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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-12-2014

La ltima Siempreviva

Camilo de los Milagros
Rebelin


Si estuviera viva ya la hubiramos encontrado.

Si estuviera muerta tambin.

La Siempreviva

 


El escenario modesto y familiar. Un ramillete azul en cada asiento. En penumbra los actores rgidos, las velas titilando sobre sus manos. El pblico emocionado e impaciente, entre incmodo y expectante. La ansiedad invade el recinto y no es para menos: algo tremendo viene. Un portazo. Se estremecen las velas, arranca el corrillo incomprensible de voces y movimientos aleteando patio adentro de lo que -se adivina- es una vieja casona bogotana convertida en inquilinato. Comienza la ltima funcin de La Siempreviva. El final de un clsico.

El 8 de noviembre fue la cita en la Casa del Teatro Nacional. Casi se trata del mismo elenco que con el dramaturgo Miguel Torres dio vida y fama a este montaje considerado uno de los mejores en la historia del teatro colombiano. Han pasado veinte aos exactos desde el estreno, han transcurrido ms de mil funciones, han corrido ya casi tres dcadas de los desafortunados hechos del Palacio de Justicia. Carmenza Gmez recita con fuerza emocionante: mientras puedan pagar los muertos de este pas ser muy fcil seguirlos matando. He aqu un resumen de historia patria.

Inspirada en el caso de la desaparecida Cristina del Pilar Guarn, la trama se abre pintando las miserias cotidianas de una modesta casa de inquilinato. Desfilan por el lavadero y las ropas colgadas del patio los arquetipos de una Colombia que naufraga: el cruel usurero. El abogado leguleyo sin escrpulos. El hijo calavera. El tpico rebuscador de esquina con su mujer maltratada, ambos siempre hacindole piruetas al hambre. La duea del hogar venida a menos, agobiada en deudas que son impagables. Tal entorno saturado de dificultades realza el carcter tenaz y esperanzador de Julieta Marn, la protagonista que sale una maana al trabajo en la cafetera del Palacio de Justicia. Nunca volver.

Miguel Torres habra podido, por ejemplo, recrear la impactante incursin de los tanques artillados al Palacio. Hubiera podido sucumbir a la tentacin de que sus actores representaran el tiroteo con que la guerrilla inici la toma. O enceguecer el escenario en el bombardeo, con los fuegos malditos del incendio, con los cadveres humeantes. Hubiera podido narrar las correras de su personaje y los dems rehenes tomados por los subversivos al interior del Palacio, el ingreso de los soldados, la oscuridad de alguna guarnicin del Ejrcito, las torturas, las golpizas, los interrogatorios militares, las ejecuciones, las fosas comunes. Crmenes atroces que medio pas imagina o contempla por televisin cada tanto. Ninguna de esas certezas tenebrosas emerge en la actuacin, aunque el espectador las presiente. Ninguno de estos horrores histricos ser visible, apenas van sugeridos entre disputas menores como cobrar la renta, golpear a la esposa, hipotecar la casa. Lo poltico se infiere a travs de puras conjeturas. El dramaturgo prefiere fantasear con las conversaciones de las seoras en el lavadero mientras ruidos atronadores estallan en el centro de la capital. Prefiere sintonizar la radio, como hizo cualquiera ese 6 de noviembre de 1985 para saber qu estaba pasando. Nos recuerda que los locutores cambiaron la Historia, con mayscula, por un partido de futbol. Gan Millonarios?

Miguel Torres elige que los horrores cotidianos son ms aterradores. Quiz por circunstancias de escenografa, por respeto a las vctimas, quiz por afanes propios del teatro, o tambin por su genialidad como director, La Siempreviva termin siendo una obra maestra en su abordaje del tema, el mejor drama que existe en el pas sobre los desaparecidos: un relato de incertidumbres y no de certezas. La narracin evita a toda costa la figuracin explcita de la violencia poltica que es, paradjicamente, el trasfondo.

La tensin galopante incendia el inquilinato, simultneamente la protagonista con su ausencia determina el conflicto acentuando los caracteres de los dems personajes. Una obra de teatro donde la protagonista interviene justamente con su no actuacin, con su ausencia que resulta definitiva? Si. Otra genialidad de Torres. Lo ms doloroso de un desaparecido es que sigue siempre ah, justamente porque no est. La tragedia hilada con fina incertidumbre.

Acaba esta funcin, dolorosa a la vez que enrgica, pero muy conmovedora por ser la ltima. Es mi deseo que La Siempreviva siga siempre viva en la memoria de ustedes. Con esa frase breve y unas lgrimas Miguel Torres se despide de los aplausos estruendosos. Yo me quedo convencido que este montaje genial, capaz de arrancar llanto de verdad tanto al pblico como a los actores cuando culmina la funcin, tiene que ser una pieza enorme, un clsico gigante, que voltea por completo la mirada sobre el Palacio de Justicia. Es una comprobacin dura: los verdaderos protagonistas nunca estuvieron adentro matndose a tiros, sino afuera, contemplando con inocencia o complicidad o impotencia el derrumbamiento de su pas.

Fotografa: Casa del Teatro Nacional.



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