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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-12-2014

Renta bsica: universalidad del derecho, distribucin segn necesidad

Antonio Antn
Rebelin


El incremento de la desigualdad, el empobrecimiento y la exclusin social hacen ms necesario fortalecer unos mecanismos de garanta de rentas y recursos que permitan a toda la poblacin vivir dignamente. Los procesos de ajuste econmico y las medidas de recortes sociales y desmantelamiento del Estado de bienestar, dentro de la estrategia de austeridad dominante hoy en los pases de la Unin Europea, tienden a dejar a las capas ms desfavorecidas en una posicin de mayor subordinacin y desproteccin pblica. Para una orientacin alternativa de cambio social y poltico es imprescindible mejorar los sistemas y prestaciones sociales que configuran (junto con otros como los subsidios de desempleo o las pensiones mnimas) la ltima malla de seguridad contra la pobreza, que afecta a cerca de una cuarta parte de la sociedad. Parto de la constatacin de la clara insuficiencia de los actuales sistemas de rentas mnimas o ingresos de insercin, gestionados (con algunas diferencias significativas) por las distintas Comunidades Autnomas. No me detengo en su crtica. Las posibilidades de avanzar hacia un cambio institucional progresista hacen ms apremiante definir mejor las propuestas transformadoras de las polticas sociales, en el marco del fortalecimiento de una democracia social ms avanzada. Aqu, al calor del debate abierto, solo trato sintticamente algunas cuestiones de enfoque sobre los fundamentos tericos de las rentas bsicas o sociales y su justificacin tica segn distintas concepciones de la justicia social, teniendo en cuenta las investigaciones realizadas1.

Dos modelos de rentas bsicas

La corriente progresista basada en Van Parijs define, desde los aos ochenta, la renta bsica (RB) como una renta pblica pagada por el Estado, individual, universal igual y para todos e independientemente de otras rentas- e incondicional sin contrapartidas ni vinculacin al empleo-. Aaden dos aspectos fundamentales: debe distribuirse ex-ante -al margen de los recursos de cada cual- y sin techo -acumulando sobre ella el resto de rentas privadas y pblicas-; adems, consideran que deben ser sustituidas algunas prestaciones sociales.

Planteadas con los valores democrticos clsicos, las caractersticas fundamentales de ese modelo estn basadas en la idea de libertad -o la no dominacin-, dejando en un segundo plano subordinado los principios de igualdad y de fraternidad o solidaridad-. La definicin pura de ese modelo de RB mantiene una ambigedad deliberada sobre su sentido social y comunitario, sobre a qu clases sociales beneficia y sobre el objetivo de una sociedad ms solidaria y con mayor igualdad, aspectos fundamentales para concretar una distribucin de la renta pblica y el papel del gasto social.

Adelanto unas ideas bsicas de mi punto de vista, que considero afn al de C. Offe: en una sociedad segmentada, con fuerte precariedad y con una distribucin desigual del empleo, la propiedad y las rentas, se debe reafirmar el derecho universal a una vida digna, el derecho ciudadano a unos bienes y unas rentas suficientes para vivir; son necesarias unas rentas sociales o bsicas para todas las personas sin recursos, para evitar la exclusin, la pobreza y la vulnerabilidad social; se debe garantizar el derecho a la integracin social y cultural, respetando la voluntariedad y sin la obligatoriedad de contrapartidas, siendo incondicional con respecto al empleo y a la vinculacin al mercado de trabajo, pero estimulando la reciprocidad y la cultura solidaria, la participacin en la vida pblica y reconociendo la actividad til para la sociedad; hay que desarrollar el empleo estable y el reparto de todo el trabajo y fortalecer los vnculos colectivos; se trata de consolidar y ampliar los derechos sociales y la plena ciudadana social con una perspectiva democrtica e igualitaria.

En resumen, parto de un modelo social con una perspectiva transformadora con la ampliacin de los derechos sociales, con el objetivo de avanzar en la igualdad y promoviendo los valores de la solidaridad y la cultura de la reciprocidad, para garantizar la libertad y el acceso a la ciudadana de todas las personas. Eso me lleva a tratar y formular de otra manera los criterios de universalidad e incondicionalidad y apostar por otra fundamentacin, por otras bases tericas y culturales, aunque haya muchas coincidencias prcticas. Por tanto, considero que hay que abandonar el modelo ortodoxo de RB, sus principios centrales, y crear otro enfoque, reformulando las caractersticas de una renta social, igualitaria y solidaria.

Universalidad de los derechos y concrecin segn las necesidades sociales

Un conflicto a resolver es la tensin entre universalidad de la renta bsica y accin contra la desigualdad. El modelo inspirado por Van Parijs pone el acento en la universalidad de la distribucin de una RB igual, para todos, ex ante y sin comprobacin de recursos. Pero entremezcla y confunde dos planos de la universalidad. Uno, que defiendo, es el derecho universal a la existencia, a unas condiciones dignas de vida, a que todas las personas tengan garantizados los medios y rentas suficientes para vivir sin caer en la pobreza. Esa es la universalidad de los derechos a unos objetivos igualitarios y de la garanta para todos de unas condiciones e ingresos mnimos. As, se puede hablar de derecho universal de todos los seres humanos a tener unas rentas bsicas, como medio imprescindible para vivir dignamente. Esa garanta la debe facilitar el Estado. Otro plano, es el de la universalidad de los mecanismos concretos que, tal como se formulan, no comparto, ya que del derecho a la existencia no se deduce, mecnicamente, la universalidad distributiva de una renta pblica igual y para todos. Esa universalidad de la RB no necesariamente es la plasmacin ni la configuracin de ese objetivo universal, ya que la sociedad en estos siglos se ha dotado de diversos mecanismos de distribucin de bienes e ingresos, como la propiedad, el empleo, el gasto pblico o la solidaridad interpersonal, familiar o comunitaria, hoy da con eficacias diversas. Por tanto, la distribucin pblica de una renta bsica no es universal, en el sentido de igual y previa a cualquier situacin socioeconmica, sino que depende de la realidad existente de suficiencia o no de recursos que garanticen el objetivo a proteger: una existencia digna.

Podemos aadir que similar enfoque se aplica a los derechos sociales. Por ejemplo, tenemos derecho universal a la sanidad pblica pero se aplica en caso de necesidad (situacin o prevencin de la enfermedad), no se distribuye un cheque sanitario, igual para todas las personas e independientemente de su salud. Igual podramos aplicarlo al caso de la vivienda o del empleo. Es responsabilidad de los poderes pblicos garantizar el ejercicio de esos derechos.

Hay que distinguir derecho y garanta universales, de mecanismo distributivo. Los derechos sociales tienen esa especificidad, la combinacin de su garanta universal con la distribucin de los recursos materiales segn las necesidades individuales y colectivas. La extensin de una renta pblica a las clases medias y ricas necesitara otra justificacin adicional, que no es la accin contra la pobreza ni contra la desigualdad. As, los defensores del primer modelo, para defender la universalidad de un mecanismo distributivo, tienen que confundir los dos planos, hacer un ejercicio de abstraccin de la realidad y considerar el derecho a la RB al margen de las condiciones y necesidades de cada cual.

Esa escuela de pensamiento considera la RB como base primera y principal, sin contar con la desigualdad distributiva de propiedad, recursos y rentas, realmente existentes; por tanto, no parten de la realidad de la pobreza, sino del sujeto abstracto. As, al distribuir igual para todos, dejan en un plano ms secundario la accin compensatoria por la mejora de las condiciones materiales de existencia de los sectores ms vulnerables. En definitiva, el ncleo justificativo de esa universalidad distributiva mantiene la ambigedad de su carcter social, de los beneficiarios, de los resultados netos redistributivos, del avance o no hacia una mayor igualdad.

Normalmente, no aclaran el sujeto concreto del deber fiscal, o se hacen alusiones genricas al disfrute de la riqueza acumulada por la humanidad, infravalorando la oposicin de los poderes econmicos o de las clases medias o desconsiderando la realidad de fuerzas sociales. Se abunda en las grandes ventajas para toda la poblacin, ya que los beneficiarios seran todos, pero se margina el problema de dnde y de quin se retraen los recursos, quin puede salir ms beneficiado o ms perjudicado, en el saldo definitivo. Detrs de todo ello est siempre qu modelo contributivo, fiscal y redistributivo, se defiende. Por tanto, el criterio de igualdad, del avance hacia una sociedad ms igualitaria, es fundamental para orientarse en estas sociedades segmentadas.

Cuando se pone el nfasis en los mecanismos distributivos universalistas ese modelo cae en un universalismo abstracto que choca con el ncleo duro distributivo: el que la propiedad, las rentas y el gasto pblico realmente existentes estn ya distribuidos de forma desigual, y que su modificacin progresista entra en conflicto con las clases pudientes. Es entonces cuando la imagen neutra y atractiva del universalismo abstracto, con su cara amable y compatible con los intereses de todas las clases e ideologas, pierde fuerza y se tiene que concretar. Cuando se pasa al problema de quin paga, de dnde se retraen los rentas o cmo se redistribuyen los recursos, aparece la diversidad de talantes progresistas o regresivos, la mayor o menor sensibilidad igualitaria o las tendencias al posibilismo, que dan lugar a diferentes versiones prcticas. Sin embargo, su punto de partida es ideal, el sujeto abstracto, que les lleva a mantener, al defender los principios, un carcter social neutro y una perspectiva difusa de su modelo de sociedad, de la accin contra la desigualdad y redistribuidora de la riqueza.

A este primer principio general de este modelo sobre el carcter universal -igual y para todos e independientemente de otras rentas- de la distribucin de una renta bsica, yo le opongo otro enfoque; la redistribucin pblica- de las rentas debe tener un objetivo igualitario: reequilibrar la desigualdad privada-, responder a las necesidades sociales, erradicar la pobreza y combatir la precariedad laboral y social. La aplicacin estricta del primer enfoque beneficia, inicialmente, a todas las clases sociales, incluidos los ricos, pero suele esconder o ser plural en la segunda parte, en quin paga, y cuando se introducen correcciones fiscales se deja de aplicar el principio inicial. El segundo se centra en garantizar un nivel de vida suficiente y el acceso a la plena ciudadana de los sectores ms vulnerables, que son los que ms lo necesitan por su fragilidad, redistribuyendo de ricos a pobres.

Es verdad que en diversas propuestas de financiacin elaboradas por algunos partidarios de ese modelo general se adoptan medidas fiscales progresivas en beneficio de las personas pobres, con aproximacin al modelo aqu defendido. Pero hay que ser conscientes del enfrentamiento entre los dos criterios: el universalista con la neutralidad fiscal para todos- y el igualitario con redistribucin hacia los desfavorecidos-. Veamos el conflicto y la combinacin de ambos y el peso de cada principio. Partiendo de una distribucin universalista, hay propuestas de financiacin que van desde pagar la RB con los beneficios del capital, expropindolos, hasta propuestas que defienden que se pague con el gasto social existente, reestructurando el Estado de bienestar, con una orientacin conservadora. Algunas versiones, que denomino heterodoxas, mantienen una distribucin inicial universal para intentar salvar la coherencia con ese principio o por consideraciones tcnicas-, pero corregida posteriormente a travs de la fiscalidad; sta puede llegar a ser una fuerte correccin fiscal para que, en el resultado final, haya una transferencia neta de rentas de ricos a pobres. As, se pone en primer plano la garanta para cubrir las necesidades bsicas, y se asegura el criterio de progresividad y compensacin en la distribucin real, con el beneficio para la gente ms frgil y no para las clases medias y ricas. Pero, en esa medida, se va diluyendo el principio de distribucin universal que todava permanece como referencia retrica o como smbolo de cierta identidad-, destacando una aplicacin concreta distributiva hacia los sectores ms necesitados, con la prioridad del objetivo de garantizar la supervivencia. Entonces, lo que prima es el segundo enfoque, tal como lo defiendo: la prioridad del avance en la igualdad con una poltica compensadora; la no-aplicacin, como resultado final, de una distribucin igual y para todos tal como definan los principios del primer modelo de RB.

En definitiva, si la distribucin real incluida la gestin fiscal- favorece a los pobres y perjudica a los ricos, no es slo un asunto operativo de la financiacin sino que afecta al principio de universalidad, lo que, siendo consecuentes, habra que reflejar en los principios: la accin contra la pobreza, la exclusin y la vulnerabilidad social sera la prioridad central de una renta pblica en una sociedad segmentada. A mi parecer, lo que importa, en el plano prctico, es cmo queda la distribucin final, y si ese saldo fiscal neto sigue el principio distributivo de igual para todos, o se prioriza el objetivo de la igualdad, teniendo en cuenta los recursos de cada cual.

Por tanto, lo fundamental no debe ser la universalidad distributiva pblica- sino el sentido de la equidad frente a la desigualdad privada. Ese sera el punto comn. Sin embargo, si se mantiene la referencia al carcter universal de la distribucin de una RB, especialmente si se le da una gran carga simblica, se siguen conciliando ambos aspectos: mantener el principio de la universalidad distributiva junto a una aplicacin fiscal compensatoria hacia los desfavorecidos. Ambos criterios son contradictorios y tienen un equilibrio inestable. Si realmente pesa lo segundo reforma social concreta como objetivo central-, lo primero tiende a quedarse como mera referencia retrica o bien como una fase tcnica no decisiva en el resultado fiscal neto; entonces, se acercan posiciones. Si pesa el inters por defender los principios puros, aunque slo sea por motivos simblicos o identitarios de una escuela, poniendo el nfasis en su universalidad distributiva y en su valor terico como modelo social, este discurso sigue teniendo efectos culturales y educativos perniciosos, en conflicto con los valores de la igualdad.

Se puede relativizar todo el debate terico, pero vuelve a surgir el conflicto cuando prevalece el inters de preservar como sea de identidad un valor, la distribucin universalista, considerando los resultados progresistas e igualitarios aspectos prcticos poco relevantes en el plano social o terico. Cuando se pone el nfasis en esa definicin pura se diluye el valor terico, simblico y cultural de la orientacin social contra la desigualdad y las medidas prcticas resultan elementos secundarios.

Por tanto, caben dos dinmicas. Una, desde la prioridad por la funcin terica que cumple ese principio, quedan subordinadas las aplicaciones progresistas, que son permitidas o utilizadas como pretexto defensivo ante la tradicin redistribuidora y fiscal progresivas; sera una mera adaptacin prctica poco significativa para introducir cambios en sus formulaciones tericas y de principios, que se consideran esenciales. Otra, con la prioridad por una sensibilidad social, es insuficiente quedarse slo en una mera aplicacin, sino que, para legitimar esa orientacin, es necesario el desarrollo y justificacin programtica y tica de esa accin contra la desigualdad; por ello, aparecen otros objetivos y principios igualitarios, que superando el plano pragmtico, entran en conflicto con las definiciones abstractas de esa corriente.

As, en la medida que se afirma la primera opcin -el gran valor simblico del principio de la universalidad en la distribucin de la RB-, aparece con toda nitidez las implicaciones tericas y culturales de este conflicto entre los dos enfoques. Si se defiende la universalidad distributiva real- de la RB como aspecto fundamental e identitario, mantengo la crtica global de la ambigedad social de ese modelo de RB, con respecto al objetivo de la igualdad. Mi discrepancia es de fondo, con esas bases tericas, ya que el conflicto de posiciones permanece en el plano cultural y de valores y en relacin con la actitud ante los grandes problemas de la desigualdad socioeconmica, la redistribucin de la riqueza y los derechos sociales.

En conclusin, el equilibrio entre los dos aspectos universalidad e igualdad- se consigue con la combinacin entre la universalidad del derecho a una existencia digna y la concrecin segmentada de la distribucin de una renta pblica. Por una parte, se resaltara la importancia de unos objetivos, el derecho a unas condiciones dignas de vida, fortaleciendo la cultura universalista de los derechos y las garantas para todos y todas. Por otra parte, se clarificara que el resultado neto redistributivo del Estado, el sentido de una renta pblica y la proteccin social, debe ser compensatorio para los sectores desfavorecidos para avanzar en la igualdad socioeconmica y en el estatus de la ciudadana social. Con ello se evitara la confusin sobre los intereses sociales que se defienden. Se articulara mejor el conflicto entre universalidad e igualdad en una sociedad desigual.

Criterios de las rentas sociales o bsicas

Para terminar, expongo el contenido ms concreto de mi posicin. Una renta bsica o social, es una medida distributiva y pertenece al campo de la economa, pero el aspecto principal a destacar es su funcin de garanta de unas condiciones mnimas de existencia. Es decir, se trata de un derecho y un valor humano, por encima del valor econmico o contributivo del individuo. Adems de su componente de reforma social, su orientacin y su discurso conforman un valor cultural, ya que tienen una vinculacin con los modelos de sociedad y el papel del trabajo, los derechos sociales y la ciudadana. Atendiendo a ese doble papel, un sistema de rentas pblicas distribuidas por las administraciones del Estado, como garanta ltima de proteccin social, debe estar basado en los criterios y las caractersticas siguientes:

Todos estos elementos de una renta social o bsica proporcionaran ms libertad real y mayor igualdad entre todos, generando una mentalidad y unos valores basados en la solidaridad. Estn enmarcados en la cultura universalista de los derechos humanos y sociales, en el desarrollo de los valores de la reciprocidad y en la participacin ciudadana y el acceso a la ciudadana plena.

Nota:

1 Para ampliar este tema se pueden destacar, entre otros, los siguientes textos. Una valoracin terica ms desarrollada en Antn, A. (2005) (coord.): Rentas bsicas y proteccin social, monogrfico de Cuadernos de Relaciones Laborales, vol. 23 nm. 2, Universidad Complutense de Madrid. En relacin con las polticas sociales en (2012): Poltica social en tiempos de crisis, en Cuadernos de Trabajo Social, 25 (1): 49-62, Universidad Complutense de Madrid. Y respecto de los procesos de recortes sociales, protesta colectiva y alternativas ante a la crisis en (2013): Ciudadana activa. Opciones sociopolticas frente a la crisis sistmica, Madrid, Sequitur.

Antonio Antn. Profesor honorario de Sociologa de la Universidad Autnoma de Madrid

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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