Portada :: Colombia :: Dilogos de paz 2012-2015
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-11-2014

Seamos serios, Santos

Timolen Jimnez
http://www.farc-ep.co/


El Presidente emplea de mil modos la bandera de la solucin civilizada al conflicto armado. Manifiesta su devocin por figurar en la historia como el hombre que consigui la paz. Rie incluso con los declarados defensores de la solucin militar. Pacta con la insurgencia una Agenda sobre la cual realizar conversaciones definitivas. Se ufana de los avances alcanzados y habla de perseverar. Hasta promociona en el exterior el post conflicto.

Sin embargo, su actitud y sus hechos resultan mucho ms reveladores que sus palabras. Una sola idea parece obsesionarlo, rendir la insurgencia, obligarla al desarme, la entrega y la desmovilizacin. Es el nico resultado que para l cabe asimilar con la paz. La Mesa de La Habana se revela as para el gobierno nacional, como el escenario que facilitar la mecnica ordenada de la admisin de su derrota por parte de la guerrilla de las FARC-EP.

No lo expresan abiertamente, pero a estas alturas resulta imposible ocultarlo. El paso del tiempo, como las corrientes, va revelando lo que se esconde bajo el agua. Basta con examinar la conducta y las palabras tanto del Presidente Santos como del seor De La Calle, con relacin a los dos casos ms recientes del accionar de las FARC, en Arauca con los dos soldados y en el Choc con el general, para despejar cualquier duda al respecto.

El Presidente siempre fanfarrone con la consigna israel de dialogar como si no hubiera guerra y hacer la guerra como si no hubiera dilogos. Negociar en medio del conflicto ha sido su posicin permanente desde las primeras aproximaciones. Las reglas del juego que siempre reclam fueron las que nada de lo que ocurriera en los campos de batalla tendra por qu afectar el curso de las conversaciones. Impuso incluso que las conversaciones en La Habana fueran ininterrumpidas.

As quedaron excluidas de entrada en el Acuerdo General las posibilidades de congelamientos o suspensiones. Lo cual no excluy su derecho a ordenar al alto mando militar, al menos una o dos veces por semana en sus discursos, arreciar con toda su fuerza y poder contra las FARC. El Presidente nunca ha cesado de proclamarse como el primer enemigo nuestro, el que ms nos ha golpeado, el que ha conseguido matar medio centenar de mandos de todas las categoras.

As que nada poda argumentar en contra del accionar militar de las FARC contra unidades del Ejrcito Nacional, en ejercicio de sus actividades de guerra y en sus reas de operaciones. Pero decidi hacerlo, ordenando la suspensin del proceso y violando en forma flagrante no slo su propia retrica sino los trminos del Acuerdo General. La guerra vale y se aplaude si proviene del Estado, pero resulta reprochable si la realiza el adversario atacado. La ley del embudo.

Poner como condicin para reanudar un proceso suspendido arbitrariamente, que la contraparte haga rpida entrega de sus prisioneros de guerra, equivale a un secuestro del proceso de paz por el Presidente. Y responder como lo ha hecho a sus crticos, que ponen de relieve la importancia de concertar un cese bilateral de fuegos para evitar ese tipo de sobresaltos, pone de manifiesto que el proceso de paz no es ms que un simple instrumento en una estrategia final de guerra.

A la respuesta afirmativa de las FARC, que marca sin duda un hito en nuestro modo de obrar en ese tipo de situaciones, el gobierno nacional corresponde con una irracionalidad absoluta. Nuestros voceros en La Habana se reunieron con los enviados de Santos y los garantes, en un gesto que muy pocos valoran si se tiene en cuenta la suspensin unilateral de los dilogos por el gobierno, y de manera gil concertaron procedimientos y protocolos para las liberaciones.

Pero el gobierno ha dispuesto paralelamente una operacin militar sin precedentes, que no se detiene ni siquiera para posibilitar la realizacin de lo pactado entre las dos partes. La militarizacin del Atrato, los sobrevuelos, bombardeos y ametrallamientos crecen en ferocidad. Se insiste en un rescate por la fuerza, quizs en precipitar una desgracia que ninguno desea. Esa es la verdadera catadura del rgimen. No hay que llamarse a engaos, Santos juega a lo mismo.

Como sucede con la Mesa y el Proceso, Santos pacta los protocolos, pero insiste en arrebatar por la fuerza los prisioneros, obstaculizando objetivamente el cumplimiento de aquellos. Es decir, viola nuevamente lo pactado. La realidad desbord las reglas del juego defendidas por el gobierno. El Presidente, con su suspensin, tumb el tablero donde jugbamos la partida, destruy la confianza. Las cosas no podrn reanudarse as no ms, habr que hacer diversas consideraciones.

Qu difcil, cun complicado resulta hacer comprender al Estado colombiano, a su gobierno, a las clases en el poder, que el conflicto de medio siglo al que buscamos poner fin con este proceso, se explica por unas causas que lo originaron y sostienen. Y que entre esas causas, haciendo un poco de lado la inequidad y las injusticias galopantes en el pas, la ms destacable es la intolerancia poltica, la persecucin declarada contra quienes plantean alternativas distintas al rgimen.

La violencia oficial, por va militar, policial o paramilitar, se encuentra en la base del alzamiento armado nuestro. Estamos convencidos de que esta guerra no se hubiera producido jams si el crimen y la persecucin no se hubieran ensaado sistemticamente contra los personeros de la oposicin al rgimen oligrquico. Ha sido tanta y tan reiterada la intencin oficial de aniquilar la inconformidad, que se volvi legtimo apelar al recurso de las armas para hacer poltica.

All centramos las FARC el ncleo del proceso de paz. Desmontemos todas las formas de violencia poltica en nuestro pas. La oficial y la insurgente. Reconozcamos las responsabilidades que quepan por ellas, ante el mundo, la nacin y las vctimas. Hagamos hasta lo imposible por resarcir estas ltimas. Pero abramos definitivamente las puertas al ejercicio de la oposicin poltica a todas las corrientes, con plenas garantas, sin excluir a ninguno, pacfica y legalmente.

Aun el da de hoy vuelven a insistirnos en muestras de paz, en gestos contundentes que demuestren nuestra voluntad de reconciliacin. Como si fuera poca cosa haber recibido al enviado del Presidente, despus que nos insulta pblicamente y suspende el proceso de paz en violacin abierta a lo acordado. Como si no valiera nada haber continuado conversando pese a que el Presidente orden el asesinato de nuestro Comandante Alfonso Cano. Gestos de paz. Lo que se hace insostenible es que el Presidente se siga ufanando de matar y matar, mientras obra con histeria porque se le responde con dignidad. Seamos serios, Santos.


(*) Timolen Jimnez es Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP

Montaas de Colombia, 22 de noviembre de 2014.


Fuente: http://www.farc-ep.co/



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