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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2014

Cunto tiempo le queda al matrimonio como institucin?

Marcelo Colussi
Rebelin


Amigos con derechos, aminovios, parejas abiertas, matrimonios homosexuales, a lo que podra agregarse, quiz con otro estatuto sociolgico pero igualmente "inquietante" para una visin tradicional: sexo ciberntico, relaciones en el espacio virtual, muecas y/o muecos inflables de silicn?, etc., etc. Todo esto es nuevo, y an sigue produciendo mucho escozor a las visiones conservadoras. Pero ah estn, tocando la puerta de nuestras atribuladas sociedades.

"Adn y Eva y no Adn y Esteban!", vociferaba un predicador evanglico, Biblia en mano. De todos modos el campo de la sexualidad y las relaciones afectivas en su sentido amplio siguen siendo no hay otra alternativa parece el doloroso taln de Aquiles de lo humano. Por qu, indefectiblemente, en toda cultura y todo momento histrico, se ocultan las "zonas pudendas"? Pero, por qu son pudendas?, justamente. Por qu toda la construccin en torno a esto es tan pero tan problemtica? El psicoanlisis nos da la pista (no queremos saber nada de la incompletud, de la falta, por eso tapamos los rganos que nos avergenzan?, porque descubren que estamos en una carencia original: no podemos ser al mismo tiempo todo, machos y hembras), aunque se prefiera una psicologa de la felicidad que nos otorgue manuales y frmulas de autoayuda para triunfar en la vida? y asegurar el "amor eterno" (que, en realidad, no dura mucho). Resaltar la incompletud no es muy grato que digamos; mantener la ilusin de la completud obviando el conflicto a la base, es mucho ms gratificante. Las religiones, en general, no dicen algo muy distinto a esta psicologa de la buena voluntad. Por eso todava siguen ocupando un importante lugar en la dinmica humana. Y la gente, aunque luego se separe, sigue cumpliendo con el rito del matrimonio, en una amplia mayora de casos, en una iglesia, colocndose un anillo y jurndose fidelidad.

Si bien la "infidelidad" mejor llamada, con ms propiedad cientfica, relacin extramatrimonial es una prctica tan vieja como el mundo (de ah el dcimo mandamiento de la tradicin cristiana, que indica "no codiciar la mujer ajena" machismo mediante, por supuesto: las mujeres no tienen dueo), el matrimonio monogmico y heterosexual, al menos en Occidente, se sigue levantando como un paradigma y sinnimo de normalidad. A lo que podra sumarse, como obligado complemento, aquello de "haz lo que yo digo y no lo que yo hago". El matrimonio tiene mucho que ver con todo esto: hay transgresiones por todos lados, hace agua, pesa. A veces agobia. En otros trminos: es como cualquier institucin. No es una determinante natural; no tiene que ver con ningn instinto biolgico. Es un cdigo, una construccin histrica.

Sin dudas, una construccin socio-cultural ms: ni tan "normal" ni tan "sana" en s misma. Construccin, posicionamiento, no ms que eso al fin de cuentas, pues en la historia y en diversas modalidades civilizatorias puede encontrarse la monogamia tanto como la poligamia. Y justamente por el machismo patriarcal que mencionbamos, muy raramente la poliandria. Si mantenemos la neutralidad cientfica y no consideramos el mundo slo desde lo visceral, lo ideolgico cerrado, rpidamente tenemos que agregar que ninguna construccin es ms "normal" ni "sana" que otra.

Como un dato con algo de "perturbador" (al menos para la conciencia tradicionalista y reaccionaria) que no puede dejarse pasar inadvertido, valga considerar este ejemplo: en la ciudad de Guatemala, Centroamrica (capital de un pas conservador desde el punto de vista tico, declaradamente cristiano pero con un porcentaje de abortos de los ms altos de Latinoamrica, por supuesto clandestinos), en la ltima dcada la cantidad de travestis que ofrecen sus servicios en las calles aument en un 1.000%. Cmo leer el fenmeno? Se vuelve ms "degenerada" la sociedad, o se permite externar ms algo que estaba latente desde siempre? Considrese que quienes demandan el servicio son siempre varones (heterosexuales y monogmicos?). Si subi tanto la oferta, es porque hay demanda, nos podran decir los mercadlogos. Esto de ser puro macho! habra que empezar a ponerlo en cuestin. Lo cual ayudara a repensar crticamente para buscarle alternativas, claro est la institucin matrimonial.

Segn investigaciones recientes aproximadamente un 50% de matrimonios en el mundo se disuelven. Podemos tomar el dato con pinzas (como todo dato en el campo de la investigacin social), pero no cabe ninguna duda que hay una tendencia fuerte que no puede desconocerse. Esta tendencia ah est lo importante a considerar nos habla de algo: el matrimonio es una institucin en crisis. En todo caso, la modernidad de nuestros das posibilita poner sobre la mesa sin tanto problema cuestiones que recorren la historia, anteriormente no dichas, hoy ya ms visibilizadas.

Si se echa una mirada histrica a esa tendencia se descubre que la misma, en estas ltimas dcadas, ha presentado como diferencia bsica el hecho de mostrarse en forma pblica sin mayores problemas; pero ha estado presente en las sociedades desde tiempos inmemoriales. En cualquier cultura, y en toda poca, el matrimonio, en tanto institucin, ha evidenciado signos de, por lo menos, debilidad. Quiz ahora, sin que el mundo sea un paraso precisamente, pero con una mayor permisibilidad para ciertos temas, se puede hablar con ms libertad sobre esta tendencia (por eso, seguramente, esa mayor presencia de travestis en las calles guatemaltecas. Y de moteles, que se llenan de "transgresores"). Cada da ms, por otro lado, legislaciones de distintos pases aceptan el divorcio como un mecanismo social legtimo. La crisis, parece que lleg para quedarse; ahora ya es tema obligado de conversacin. Es un hecho poltico, sin ms.

Por supuesto que es un tema controversial y se puede estar furiosamente en contra de esa dinmica, pero la realidad es dura y obstinada, y aunque desde posiciones ideolgicas conservadoras se levante un determinado discurso, la realidad puede ir por otro lado (as suelen ser las cosas, por lo dems). Para muestra (una entre tantas, las hay por miles), el discurso moralista de la Iglesia catlica: se fustiga la homosexualidad por pecaminosa, pero una parte nada desdeable de sus pastores tienen juicios por pederasta. Eso es lo "sano" y "normal", el doble discurso, la hipocresa, la mentira institucionalizada? Evidentemente la psicologa de la buena voluntad y la apelacin a valores de "buenos" y "malos" (los "malos", por supuesto, siempre son los otros) no alcanzan para entender el fenmeno en cuestin, mucho menos para plantearle alternativas.

La institucin del matrimonio va acompaada y se inscribe en otra formacin social tal como el patriarcado, el primado del varn sobre la mujer (se es la "mujer de"; el cinturn de castidad, aunque no se use de hecho, no sali de nuestras mentalidades, la mujer es propiedad varonil, igual que una vaca o una gallina), modalidad cultural que, sin poder decir que est en absoluto proceso de crtica y de retirada de la escena, al menos comienza tambin muy tibiamente todava a ser cuestionada. En este marco general, entonces, debe entenderse el matrimonio como el dispositivo social que permite/asegura la perpetuacin de la especie, de la propia cultura, y de la propiedad privada. Es la clula social que sirve para reproducir el sistema vigente.

Todas las sociedades son conservadoras (para eso existen justamente: para conservarse a s mismas, asegurando los logros histricos que han ido consiguiendo en el nunca terminado proceso civilizatorio); todas las sociedades, hasta ahora, en mayor o menor grado son machistas, patriarcales. El ejercicio del poder, al menos hasta ahora, est concebido en trminos masculinos (los que mandan siempre llevan un cetro de mando, representacin flica por excelencia hasta el Papa!, que hizo votos de castidad!). El matrimonio, en tanto clula primordial de las sociedades, es por tanto conservador, machista, patriarcal. Y si se quiere decir de otro modo: es un ejercicio de poder.

En algunas sociedades, incluso, taxativamente est estipulado que el varn puede disponer de varias mujeres en el Islam por ejemplo mientras que en Occidente la bigamia es delito, pero se tolera (al menos para el "macho") una determinada cuota de "infidelidad", de "canitas al aire". Hoy da, incluso, podra decirse que tambin comienza a abrirse el campo para las mujeres, pues por las calles ofrecen sus servicios no slo prostitutas (mujeres pblicas) sino prostitutos.

El matrimonio implica un contrato social, un ordenamiento legal. Ambas partes firman y se comprometen, tal como se hace en cualquier contrato civil, a cumplir con la letra pequea del texto, esa que nadie lee. El deseo, de todos modos (aquello que quiere normar el dcimo mandamiento) no se puede legalizar. Como arreglo establecido, entonces, en tanto institucin, el matrimonio es producto de un acuerdo, de un convenio; por tanto, tambin sujeto a evolucin en el tiempo (siempre las legislaciones van a la zaga de los hechos consumados; se transforma en ley lo que ya existe de hecho como prctica consuetudinaria).

Hasta ahora el matrimonio, con deficiencias intrnsecas insalvables (la "infidelidad" es tan vieja como el mundo y todo indicara que no hay vacuna efectiva que lo evite. Los dioses griegos del Olimpo, muy humanos por cierto, tambin tenan este tipo de relaciones) ha venido cumpliendo su cometido: reproducir la especie y la sociedad. Y seguramente pueda seguir cumplindolo, an con sus nuevas variables: matrimonios homosexuales por ejemplo, que si bien no reproducen biolgicamente, s pueden adoptar hijos y criarlos. Lo cierto es que, a partir de esta crisis que ahora se patentiza, pero seguramente presente en toda su historia, el matrimonio nos abre preguntas que ya no podemos seguir evadiendo.

Por cierto que, como institucin, no se nutre necesariamente del amor que se jura en un altar hasta que la muerte separe a sus partes ("el amor eterno dura cunto tiempo?"); muchos matrimonios (si se conocieran los datos reales sin dudas caeramos de espaldas) se mantienen por otras circunstancias, muy alejadas por cierto del enamoramiento entre sus cnyuges: conveniencia y/o necesidad social. Una vez ms: somos conservadores, ese es nuestro sino humano. Y ni qu decir de la cantidad de matrimonios armados a espaldas de sus miembros, ms an de la mujer, slo para mantener/conservar/afianzar conveniencias econmicas y/o polticas. Fenmeno, por cierto, que se repite tanto en sectores pobres como en la llamada "alta" (?) sociedad. Evidentemente, el amor existe (sin dudas es de las cosas ms extraordinarias de la vida y ojal fuera eterno!), pero en la vida no queda mucho espacio para el amor. Aunque s para el matrimonio.

En s misma, tal como est planteada en su estructura, la institucin matrimonial lleva implcita la posibilidad de la transgresin a la promesa de fidelidad cosa, por lo dems, muy habitual. Algunos estudios de opinin de los tantos que circulan por ah respecto a este tema refieren que el porcentaje de varones con relaciones extra-matrimoniales no es tan desmedidamente ms alto que el de las mujeres con "canitas al aire": 60% contra un 35/40% dato a tomar con cuidado, pero que hay que leer e interpretar adecuadamente: el deseo no es patrimonio varonil.

De todos modos, en tanto institucin conservadora, el matrimonio va ms all de estas circunstancias "domsticas", intentando erigirse como un valor tico en s mismo cerrando los ojos, tolerando, dejando pasar "pecadillos" ocultos. Para la tradicin occidental y cristiana, se lo pone como un punto de la mxima aspiracin, un valor casi supremo en orden a la construccin social. No hay que dejar de considerar que muchas parejas no se separan porque el peso de la tradicin y la presin social son excesivamente grandes. Las excusas del caso pueden ser variadas (los hijos, las habladuras de las familias, la tradicin conservadora), aunque pareciera que el peso de todo eso sigue siendo muy grande. De todos modos, algo evidencia que est comenzando a fisurarse, porque ya son numerosos los pases que han optado por legalizar la ruptura de ese contrato matrimonial. El divorcio legal legalizando una prctica que se da muy habitualmente en la cotidianeidad avanza. As como avanzan otros temas hasta ayer tab: la legalizacin del aborto no teraputico, el matrimonio homosexual, la eutanasia, la legalizacin de ciertas drogas.

Todo lo dicho, entonces, es lo que abre el cuestionamiento: si est siempre en posibilidad de ser transgredido (las relaciones y los hijos extramatrimoniales son un hecho incontrastable); si no asegura el enamoramiento de sus partes; si conlleva todo el peso de la rutina y la formalidad de cualquier institucin: por qu se mantiene el matrimonio?

Dar una respuesta convincente a esta pregunta implica largos desarrollos sociales, psicolgicos, polticos, ideolgicos, que exceden las posibilidades de un pequeo texto como el presente (pero que, no obstante, invitan a emprenderlos).

Acompaando esas reflexiones y he ah probablemente lo ms rico que disparan estas preguntas queda la interrogante: si el matrimonio est en crisis, con qu reemplazarlo entonces?


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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