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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-11-2014

Es el momento de afirmar soy jerosolimitano

Jamal Juma y Maren Mantivani
Rebelin

Traducido del ingls para Rebelin por Beatriz Morales Bastos.


Hace 25 aos cay el Muro de Berln. La famosa afirmacin de John F Kennedy, Soy berlins, convirti este Muro en el smbolo que Occidente haba elegido para encarnar al otro al que se enfrent durante dcadas y con el que justific infinidad de guerras, su apoyo a dictaduras, la tortura por todo el mundo y la represin interna. El 9 de noviembre de 1989 supuso el fin de la era de la Guerra Fra y el inicio de la del choque de civilizaciones. Con la vuelta al viejo plan orientalista las poblaciones rabes y musulmanas se convirtieron en el nuevo enemigo.

En 2002 empez la construccin de un nuevo muro, mucho ms largo, mucho ms alto y una herramienta para confiscar a gran escala tierras y recursos. El Muro del Apartheid israel, construido sobre tierra palestina, crea eficazmente bantustanes que separan a los agricultores palestinos de sus tierras, a las familias de sus parientes y a los nios de sus escuelas. Este Muro es otra manifestacin fsica de la campaa de limpieza tnica de los palestinos por parte de Israel. Hace imposible un Estado palestino o la autodeterminacin palestina. Desgraciadamente, hoy el Muro del Apartheid de Israel es el smbolo mismo del propio paradigma del mundo libre: bajo la cobertura de la seguridad y de la legtima defensa se excusa y acepta todo lo que hace Israel.

Otra capital, Jerusaln, se convierte hoy en nuevo campo de batalla simblico. Esta vez no hay puentes areos o discursos grandiosos estadounidenses sino la resistencia cotidiana de la gente por sus derechos, su dignidad y la propia existencia de la ciudad. El pasado viernes [7 de noviembre], exactamente un cuarto de siglo despus de la cada del Muro de Berln, por toda Jerusaln Oriental los palestinos se enfrentaron a las fuerzas israeles que ocupan su capital. Solo en el campo de refugiados de Shuafat resultaron heridas setenta personas y otras 250 sufrieron asfixia a causa los gases lacrimgenos utilizados por la polica de fronteras israel. En Bir Nabala el comit popular ech abajo una parte del Muro del Apartheid. Los palestinos de Jerusaln toman su destino en sus manos. No pueden permitirse seguir esperando a que la comunidad internacional cumpla con sus obligacin de asegurar que Israel deja de violar el derecho internacional y echa abajo el Muro, tal como estipul la opinin consultiva emitida en 2004 por la Corte Internacional de Justicia. Ahora es el momento de que las personas de todo el mundo se alcen solidarias, en contra de la connivencia de sus propios dirigentes polticos y afirmen: Soy jerosolimitano .  

La Intifada de Jerusaln

Jerusaln siempre ha sido un elemento fundamental en las estrategias israeles. Durante las campaas israeles de limpieza tnica en 1948, la masacre ms cruel y emblemtica de civiles palestinos ocurri en Deir Yasin, a las afueras de Jerusaln. Desde que ocup la parte oriental de la ciudad en 1967 Israel ha trabajado sin descanso para anexionarse de facto todo Jerusaln y borrar la presencia palestina en la ciudad. Con todo, en los ltimos meses la agresin israel a Jerusaln ha aumentado exponencialmente.

La expansin de las colonias en Jerusaln ha sido continua y es una provocacin sistemtica mientras Israel roba cada vez ms tierra palestina para las colonias para judos. Solo en los dos ltimos meses Israel ha anunciado 2.600 nuevas viviendas para colonos en Givat Hamatos, otras 640 en Ramat Shlomo y 400 en Har Homa. En el barrio palestino de Silwan los ilegales colonos se apropiaron de ms de 25 viviendas palestinas.

Adems de esto, Israel provoca intencionadamente la ira de todo el mundo musulmn al atacar la Mezquita Al-Aqsa y el vecino complejo del Santuario Noble*. En los ltimos seis meses los colonos israeles han invadido la zona casi diariamente protegidos por el ejrcito israel y en violacin tanto de las leyes israeles como de los acuerdos internacionales. Los dirigentes polticos israeles se unen regularmente a los colonos con lo que demuestran que no es un movimiento marginal sino una estrategia del gobierno. Se ha vuelto rutinario que Israel trate de cerrar el Santuario Noble a los palestinos por las maanas. Mientras los palestinos rezan en sus santos lugares hay enfrentamientos casi a diario. Por primera vez desde que Saladino liberara Jerusaln de manos de los cruzados las fuerzas de ocupacin israeles han cerrado completamente el complejo del Santuario Noble e incluso han prohibido la llamada a la oracin en dos ocasiones en las ltimas semanas.

ltimamente han sido las mujeres quienes han estado sobre todo al frente en los enfrentamientos para defender el acceso a los santos lugares musulmanes ya que desde hace dos aos Israel prohbe a todos los hombres palestinos menores de 50 aos entrar en la mezquita de Al Aqsa. A consecuencia de ello, Israel tambin prohbe ahora la entrada a todas las mujeres palestinas menores de 40 aos. Adems de ello, las fuerzas de ocupacin exigen ahora a los palestinos que entren en la mezquita dejar sus documentos de identidad en las puertas de entradas y cuando abandonan el complejo se obliga a muchos de ellos a presentarse ante la polica israel para ser interrogados.

Sin embargo, lo que verdaderamente desencaden el actual levantamiento de los habitantes de Jerusaln en contra de la ocupacin fue el cruel asesinato del adolescente jerosolimitano de 16 aos Mohammed Abu Khdair, que fue secuestrado y quemado vivo por un grupo de colonos israeles el 2 de junio. Esto desencaden el preludio de la actual Intifada de Jerusaln, con enfrentamientos por toda la ciudad. La movilizacin se extendi rpidamente a las ciudades y barrios de ciudadanos palestinos de Israel en Galilea y Cisjordania. Esta oleada de protestas solo decay a consecuencia del espantoso ataque israel a Gaza, una masacre cuyo objetivo parcial fue desviar la atencin y romper la dinmica de movilizaciones del resto de Palestina. Sin embargo, inmediatamente despus de la masacre las protestas se volvieron a intensificar cuando Israel anunci la construccin de nuevas viviendas para colonos y la confiscacin de 4.000 dunums (400 hectreas) de tierra palestina en el ocupado Jerusaln.

Israel utiliza estas protestas como pretexto para imponer un asedio an ms frreo a Jerusaln. A las fuerzas de polica existentes se les han unido mil policas de fronteras que patrullan las zonas palestinas. Policas fuertemente armados paran arbitrariamente a los palestinos y cuando menos los intimidan e imponen falsas multas administrativas. El objetivo de Israel es expulsar as a los palestinos de las calles.

Estas medidas drsticas para frenar la resistencia palestina sirven al discurso interno israel. Los polticos exigen un uso excesivo y aplastante de la fuerza en contra de los palestinos para rehabilitar su propia imagen de potencia invencible tras la derrota militar de facto de este verano en Gaza. No obstante, en vez de sojuzgar fcilmente a los palestinos, como era previsible estos ataques estn haciendo lo contrario. Los jerosolimitanos continan tomando las calles y las protestas se estn extendiendo a Cisjordania y Galilea. El primer ministro Netanyahu se vio incluso obligado a pedir a los colonos que dejaran temporalmente de invadir la mezquita de Al Aqsa en un intento calmar la situacin.

Bantustanes en ciernes

La insistencia de Israel en sojuzgar la resistencia palestina en Jerusaln va mucho ms all del simbolismo inherente del control total de la capital y los santos lugares palestinos. Dividir Cisjordania en una parte norte y otra sur creando un corredor de colonias desde Jerusaln hasta el Mar Muerto es una necesidad geoestratgica del proyecto de bantustanizacin de Cisjordania.

Junto a los ataques a Jerusaln se est acelerando la limpieza tnica de 46 comunidades palestinas beduinas que viven en las colinas que se extienden desde Jerusaln al Valle del Jordn, en el lmite oriental de Cisjordania. Las autoridades de ocupacin estn planeando crear unas zonas de reubicacin de estas comunidades que se parecen a los barrios segregados (townships) de la Sudfrica de la poca del apartheid. Al mismo tiempo se estn llevando a cabo las obras para abrir un tnel desde al-Aizariya a Anata, y cerrar al mismo tiempo las carreteras histricas que comunicaban el sur de Cisjordania con el norte y el valle del Jordn. En junio se cerr temporalmente el checkpoint al norte de Beln a aquellas personas que no tuvieran el permiso necesario, como una prueba para separar el sur del norte de Cisjordania.

El violento aplastamiento de la resistencia en Jerusaln y la divisin de Cisjordania en dos partes aisladas sera un enorme paso para completar la bantustanizacin de Palestina. Esto sera una fase ms del plan de Ariel Sharon de llevar a cabo la desconexin de todos los guetos palestinos atrapados tras el Muro del Apartheid al tiempo que anexiona el resto de la tierra y hace imposible cualquier autodeterminacin palestina.

Adelante, Cisjordania, por el amor de Dios! 

Teniendo en cuenta lo anterior, no es de extraar que una de las consignas ms extendidas en las protestas en Jerusaln sea Adelante, Cisjordania, por el amor de Dios!. Aunque se estn acalorando decenas de protestas en Cisjordania, todava est por estallar una tercera Intifada a plena escala a pesar de la construccin acelerada de colonias, la violencia contra los civiles palestinos y la destruccin de comunidades enteras.

Una razn es que los manifestantes en Cisjordania adems de a la represin israel se enfrentan a las fuerzas de polica de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) que prohben las protestas en las zonas que estn bajo su control como parte de la coordinacin de seguridad con Israel. Sin lugar a dudas las fuerzas de polica palestinas no soportaran un verdadero estallido de una Intifada, pero logran poner freno a algunas protestas por medio del uso de la fuerza y de un factor desmoralizador.

La determinacin del pueblo tambin se ve bastante frustrada por la falta de un liderazgo poltico unificado. El presidente de la ANP, Mahmoud Abbas, ha afirmado en varias ocasiones que no permitira una tercera Intifada. Por el momento los partidos polticos palestinos no han mostrado suficiente capacidad de respuesta para desarrollar una estrategia nacional de resistencia que pueda capitalizar polticamente los sacrificios de una Intifada. Tras la Primera Intifada que tuvo como resultado los Acuerdos de Oslo y la Segunda Intifada, que llev al fortalecimiento de las corrientes neoliberales y proestadounidenses en la ANP, los palestinos son escpticos, con razn, acerca de los posibles resultados polticos de otra Intifada sin el necesario liderazgo.

Los llamamientos ms estratgicos de la lucha palestina provienen hoy de las calles. En primer lugar, el llamamiento a apoyar la resistencia y los derechos del pueblo palestino en Jerusaln. La segunda reivindicacin que retumba en las calles y en las protestas es el llamamiento a poner fin inmediatamente a la cooperacin de seguridad entre la ANP e Israel. Dado que el ejercito israel sigue cometiendo crmenes de guerra y otros abusos, el actual intercambio de informacin y la coordinacin logstica entre la ANP y las fuerzas de ocupacin no es sino una afrenta a la dignidad, el sacrificio y la lucha del pueblo palestino. En vez de actuar en connivencia con las mismas fuerzas que han estado atacando al pueblo palestino durante las ltimas siete dcadas, hay que hacer que asuman sus responsabilidades aquellas personas responsables de crmenes de guerra y de crmenes contra la humanidad. La tercera demanda es que los dirigentes palestinos firmen el acceso al Estatuto de Roma y a la Corte Penal Internacional, y lleven a juicio a los criminales de guerra israeles.

Parece que este sencillo plan de tres puntos que se est desarrollando en las calles de Palestina tiene ms posibilidades de acabar con el actual punto muerto de represin y construir una base slida para el inevitable estallido de una tercera Intifada que los proyectos diplomticos del los dirigentes palestinos y del mundo.

Es el momento de que todos nosotros, tanto en Palestina como en todo el mundo, afirmemos todos somos jerosolimitanos.


Nota

* El emplazamiento de la mezquita [de Al-Aqsa] est cerca de Haram al-Sharif (Santuario Noble), un complejo de santos lugares islmicos que incluye la mezquita de Al-Aqsa y est flanqueado en uno de sus lados por el Muro Occidental [o Muro de las Lamentaciones], un lugar de rezo fundamental para los judos, Jonathan Cook, La desaparicin de las mezquitas (N. de la T.) 

Jamal Juma es el coordinador general de la Campaa Stop de Wall (Stop the Wall Campaign).

Maren Mantovani es la coordinadora de las relaciones internacionales de la Campaa Stop de Wall (Stop the Wall Campaign).

Una versin reducida de este artculo se public en Al Jazeera, http://www.aljazeera.com/indepth/opinion/2014/11/time-say-i-am-jerusalemite-201411128235835808.html



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