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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2014

Honduras
Poder y violencia de gnero

Lilliam Oviedo
Rebelin


Las crnicas de entretenimiento destacan la tranquilidad que exhibe el hombre acusado de matar a Mara Jos Alvarado (Miss Honduras Mundo) y a su hermana Sofa. La rapidez y la facilidad con que Plutarco Antonio Ruiz y sus cmplices dispusieron de los cadveres, obliga a preguntar si se tratara del primer asesinato cometido en esa forma. Sera importante, adems, determinar por qu, con solo 32 aos, sin profesin u oficio conocido y siendo originario de un pas pobre, el hoy acusado ostenta una cuantiosa fortuna y no hay registro de que estuviera siendo investigado.

No son, acaso, la falta de institucionalidad y la corrupcin en las altas esferas factores que facilitan la accin de lavar fortunas y capitales?

Tambin en Honduras, ocho das despus del asesinato de las Alvarado, fueron asesinadas a machetazos cuatro mujeres y una nia de una familia. Las vctimas fueron Rutilia Bentez Mungua Peralta, de 47 aos, sus hijas Glenis (de 23 aos), Brenda Jaqueline (de 21) y Rutilia Aracely lvarez Mungua (de 16), y su nietecita Heydi Carolina, con apenas 9 aos.

Un enamorado de una de las jvenes es el principal sospechoso de este crimen. No son estos criminales hijos legtimos de este sistema de impunidad, descaro y privilegios?

Ofensiva e hiriente es la sonrisa dibujada de Plutarco, pero es obvio que la violencia y la incapacidad para valorar la vida trascienden el mbito de lo personal.

Dado que es imposible ocultar la violencia de gnero, los sectores de poder la presentan distorsionada. Intentan hacer invisibles sus lazos con otras formas de abuso generadas por la sociedad de clases, y obvian al describirla su estrecha relacin con la influencia del crimen organizado en las instituciones pblicas y en las grandes corporaciones a nivel global.

Honduras, por ejemplo, es un pas muy violento. 79 homicidios por cada 100.000 habitantes en el 2013, y el asesinato de una mujer cada 14 horas y 30 minutos en el 2012 (cifras de la estatal Universidad Autnoma de Honduras), son estadsticas muy preocupantes.

Una historia poltica marcada por la injerencia imperialista (asiento de bases militares e histrico centro de operaciones de halcones yanquis) y el autoritarismo de los dirigentes nacionales; un 65% de la poblacin padeciendo pobreza, la corrupcin diluyendo los fondos destinados a gastos sociales, el asesinato de siete periodistas en los primeros ocho meses del presente ao No tiene la violencia de gnero un marco de accin y un conjunto de factores que la sustentan?

EL SELLO DE CLASE

Es una crnica reciente, aunque parece del pasado: La Polica espaola empuj y maltrat a todo el que se present al lugar donde era desalojada (desahuciada dicen los diarios de Espaa y despojada de su vivienda se puede decir en cualquier lugar) una mujer de 85 aos. Los agentes policiales actuaron como mercenarios al servicio de la banca. Cmo se explica que en un Estado moderno se permita que los uniformados adquieran esa condicin?

En Repblica Dominicana, al inicio del presente mes fue noticia el maltrato de que fue objeto la seora Jean Marie Delgado, asediada por espalderos y mandaderos del ex presidente Leonel Fernndez, quienes le obstruyeron el paso, la apretaron y le arrojaron objetos porque ejerci su derecho a expresarse al participar en una manifestacin contra el jefe del sistema poltico dominicano, un hombre a quien todos sealan como el verdadero jefe de los grupos que saquearon el erario entre los aos 2008 y 2012 (y hay que apuntar que lo siguen saqueando).

Otro acto de abuso condenable ocurri el pasado 13 de octubre, cuando una patrulla bale a rika Margarita Prez Martnez, de 26 aos, en el Callejn de la Loma, Cabarete, Puerto Plata. Se dice que se resisti a un arresto.

Lo cierto es que la balearon y la dejaron dando gritos de dolor y emanando sangre. El pretexto de que iba a enfrentar con un machete a la patrulla recuerda las miles de historias sobre intercambios de disparos, que son episodios en los cuales la Polica da muerte a jvenes de los sectores empobrecidos.

Las ms abominables formas de coercin de clases, se retratan en estos hechos, en escenarios diferentes y contra mujeres de edades diferentes, pero que se inscriben en el afn de preservar un modelo de acumulacin que sustenta un ejercicio ilegtimo de poder.

LA DESIGUALDAD ES UNA FORMA DE VIOLENCIA

En el momento actual, los recortes presupuestarios que reducen el gasto social en Europa y los mal llamados planes de austeridad en los pases pobres, afectan particularmente a los sectores ms vulnerables.

Un caso aleccionador es el de Espaa, donde el salario promedio es de 2 mil 102 euros para los hombres y menos de 1 mil 622 para las mujeres. Segn cifras del Instituto Nacional de Estadsticas, el 35 por ciento de los hombres est situado en los tramos salariales ms altos, y solo el 23.8 por ciento de las mujeres. En los tramos inferiores se encuentra el 41.1 por ciento de las mujeres y el 19.4 por ciento de los hombres.

La violencia de gnero no solo no est divorciada de la coercin de clase, se alimenta del autoritarismo y de la desigualdad social.

Los sectores de poder tratan de presentarla como fenmeno aislado, porque es una forma de injusticia heredada de estadios anteriores de desarrollo y contribuye a evidenciar la ilegitimidad en el ejercicio del poder.

Los dirigentes que se sirven de cuerpos represivos con sello criminal, hablan para responder a ciertos escndalos y guardan silencio cuando entienden que con ello contribuyen a acallar los escndalos.

En este 25 de noviembre, adems del homenaje a las hermanas Patria, Minerva y Mara Teresa Mirabal, vctimas de la dictadura de Trujillo, hay que pedir cuentas a dirigentes como Enrique Pea Nieto, quien nada tiene que decir a las madres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y de otros miles de desaparecidos; pero no deja de hablar.

A jefes de Estado y de gobierno como Mariano Rajoy, Danilo Medina y Juan Orlando Hernndez, quienes dirigen gobiernos con cuerpos represivos corruptos, criminales y abusadores, y a pseudoestadistas como Leonel Fernndez, Hiplito Meja y Miguel Vargas, beneficiarios y agentes de la podredumbre y siempre prestos a emitir mensajes y discursos cargados de palabrera Para dejar de contar muertas, hay que fortalecer los niveles de educacin y organizacin de masas y desmontar este sistema poltico abusador y excluyente, hipcrita, pero con evidente sello criminal.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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