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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-11-2014

Gmez, una espada luminosa para la independencia de Cuba

Wilkie Delgado Correa
Rebelin


iY pens de nuevo, como he pensado siempre, que para sacudir la opresin y la barbarie, todos los medios y todas las ocasiones son buenas Mximo Gmez

El General Mximo Gmez Bez naci en la Repblica Dominicana, pero, sin embargo, fue un cubano autctono por su participacin extraordinaria en las luchas por la independencia de Cuba. De ah que se le concediera la condicin de ciudadano cubano por nacimiento una vez constituida la Repblica de Cuba.

Conocido con el sobrenombre de Generalsimo por su trayectoria y General en Jefe del Ejrcito Libertador Cubano en la Guerra del 95, naci en Bani el 18 de noviembre de 1836. Su muerte se produjo en La Habana, Cuba, el 17 de junio de 1905.

Gmez, jefe de la primera carga al machete en la guerra independentista de los Diez Aos, fue, sin duda, un genio militar que junto a otro grande como Antonio Maceo, libr las principales batallas contra el ejrcito espaol, y sus hazaas estratgicas estn inscritas en forma indeleble en la historia militar cubana. La clebre invasin de Oriente hasta Occidente junto a su Lugarteniente General Antonio Maceo, constituye un hito supremo del arte militar de Cuba y el mundo. Su figura tambin alcanza igual realce en el campo de las ideas polticas, ligadas a la historia de Cuba, pero tambin proyectadas a la esfera social de su tiempo, que an hoy en da mantienen plena vigencia en el mundo contemporneo.

Gmez, Mayor General en la guerra de los Diez Aos iniciada por Carlos Manuel de Cspedes en 1868, y General en Jefe y Generalsimo del Ejrcito Mamb en la guerra de independencia de 1895, liderada por Jos Mart, es un paradigma del patriotismo e internacionalismo cubano.

Se cuentan y han escrito muchas historias ocurridas durante las guerras de independencia de Cuba. Son episodios que deben atesorarse en la memoria como parte de una riqueza espiritual de la ms preciada que tiene un pueblo.

Uno de estos hechos ocurri al concluir la Guerra de los Diez Aos, producto del Pacto del Zanjn. Con l llegaba una paz amarga y dolorosa para todos los combatientes que durante diez aos se empearon en una lucha terrible por alcanzar la independencia para su tierra. Al cabo de la jornada tenan que deponer sus armas sin ver realizados sus sueos.

En esas tristes circunstancias, se efectu la entrevista entre el jefe espaol Martnez Campos, artfice del proceso de paz, y el jefe cubano Mximo Gmez. Por primera vez se vean aquellos jefes que durante aos, slo se conocieron a travs del humo de los combates y los ros de sangre de los dos ejrcitos.

El general espaol, desde su sitial de vencedor, pens comprar o seducir con dinero, para sus planes futuros, al aguerrido general cubano que se propona ir al destierro y abandonar la tierra en que se haba forjado tantos sueos de gloria y que haba sido teatro de tantas amarguras y dolor.

El Capitn General espaol y su estado mayor, impecablemente vestidos, se encuentran en un sitio de Camagey con el general Gmez y sus ayudantes, vestidos lastimosamente con sus ropas viejas y radas.

Despus de las presentaciones ceremoniales, Martnez Campos dio riendas sueltas a su efusividad.

-Pida, pida por esa boca, porque excepto la mitra del Arzobispo, todo se lo puedo dar.

Ante los argumentos de Gmez de que terminada la guerra, nada quedaba ya por hacer en Cuba, Martnez Campos esboz sus propuestas.

-Cmo? Usted no debe irse; yo necesito hombres como usted para la obra de la reconstruccin del pas y consolidar la paz. No es posible que vaya usted a su pas con esa ropa miserable. Yo le puedo prestar la cantidad que necesite y luego me la pagar usted cuando quiera y pueda.

El general Gmez se puso de pie entonces, y con l toda la grandeza que caba en aquel hombre bravo, y le expres:

-General, no cambio yo por dinero estos andrajos que constituyen mi riqueza y son mi orgullo: soy un cado, pero s respetar el puesto que ocup en esta Revolucin, y le explicar. No puedo aceptar su ofrecimiento, porque slo se recibe, sin deshonor, dinero de los parientes o de los amigos ntimos, y entre nosotros, General, que yo sepa, no hay parentesco alguno. Y, por otra parte, es sta primera vez que tengo el honor de hablarle.

Muchos aos despus volveran a encontrarse, no ya personalmente, sino al frente de los dos ejrcitos enemigos, que nuevamente entraban en contienda.

Gmez, el general que no haba aceptado dinero ni ofertas del enemigo, que le hubiera envilecido, haba aceptado, sin embargo, el ofrecimiento hecho por Mart varios antes del inicio de la nueva guerra: Yo ofrezco a Ud., sin temor a negativa, este nuevo trabajo, hoy que no tengo ms remuneracin que brindarle que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres Los tiempos grandes requieren grandes sacrificios, y yo vengo confiado a pedir a Ud. que venga a ayudar a Cuba a conquistar su libertad, con riesgo de su muerte

Aos despus, Gmez relat en forma conmovedora su visin de los fenmenos sociales, que fue descubriendo en la Cuba colonial. He aqu su relato: Cuando ocupamos a viva fuerza aquellos bateyes ocupados por los espaoles, aquellas casas palacios, con tantos portentosos laberintos de maquinarias, con todo aquel conjunto de produccin, de comodidades y de lujo y hasta de cultura, cuando yo vi todo eso le confieso a Usted que qued abismado y hubo un momento que hasta dud de la fuerza de los principios que sustentaba la Revolucin Ms continu como tena que hacerlo, y bien pronto se oper en mi nimo y en mis juicios un cambio Cuando llegu al fondo, cuando puse mi mano en el corazn adolorido del pueblo trabajador y lo sent herido de tristeza, cuando palp al lado de toda aquella opulencia, alrededor de toda aquella asombrosa riqueza, tanta miseria material, tanta pobreza moral; cuando esto vi en la casa del colono, y me lo encontr, embrutecido para ser engaado, con su mujer y sus hijitos, cubierto de andrajos y viviendo en una pobre choza, plantada en la tierra ajena, cuando pregunt por la escuela y se me contest que no la haba habido nunca y cuando entramos en pueblos no vi absolutamente nada que acusara cultura ni aseo moral, ni pueblos limpios, ni riquezas limpias, ni vida acomodada; entonces yo me sent indignado y profundamente predispuesto en contra de las clases elevadas del pas,

Se me represent la Edad Media y pens de nuevo, como he pensado siempre, que para sacudir la opresin y la barbarie, todos los medios y todas las ocasiones son buenas

Esta vocacin de Gmez para la lucha a favor de la gente humilde del pueblo qued recogida en este relato de Jos Mart:

Como en la sala del baile me acogiese con su amigo el caminante a la ventana, a que se apiaba el gento descalzo, volvi el General los ojos a una voz de cario de su amigo y dijo, con voz que no olvidarn los pobres de este mundo: Para ellos trabajo yo!

Aos despus, liderando Gmez la guerra libertadora de Cuba, escribi: Las armas, el parque, todo lo debemos en su mayor parte, al trabajo honrado, al desinters y abnegacin de los pobres tabaqueros, de los humildes, de los que tendrn algn da puesto principal entre los grandes de esta tierra.

Estos han sido sueos convertidos en realidad tras una lucha dura y larga del pueblo cubano. Honor y gloria a Mximo Gmez Bez en ocasin del nuevo aniversario de su nacimiento!



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