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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-12-2014

Ante la decisin de designar como Ministro de Hacienda a un "Chicago boy"
Dilma: capitulacin y despus

Atilio A. Boron
Rebelin


Dilma se entreg sin luchar! Con su lamentable decisin de entregar a los banqueros los resortes fundamentales del estado se vino abajo toda la mistificacin del posneoliberalismo construida a lo largo de estos aos por los publicistas del PT. Tena opciones Dilma? Claro que s! En momentos como ste es ms que nunca necesario no ceder ante el chantaje tecnocrtico y antipoltico de los resignados del PT y sus partidos aliados que, parafraseando lo que deca Margaret Thatcher, aseguran que no haba alternativas, que esto es doloroso pero era lo nico que podamos hacer.

Si en vsperas del balotaje propuse, en contra de quienes propiciaban el voto en blanco o nulo, votar por Dilma era por dos razones: primero, porque era imprescindible cerrarle el paso a Aecio, representante de la derecha neoliberal dura, neocolonial hasta la mdula y sin el menor compromiso con ninguna causa o estructura popular, cosa que el PT tuvo y decidi arrojar por la borda; segundo, porque me pareca razonable apostar a que, ante el horror del abismo, Dilma y los petistas tendran todava una mnima capacidad de reaccin y lucidez para, por lo menos, tratar de pasar a los anales de la historia con algo de dignidad. Reconozco haber sobreestimado la capacidad de Dilma y los petistas para conservar ese reflejo elemental sin el cual la vida poltica se convierte en un interminable calvario. Pero an as sigo sosteniendo que la apuesta era vlida; que el desperdicio de una oportunidad nica no significa que sta no existiera; y que de haber triunfado Aecio estaramos ante una situacin todava peor que la que hoy debemos enfrentar.

Mi planteamiento se sustentaba, desde el punto de vista tanto epistemolgico como prctico, en la tesis que afirma que los procesos histricos no obedecen a un patrn determinista. Si as fuera el slo desarrollo de las fuerzas productivas conducira ineluctablemente a la revolucin y a la abolicin del capitalismo, cosa que todos los marxistas -desde Marx y Engels hasta nuestros das, pasando por supuesto por Lenin, Gramsci y Fidel- se encargaron de refutar por ser una creencia equivocada que alentaba la desmovilizacin y el quietismo de las clases y capas explotadas y desembocaba, en el mejor de los casos, en el tibio reformismo socialdemcrata. Como lo seal cientos de veces Lenin, el capitalismo no caer si no se lo hace caer, y para se requiere de un componente esencial: la voluntad poltica. Esto es, la firme decisin de combatir en todos los frentes de la lucha de clases, organizar al campo popular, promover la concientizacin y la batalla de ideas y, por supuesto, adoptar la estrategia general y la tctica puntual ms apropiada para intervenir en la coyuntura sorteando los riesgos siempre presentes y simtricos del voluntarismo, que ignora los condicionamientos histrico-estructurales, y el triunfalismo fatalista que confa en que las ciegas fuerzas de la historia nos conducirn a la victoria final. Quienes adhieren al determinismo histrico no son los marxistas sino los economistas y gobernantes burgueses, siempre prestos a disimular sus opciones polticas como resultado de inexorables imperativos tcnicos. Si para abatir la inflacin se congelan los salarios, y no se controla la formacin de los precios, es por un razonamiento despojado de todo vestigio de poltica e ideologa, tan puro en su abstraccin como un teorema de la geometra. Si para mejorar las cuentas fiscales se recortan los presupuestos de salud, educacin y cultura en lugar de hacer una reforma tributaria para que las empresas y las grandes fortunas paguen lo que les corresponde, se dice que aquella alternativa es la que brota de un anlisis puramente tcnico de los ingresos y egresos del estado. Otra impostura!

Fue producto del rechazo a cualquier concepcin fatalista o determinista que llegu a la conclusin, que ratifico el da de hoy, de que pese al fortalecimiento de la derecha Dilma y el PT an tenan una oportunidad; que les quedaba una bala en la recmara y que si tenan la lucidez y la voluntad de avanzar por izquierda todava podran salvar algo del proceso iniciado con la fundacin del PT (y que tantas esperanzas haba suscitado) y evitar un retroceso brutal que significara, para el movimiento popular brasileo, tener que subir una difcil cuesta para relanzar su proyecto emancipatorio. Por eso me permito reproducir lo que escrib despus de la prrica victoria de Dilma (y ahora s se entiende porque fue prrica, porque el triunfo hizo ms dao al vencedor que al vencido, a Dilma y al PT que a Aecio). Deca en esa nota lo siguiente:

Para no sucumbir ante estos grandes factores de poder se requiere, en primer lugar, la urgente reconstruccin del movimiento popular desmovilizado, desorganizado y desmoralizado por el PT, algo que no podr hacerlo sin una reorientacin del rumbo gubernamental que redefina el modelo econmico, recorte los irritantes privilegios del capital y haga que las clases y capas populares sientan que el gobierno quiere ir ms all de un programa asistencialista y se propone modificar de raz la injusta estructura econmica y social del Brasil. En segundo trmino, luchar para llevar a cabo una autntica reforma poltica que empodere de verdad a las masas populares y abra el camino largamente demorado de una profunda democratizacin. Pero para que el pueblo asuma su protagonismo y florezcan los movimientos sociales y las fuerzas polticas que motoricen el cambio que ciertamente no vendr desde arriba- se requerir tomar decisiones que efectivamente los empoderen. Ergo, una reforma poltica es una necesidad vital para la gobernabilidad del nuevo perodo, introduciendo institutos tales como la iniciativa popular y el referendo revocatorio que permitirn, si es que el pueblo se organiza y concientiza, poner coto a la dictadura de caciques y coroneles que hacen del Congreso un baluarte de la reaccin. Ser este el curso de accin en que se embarcar Dilma? Parece poco probable, salvo que la irrupcin de una renovada dinmica de masas precipitada por el agravamiento de la crisis general del capitalismo y como respuesta ante la recargada ofensiva de la derecha (discreta pero resueltamente apoyada por Washington) altere profundamente la propensin del estado brasileo a gestionar los asuntos pblicos de espalda a su pueblo. Nada podra ser ms necesario para garantizar la gobernabilidad de este nuevo turno del PT que el vigoroso surgimiento de lo que lvaro Garca Linera denominara como la potencia plebeya, aletargada por dcadas sin que el petismo se atreviera a despertarla. Sin ese macizo protagonismo de las masas en el estado ste quedar prisionero de los poderes fcticos tradicionales que han venido rigiendo los destinos de Brasil desde tiempos inmemoriales.

Al anunciar la designacin de Joaquim Levy como Ministro de Hacienda, un Chicago boy y hombre de la banca brasilea e internacional, Dilma y el PT capitulan cobardemente de su responsabilidad histrica. En los Cuadernos de la Crcel hay una nota titulada La fbula del castor en la cual Gramsci dice lo siguiente a propsito de la incapacidad de las fuerzas de izquierda para resistir eficazmente al ascenso del fascismo: El castor, perseguido por los cazadores que quieren arrancarle los testculos de los cuales se extraen sustancias medicinales, para salvar su vida se arranca por s mismo los testculos. Por qu no ha habido defensa? Poco sentido de la dignidad humana y de la dignidad poltica de los partidos? Pero estos elementos no son dones naturales son hechos histricos que se explican con la historia pasada y con las condiciones sociales presentes. Al invitar a Levy y sus tenebrosos doctores de la terapia del shock -Naomi Klein dixit- a tomar por asalto al estado (y especular con la posibilidad de que se le ofrezca a la senadora Katia Abreu, acrrima enemiga del Movimiento Sin Tierra y lder de la Confederacin Nacional de la Agricultura, el lobby del agronegocios, el Ministerio de Agricultura) el gobierno petista obr como el castor de la fbula: se castr a s mismo y traicion el mandato popular, que haba repudiado la propuesta de Aecio, al servirle el poder en bandeja a sus declarados enemigos perpetrando una gigantesca estafa postelectoral sin precedentes en la historia del Brasil. Esto explica el jbilo de los grandes capitalistas y sus representantes polticos y mediticos, que celebraron este gesto de sensatez de Dilma como una extraordinaria victoria. En efecto, perdieron en las elecciones porque el voto popular no los favoreci, pero la burguesa no slo mide sus fuerzas y disputa el poder en el terreno electoral. Sera un alarde de cretinismo electoralista pensar de esa manera. Para corregir las errneas decisiones del electorado estn los golpes de mercado y su fiel escudero: el terrorismo meditico ejercido impunemente en Brasil en la reciente coyuntura electoral. Triunfadora en las urnas y derrotada y humillada fuera de ellas, Dilma asume como propio el paquete econmico de sus enemigos, que ha hundido a Europa en su peor crisis desde la Gran Depresin y que tantos estragos ocasion en Amrica Latina. Haba alternativas? Claro: en lnea con lo que observaba Gramsci, por qu Dilma (y Lula) no denunciaron la maniobra de la burguesa y le dijeron al pueblo que se estaba a punto de cometer un verdadero desfalco de la voluntad popular?, por qu no se convoc a los sectores populares a ocupar fbricas, parar los transportes, bloquear bancos, comercios, oficinas pblicas y los medios de comunicacin para detener el golpe blando en ciernes? En una palabra, por qu tanta pasividad, tanta resignacin? Cmo explicar una derrota ideolgica y poltica de esta magnitud?

Lo que se viene ahora es la vieja receta para seducir a los mercados: ajuste fiscal ortodoxo; estmulos para acrecentar la rentabilidad empresarial, sobre todo del sector financiero; recorte de la inversin social (peyorativamente considerada como un gasto), todo para restaurar la confianza de los mercados lo que equivale a una imposible tarea de Ssifo porque estos jams confan en otra cosa que no sea el crecimiento de sus ganancias. Pruebas al canto: jams en la historia brasilea los bancos ganaron tanto dinero como durante la gestin de los gobiernos del PT. Se apaciguaron por ello? Todo lo contrario. Se cebaron an ms, quieren ms, quieren gobernar directamente sin el estorbo de una mediacin poltica. Su adiccin a la ganancia es incontrolable, y se comportan como adictos. La medicina que sin contrapeso alguno en el sistema poltico aplicaran estos hechiceros de las finanzas es un cocktail explosivo que no servir para promover el crecimiento econmico de Brasil pero que, sin dudas, potenciar el conflicto social hasta niveles pocas veces visto en ese pas. La feroz respuesta represiva que tuvo lugar cuando las grandes movilizaciones desencadenadas por el aumento de la tarifa del transporte pblico en junio del 2013 puede ser un juego de nios por comparacin a lo que podra suceder en el futuro inmediato una vez que Levy y los banqueros comiencen a aplicar sus polticas.

Si miramos el grfico precedente veremos que al sector financiero no le basta con apropiarse nada menos que del 42.04 % del presupuesto federal de Brasil del ao 2014 en concepto de intereses y amortizaciones de la deuda pblica, contra el 4.11 % en salud, 3.49 % en educacin y poco ms del 1 % en Bolsa Familia. Para mejorar an ms su rentabilidad Levy trabajar con tesn para perpetuar la dependencia del estado de los prstamos de los banqueros, subir an ms las exorbitantes tasas de inters percibidas por stos y aumentar su participacin leonina en el presupuesto, todo esto dejando intacta la regresiva estructura tributaria y los privilegios y prerrogativas que el capital ha gozado en los ltimos tiempos. Pero sera un error suponer que las andanzas de Levy y los suyos tienen como nico objetivo acrecentar la riqueza de los capitalistas. El objetivo que se han impuesto las clases dominantes en Brasil -y que no encontr resistencia en el gobierno del PT- es fortalecer la posicin del gran capital no slo en el seno de los mercados sino tambin en la sociedad y la poltica, consolidando una correlacin de fuerzas en la cual los movimientos populares queden definitivamente supeditados al dominio de aquel. Se trata, en suma, de un proyecto refundacional del capitalismo brasileo montado sobre el fracaso del reformismo light del PT y en donde, como en el Chile refundado por la dictadura pinochetista, la alianza burguesa ejercer el dominio poltico directo, sin la molesta intermediacin de la vocinglera partidocracia que slo produce ruidos que perturban la paz y la serenidad que necesitan los mercados. Con esta medida adoptada por el gobierno del PT, Brasil culmina un penoso trnsito desde una democracia de baja intensidad hacia una desvergonzada plutocracia que nada bueno podr ofrecerle a su pueblo y, por extensin, a Amrica Latina, acongojada y entristecida al ver a su hermano mayor rendirse ante los capitalistas sin ofrecer la menor resistencia. Confiamos en que las fuerzas populares brasileas ms temprano que tarde iniciarn un proceso de recomposicin para aventar la barbarie que se cierne sobre ellas.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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