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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-12-2014

Ni el pensamiento crtico marxista est muerto ni los que murieron por la nueva vida socialista deben ser santos de nuestra devocin
El misticismo en la ortodoxia y en la hereja marxista del siglo XX

Roberto Herrera
Rebelin


Una ancdota, a modo de introduccin

Se trataba de una ampliada, es decir, una reunin entre miembros de clulas distintas. El responsable del encuentro, sentado ante una mesa, dibujaba sobre un papel el esquema de la defensa circular del local, las posiciones a ocupar y el plan de retirada escalonada en caso que fuera necesario. Luego procedi a la entrega de los fierros, con la seriedad y marcialidad que la situacin demandaba. Como no hubo preguntas por parte de los encapuchados, el jefe poltico-militar tom el encendedor y quem el papel. Esta escena que describo, habra sido una reunin clandestina comn y corriente en cualquier casa de seguridad en la capital salvadorea a principios de la dcada de los ochenta, si no hubiera sido porque todos los enmascarados se conocan entre s, porque estaban a miles de kilmetros de distancia de Centroamrica y adems, porque las nicas armas que haba en el local eran los cubiertos de acero inoxidable.

Se requera de una gran porcin de fantasa, mucha mstica revolucionaria y buen sentido del humor─ o las tres facultades ─, para explicar racional y dialcticamente estas absurdas medidas de seguridad, tomadas con toda seriedad y de acuerdo a los cnones subversivos, aun cuando aquella sesin de trabajo solidario con la lucha del pueblo salvadoreo se desarrollaba dentro del marco de la legalidad democrtica. Por suerte, la capucha ocult ms de alguna sonrisa socarrona. Se trataba evidentemente de un ritual y como tal, cumpla una funcin de carcter mstico, dirigida a mantener ─ artificialmente ─ una actitud combativa y fomentar la moral revolucionaria, y ninguno de los presentes se atrevi a cuestionar la ceremonia o a sealar que el rito es una tcnica esencialmente religiosa. Pero el proceso de proletarizacin exiga un comportamiento militante, lo cual implicaba la obediencia ciega, a pesar de la flagrante contradiccin entre lo abstracto y lo concreto, es decir, entre el misticismo revolucionario y el materialismo dialctico.

Claro est que la mstica no es un fenmeno exclusivo de sectas poltico-militares (el sectarismo), partidos de ultraizquierda o escisiones partidarias marxistas. En efecto, el misticismo, entendido ste como doctrina que admite el enlace directo entre el hombre y Dios, es el medio de comunicacin virtual ms antiguo de la humanidad. En este sentido, la mstica religiosa es una especie de liquido intersticial entre los seres humanos en la sociedad, el cual funciona como nutriente y desag espiritual.

En el prlogo de la Contribucin a la crtica de la Economa Poltica, Carlos Marx escribi que: No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia y ese pensamiento no solamente se refiere al modo de produccin de la vida material del hombre, sino que tambin abarca el universo de las ideas. En sus tesis sobre La esencia del cristianismo del filsofo materialista alemn, Ludwig Feuerbach, Marx seala que el sentimiento religioso es tambin un producto social y que el individuo abstracto que l (Feuerbach) analiza, pertenece, en realidad, a una determinada forma de sociedad. Puesto que la vida social es, en esencia, prctica, todos los misterios que descarran la teora hacia el misticismo, encuentran su solucin racional en la prctica humana y en la compresin de esta prctica. Este razonamiento materialista dialctico de Carlos Marx acerca de la religin lo encontramos nuevamente en la Critica de la filosofa del estado de Hegel (Zur Kritik der Hegelschen Rechts-Philosophie), esta vez expresado con ms contundencia: el hombre hace a la religin; no la religin al hombre. Pero el hombre no es algo abstracto, un ser alejado del mundo. Quien dice: "el hombre", dice el mundo del hombre: Estado, Sociedad. Este Estado, esta Sociedad produce la religin, una conciencia subvertida del mundo, porque ella es un mundo subvertido. La religin es la interpretacin general de este mundo, su resumen enciclopdico, su lgica en forma popular, su point d'honneur espiritualista, su exaltacin, su sancin moral, su solemne complemento, su consuelo y justificacin universal. Es la realizacin fantstica del ser humano, porque el ser humano no tiene una verdadera realidad. La guerra contra la religin es, entonces, directamente, la lucha contra aquel mundo, cuyo aroma moral es la religin.

Si la conciencia social es producto del ser social y todo aquello que produce el hombre es el reflejo de la realidad de la sociedad en que vive, no es extrao entonces, encontrar tambin en la ortodoxia y en la hereja marxista muchas taras y prejuicios que emanan de los valores tico-morales y religiosos de la burguesa, camuflados stos, eso s, de mstica y misticismo revolucionario. Es importante sealar aqu, que la crtica de Carlos Marx en relacin a la religin es esencialmente filosfica y cuando l afirma que: La eliminacin de la religin como ilusoria felicidad del pueblo, es la condicin para su felicidad real(y que)La crtica de la religin, por lo tanto, significa en esencia, la crtica del valle de lgrimas (lase el estado y la sociedad capitalista) del cual la religin es el reflejo sagrado, est refirindose a la religin como instrumento de enajenacin de la clase social dominante sobre la clase social explotada (cursiva de C.M y subrayados por el autor). Por lo dems, huelga decir, que toda ideologa basada en el miedo y en el terror no puede ser emancipadora. En las obras de los clsicos del marxismo mundial no hay un pice de crtica al individuo creyente ni discriminacin poltica por razones de espiritualidad. Solamente cuando los individuos desarrollan una conciencia social de clase para s, en su lucha diaria por resolver los problemas existenciales de la vida real en este valle de lgrimas, es que se vuelven inmunes contra los efectos narcticos de la religin. Pero la toma de conciencia es un proceso dinmico de desarrollo, el cual no niega en s la espiritualidad del ser humano, pues es un error confundir religin con espiritualidad. La relacin dialctica espritu-materia o mejor dicho, la naturaleza del espritu es producto de la actividad sensorial humana, es decir, de la actividad objetiva del hombre en sociedad. Ms all de la interpretacin filosfica acerca de la naturaleza del mundo en que vivimos, de lo que se trata, en definitiva, es de transformar dialcticamente las estructuras poltico-econmicas y socio-culturales en la sociedad por y para el bien de la humanidad. Esta es la quintaesencia del materialismo histrico y dialctico.

La hermenutica dogmtica y mecanicista de los pensamientos de Carlos Marx y de otros tericos del socialismo cientfico (Federico Engels, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, Leo Trotski, Carlos Maritegui, et al.) ha contribuido a la falsificacin o tergiversacin del materialismo histrico y dialctico y lo que es ms grave an, a considerar estas contribuciones cientficas como verdades absolutas. Cuando el materialismo dialectico se convierte en dogma y la lucha de clases en doctrina, se pierde el azimut histrico, situacin que favorece las desviaciones poltico-ideolgicas que tarde o temprano desembocan en terrorismo, en el exterminio masivo de la poblacin como el perpetrado por los jemeres rojos de Pol Pot en Kampuchea, en los crmenes cometidos durante el estalinismo y en las purgas internas en la izquierda salvadorea (Ralph Sprenkels, La guerra como controversia, pag.78). Aunque la poltica y la religin mantienen una relacin simbitica histrica, no significa que Carlos Marx sea el Mesas, Salvador del mundo material, ni Federico Engels uno de los siete Arcngeles del marxismo ni Vladimir Ilich Ulianov, Lenin, el apstol San Pablo.

El virus del fanatismo poltico-religioso parasita, ah, donde el culto a la personalidad sustituye el debate poltico, donde la mistificacin de hroes inclumes es el germen de mitos y leyendas, donde los lideres fallecidos se declaran solemnemente santos de la revolucin (canonizacin de Lenin), donde los juicios sumarios (Roque Dalton) y el asesinato de correligionarios (Bucharin), suplantan la lucha ideolgica.

El misticismo revolucionario deriva inevitablemente en la fe ciega en la dirigencia, en una actitud devota e irreflexiva; una vez alcanzado este estado de deformacin ideolgica, la vida y la muerte se confunden tras el oscuro velo del fanatismo. Este es uno de los grandes peligros que corren las organizaciones poltico-militares o partidos polticos, al confundir la conciencia social revolucionaria con la mstica y el misticismo revolucionario.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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