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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-11-2014

Bolseros y conspiradores

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


Andrs Santa Cruz Lpez, presidente de la Confederacin de la Produccin y el Comercio (CPC), y Hermann von Mlenbrock Soto, presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), se creen dueos del pas y en verdad lo son, si observamos cmo manejan -con el dedo meique- al gobierno, el Parlamento y, sobre todo, el presupuesto de la nacin. Unos bolseros y conspiradores que estrujan beneficios tributarios, concesiones de obras pblicas, blanqueo de capitales y hasta viajes y banquetes. Su vctima es un gobierno debilucho al que, llegado el caso, no dudaran en empujar al abismo. Su labor de zapa ha fortificado las posiciones de la empresa privada, obtenidas bajo dictadura, hasta hacerlas inexpugnables, acentuando as la tremenda desigualdad social que padece nuestro pas. Santa Cruz pertenece al empresariado agrcola y Von Mlenbrock al sector metalrgico. Por separado, cada uno es de temer. Pero juntos y al frente de su banda, no se diga: hacen temblar al pas. Eso es, precisamente, lo que vienen haciendo. Amenazan a Chile con miserias y desgracias terribles si el gobierno no termina con lo que denominan un clima antiempresarial que pone en peligro el sacrosanto mercado. Sin embargo, ese clima existe solo en la imaginacin de ellos y en las pginas de El Mercurio. Es una miserable estratagema para jibarizar las ya de por s enclenques reformas de modernizacin del Estado neoliberal. No es que el empresariado est contra las reformas. Las conocieron y apoyaron con aportes financieros a la candidatura de Bachelet. Saben que la reforma educacional, por ejemplo, es indispensable para aumentar la capacidad productiva de profesionales, tcnicos y obreros. En el marco capitalista esa reforma permitir explotar ms y mejor a la poblacin activa y a la vez, mantener sumisos a los esclavos del crdito.

El proyecto no le hace mella a los fundamentos de un sistema educacional para formar dciles clientes del mercado. Lo mismo ocurrir, sin duda, con la reforma laboral y las dems que esperan turno. As sucedi con la reforma tributaria que sali a pedir de boca del empresariado desde la cocina del Senado. No obstante, aunque tienen ganada la pelea, los caraduras de Santa Cruz Lpez y Von Mlenbrock Soto continan atemorizando al pas. Buscan hacer retroceder an ms a un gobierno con una tendencia irresistible a la conciliacin. La pandilla de Santa Cruz Lpez y Von Mlenbrock Soto aprieta todava ms el dogal a quienes parecen disfrutar su propio deterioro. Matones como Von Mlenbrock Soto -que en la cena de la Sofofa abus de la bonhoma de la presidenta para ladrar amenazas y pronsticos terribles-, han conseguido imponer -este s es verdadero- un clima de amedrentamiento. Se apoya en las cifras del agotamiento de un modelo esquilmado por la superexplotacin de los recursos. La audacia sin escrpulos de los dirigentes empresariales ha construido un escenario -con activa participacin de la Iglesia Catlica que tambin ha salido a defender sus bienes terrenales- que pone en riesgo las reformas. Se ha llegado al extremo grotesco de sugerir hasta un golpe de Estado si el gobierno persistiera en cumplir su programa. Con El Mercurio convertido -otra vez!- en diligente portavoz de la oposicin, el frente enemigo de las reformas es temible. De nada le valen al gobierno sus intentos de neutralizar a la mafia empresarial. Resulta penoso que cada vez que la presidenta viaja, replete el avin con una comitiva de buitres hambrientos. Santa Cruz Lpez y Von Mlenbrock Soto no se pierden esos viajes con banquetes y recepciones incluidos, todo por cuenta del Estado. Sus principios mercantilizados les permiten bolsear y conspirar a la vez contra quien les tiende una mano generosa. Sera intil sugerir a la presidenta que no busque aliados en el campo equivocado. Impulsar las reformas contra viento y marea -y apoyada en el pueblo- no parece estar en su horizonte poltico. Menos an meter en cintura a los bolseros y conspiradores. Pero, cuidado. A espaldas del gobierno hay una inmensa soledad que va creciendo. Al final de ese pramo, est el abismo. Lo avisan las encuestas cada vez ms desfavorables. No se trata de un rechazo a las reformas, como quieren hacer creer los trompeteros mercuriales. Todo lo contrario. La base social de apoyo al gobierno est decepcionada porque no se impulsan las reformas tal como fueron prometidas. El pueblo ya no cree en promesas que se diluyen en concilibulos con la CPC y la Sofofa. El gobierno tena como objetivo estratgico cerrar la brecha de incredulidad e indiferencia que signific la abstencin del 60% en la eleccin presidencial. Pero en vez de avanzar a paso firme, su marcha es la del cangrejo. Un panorama desalentador para los partidarios de los cambios. Plantea la necesidad de echar las bases de una fuerza independiente capaz de llevar a cabo los cambios profundos que se van postergando.

Editorial de Punto Final, edicin N 818, 28 de noviembre, 2014

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