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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-12-2014

Balance de cuatro aos de revoluciones rabes

Jess Snchez Rodrguez
Rebelin


El 17 de este mes de diciembre se cumplen cuatro aos de la muerte del joven vendedor ambulante tunecino Mohamed Bouazizi cuya inmolacin desencaden la ola de protestas y rebeliones que popularmente se han conocido como la Primavera rabe y que han barrido todo el mundo rabe con distintos resultados. Todo gran acontecimiento social y poltico provoca unos efectos y consecuencias que se extienden durante un largo perodo histrico. Estos cuatro aos han sido realmente intensos en acontecimientos, pero siguen siendo un perodo corto para evaluar las consecuencias profundas que encierran. Por tanto, el balance que se va a realizar en este artculo solo puede ser provisional.

Es necesario empezar por recordar las causas, actores y objetivos iniciales que animaron el inicio de las rebeliones, as como la situacin general del mundo rabe para poder explicar por que una rebelin iniciada en Tnez tuvo una capacidad tan amplia y rpida de propagacin por pases tan diferentes. Despus es preciso referirse a las diferentes consecuencias que produjeron, desde el derrocamiento de regmenes dictatoriales hasta su fcil desactivacin en otros pases. En tercer lugar es ineludible tener en cuenta los conflictos profundos que estas rebeliones han sacado a la superficie y que han terminado por condicionar su desarrollo.

La primera fase de las revueltas rabes. Entre el derrumbamiento de las dictaduras y la neutralizacin de las protestas.

Un ciclo de protestas populares ya tuvo lugar en el mundo rabe en los aos 80 del siglo pasado, fueron las llamadas revueltas del pan, originadas en la degradacin de las condiciones econmicas y sociales como consecuencia de la disminucin de salarios, subvenciones y ayudas sociales. En aquellos momentos una mezcla de polticas de represin, liberalizacin poltica y cooptacin de la oposicin consiguieron evitar que los regmenes polticos fueran cambiados.

Pero los problemas persistieron y se agravaron, y la tensin latente solo esperaba un acontecimiento desencadenante como el ocurrido el 17 de diciembre en Tnez. En 2010 los pases rabes sufran de una alta inflacin y un elevado desempleo, especialmente entre los jvenes, los efectos de la crisis econmica global se hacan sentir como por ejemplo en la disminucin de los ingresos por turismo o las remesas de los emigrantes, la corrupcin era la nota dominante, y los precios de los alimentos bsicos se dispararon por problemas de la oferta de los pases exportadores como Rusia. A partir de ese momento las protestas volvieron a activarse llegando a adquirir la forma de revoluciones polticas que derrumbaban dictaduras o que se deslizaban por la guerra civil. Estas rebeliones y revoluciones tuvieron un primer perodo de intensa agitacin y cambios rpidos que se extendi entre diciembre de 2010 y junio de 2011, en todos los sitios la dinmica era similar, la represin con que se responda a las protestas iniciales haca que aquellas aumentasen hasta que el rgimen se desmoronaba. Luego estos cambios abrieron una nueva etapa en las que los actores y reivindicaciones iniciales fueron remplazados por nuevos actores y dinmicas ms complejas.

Antes del inicio de las rebeliones los regmenes polticos en el mundo rabe podan situarse en dos grandes categoras, aquellos que podan calificarse claramente como dictaduras - eran los casos de Arabia Saud, Libia, Tnez o Siria -, y otros a los que se les ha denominado como autocracias liberalizadas debido a la existencia de algn tipo de libertades toleradas de manera discrecional y con carcter muchas veces ms formal que real, eran los casos de Marruecos, Argelia, Egipto, Jordania, Kuwait o Yemen entre otros. Tambin es importante tener en cuenta el grado de legitimidad con que contaban dichos regmenes para poder explicar los diferentes resultados de las revueltas que barrieron el mundo rabe. Las autocracias liberalizadas gozaban de una cierta legitimidad que supieron explotar junto con la introduccin de cambios polticos o concesiones econmicas para encauzar y desactivar las rebeliones sin que desestabilizasen a esos regmenes.

Los efectos provocados por las revueltas rabes dieron lugar a dos grupos de situaciones diferentes, en primer lugar est la de aquellos pases en los que la revuelta dio lugar a cambios ms intensos con la cada de gobiernos opresores como fue el caso de Tnez, Egipto, Libia y Yemen, o se adentraron en una situacin de guerra civil, como es el caso de Siria, como consecuencia del hecho de que ni los rebeldes pudieron acabar con la dictadura, ni la represin de sta pudo acabar con la revuelta.

La segunda situacin corresponde a los pases donde sus regmenes polticos consiguieron resistir la presin de las revueltas sin experimentar transformaciones importantes. En este grupo se encuentran todas las monarquas rabes del norte de frica y Oriente Medio ms Argelia. En unos casos el expediente empleado para desactivar y controlar las revueltas fue el inicio de algunas reformas polticas como en el caso de Marruecos, Jordania y Argelia, donde se reformaron las constituciones para moderar el poder del monarca, se prometieron elecciones anticipadas o se elimin el estado de excepcin vigente como en Argelia. En otros, el recurso empleado fue la utilizacin de los ingresos provenientes del petrleo para conceder generosas ayudas sociales a la poblacin de manera que se rebajase la presin y el malestar interno, como fue el caso de Arabia y las monarquas y emiratos del golfo prsico; un caso especial fue el de Bahrin donde la revuelta fue sofocada por la represin con la ayuda, sobretodo, de Arabia Saud.

Resulta paradjico que pases que en un pasado reciente acabaron con sus monarquas para dar lugar a repblicas con intenciones ms o menos modernizadoras hayan sido ahora las principales vctimas de las revueltas. Es el caso de Tnez que acab con la monarqua en 1957, Egipto en 1952, Libia en 1969 o Yemen en 1962. La explicacin habra que buscarla en las mayores cuotas de legitimidad tradicional acumulada por las monarquas sobrevivientes, que en el caso de las monarquas del golfo prsico se reforzaron gracias a sus riquezas petrolferas. Otro caso de fuerte legitimidad es el de Argelia, pero en este caso basada en su lucha de liberacin nacional contra el colonialismo francs, y de la que es depositaria el FLN.

A pesar de las diferencias de resultados entre estos dos grupos de pases, y como se demostrara en la segunda fase de las revoluciones, la dinmica de fondo ha terminado siendo similar, al primer movimiento revolucionario que consigui en unos casos desestabilizar los regmenes polticos y en otros no, le sigui un segundo momento contrarrevolucionario para revertir la situacin. La diferencia ha estribado en que, en unos casos, ese movimiento contrarrevolucionario tuvo xito rpidamente, neutralizando las protestas o ahogndolas en la represin (Bahrin), en otros hizo que las revueltas se empantanasen en una guerra civil (Siria) o se deslizase a un Estado fallido (Libia) y, finalmente, en un tercer caso, la contrarrevolucin tard ms tiempo en revertir la situacin (Egipto y Tnez). La excepcin a esta situacin solo se puede encontrar en Yemen - donde el proceso de transicin sigue su curso con la redaccin en curso de una nueva Constitucin - a pesar de los graves problemas existente con las tensiones territoriales entre el norte y el sur y a la presin violenta del yihadismo.

Dadas estas diferencias de resultados, es evidente que se puede hablar de revolucin poltica en los casos de Tnez, Egipto, Yemen y Libia, donde los autcratas y dictadores fueron derrocados, abrindose paso la construccin de un nuevo rgimen poltico con la eleccin de asambleas constituyentes y la elaboracin de nuevas constituciones. En el resto de los pases rabes esa revolucin poltica que impulsaba las revueltas qued bloqueada por las promesas de reformas (Marruecos, Jordania y Argelia), por la concesin de beneficios sociales (monarquas del golfo), por la represin (Bahrin) o por la guerra civil (Siria). As pues, la gran sacudida que supuso las revueltas rabes tuvo unos efectos importantes pero limitados que, como veremos ms adelante, tambin estn siendo neutralizados en una segunda fase de este proceso.

Los motivos que impulsaron esta ola de revueltas por el mundo rabe eran similares en los distintos pases, rechazo de la corrupcin, exigencias de dignidad ciudadana y de justicia social, rechazo de los efectos de la degradacin de la situacin econmica como la inflacin, el paro masivo y la ausencia de oportunidades para la juventud, o exigencia de democracia, libertades y derechos humanos. Es decir, las movilizaciones populares de carcter espontneo, que utilizaron los modernos medios de comunicacin como instrumentos de agitacin y propagacin de las consignas y convocatorias de accin, se apoyaban en un programa difuso que se corresponda con las reivindicaciones propias de una revolucin democrtica, mezclando reclamaciones de regeneracin pblica, ampliacin de derechos y libertades y reformas sociales y econmicas.

Los actores iniciales de las revueltas fueron fundamentalmente una juventud sin futuro, formando una vanguardia de movilizacin que arrastr tras de s a la masa popular de las ciudades principales. Llama la atencin la ausencia en los inicios de las revueltas de quienes seran sus principales beneficiarios electorales en una segunda etapa, los grupos y partidos islamistas.

En tres pases del norte de frica, Marruecos, Tnez y Egipto, existan partidos islamistas implantados y actuando desde hace tiempo en condiciones que oscilaban entre la tolerancia vigilada y la represin. Cuando estallaron las revueltas en estos pases - con ms intensidad en los dos ltimos que en el primero - estos partidos adoptaron un comportamiento similar, no apoyaron inicialmente estas revueltas y, adems, ensayaron negociaciones con sus respectivos gobiernos al objeto de intentar que estos les concedieran mayor libertad para poder actuar polticamente, es decir, su pronstico inicial fue el de que estos regmenes autocrticos no seran derribados por las revueltas aunque podran ser obligados a realizar concesiones de las que ellos buscaban beneficiarse. Este pronstico se cumpli para el caso de Marruecos, pero no para los otros dos.

Sin embargo, y a pesar de esta actitud inicial, que cambiaran rpidamente cuando vieron que en Tnez y Egipto las dictaduras iban a ser barridas, estos partidos islamistas, el Partido Justicia y Desarrollo En Marruecos, en Nahda en Tnez y los Hermanos Musulmanes en Egipto, fueron los principales beneficiarios de las primeras elecciones celebradas en dichos pases, y como resultado de ello se encontraron al frente de los primeros gobiernos de transicin.

La explicacin de este xito se encuentra en los aos de trabajo, semilegal o clandestino, que estos partidos llevaban realizando en la sociedad y que les haba dotado de una importante influencia, especialmente entre las capas ms pobres adems de su imagen de actores honestos, libres de la lacra de la corrupcin. Pero tampoco era algo absolutamente novedoso, desde 2003 los EE.UU. impulsaron una poltica de democratizacin en el mundo rabe dentro de su proyecto de intervencin militar en Irak, y la modesta apertura democrtica que se produjo permiti conseguir algunos buenos resultados a los partidos islamistas en Marruecos, Jordania, Irak o Egipto, lo que origin, a su vez, una reaccin de esos regmenes autocrticos para cerrarles el paso, volviendo a simulacros de democracias.

Algo similar ocurri tambin en los pases en los que las revueltas derivaron en escenarios caticos y violentos. Tanto en Siria como en Libia, los islamistas inicialmente ausentes en los comienzos de las revueltas se convirtieron posteriormente en actores de primer orden a travs de milicias y grupos armados en medio de la guerra civil (Siria) o de un Estado en descomposicin (Libia).

La segunda fase de las revueltas rabes. La contrarrevolucin se impone.

Lo que en todas las partes result claro es que las fuerzas espontneas que se levantaron contra los viejos regmenes rabes ante su falta de organizacin y programas, con los que poder actuar en las fase posterior, cedieron el protagonismo a las fuerzas mejor organizadas que ya existan en esas sociedades. Una de esas fuerzas eran los islamistas, pero tambin numerosos partidos laicos de carcter liberal o izquierdista y, sobretodo, los poderosos intereses que haban sostenido y se haban beneficiado de los antiguos regmenes, barridos por las revueltas o que haban conseguido mantenerse en el poder.

Ya vimos que en las monarquas del golfo las revueltas fueron neutralizadas rpidamente mediante el expediente de la concesin de beneficios econmicos, o la represin en el caso de Bahrin, es decir la contrarrevolucin cort de raz todo intento de transformacin, y en estos pases no cabe hablar de esta segunda fase.

En los dems pases afectados por las revueltas, las demandas originales de stas, mencionadas anteriormente, dieron paso a una nueva modalidad de enfrentamiento entre los programas de las fuerzas islamistas, moderadas o radicales, y la de las fuerzas laicas, izquierdistas o liberales, con un tercer actor, las fuerzas de los antiguos regmenes, maniobrando para revertir las conquistas de las revoluciones en marcha. El origen de este enfrentamiento se situ en los programas de las fuerzas islamistas por encauzar sus respectivas sociedades hacia modelos islmicos. Dichos programas se intentaron llevar a cabo bien mediante la va democrtica y la redaccin de una nueva Constitucin, con el caso de los Hermanos Musulmanes en Egipto como caso ms avanzado de este tipo, o mediante la va insurreccional, con el caso de los yihadistas en la guerra civil siria como caso ms extremo de este otro tipo.

Del triunfo de la revolucin al de la contrarrevolucin: Egipto y Tnez

En Egipto, la cada de Mubarak fue seguida durante ao y medio por un gobierno de las Fuerzas Armadas que alarg la entrega del poder a un gobierno elegido democrticamente, condicionando la va de transicin a la democracia al reservarse un poder de veto y el control del poder ejecutivo y legislativo, lo que llev al enfrentamiento con los Hermanos Musulmanes por esta tutela militar. Estos, mediante su brazo poltico, el Partido de la Justicia y la Libertad, lograron hacerse con el gobierno y la presidencia a travs de sendas victorias electorales y, desde esas posiciones, redactaron una nueva Constitucin de carcter islamista que fue aprobada en un referndum con baja participacin, celebrado en diciembre de 2012, pese a la oposicin frontal de las fuerzas laicas que se haban retirado durante su proceso de elaboracin.

Pero, adems, los Hermanos Musulmanes tenan enfrente a las fuerzas del antiguo rgimen, fuertes tanto a nivel institucional, en el poder judicial y el ejrcito, como a nivel electoral, pues su candidato presidencial - el ltimo primer ministro de Mubarak - fue derrotado por escaso margen por Mohamed Morsi, el candidato islamista. Estos, sin embargo, insistieron en llevar a cabo su proyecto, lo que, a su vez, origin la coordinacin de la oposicin laica en el Frente de Salvacin Nacional que apost por la cada del presidente Morsi mediante una campaa de desobediencia civil y la movilizacin callejera. El ejrcito aprovech la ocasin para cancelar el proceso democrtico, con el beneplcito de las fuerzas laicas, suspender la Constitucin, deponer al gobierno islamista e ilegalizar y reprimir a los Hermanos Musulmanes. La contrarrevolucin se impuso en este caso con el apoyo inicial de las fuerzas laicas, que no fueron conscientes que cedan el paso al retorno del antiguo rgimen, aunque sin Mubarak. La contrarrevolucin se mantuvo al acecho continuamente a travs del poder judicial y el ejrcito y con fuerte apoyo electoral. Ni los islamistas, ni los laicos fueron capaces de analizar cul era la verdadera correlacin de fuerzas en Egipto y entraron en una dinmica que puso en bandeja de plata el regreso al poder de los partidarios del antiguo rgimen.

Lo ocurrido en Egipto sirvi de advertencia en Tnez a los islamistas moderados de En Nahda - cuya inspiracin son los Hermanos Musulmanes egipcios y la estrategia del AKP en Turqua - que fue el partido ms votado en las primeras elecciones constituyentes tras la cada del dictador Ben Al, y form gobierno con otros dos partidos liberales y laicos, cediendo la presidencia de la repblica al lder de uno de sus socios gubernamentales. La polarizacin poltica y social derivada de los enfrentamientos entre los islamistas y las fuerzas laicas - entre otras cosas por la actuacin violenta de los grupos salafistas que llevaron al asesinato del dirigente izquierdista Chukri Belaid -, aadido a la deriva de los acontecimientos en Egipto, llevaron a los islamistas a replantearse su estrategia y evitar la repeticin de una situacin similar en Tnez, cediendo el gobierno y reduciendo el protagonismo para rebajar las tensiones. En el pas donde se originaron las revueltas la contrarrevolucin ha conseguido avanzar en sus objetivos sin abandonar la va electoral, y ha utilizado como vehculo para ello al partido Nid Tunis y su anciano lder Elbeji Caid Essebsi, que a finales de 2014 ha conseguido la mayora parlamentaria y casi con toda seguridad la presidencia de la repblica en la segunda vuelta a celebrar el prximo 28 de diciembre. De esta manera los partidarios del antiguo rgimen vuelven a controlar el poder en Tnez sin necesidad de una intervencin militar como en Egipto.

De la revolucin al yihadismo pasando por la guerra civil: Libia y Siria

Si en Tnez y Egipto las revoluciones fueron capaces de derrocar a sus respectivos dictadores, tras un perodo de sangrienta represin, sin que los acontecimientos derivasen en una guerra civil gracias a que sus respectivos ejrcitos decidieron retirar el apoyo a Ben Al y Mubarak, en Libia y Siria, por el contrario, sus dictadores contaron con el apoyo del ejrcito, o una parte importante de l, por lo que las revueltas derivaron en guerras civiles. En estas circunstancias las fuerzas espontneas de la sociedad que haban iniciado las revueltas fueron remplazas rpidamente por milicias armadas donde sobresalieron las de carcter islamista. En estas condiciones el islamismo no sera protagonizado por organizaciones partidarias de la va parlamentaria, sino por el yihadismo favorable a la va armada y al establecimiento de un rgimen de fundamentalismo islamista. El diferente resultado de la guerra civil en Libia y Siria fue condicionado por la distinta actuacin de las potencias occidentales, mientras que en Libia se produjo una intervencin - encabezada por franceses y britnicos y apoyados por EE.UU. - a favor de los rebeldes que volcaron el resultado de una guerra civil cuyo desarrollo estaba siendo favorable a Gadafi, en Siria no se produjo esa intervencin y la guerra civil se prolonga hasta la actualidad.

Las revueltas en Libia iniciadas en febrero de 2011 en la parte oriental fueron duramente reprimidas, dando lugar rpidamente a un enfrentamiento armado que, tras una guerra civil de ocho meses, derroc y asesin a Gadafi. Esta es la gran diferencia con Siria, que se empantan en una larga y cruenta guerra civil. El gobierno provisional el CNT formado por una coalicin de partidos y personalidades - que sustituy al dictador era un poder muy dbil enfrentado a la proliferacin de milicias creadas durante la guerra civil, de mayora islamista, y a las tensiones territoriales entre las regiones del este (Cirenaica), del oeste (Tripolitania) y del sur (Fezzam) fruto de una unificacin del pas tarda (1934) y de un desigual reparto de las rentas petrolferas, lo que ha originado que las distintas milicias intenten controlar la produccin en su beneficio. Adems, con la cada de Gadafi, las divisiones tnicas se trasformaron en un conflicto abierto apoyado en los distintos grupos armados que surgieron. La versin yihadista del islam se ha fortalecido a travs de las distintas milicias y no solamente hace notar su presencia en el interior de Libia, sino que ha extendido sus efectos hacia el exterior como, por ejemplo, en Mali.

Las elecciones de julio de 2012 en las que result vencedora una amplia coalicin pro-occidental de partidos frente a un resultado modesto del partido de los Hermanos Musulmanes - y que est encargada de redactar una nueva Constitucin - no ha sido capaz de aportar estabilidad y seguridad al pas. El fracasado intento de golpe de Estado del ex general Jalifa Hafter en mayo de 2014, para intentar desactivar el poder de las milicias islamistas, no hizo ms que aadir ms caos a un pas que se encuentra entre el riesgo de control por el yihadismo y la particin en tres entidades territoriales, con la conversin en un Estado fallido en cualquier caso.

Siria se ha convertido en el caso ms dramtico y sangriento de las revueltas rabes, empantanndose en una guerra civil con mltiples actores donde, a la vez, se dirime el enfrentamiento sectario entre sunitas y chitas y el pulso por la influencia regional entre Irn y Arabia Saud.

En Siria el poder autoritario de la familia Assad se apoya en la alianza entre el partido Baaz y las fuerzas armadas, adems, la minora alau -12% de una poblacin mayoritariamente sun est desproporcionadamente representada en los cargos del Estado y del ejrcito, de manera que el poder de esta rama, emparentada con el chismo, es vista como una dominacin sobre la mayora suni.

La revuelta en Siria se produjo ms tardamente que en otros pases rabes, no fue hasta mediados de marzo de 2011 cuando en el segundo da de la ira las movilizaciones contra el rgimen tomaron un carcter masivo. Este retraso en la incorporacin a la ola de revueltas que sacuda el mundo rabe y cuyas causas generales enumeradas ms arriba eran tambin plenamente vigentes en Siria - pudo ser debido a la compleja divisin tnica y confesional que recorre la sociedad siria, que hace ms difcil la unificacin de las protestas y tambin ayuda a explicar la posterior fragmentacin de la oposicin al rgimen sirio durante la guerra civil. Tambin debido a que, pese al carcter autoritario, el rgimen de Bashar al Assad apareca recubierto con un cierto aire reformista y como un antiimperialista enfrentado a Occidente e Israel, al contrario de la imagen que tenan Ben Al o Mubarak.

Pero una vez iniciadas las protestas, la sangrienta represin con la que respondi el rgimen dio paso a una insurgencia armada que termin desembocando en la guerra civil. Aunque inicialmente las fuerzas insurgentes llevaron la iniciativa, su divisin y la decisin del rgimen de resistir por todos los medios llev a una especie de empate catastrfico que hizo que la guerra civil se prolongase hasta la actualidad.

Al contrario de lo ocurrido en Libia, esta vez no hubo intervencin militar abierta de las potencias occidentales para ayudar a los insurgentes. Las razones de esta pasividad es doble. En primer lugar Rusia y China vetaron una proposicin de intervencin en el Consejo de Seguridad de la ONU, no solamente porque en el caso de Rusia, sta fuese un aliado de Siria con una base naval en Tarts -, sino porque la intervencin en Libia, bajo el paraguas de la ONU y apoyndose en la doctrina de la responsabilidad de proteger, fue utilizada por Francia y Gran Bretaa para ir ms all de la proteccin de la poblacin reprimida por Gadafi y ayudar a los rebeldes a derrocar al dictador. Este desbordamiento de la responsabilidad de proteger en Libia, para convertir a las potencias occidentales en parte del conflicto, est detrs del bloqueo de Rusia y China en el Consejo de Seguridad para autorizar, ahora, una intervencin en Siria, cuando en el caso de Libia se abstuvieron. Bloqueada esta va hubiese quedado la posibilidad de una coalicin de dispuestos al margen de la ONU para intervenir, pero la administracin Obama no estaba muy decidida despus de sus fracasos en Afganistn e Irak, y el parlamento britnico rechaz una autorizacin al gobierno para intervenir. Solamente existi un riesgo real de intervencin a raz del empleo de armas qumicas por el rgimen sirio en el verano de 2013, situacin desactivada por la iniciativa rusa para que Siria se deshiciese de su arsenal qumico.

Pero la no intervencin militar occidental no solo estuvo motivada por razones geoestratgicas o de ambiente interno en las potencias occidentales, un motivo de gran peso fue tambin la creciente importancia de los grupos yihadistas entre los grupos armados que combaten al rgimen sirio. El protagonismo de estos grupos ha llevado a que uno de ellos, el Estado Islmico, haya sido capaz de unificar la lucha en Siria e Irak y establecer una base territorial propia con regiones de ambos pases en la que establecer un califato y desde la cual expandirse por la regin.

La contrarrevolucin en Siria ha tomado la forma del reforzamiento, en medio de la guerra civil, de los dos extremos enfrentados, el rgimen de Bashar al Assad y de los sectores ms radicales del yihadismo, el Estado Islmico, que han ahogado las iniciales demandas con las que empezaron las movilizaciones y que eran similares a las levantadas en el resto del mundo rabe.

El enfrentamiento sectario y geopoltico como teln de fondo de las revueltas rabes.

Como hemos apuntado las revueltas tuvieron en el inicio un carcter espontneo, pero, tras la primera etapa en que desestabilizaron con distinta intensidad y consecuencias los diferentes regmenes del mundo rabe, unos nuevos actores internos e internacionales mucho ms organizados tomaron la iniciativa en la siguiente fase. En dicha fase no solamente se dirimi una lucha entre revolucin y contrarrevolucin con los resultados que hemos analizado, tambin se enfrentaron los intereses geoestratgicos en la regin y un enfrentamiento sectario entre las distintas ramas y concepciones del islam.

A nivel geoestratgico el enfrentamiento ha tenido lugar entre los intereses de potencias extra-regionales con el bloque occidental de un lado y Rusia y China de otro, y entre los intereses de potencias regionales, fundamentalmente Irn y Arabia Saud. Estos ltimos, adems, se mezclan con el enfrentamiento sectario en el seno del islam y son los que han predominado en los conflictos que recorren la regin desde hace cuatro aos.

Los regmenes rabes existentes antes del desencadenamiento de las revueltas a partir de 2010 eran mayoritariamente pro-occidentales y aliados de distinta intensidad de EE.UU., incluida la Libia de Gadafi, que de ser un apestado internacional y considerado un rgimen que apoyaba al terrorismo, pas en los ltimos aos a ser un aliado occidental. Egipto era un aliado especial, al igual que Arabia, y era el mayor receptor de ayuda militar en el mundo rabe por parte de EE.UU. Las excepciones a esta tnica eran y son Siria e Irn (aunque no pertenezca al mundo rabe) que mantenan una retrica antiimperialista, estando la primera ms cercana a Rusia, a la que ha cedido la nica base naval que aquella tiene en el Mediterrneo.

Desde la cada de la antigua Unin Sovitica, Rusia haba perdido la mayor parte de la influencia que en su tiempo tuvo en la regin y durante la era Yeltsin mantuvo una poltica internacional de seguidismo a las directrices de EE.UU. Esta orientacin empez a cambiar en la era Putin, buscando reforzar su papel de potencia media con intereses propios. En relacin con las transformaciones derivadas de las revueltas rabes, Mosc mantuvo inicialmente una actitud distante y de no implicacin en todos los casos salvo en Libia y Siria. En Libia se sinti burlada por las potencias occidentales cuando desbordaron el mandato de las Naciones Unidas, y en la nueva situacin post-Gadafi, Rusia perdi los contratos comerciales y militares que tena en Libia a favor de las potencias occidentales intervinientes. En Siria, Rusia se mostr ms activa con un apoyo abierto a al Assad, lo que la supuso un descredito internacional (resolucin mayoritaria de la asamblea general de la ONU contra el rgimen sirio en febrero de 2012) y entre las masas rabes (protestas frente a las embajadas rusas en varios pases de la regin).

Las transformaciones que acarrearon las revueltas rabes impactaron de manera especial a las potencias occidentales, que mantenan buenas relaciones polticas y comerciales con los antiguos regmenes, apoyando a las autocracias con el pretexto de la lucha contra el islamismo radical. La nueva situacin llev a aquellas a dar un giro rpido en su posicin para distanciarse de los antiguos dictadores. La actitud de Francia y Gran Bretaa, apoyadas por EE.UU., de intervenir militarmente en Libia contra su antiguo socio comercial, Gadafi, debe interpretarse como un gesto para congraciarse con los nuevos poderes que se establecan en la regin y con las masas rabes y poder mantener y ensanchar sus privilegios econmicos en la zona.

No obstante, las potencias occidentales han mantenido una actitud de prevencin ante los cambios que se desarrollaban. Hubiesen deseado la implantacin de regmenes liberales y la estabilizacin de la situacin para proseguir con la penetracin y aseguramiento de sus intereses econmicos, pero las fuerzas liberales mostraron su debilidad y su acercaron a los sectores de las antiguas dictaduras para frenar el avance islamista, que tambin occidente miraba con gran recelo. Las potencias occidentales intervinieron en Libia desbordando el mandato de la Naciones Unidas, implicndose en apoyo a los rebeldes para derrotar a Gadafi. Intervinieron en Mal (Francia) para evitar que los yihadistas formaran un Estado autnomo en el norte del pas, como consecuencia de la desestabilizacin de Libia, y siguen interviniendo en Yemen (EE.UU.) con la excusa de la lucha contra Al Qaeda. Miraron hacia otro lado cuando Arabia y los emiratos del golfo intervinieron en Bahrin para sofocar la revuelta. Se bloquearon en Siria y disminuyeron el apoyo a la oposicin contra al Assad cuando en aquel pas los yihadistas empezaron a ser hegemnicos. Aceptaron el golpe de Estado militar en Egipto contra un gobierno elegido democrticamente. Finalmente, volvieron a intervenir en Irak (EE.UU.) ante el fortalecimiento y expansin del Estado Islmico.

El enfrentamiento sectario y entre potencias regionales es, sin duda, el de mayor calado y mayores consecuencias. De un lado se encuentra la divisin y enfrentamiento en el seno del islam entre distintas ramas y concepciones. La principal, desde luego, es la que enfrenta al sunitas y chitas. Un enfrentamiento de siglos que, sin embargo, se intensific desde el triunfo de la revolucin iran y la consolidacin del rgimen de los ayatolas en la antigua Persia. Los chitas por fin conseguan una base territorial propia y la revolucin expanda su influencia sobre las poblaciones chitas dispersas por el mundo rabe. Mayoritarios en Irak y Bahrin, tambin forman importantes minoras en Kuwait, Arabia, Yemen o el Lbano. Y en Siria tienen como aliados a la minora alauita que controla el poder del Estado. La guerra de Irak y el derrocamiento de Saddam Hussein terminaron provocando que la mayora chi ocupase el poder en dicho pas. Ello signific que Irn se encontrase en mejor situacin, pues estableca un arco de aliados que se extenda por Irak, Siria y Lbano, a travs de Hezbol.

En el lado sun la oposicin al aumento del poder regional de Irn lo encabeza Arabia Saud, que busca establecer su propia influencia como potencia en la regin, buscando a la vez neutralizar el ascenso de Irn y acabar con los regmenes nacionalistas del mundo rabe. Teniendo una importante minora chita en su seno, y con los precedentes de las rebeliones de la mayora chi discriminada de Bahrin en 1981 y 1996, Arabia se apresur en ayudar a sofocar las manifestaciones que se desarrollaron en aquel emirato en 2011 para cortar de raz cualquier extensin de las revueltas en clave democrtica o de reivindicaciones chitas por la pennsula arbiga. El segundo episodio importante de este enfrentamiento sectario en el seno de las consecuencias provocadas por las revueltas rabes se sita en la guerra civil de Siria. En ella, el rgimen de al Assad es apoyado por Irn e incluso sostenido militarmente por Hezbol, en tanto que Arabia y otros pases del golfo prsico sostienen a las milicias sunitas, de tal manera que en Siria ambas ramas del islam y ambas potencias regionales se enfrentan a travs de actores interpuestos.

Pero el enfrentamiento sectario no solo es el que tiene lugar entre estas dos ramas del islam. Tambin en el seno de la mayora sun hay un enfrentamiento abierto entre distintas concepciones. Un actor importante en la regin son los Hermanos Musulmanes - a travs de los diversos brazos polticos surgidos en diferentes pases - que han intentado llevar a cabo su proyecto en la regin aprovechando la oportunidad abierta por las revueltas rabes. Se convirtieron en partidos mayoritarios con acceso al gobierno en Egipto y Tnez, se quedaron en minora en Libia y Siria (donde con anterioridad haban sido sangrientamente reprimidos en 1982 en el levantamiento que llevaron a cabo en Hama) igual que en Kuwait, Qatar, Jordania y Bahrin. Son apoyados por Turqua o Qatar, pero combatidos por Arabia, que los ha proscrito y los considera terroristas, al ser unos fuertes competidores de su versin wahabista del islam. Su proyecto, como hemos visto, por el momento ha fracasado en sus puntos ms avanzados debido el golpe militar en Egipto y el retroceso en Tnez.

Pero los Hermanos Musulmanes tambin han encontrado la oposicin y competencia de otro sector islamista, el formado por las organizaciones y partidos salafistas, que han crecido de manera importante y representan una visin ms rigorista del islam, preconizando una aplicacin estricta de la ley islmica. Tambin han creado organizaciones polticas y, en algunos casos, han obtenido presencia parlamentaria en varios pases. Su enfrentamiento con los Hermanos Musulmanes ha quedado escenificado en Tnez pero sobretodo y de manera patente en Egipto cuando el partido salafista Nur apoy inicialmente el golpe de Estado del general Al Sisi contra el presidente Morsi. Son apoyados principalmente por Arabia Saud y los emiratos del golfo prsico.

Finalmente, el sector islamista ms dogmtico y violento del islamismo, el representado por el yihadismo, ha sido un actor en continuo crecimiento, fundamentalmente en los dos pases con mayor violencia derivada de las revueltas rabes, Libia y Siria, adems de su fuerte presencia en Irak, y tambin en Yemen. A partir de estos focos principales su radio de accin se ha extendido por otros pases rabes como Tnez, Argelia y Egipto (tras el golpe de Estado de Al Sisi) y por los pases del Sahel como Mal o Nger. Incluso en su seno tambin existen divisiones como se ha demostrado en Siria entre las dos principales milicias yihadistas, el Frente al Nusra, cuyo objetivo es derrocar a al Assad e imponer un Estado islmico sun en Siria, y el Estado Islmico que ha conseguido controlar una amplio territorio entre Siria e Irak para establecer un califato. Este objetivo de conseguir una base territorial propia para el yihadismo ya fue intentado en Mal y frustrado por la intervencin francesa en ese pas. Con el fracaso del proyecto de los Hermanos Musulmanes para el mundo rabe, la iniciativa en el lado de las formaciones islamistas ha pasado a manos del yihadismo que, adems, ha podido presentar el golpe militar en Egipto como un ejemplo del fracaso de la va electoral para conseguir los objetivos de los islamistas.

Conclusiones.

Las protestas iniciales de las revueltas rabes, con sus reivindicaciones de reformas democrticas y econmicas, sirvieron de detonante para la explosin del malestar intenso y reprimido que albergaban las masas rabes. Arrastrando ese descontento a la calle abrieron un boquete en los regmenes ms frgiles del mundo rabe que se vieron sorprendidos por un tipo de protesta que no esperaban. La reaccin combinada de los gobernantes accediendo a reformas polticas o concesiones sociales y econmicas o reprimiendo las movilizaciones -, de las fuerzas armadas apoyando mayoritariamente a los gobiernos o retirndoles el apoyo -, y de las potencias regionales y extra-regionales apoyando a distintos actores, presionando sobre los gobiernos y las fuerzas armadas -, decidieron que se diesen unos resultados u otros. Pero en todos los casos fueron otros actores ms organizados e implantados quienes terminaron aprovechando para objetivos diferentes de los iniciales la desestabilizacin de los distintos regmenes.

El enfrentamiento que se abri fue entre mltiples actores, fuerzas laicas - liberales e izquierdistas -, intereses y grupos vinculados a los regmenes contra los que se levantaron las revueltas, diferentes grupos islamistas chitas, sunitas moderados, salafistas o yihadistas potencias regionales Irn, Arabia Saud, Turqua -, y extra regionales EE.UU., Francia, Gran Bretaa, Rusia. Actores que han llegado a alianzas y enfrentamientos impensables antes del estallido de las revueltas rabes. Entre las primeras la de los Hermanos Musulmanes egipcios con el rgimen iran; la de EE.UU. e Irn para frenar el avance del Estado Islmico en Irak y Siria, con gran contrariedad para Arabia; o la establecida entre laicos y fuerzas del antiguo rgimen en Tnez y Egipto para frenar el ascenso de los islamistas. Entre los enfrentamientos, el producido entre Qatar y Arabia por sus distintos apoyos a sectores islamistas, los Hermanos Musulmanes en el primer caso, los salafistas en el segundo.

En cualquier caso las revoluciones fueron bloqueadas inicialmente en muchos casos, y estn siendo revertidas en una segunda fase en otros casos, con la excepcin por el momento de Yemen. Sin embargo, las consecuencias abiertas por las revueltas iniciadas hace cuatro aos estn lejos de haberse acabado. Fundamentalmente, y a corto plazo, son los casos de la evolucin de Libia y especialmente Siria los que ms transformaciones pueden acarrear en todo el mundo rabe debido a la cantidad de intereses en juego. Pero esto no significa que las revueltas hayan terminado fracasando y la situacin general haya sido recuperada definitivamente por los antiguos regmenes con diferente formato, pues la situacin sigue siendo muy dinmica y los efectos de las revueltas no han agotado ni mucho menos todas sus consecuencias.


Se pueden consultar otros artculos y libros del autor en el blog: http://miradacrtica.blogspot.com/, o en la direccin: http://www.scribd.com/sanchezroje


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