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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-12-2014

Si un da esto cae

Beln Gopegui
Tinta Libre


En 1992 Julian Barnes public un libro extraordinario, El puercoespn, una historia de poco ms de ciento cincuenta pginas en donde se abordaba la cada del comunismo en un pas balcnico semejante a Bulgaria, aunque no idntico. Anagrama lo tradujo en 1994 y ms recientemente, en 2011, lo ha publicado Nevsky en su coleccin Perspectivas. Barnes, sin dejar de ser Barnes en cuanto a su forma de enfocar los asuntos, abordaba muy pronto una cuestin que apenas haba sido tratada desde la Europa del Oeste, ni lo sera despus.

Un fiscal y el presidente de un pas mantienen un duelo dialctico y tambin de personalidades. Un grupo de jvenes que mira el juicio en televisin hace las veces de coro con sus comentarios. Mediante los dilogos, tanto en el juicio como en encuentros personales, entre el fiscal y el ex-presidente, parte de los criterios y comportamientos que durante unas dcadas guiaron el intento de construir un sistema diferente son, a su vez, enjuiciados. Se trata, como deca, de una novela corta, con otros propsitos adems de ese duelo de argumentos. Es posible y lgico considerarlos insuficientes, considerar que el tema de ningn modo queda zanjado, pues al cabo ni siquiera parece que esa fuera la voluntad de Barnes. Su historia vendra a contarnos que juzgar requiere juzgar tambin las leyes y el lugar desde donde se juzga, y no siempre es fcil. Pero si he empezado hablando de ella es porque, al leerla, resulta casi inevitable preguntarse cmo sera un juicio a nuestro lugar, a nuestras reglas, a nuestros criterios y conductas vistos desde fuera ahora que estamos, parece, consiguiendo que ya no haya la posibilidad de un fuera, que todo sea capitalismo.

Intentamos continuamente juzgarnos desde el interior, alabar nuestros valores esa manera economicista de designar a lo que consideramos bueno y menos bueno y malo y an peor y criticar lo que se entienden como desviaciones, falta de tica, etctera. Pero cuesta hacer abstraccin de nuestro lugar para verlo completo cuando seguimos dentro. Hay un subgnero cinematogrfico que consiste en la puesta en cuestin y victoria final, no blica sino cualitativa, de la especie humana. Suele tratar de ngeles o a extraterrestres que, por algn motivo, bajan a la Tierra. Tras varias peripecias quedan seducidos por la imperfeccin, la risa, el placer de los sentidos, y acaban prefiriendo la mortalidad frente a la supuesta perfeccin inmortal de sus planetas o sus cielos, donde todas las personas siempre son muy serias, llevan tnicas y hablan con voces monocordes. Lo que me llama la atencin de estas pelculas es la incapacidad, o la falta de voluntad, para imaginar lo mejor. Por qu tnicas? Por qu voces monocordes? Por qu no habran de rerse y disfrutar de la vida las y los inmortales y mancharse los labios con una naranja y follar, y caer tambin, y sentir tristeza a veces? Entiendo que el gnero requiere la afirmacin de la propia especie pero por qu esa falta de alegra en las dems?

Jos Luis Pardo escribi un artculo en El Pas titulado Padres e hijos donde comentaba idea de la democracia que surgi con la Transicin (esa mayscula que hemos asumido, como se hace en otros pases con la palabra Revolucin). Y se preguntaba: Quin los convencer ahora se refiere a los hijos y las hijas de que no hay otra, de que la democracia no es incompatible con las estrecheces econmicas, ni con la corrupcin poltica, ni con la colusin entre poderes fcticos...?. En ste no hay otra confluiran el valor clave de nuestro tiempo y la consecuencia de que no haya un lugar desde donde mirarnos.

S que se me haba pedido un texto sobre la degradacin tica de este pas, sobre la crisis moral que ya lo invade todo. Sin embargo, la tica y la moral no pueden considerarse de forma aislada. No es que nos encontremos en un tobogn, hayamos empezado a bajar por l y, de repente, la velocidad quede fuera de control. El tobogn no estaba, el tobogn se hizo. Y se apoy en esa idea: no hay otra posibilidad, lo nico permitido son retoques, pequeos parches sin cambiar el motor del sistema: la explotacin, la competitividad, la tasa de ganancia. Una idea labrada, hasta el momento, con violencia.

Recordemos la enumeracin de Carlos Fernndez Liria cuando cuenta cmo en todo el siglo xx no hubo un solo ejemplo de victoria electoral de quienes propugnaban salir de capitalismo que no fuera seguida de un golpe de Estado o de una interrupcin violenta del orden democrtico; ni un solo ejemplo en el que se mostrara que opciones comunistas o verdaderamente socialistas tenan derecho a ganar las elecciones, as: Guatemala en 1944 y 1954, Indonesia en 1965, Brasil en 1964, Chile en 1973, Irn en 1953, Dominicana en 1963, Hait en 1990 y de nuevo en 2004, Nicaragua en 1990, Argelia en 1992, Espaa en 1936. Con esta lista en la cabeza la expresin no hay otra" de Pardo y de tantas personas, cobra un oscuro sentido. En cuanto a las otras que s han existido, las victorias revolucionarias, los primeros pasos dados hacia el socialismo en algunos pases, no pueden por el momento ser analizadas pues hay palabras que lo anegan todo, y ya se hable del sistema de bibliotecas en la RDA o de la ausencia de paro en Bulgaria o de la educacin en la URSS, la palabra gulag lo cubrir todo, como si en esos otros intentos no hubiera, a diferencia de lo que ocurre en los nuestros, paso del tiempo, contradicciones, partes, virtudes, defectos, ataques, sino un nico da de la marmota en que Stalin aprob que se matara, no importa si lo que haca era inclinar la balanza contra el nazismo en la Segunda Guerra Mundial o si lo que haca era firmar sentencias injustas, no importa porque es cierto que en la Unin Sovitica se juzg y conden a personas opositoras, muchas comunistas, y eso, al parecer, ha de impedirnos para siempre aprender sobre los intentos humanos de vivir segn otros principios y en otra clase de organizacin.

La corrupcin, la degradacin que hoy nos escandaliza en Espaa comenz mucho antes. Victor Lenore cifra cierta clase de decadencia en los ochenta, cuando, dice el rodillo poltico de la Transicin impone los valores meritocrticos (igualdad de oportunidades en vez de igualdad a secas). Los valores, cabe decir, capitalistas, pues la igualdad a secas, la que reconoce que la meritocracia partiendo de condiciones absolutamente diferentes es una trampa, slo ha sido defendida y slo se ha intentado poner en prctica, en medio de tensiones y dificultades, en proyectos revolucionarios. Uno de esos proyectos, Cuba, sorprende al mundo enviando trescientos profesionales sanitarios a los pases africanos ms afectados por el bola. Trescientas personas son muchsimas cuando proceden de un pas pequeo. Son muchas ms an cuando es el nico pas que ha hecho algo as. Y todava hay que escuchar a quienes lo reprueban pues, aseguran, ese pas lo hace por prestigio internacional. Por qu entonces otros pases ms poderosos no buscan el mismo prestigio? Porque no les hace falta, se replicar, lo que viene a significar: porque no les importan los valores tericos y bellos que dicen defender sino slo los que no dicen pero en la prctica defienden. Tambin se ha alegado que esos mdicos y mdicas preferiran no ir pero lo necesitan. Puede que alguna persona vaya slo por necesidad, pero las trescientas?, y es que acaso no hay entre las millones de todo Occidente algunas que preferiran ir pero sucede que a ninguno ninguno de nuestros pases les interesa organizarlas ni siquiera a la mitad y darles apoyo real? Pero, sobre todo, nos atrevemos a tirar piedras cuando lo nico que sabe ofrecer nuestro sistema son operativos militares y dinero?

La corrupcin tiene que ver con el dinero como excedente. Y el dinero como excedente tiene que ver con haberse apropiado del trabajo ajeno. Cuando Bill Gates ofrece dinero para el bola y ese resulta ser el gran gesto de todo un sistema de vida compartido por decenas de pases, dinero, las sobras de lo acumulado, vemos hasta qu punto es dbil nuestra civilizacin, hasta qu punto son pequeos y mezquinos nuestros principios. Sin embargo, no hablemos de herosmo, no hablemos siquiera de la posible situacin en que una organizacin de la vida diferente podra contribuir a que las mejores facultades de las personas llegaran a desarrollarse y las peores no tuvieran demasiado espacio para crecer. Hablemos slo de lo que se supone es el pilar de nuestras sociedades, no la violencia, dicen, no esa cadena de golpes de Estado que atraviesa un siglo, sino los hermosos derechos humanos basados en palabras como libertad, justicia y paz, como no-discriminacin, solidaridad, respeto, tolerancia. Ninguna de estas palabras es compatible con la corrupcin, a no ser una paz mal entendida como sumisin y una tolerancia con la deshonestidad, pero no suelen usarse as las grandes palabras.

Qu sucede en una sociedad cuando son unas las afirmaciones y otros los actos? Cuando hay que promulgar leyes de contratos del sector pblico porque se sobrentiende que pudiera ser que las administraciones no contratarn aquello que sea mejor para la ciudadana sino aquello que reporte a ciertas personas mayores comisiones aquello que sea, en definitiva, ms rentable y hay que protegerse de esta posibilidad que se considera lgica? Qu sucede cuando hay que crear una rama del derecho, el laboral, para proteger a los empresarios de reclamaciones que si se hicieran en trminos de justicia a secas, y no de justicia laboral, deberan haber colapsado los tribunales? Qu cuando nociones como bien y mal caen bajo la nica palabra real: eficacia,entendida como mximo beneficio; cuando la no discriminacin asume el abuso de poder cometido durante siglos como punto de partida pues es una ventaja para el ms fuerte; cuando hay que inventar disciplinas como la responsabilidad social corporativa pues se da por hecha la irresponsabilidad ya que la contribucin activa y voluntaria al mejoramiento social no es lo normal, lo que cada empresa hara por lgica sino un aadido para mejorar su imagen de marca?

Cuando la corrupcin forma parte de la lgica del sistema la cuestin decisiva sera explicar qu pasa con todos esos millones de personas que no se corrompen. Hay quien dice que no lo hacen porque no pueden, y quien piensa que no lo hacen porque an creen, porque de verdad siguen creyendo en las palabras que nos vendi el capitalismo: libertad (para no tener techo, trabajo, asistencia sanitaria...), justicia (si puedes pagar las tasas, si tienes contactos, si tienes tiempo antes de que te echen o te maten, si...), respeto a la propiedad (si no es la propiedad pblica), solidaridad (slo con el fuerte que exige aliados para sus guerras y recompensas por no llevarse sus empresas a otro pas), etctera.

Sin embargo, hay tambin quienes piensan que esas personas, las que no se corrompen, dan seal de lo que no es utopa sino posibilidad, de lo que no es una naturaleza humana heroica ni angelical sino comn. Dan seal de que si el sentido de nuestra sociedad no se hubiera puesto en extraer beneficio para despus, pero slo despus, tal vez considerar algunas otros propsitos, entonces, podramos vivir de otra manera. Y entonces, si un da esto cae, y llega un fiscal como el de El puercoespn y juzga lo que fuimos, tal vez no tuviramos que responder a la pregunta de nuestra omisin: por qu dejasteis el poder en manos de un mecanismo que lo inverta todo? Por qu permitisteis que la primera exigencia ante cualquier proyecto no fuera saber si es bueno para la comunidad sino si es rentable para quienes van a ponerlo en marcha? Por qu consentisteis que la corrupcin no supusiera un salto cualitativo sino slo cuantitativo en el camino de conseguir ms? Por qu cresteis a quienes os decan que intentar hacerlo de otro modo no era posible ni vala la pena? Por qu.


Texto publicado en Tinta Libre, nmero 18.



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