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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-11-2014

La renta bsica y el barn de Munchausen

Andrs de Francisco
Rebelin


 

 

La idea de una renta bsica universal gener mucha simpata entre la izquierda desde que la lanzaran con fuerza Van Parijs y Van der Veen en los aos ochenta del siglo pasado. [1] Hoy en da anda en boca de todos y no hay agenda poltica alternativa o de izquierdas que no la incorpore. La propuesta pareca tener muchas virtudes pero, en especial, una: pareca garantizar la emancipacin social de forma fcil, directa e inmediata. Con una renta bsica universal e incondicionada una cantidad suficiente para vivir- todos tendramos un nivel razonable de libertad real y todos podramos elegir los trabajos ms gratificantes o, por el contrario, rechazar aquellos que no nos cuadraran o satisficieran. Ya no se trabajara por necesidad, con lo que el mundo laboral entrara en la esfera de la libertad. La renta bsica sera as la llave que abrira la puerta de la emancipacin del trabajo. Y en la medida en que pareca garantizar la libertad real para todos un derecho ciudadano a la existencia- era fcil conectarla con la tradicin de la libertas y encontrarle una justificacin republicano-democrtica en el plano normativo. [2] Para colmo, la propuesta pareca realizar un imposible: unir libertad y autorrealizacin para todos sin eliminar ni el mercado ni el capitalismo, es decir, sin tener que pasar por el farragoso terreno del socialismo, con su Estado autoritario, su socializacin de los medios de produccin y su planificacin econmica centralizada. Miel sobre hojuelas. De hecho la propuesta inicial de Van Parijs y Van der Veen se denomin una va capitalista al comunismo. [3]

Pese al innegable y amplio catlogo de potenciales beneficios psquicos, sociales y polticos de una renta bsica universal e incondicionada, la propuesta creo- no es convincente. Pero no por razones morales o tico-normativas, sino por razones de lgica social, que afectan a su factibilidad o, mejor dicho, a su sostenibilidad. Hace ya trece aos seal el problema central de compatibilidad de incentivos de una renta bsica suficientemente robusta, pero lo plante como un problema tcnico, y por lo tanto, en principio, soluble. [4] Ahora quiero ser ms radical. En realidad, lo que he terminado por pensar es que la renta bsica sera una buena solucin, s, pero al estilo de las del barn de Munchausen, aquel maravilloso aventurero que sali de la imaginacin de R.E. Raspe. Recuerdan cmo sale el barn del hoyo en el que haba cado al bajar desde la luna por una cuerda? Fcil: saliendo a por una escalera. Y, recuerdan cmo salen del pantano su caballo lituano y l mismo? Fcil: tirando de su propia coleta hacia arriba. De la misma manera, cmo se solucionan los dos grandes problemas del capitalismo, la alienacin del trabajo y la pobreza? Fcil: asignando una renta bsica universal e incondicionada. El problema del barn de Munchausen era que para coger la escalera tena que salir antes del hoyo, o que la fuerza de la gravedad no deja que nos elevemos tirndonos de la propia coleta. De modo anlogo, una renta bsica que, en abstracto nos permite salir del hoyo de la alienacin y la pobreza para establecernos en el reino de la libertad- se enfrentara con que el capitalismo necesita de la feroz competencia entre los trabajadores, de ejrcitos industriales de reserva y de la existencia de pobres: porque la relacin capital/trabajo es constitutivamente una relacin asimtrica de dominacin. [5] Esa es la fuerza de gravedad que impedira a nuestro barn de Munchausen utilizar la renta bsica como escalera para salir del hoyo de la alienacin y la pobreza. Un capitalismo de renta bsica al menos una renta bsica de verdad: emancipadora- sera un capitalismo sin capitalismo. Y yo mucho me temo que eso no lo iban a consentir los capitalistas, es decir, los propietarios del capital. Porque, entindase bien: la renta bsica deja las estructuras de poder tal como estn. Mejor dicho: deja la principal fuente de poder social la propiedad y la riqueza- en manos privadas. Los capitalistas seguiran decidiendo sobre qu, cmo, cunto y dnde producir. Si tenemos en cuenta que el capitalismo no es un bloque homogneo y monoltico sino un sistema sometido a la ley del desarrollo desigual y combinado, lo ms probable lo ms seguro- es que los capitalistas decidieran cerrar el negocio y llevrselo lejos, donde gozaran de la libertad y el poder para seguir explotando y dominando a la fuerza de trabajo. Impedir esa fuga implicara un poder poltico democrtico enorme, equivalente por lo menos al necesario para construir el socialismo, esto es, para expropiar, redistribuir y socializar. Pero aun si pudiera impedirse la desinversin y la fuga, por la misma ley del desarrollo desigual y combinado, una renta bsica real supondra una inmediata prdida de competitividad internacional, ya que de seguro- hara subir los costes laborales relativos. En ambos escenarios, la renta bsica socavara las condiciones econmicas de su propia financiacin, suponiendo que alguna vez hubiera sido financieramente factible.

Es verdad que ha habido experiencias piloto interesantes de aplicacin de una renta bsica, pero a una escala tan reducida en una pequea comunidad de 100 personas en Brasil (Quantiga Velho), en un rea rural de Namibia (Otjivero-Omitara) de 970 personas, en unas cuantas aldeas de la India, en algunas zonas de Irn- y tan perifrica, que no sirven para sacar conclusiones. Porque cuando hablamos de renta bsica, no pensamos en aldeas o pueblos, sino en naciones, pases enteros, Estados plurinacionales o incluso federaciones de Estados. Hablamos de una renta bsica universal, y slo una escala suficientemente amplia de aplicacin nos permite plantear en serio esa universalidad. As mismo, estn las experiencias de los fondos soberanos de capital, como en Alaska o Noruega, pero poco tienen que ver con una renta bsica: son un dividendo social anual que depende, por lo dems, de la gestin pblica de un recurso natural -el petrleo- no universalizable. Es verdad tambin que el pacto social de posguerra que dio lugar al Estado de bienestar desarroll mecanismos e instituciones que en buena medida desmercantilizaron la sociedad y, por lo tanto, tuvieron una clara dimensin anticapitalista: en efecto, los sistemas pblicos de salud y educacin, los programas de vivienda social o los sistemas de seguridad social y proteccin laboral, no slo sacaron del mercado desmercatilizaron- bienes y servicios fundamentales (cvico-constituyentes) sino que arrebataron libertad y poder a empleadores y empresarios en la relacin capital/trabajo. Gracias a aquel Estado benefactor y proteccionista (adjetivos benefactor y proteccionista- que conservan toda su belleza pese al desprestigio al que los ha sometido la propaganda neoliberal), la clase trabajadora tuvo unos niveles de seguridad y libertad relativos como nunca antes en la historia del capitalismo. Pero todo eso se dio bajo unas condiciones muy especficas: ciclo vital fordista, amplia concentracin o localizacin industrial, una divisin internacional del trabajo que permiti la hegemona econmica occidental, unas tasas de crecimiento que permitan el pleno empleo...

Ese equilibrio se fue al traste con la globalizacin, la cada del comunismo y lo que ha dado en llamarse la gran convergencia. [6] Una imagen plstica de esta transformacin es Detroit. Hoy es una ciudad en bancarrota que tuvo que ser rescatada, cuando hace unas cuantas dcadas era una de las fbricas mundiales de la automocin. Semejante escenario de decadencia urbana slo es una muestra local de un capitalismo global salvaje y desregulado sin contrapoder democrtico que se le enfrente. Y sin dicho contrapoder es imposible impedir o siquiera amortiguar el desenfreno de semejante gigante devorador con todas sus consecuencias perversas: la desigualdad, la pobreza, la precariedad, la alienacin, la injusticia, etc. Ahora bien, a base de agathopas y de propuestas a lo barn de Munchausen poco vamos a avanzar. Mucho menos si esas propuestas nos hacen olvidar algunas esencias de la tradicin socialista, las cuales todas- tenan que ver con el problema central de la propiedad y el poder econmico. Mientras esa propiedad y ese poder sigan concentrados en pocas manos, podremos tirarnos de la coleta todo lo que queramos, pero no saldremos del pantano. Si lo que queremos es hablar en serio de transformacin social, me temo que tendremos que hablar nuevamente de socialismo: de regmenes de propiedad colectiva y social, de modelos alternativos de desarrollo, de Estado fuerte, de democracia real. Y tengo para m que, si una renta bsica es en absoluto viable, lo ser en el seno de una sociedad socialista. El capitalismo de renta bsica es una contradiccin en los trminos.

El problema poltico fundamental para la izquierda anticapitalista es que la actual divisin internacional del trabajo permite que cualquier propuesta local o incluso nacional de suficiente calado democrtico y social sea penalizada brutalmente mediante deslocalizacin y desinversin. El trabajador espaol no compite slo con el trabajador espaol, sino con el chino y el brasileo. Y los Estados, adems, se financian en mercados internacionales de deuda. Incluso el gobierno mejor intencionado tiene las manos atadas, y ha de andar con pies de plomo. En la mayora de los casos, slo le queda sobrevivir a base de reducir costes laborales y gastos sociales, y eso es lo que hacen la mayora de los gobiernos que tienen que gestionar elevadsimos niveles de dficit y endeudamiento con bajas perspectivas de crecimiento econmico. Por eso la masa salarial ha cado en casi todos los pases ricos as como su gasto social. [7] Es difcil imaginarse un peor escenario para la aplicacin de una renta bsica universal y emancipadora. Y quien piense que basta con llegar al poder para aplicar soluciones mgicas corre el riesgo de perder el capital poltico democrtico que haya podido acumular por el camino. La lgica social y el principio de realidad son tan importantes en poltica como la pasin democrtica y las ilusiones transformadoras. Hay empero muchas cosas que se pueden hacer para salir del hoyo sin salir antes a buscar una escalera. Si en un eje colocamos la corrupcin y en otro los ingresos pblicos, ambos ejes relacionados entre s, podemos definir un gran espacio cartesiano para la regeneracin institucional y la reforma fiscal. La izquierda necesita dotarse de un buen bistur para hacer ciruga moral masiva en la poltica y la sociedad, y necesita dotarse tambin de mecanismos equitativos y eficaces de obtencin de ingresos pblicos. Esas dos herramientas abriran un horizonte de posibilidad que hoy por hoy cierran el dficit, la deuda y el estancamiento. Y son herramientas que se pueden manejar con prudente contundencia.

Aunque tal vez la renta de la que se habla no sea una renta desalienadora que permita al trabajador escapar realmente a la dominacin de clase- sino tan slo una renta focal contra la pobreza. Pero, entonces, ya no es ni robusta, ni universal ni incondicionada, y tiene que someterse a la metodologa de la comprobacin de medios: hay que ser pobre para recibirla. Bien, creo que una renta mnima de insercin que nada tiene que ver con una renta bsica- no presenta un problema fundamental de incompatibilidad de incentivos, pues nadie quiere ser pobre, ser diagnosticado como tal y sobrevivir con lo mnimo. Pero una renta as no slo es estigmatizadora sino que al menos en sus versiones actuales a la inglesa- es una verdadera trampa de la pobreza y la precariedad.



[1] Cfr. la compilacin de Zona Abierta 46/47, Un salario social mnimo (garantizado) para todos, enero-junio de 1988.

[2] Cfr. A. de Francisco y Daniel Ravents (2005), republicanismo y renta bsica, en M. J. Bertomeu, A. Domnech y A. de Francisco, comps. (2005), Republicanismo y democracia, Buenos Aires, Mio y Dvila, cap. 9. Sin embargo, como seal en otro lugar (cfr. nota 2, infra), una fundamentacin republicano-democrtica de la RB puede y debe ser ms exigente e incorporar la cuestin de la autoorganizacin democrtica del mundo del trabajo y de la sociedad en general, y sobre todo- la cuestin de la virtud. En realidad, la concepcin moderna de la ciudadana tambin la neorrepublicana- tiende a centrarse en los derechos del ciudadano, subestimando sus obligaciones cvicas. Por eso no es de extraar el olvido de la virtud en la teorizacin moderna de la ciudadana. La conexin entre renta bsica y virtud cvica es mucho menos clara que entre renta bsica y libertas, y deja abierta la puerta a condicionar la asignacin de la renta al cumplimiento de determinadas obligaciones cvicas. Guy Standing, por ejemplo, se atreve tmidamente a imponer una de esas obligaciones: el ejercicio del voto (cfr. G. Standing (2014), A Precariat Charter, Londres: Bloombury, pp. 371-2.

[3] Op. Cit., pp. 19-45.

[4] Cfr. A. de Francisco (2001), La renta bsica: una propuesta ecumnica?, en D. Ravents, comp. (2001), La renta bsica, Barcelona: Ariel, pp. 177-18, esp. , pp.. 180-1813;

[5] Es oportuno releer el captulo sobre la competencia del imprescindible y actualsimo, La Situacin de la clase obrera en Inglaterra, de Engels.

[6] Cfr. Guy Standing (2014), El precariado, una carta de derechos, trad. de A. de Francisco, Madrid: Capitan Swing.

[7] Cfr. Labor pains, The Economist, 2/11/2013,

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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