al 73% en las anteriores) y sobre todo, derrota de casi todos los candidatos de Fatah, apoyados por la direccin Abbas (en general, a manos de los disidentes de Fatah como en Naplouse, Jnine ou Ramallah).

En realidad, la reconciliacin es una especie de alto el fuego entre dos hermanos enemigos decididos a aplazar en el escenario palestino cualquier cambio definitivo sabiendo adaptarse a las mudanzas en el mbito regional e internacional/3. Para Hamas, se trataba principalmente de renunciar (provisionalmente?) al ejercicio (y a la usura) del poder en las estructuras de la Autoridad Palestina, de volver a centrarse en su actividades ms tradicionales (redes asociativas, gestin de mezquitas), de salir del aislamiento volviendo a ser un elemento ineludible de la escena poltica palestina. Una actitud pragmtica del movimiento de resistencia islmica que ha sabido extraer un balance de la experiencia de Mohamad Morsi y de su propia experiencia en el poder, que le ha puesto en contradiccin frente a sus propias bases mucho ms convencidas de proseguir la resistencia contra Israel que de (co) gestionar un aparato de estado ttere.

Esta notable inflexin era inaceptable para el Estado de Israel, que no puede tolerar un Hamas en va de normalizacin e inclinado al compromiso, ni una unidad palestina por muy formal que esta sea. La ofensiva de este verano estaba dirigida principalmente contra Hamas, con la detencin de cientos de militantes y decenas de cuadros en Cisjordania y una amplia ofensiva contra su aparato militar en Gaza destinados a debilitar las estructuras del movimiento y a empujarle a retomar el camino que haba abandonado desde hacer cerca de dos aos, el de la resistencia armada. El Estado de Israel esperaba tambin matar as dos pjaros de un tiro, poner provisionalmente a Hamas fuera de juego y obligar a Mahmoud Abbas a renunciar a cualquier acuerdo con una organizacin hostil a la paz: La ofensiva israel no responde en modo alguno a una radicalizacin de los palestinos o de Hamas. Al contrario, es una ofensiva contra las concesiones hechas por Hamas contra la reconciliacin palestina/4.

Una derrota poltica y militar de Israel

Lo menos que se puede decir es que Israel no ha alcanzado sus objetivos o solo lo ha hecho parcialmente y de manera colateral. Hamas no sale debilitado sino reforzado por esta nueva ofensiva durante la cual ha demostrado una capacidad militar indita. A pesar del impresionante despliegue israel, con la llamada de 60.000 reservistas y el desarrollo de un potencial de fuego que Gaza no haba conocido nunca -ni en la ofensiva del invierno de 2008-2009 ni en la del otoo de 2012-, Hamas (y las otras organizaciones de la resistencia palestina) han salido bien paradas en gran medida. Los cohetes, incluso aunque no ocasionaran ms que pocas prdidas a Israel, no cesaron y sobre todo, la invasin terrestre israel se sald con la muerte de ms de 60 soldados, incapaces de neutralizar a los grupos armados y de controlar los barrios invadidos. El alto el fuego se firm sin que Israel hubiera alcanzado sus objetivos militares.

Adems, a pesar de los terribles daos materiales y humanos causados por la agresin israel, los habitantes de Gaza no han abandonado mayoritariamente la solidaridad con los combatientes armados como demuestra la afluencia a las exequias de tres comandantes militares de Hamas asesinados a mediados de agosto por Israel o las repetidas llamadas de personalidades y organizaciones de la sociedad civil de Gaza apoyando el derecho de los palestinos a recurrir a la lucha armada. Otra prueba: al revs de lo que pas en el invierno de 2008-2009, Mahmoud Abbas y sus prximos no tuvieron la posibilidad de denunciar a Hamas o de hacerle responsable de la tragedia que ha conocido Gaza este verano. Es la unidad nacional la que prim e incluso se ha podido escuchar a cierto nmero de diplomticos palestinos que representaban a las autoridades de Ramallah hablando en cadenas de televisin occidentales para manifestar su apoyo al conjunto de las organizaciones palestinas, incluida Hamas, y a la lucha armada.

Incluso cuando las quejas de parte de la poblacin gazat contra Hamas eran numerosas, la organizacin supo equilibrar las cosas: Hay una acumulacin de rencores contra Hamas, lo que se comprende perfectamente. La gente atribuye su malestar y su miseria a la presencia de Hamas sobre todo, despus del cambio egipcio. Para los gazates, Egipto es fundamental. Y saber que sus gobernantes son la nueva bestia negra del rgimen de El Cairo, no es nada fcil. En revancha, a los gazates les parece muy bien que la ofensiva israel haya sucedido en el momento justo en el que Hamas iniciaba el cambio que todos deseaban. Es decir, la reconciliacin y un cambio de rumbo hacia una lnea ms moderada para salir de la asfixia que les ha tocado en suerte desde hace tanto tiempo/5. Una moderacin que, por otra parte, se plasm de los mismos trminos del alto el fuego obtenido finalmente a finales de agosto.

Sin victoria para los palestinos

Las exigencias palestinas en lo referido al alto el fuego muestran efectivamente la ausencia de radicalidad en el campo palestino. Cules eran estas demandas? Evidentemente, el levantamiento del bloqueo que pasa por la apertura de las fronteras con Israel y con Egipto, la reconstruccin del puerto y del aeropuerto de Gaza (destruido y cerrado desde finales del 2000) y la extensin a 10 Km de la zona de pesca a lo largo de Gaza. Como lo ha destacado la jurista Francesca Albanese que trabaj durante ocho aos para la ONU, ninguna de esas reivindicaciones es nueva. Las Naciones Unidas, entre otras, han exigido el levantamiento del estado de sitio, estado de sitio ilegal segn la legislacin internacional como una condicin necesaria para poner fin a la desastrosa situacin humanitaria en la Franja. Facilitar el movimiento de mercancas y de personas entre Cisjordania y la Franja de Gaza ya se haba estipulado en el documento de Aprobacin de Movilidad y Acceso (AMA) firmado por le gobierno de Israel y la Autoridad Palestina en 2005. Incluso la construccin de un puerto y la posibilidad de un aeropuerto en Gaza ya haban sido estipuladas en el AMA aunque su construcin real nunca se ha cumplido. La demanda de ampliacin de la zona de pesca autorizada es inferior a la contemplada en 1994 en el acuerdo de Oslo y formaba parte de los acuerdos del alto el fuego de 2012/6.

Nada de maximalista o de radical en estas exigencias que, sencillamente, corresponden a un mnimo vital para la poblacin de Gaza y que son reconocidas como legtimas por el conjunto de los organismos internacionales. Son estas las reivindicaciones que Israel se niega a escuchar, demostrando una vez ms, que la potencia ocupante rechaza en nombre de su pretendida seguridad no la satisfaccin de los derechos nacionales de los palestinos ( tambin consagrados por el derecho internacional) sino el establecimiento de las condiciones mnimas para satisfacer sus necesidades ms elementales: circular, tener una vivienda, cuidar la salud, alimentarse debidamente, educarse. Por eso la exasperacin de la poblacin de Gaza y de las organizaciones de resistencia palestina y de los sentimientos difusos entre los habitantes de la Franja, y esto a pesar de la violencia de la agresin, como lo resuma Raji Sourani del Palestinian Center for Human Rights (PCHR): Mejor morir antes de volver a la situacin anterior.

As que ninguna intransigencia por parte palestina; al contrario, una cierta moderacin puesto que ninguna organizacin ha pedido el cumplimiento del conjunto de los derechos nacionales palestinos (fin de la ocupacin civil y militar, derecho de autodeterminacin y derecho de retorno de los refugiados) a cambio de un alto el fuego sino simplemente, los derechos bsicos y un poco de oxigeno. Una vez ms, hay que situar la intransigencia de parte del Estado de Israel que ha demostrado a quien quera olvidarlo, en nombre de su supuesta seguridad, un meticuloso proyecto de destruccin de la sociedad palestina para impedirle reivindicar colectivamente sus derechos. Ese era uno de los objetivos inconfesables de la agresin contra Gaza: mandar a la pequea Franja costera a la edad de piedra para que las preocupaciones de la poblacin no se inviertan en la lucha por el fin de la ocupacin sino en la lucha por la reconstruccin y a la supervivencia.

En semejantes condiciones, es difcil hablar de victoria para los palestinos que solo han logrado alguna de sus reivindicaciones, ya bastante moderadas, con un alivio parcial del bloqueo, una extensin de la zona de pesca y conversaciones futuras sobre el puerto y el aeropuerto de Gaza. No se trata de ser extremista y de defender una estrategia de todo o nada, y solo se puede alegrar de que los gazates no estn ms bajo las bombas. Sin embargo, es necesario constatar que las celebraciones organizadas por Hamas con motivo de la firma de la tregua y los inflamados discursos de sus dirigentes sobre la inmensa victoria de la resistencia palestina distan mucho de la realidad, lo que los gazates no dejarn y no dejan de observar.

Y ahora?

La evolucin de los acontecimientos despus de la agresin israel de este verano confirman que las dinmicas apenas han cambiado: el anuncio, a principios de septiembre, de la ocupacin por parte de las autoridades israeles de 400 hectreas en Cisjordania indica que no tienen ninguna intencin de renunciar a la empresa colonial sionista e incluso quieren acelerarla; la incapacidad de Hamas y Mahmoud Abbas para entenderse sobre la puesta en prctica del acuerdo de reconciliacin confirma que era muy formal y precaria; la multiplicacin de las manifestaciones (fuertemente reprimidas) en Cisjordania y en Jerusalem indica que, en la estela de las celebradas este verano, la estabilizacin completa del dispositivo de ocupacin sigue siendo un objetivo imposible de alcanzar y esto a pesar de la colaboracin de las fuerzas de seguridad palestinas de Cisjordania.

Aunque era lo que la administracin estadounidense pretenda hace menos de un ao, relanzar el proceso de negociacin para la firma de un acuerdo global y duradero entre Israel y los palestinos, la ofensiva contra Gaza , la ms mortfera de los ltimos decenios, confirma que es intil pretender negociar con Israel. Y quienes aceptan las reglas de juego del proceso de paz actan, de forma consciente o no, contra los intereses nacionales palestinos manteniendo la ilusin de una paz posible con la potencia ocupante. Los palestinos no necesitan un seudo-gobierno de unidad nacional y de acuerdos tcnicos y puntuales entre las principales organizaciones palestinas cuando estos pueden ser interpretados como elementos positivos por los que luchan contra el veneno de la divisin. Las atribuciones y los poderes de semejante gobierno son los que el Estado de Israel tenga a bien conceder y desde ah es pensar en vano que podra ser un punto de apoyo para construir una verdadera correlacin de fuerzas contra el poder colonial.

Lo ocurrido recientemente en Gaza -y en menor medida, en Cisjordania- ha demostrado que los palestinos nunca son tan fuertes y unidos como cuando luchan juntos contra las fuerzas de ocupacin. La nica unidad nacional duradera solo puede construirse sobre un programa y una estrategia de lucha y de resistencia y no sobre el reparto de papeles y de puestos en el seno de un seudo-aparato del estado, la Autoridad Palestina, cuya funcin no es organizar la lucha nacional palestina sino la de canalizarla y si fuera necesario, destruirla. La AP es una estructura que fue concebida durante los Acuerdos de Oslo para neutralizar la resistencia y la poblacin palestina y para promover la ilusin de una autonoma de interlocutores legtimos para negociar. Encontr despus su propia razn de ser y son numerosos quienes, al principio en Fatah, ms tarde en Hamas despus de su toma de control de Gaza, eligieron sacrificar los intereses de los palestinos en aras de las ventajas materiales y morales que otorga la gestin de un sedo-aparato del Estado.

Quienes creyeron, como algunos en Hamas, que podan transformar la AP desde dentro saben ahora, sin embargo, qu ocurre: el problema no era tanto el de algunos individuos poco escrupulosos e inclinados a la colaboracin sino el de una seudo-autonoma que representa la continuidad de la ocupacin por otros medios. Hoy se elevan numerosas voces lcidas en Palestina: es la hora de la reconstruccin de la resistencia (creacin de estructuras militantes unitarias de base, de un mando unificado de lucha, de sindicatos independientes de la AP, de cooperativas agrcolas, de comits de pueblos...) y no de la lucha estril por el control del seudo-aparato del Estado dispuesto a firmar un acuerdo que ratifica la cantonalizacin y est abocado a ser un subcontratista del trabajo sucio del ejrcito israel o a ser liquidado si se atreve a reivindicar derechos para los palestinos.

Los sucesos de este verano indican que la crisis del proceso de paz y del movimiento nacional palestino van a continuar en la medida de que el parntesis de Oslo ( y de la ilusin de que una autonoma llevara a una duradera paz negociada) va a cerrarse. Nuevas crisis y enfrentamientos son previsibles cuya forma y salidas son inciertas, an ms en la medida en que depender en gran parte de la evolucin de de los procesos revolucionarios de la regin. Si la primera condicin para creacin de una nueva correlacin de fuerzas contra Israel es la ruptura de la lgica de Oslo y la elaboracin de estructuras y estrategias que permitan la reconstruccin nacional palestina, sera inadecuado olvidar que solo una nueva correlacin de fuerzas en la regin permitira los palestinos salir de su enfrentamiento a solas con un Estado de Israel apoyado por el conjunto de los pases occidentales para poder imaginar un futuro ms radiante.


(*) Julien Salingue coordin junto a Cline Lebrun Isral, un tat dapartheid? (Paris, LHarmattan, 2013) y recientemente, ha publicado La Palestine dOslo (Paris, LHarmattan, 2014) .

Notas:

/1 Jean-Franois Legrain, Le leurre de la rconciliation entre le Fatah et le Hamas (Orient XXI 2, 2014)

/2 Ibid.

/3 Ibid.

/4 Gilbert Achcar, Une offensive contre la rconciliation palestinienne (Politis, 2014).

/5 Ibid.

/6 Francesca Albanese, Le silence assourdissant autour de la proposition du Hamas dune trve de 10 ans , (Agence Mdias Palestine, 2014).

Fuente original: http://vientosur.info/spip.php?article9564



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