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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-12-2014

Ponencia para el Encuentro de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad. Caracas del 11 al 15 de Diciembre
Crisis del capitalismo: desafio de la clase trabajadora

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


1. Qu nos une por debajo de la diferencia? 

Qu entendemos por crisis del capitalismo las personas reunidas en este evento organizado por la Venezuela Bolivariana cumpliendo un necesario proyecto ideado por Chvez y Fidel Castro, como explica Carmen Bohrquez [1]? Cmo podemos definir el largo, convulso y amenazante contexto mundial quienes aqu debatimos teniendo en cuanta que procedemos de continentes y pases, historias y culturas, experiencias y luchas tan diferentes en sus expresiones externas como pueden ser las de Suecia, Argentina, Irn, Uruguay, Congo, Euskal Herria, Estado francs y Venezuela, por citar slo el caso del temario que ahora mismo nos rene en este viernes 12 de Diciembre?

Ms an cmo nos afecta la crisis actual a los muy diferentes movimientos obreros, populares y sociales en los que militamos y con los que nos identificamos, y cmo nos enfrentamos a ella? Cmo impacta sobre los intelectuales y cmo stos la interpretan y hasta la combaten, teniendo en cuenta los diferentes contextos histricos en los que desarrollan sus mltiples lenguas y tradiciones que modela sus pensamientos? Y qu inquirir sobre los artistas, sobre el papel y la funcin de su arte popular en este contexto sabiendo que la industria cultural es adems de una de las ramas econmicas ms rentables del capitalismo mundial tambin y sobre todo un muy eficiente instrumento de alienacin de masas y de desnacionalizacin de pueblos rebeldes en manos del imperialismo? No son demasiadas las diferencias que nos separan como para intentar encontrar un denominador comn que nos identifique, que nos una como la misma humanidad explotada por el imperialismo?

Estamos convocados para debatir fundamentalmente sobre como crear una red que conecte a movimientos populares, intelectuales y artistas, y la pregunta necesaria que debemos responder en primer lugar para avanzar en las reflexiones anteriores es qu nos une a estos tres niveles o espacios, o reas de prcticas sociales en el capitalismo actual por debajo de las situaciones concretas tan dispares en las que vivimos? Qu podemos hacer los movimientos sociales, intelectuales y artistas, tres espacios de reflexin tan distanciados a simple vista, frente a un poder tan aplastante como el imperialista? Estimo que, antes que nada, debemos centrarnos en nosotras y nosotros mismos para, despus, aportar algo al resto de las hermanas y hermanos explotados.

Planteo una primera y urgente respuesta: nos une la necesidad imperiosa de detener y revertir la tendencia destructiva a la mercantilizacin de la vida y de la naturaleza. El capitalismo se diferencia de todos los modos de produccin, entre otras cosas, tambin y sobre todo porque para sobrevivir debe reducirlo todo a simple mercanca, a valor de cambio expresado en dinero, al margen de la forma que este tenga. En la medida en que, en ltima instancia, los movimientos obreros, populares y sociales, y la intelectualidad y el arte crticos expresan la resistencia cada vez ms consciente de la humanidad explotada a la extensin destructora de la dictadura del dinero, de valor mercantil de los sentimientos y de la naturaleza en s, en esta medida, el capitalismo debe acabar con ellos para, a la vez, apoderarse definitivamente del planeta.

Lo que nos identifica y dota de sentido a quienes aqu estamos es algo invisible a primera vista, algo oculto tras la apariencia externa de las cosas: desde su ensangrentado origen y a lo largo de su sangrienta expansin, el capitalismo se mueve siempre forzado por su irracional lgica de acumulacin ampliada, de convertirlo todo en una nueva rama econmica generadora de beneficio privado, es decir, de mercantilizar hasta el alma, si existiera. La subsuncin de la naturaleza en el capital es tambin la subsuncin de la especie humana en la irracionalidad del mximo beneficio privado en el menor tiempo posible y sin reparar en la devastacin que ello conlleva. Pulverizar la naturaleza transformando sus cenizas en materias primas y en fuerza de trabajo, en beneficio y en mercanca, es a la vez destruir la esencia crtica y liberadora del intelecto y del pensamiento racional, y de la capacidad creativa del arte emancipador, es destruir el potencial revolucionario de la mayutica, de la heurstica, de la dialctica, en sntesis arrancar de raz la antropogenia para imponer el valor de cambio, el fetichismo de la mercanca y la dictadura del trabajo abstracto.

Lo que nos une es que, al margen de nuestra subjetividad, somos parte del Trabajo explotado por el Capital. Las diferencias, en este nivel de debate, entre militantes en movimientos populares, intelectuales y artistas que aparentan ser absolutas, se esfuman en la nada cuando llegamos al fondo de lo real: somos parte del Trabajo explotado, dominado y oprimidos por el Capital. Luego actuemos desde esta realidad, y no desde la ficcin ideolgica burguesa.

2. Siempre vuelve la realidad negada

Sabemos que hay una especie de ley de la evolucin que explica que los procesos avanzan de lo simple a lo complejo, de la menor interaccin a la mayor interaccin con otros procesos, de manera que la dialctica entre la diversidad creciente y la unidad interna es cada vez ms difcil de descubrir, a no ser que nos dotemos de un mtodo adecuado. Sin duda la complejidad extrema adquirida por el capitalismo a finales del siglo XX y comienzos del XXI --segn el calendario cristiano-occidental-- fue una de las causas de la proliferacin de toda serie de modas ideolgicas de usar y tirar en el mercado de la industria poltico-cultural burguesa, saturacin de oferta ideolgica, por utilizar trminos mercantiles, que ha sido correctamente denominada como moda post. Modas que fascinadas y obnubiladas por la multidiversidad de las espectaculares formas policromas mediante las que se presenta en el exterior la esencia capitalista interior, optaron por la va ms cmoda y fcil: negar la existencia de contradicciones internas que determinan las tendencias evolutivas de lo real y de sus polifacticas expresiones.

Con el desarrollo capitalista, la forma de su materializacin expresa la forma de organizacin y choque de sus contradicciones internas, de su contenido esencial como modo de produccin. Segn el Capital choca con mayores resistencias del Trabajo, tiende a desarrollar mtodos de explotacin ms complejos, mezclas nuevas de dosis de brutalidad y de astucia, de represin y de consenso que generan formas sociopolticas, culturales e ideolgicas de dominacin nuevas. De este modo, la creciente complejidad de las formas expresa la agudizacin de las contradicciones del contenido interno que tarde o temprano emergern como fuerzas ssmicas destructoras. Ahora bien, el inevitable tiempo de tardanza entre su ebullicin subterrnea y su erupcin externa, este tiempo de impasse facilita que, en su nterin, florezcan delirios reformistas que creen que por arte de birlibirloque se han extinguido para siempre los lmites del capitalismo, sus contradicciones. Si nos fijamos, todas las modas post tienen un contenido reformista ms o menos explcito o encubierto.

Dado que las formas expresan las interrelaciones de los contenidos como totalidad, por esto mismo existe una autonoma relativa en la evolucin de las primeras con respecto a la esencia de la totalidad subyacente. Esta autonoma relativa, ms o menos acentuada segn los casos, explica que incidiendo en lo formal, en lo externo, puede influirse en la evolucin de lo interno, el cambio del continente influye en algunos casos en el contenido. El idealismo reformista cree que esta posibilidad es absoluta y obligatoriamente eficaz: acabemos con las formas malas del capitalismo para desarrollar slo sus formas buenas y, con paciencia, transformaremos el capitalismo en su conjunto. En determinadas circunstancias histricas, la accin reformista sobre la forma puede y logra paliar, debilitar y hasta controlar un poco los efectos ms dainos e inhumanos del Capital en beneficio del Trabajo, pero a la larga, siempre termina resurgiendo la mala bestia, el Moloch, inherente a la lgica ciega e irracional de la acumulacin ampliada.

Fue por esto que la moda post desapareci del mercado ideolgico nada ms que las contradicciones del capital empezaron a salir a la luz. Dicho grosso modo, desde el inicio de la dcada de 1990 se intensificaron, extendieron e interrelacionaron las crisis parciales y aisladas, o sub-crisis, hasta llegar al caos sistmico actual. En este evento tenemos dos ejemplos de que el capitalismo no haba triunfado definitivamente en 1989-91: uno fue la demostracin cubana de que poda y quera sobrevivir como nacin independiente en medio de los peores cercos imperialistas, y el otro fue el acto heroico de 1992 dirigido por Chvez contra la opresin y miseria creciente que sufra su pueblo. Ambos fueron una afirmacin de resistencia que demostraba que la humanidad segua viva y dispuesta a vencer, simultnea a otros diferentes pero con la misma identidad sustantiva: revueltas de hambre en 1992 en ciudades norteamericanas, zapatismo, altermundialismo y antiglobalismo, luchas obreras en la Europa y en Corea del Sur de mitades de esos aos, crisis de los dragones asiticos de 1997, victoria venezolana en 1999 y apertura de mltiples procesos en las Amricas como la revuelta de Seatlle, el corralito argentino, las luchas bolivianas por el agua y el gas en esos aos, y un inabarcable listado hasta llegar al perodo 2007-2014.

Hemos citado muy pocas de las abundantes prcticas de masas contra la injusticia, y ninguna de las aportaciones tericas, culturales y artsticas realizadas por grupos o personas de izquierdas contrarrestando el dominio cuasi absoluto de la ideologa imperialista y su industria de alienacin de masas. Pero desde la mitad de los 90 en adelante poco a poco fue recuperndose el pensamiento crtico colectivo que tuvo en los encuentros internacionales de los Foros contra la globalizacin uno de sus espacios de asentamiento y expansin. Al igual que sucede con la memoria reciente sobre las luchas materiales en los ltimos veinte aos, tambin debemos rescatar del silencio los avances realizados en la crtica terica rigurosa del imperialismo en este perodo.

Era necesario mostrar que la futilidad del iluso triunfalismo de los 90 no se sustentaba en criterios objetivos de la evolucin capitalista sino en voluntariosos subjetivismos de la clase dominante para, desde esa fantasa, asegurar un orden explotador que haca aguas por todas partes. Hay que recordar que conforme transcurra la dcada de los 90, EEUU, la OTAN y otras estructuras poltico-militares elaboraban nuevas doctrinas de contrainsurgencia y de guerra en respuesta a la recuperacin de las luchas de las clases y de los pueblos. En la medida en la que, una vez ms, el Estado burgus tena que irrumpir en pblico como fuerza policaco-militar decisiva para el mantenimiento del sistema, en esta medida se desplomaban las modas post y reaparecan las contradicciones internas del capitalismo.

3. Tres avances teoricos de los pueblos

En el capitalismo euro-yanqui se nos dijo que la clase trabajadora haba desaparecido para dar paso a una masa heterognea e informe de sujetos aislados explotables de mil modos distintos, masa amorfa que a lo sumo puede definirse como multitud, ciudadana, gente, los de abajo, etctera, o a otra escala como infraclase, precariado, chavs en cuanto nueva clase diferenciada de los restos extintos del proletariado y de la debilitada clase media. Si buceamos un poco en la historia de las mercancas ideolgicas, vemos que justo bajo los ecos del Mayo68 reaparecieron las nuevas tesis sobre la sociedad post industrial y la desaparicin del proletariado, que de revivan anteriores ideas sobre las lites que haban sustituido a las clases, y que incluso haban acabado con la clsica propiedad burguesa de las fuerzas productivas al multidividir su propiedad en pequeas acciones y participaciones compradas por las capas medias y altas del proletariado, que as se aburguesaba. La tesis del capitalismo popular es tan vieja como el primer laborismo britnico de finales del siglo XIX aunque lleg a su esplendor inmediatamente despus de la II GM.

En este marco ideolgico en el que la sociologa, la antropologa, la economa, la historia y dems disciplinas intelectuales creadas en lo que llamados Occidente, actuaron --actan-- como armas de la guerra cultural imperialista, fue imponindose en muchos centros acadmicos del mundo la misma superchera, de manera que varias generaciones de dirigentes en esos pases, muchos de ellos a sueldo de las empresas transnacionales, actuaban segn la misma creencia transplantada desde las metrpolis, desde la universidades y empresas occidentales. Mientras que fracciones cualificadas de sus clases trabajadoras resistan como podan al expolio transnacional y a las agresiones armadas directas o invisibles, la creencia ideolgica dominante, oficial, sostena los tpicos de los opresores.

Un mrito incuestionable de estos pueblos explotados fue el de pensar por ellos mismos, al margen y frecuentemente en contra del determinismo economicista de la izquierda eurocntrica y rusocntrica hasta finales de los 80. Pero semejante logr slo pudo alcanzarse despus de sucesivas derrotas sufridas al haber seguido obtusa y dogmticamente las miopes extravagancias de la izquierda eurocntrica que imaginaba que el resto de mundo era como el suyo. Estos pueblos superaron dos obstculos tericos formidables: el primero y ms inmediato, el rusocentrismo y el eurocentrismo de las teoras e ideologas sociales, que les impedan llegar a un conocimiento propio de su propia situacin; y el segundo, una vez aqu, superar las mltiples apariencias fenomnicas de lo real, cuestin a la que nos hemos referido arriba, para bucear hasta encontrar la raz de sus problemas, y una vez en la profundidad de las contradicciones aportar enriquecedoras teoras revolucionarias al resto de la humanidad.

De hecho, el evento que ahora realizamos es un ejemplo de este triple mrito: la izquierda eurocntrica no capt, malinterpret y hasta despreci la sublevacin de 1992 dirigida por Chvez y el perodo posterior, hasta no tener ms remedio que rendirse a la evidencia, y eso no siempre; la izquierda rusocntrica cubana apenas comprendi el contenido histrico del Ejrcito Rebelde, y a escala general lo mismo ha sucedido con las luchas de las naciones trabajadoras del llamado impropiamente Tercer Mundo. Luego o simultneamente, el segundo logro fue la crtica radical realizada por sus izquierdas superando la bazofia de las denominadas ciencias sociales burguesas desarrollando una independencia terico-poltica que les ha permitido y exigido a la vez avanzar al tercer logro: bucear hasta sus contradicciones especficas que son una forma precisa de las contradicciones esenciales del capitalismo mundial, descubrirlas como formas autnomas de la lucha de clases mundial e integrarlas en la totalidad de la lucha esencia entre el Capital y el Trabajo que recorre a la humanidad entera.

La triple conquista explica que movimientos obreros, populares y sociales del mundo debatamos aqu y ahora sobre lo que nos une frente al enemigo comn, el imperialismo. Muy lgicamente, existen diferencias y discusiones sobre cuestiones precisas en los niveles histrico-genticos, pero que son matices enriquecedores siempre porque lo gentico-estructural est asumido. Por tanto, en el plano de la lucha de la clase trabajadora frente a la crisis capitalista, la primera tarea a desarrollar es la de que cada nacin obrera practique su liberacin de clase dentro de la dialctica entre lo singular, lo particular y lo universal.

4. Praxis y militancia artistico-intelectual

Hemos recurrido al empleo de una de las categoras del mtodo dialctico porque adems de ser imprescindible para revolucionar el mundo, tambin nos lleva directamente al famoso y permanente debate sobre el papel de los intelectuales en la liberacin humana. Debo confesar que para m la palabra intelectual me produce un rechazo inmediato gravado a fuego por las lecciones de la militancia, excepto en los sobresalientes casos en los que es la praxis la que determina y llena de contenido al adjetivo de intelectual. Lo sustantivo, la substancia de la tarea intelectual no es otra que la praxis revolucionaria, es decir, la comprensin del mundo como proceso simultneo a su transformacin revolucionaria, y viceversa, la transformacin revolucionaria como proceso simultneo a su comprensin. Pero tambin en esta dialctica los pueblos trabajadores explotados nos dan lecciones viales. Che Guevara le dijo a Nasser que si un poltico no se haba jugado la vida alguna vez, jams pasara de ser un simple poltico. Lo mismo hay que decir sobre los intelectuales.

Che Guevara no era un intelectual ni tampoco un poltico, aunque desarroll un poderoso intelecto y unas cualidades polticas majestuosas porque era un revolucionario que dio contenido radical a su labor poltico-terica. Y qu decir de Hugo Chvez? De Rosa Luxemburgo, etc.? La praxis que les identifica es tanto ms valiosa ahora que entonces por tres razones: una, porque, como hemos visto, el capitalismo necesita mercantilizar el pensamiento, la cultura, el arte, cualidades que definen junto a otras el modelo de ser humano rico en relaciones y en creatividad, y por ello autoconsciente, enemigo mortal de reducir el pensamiento a mercanca. La privatizacin e industrializacin del conocimiento, de la cultura, mediante las patentes de propiedad es una de las formas ms destructoras del saber humano ideada por el imperialismo para subsumirlo en su industria cultura. Los pueblos expoliados y empobrecidos apenas pueden defender su creatividad intelectual, artstica y cientfica. La tarea organizativa y movilizadora de sus intelectuales militantes es decisiva en la defensa de la soberana lingstico-cultural: es una tarea poltica en su misma naturaleza porque slo tiene visos de victoria si genera un poder poltico capaz de vencer la fagocitacin intelectual de las grandes potencias: la llamada fuga de cerebros de los aos 60 y 70 es un juego de nios comparada con las presiones actuales.

Dos, porque la complejidad de lo real exige de un mtodo de conocimiento filosficamente gil, mvil, consciente de lo contradictorio del mundo y por eso consciente sus propias contradicciones en cuanto autogeneradoras de nuevas verdades relativas, concretas y objetivas. La intelectualidad militante es irreconciliable, por una parte, con la visin tradicional de la filosofa como mera apetencia, querer o incluso amor hacia el conocimiento puro e inmaculado, sino como mtodo crtico de transformacin de las condiciones sociales que determinan el pensamiento; y por otra parte, es irreconciliable con cualquier forma de positivismo que rechaza todo mtodo que recurra al principio de unidad y lucha de contrarios, que rechaza el decisivo criterio de la negatividad absoluta como momento previo al salto a la novedad cualitativa.

La negatividad absoluta de la clase trabajadora, del Trabajo, es la burguesa, es el Capital; esa absoluta negatividad presiona en la unidad y lucha de contrarios entre Trabajo y Capital para forzar la victoria revolucionaria del primero sobre el segundo mediante la intervencin consciente de la clase obrera como fuerza social organizada polticamente. Esta pugna recorre y determina de mil modos diferentes todas y cada una de las casi infinitas formas en la que toma cuerpo el Capital como relacin social que se autoreproduce, tambin y cada vez ms mediante el trabajo complejo, cualificado, tecnificado, de eso que la docta ignorancia idealista define como economa de la inteligencia, cognitiva o inmaterial, como si la fabricacin de instrumentos complejos por los humanos de hace 1,8 millones de aos no fuera economa cognitiva realizada para acelerar la ley del ahorro de energa o del mnimo esfuerzo y la ley de la productividad del trabajo, como base materialista objetiva de la antropogenia.

La cualificacin cognitiva de relativamente pocos trabajos concretos, ya activa en esas primeras herramientas complejas realizadas en el comunismo primitivo, entra en fragrante contradiccin con la esquilmadora simplificacin y descualificacin de la mayora de los trabajos concretos, realizados por fuerza de trabajo condenada al analfabetismo funcional ms bsico. Esta contradiccin tambin recorre la estructura social entera expresndose con terribles efectos alienadores, reaccionarios y hasta fascistas mediante la manipulacin inconsciente y subconsciente de la estructura psquica de masas realizada por el Capital sobre el Trabajo esclavizado psicolgica y mentalmente con la ayuda inestimable de la ignorancia cultural ms desoladora. Incluso el relativamente escaso trabajo cualificado, la economa cognitiva, se sostiene sobre una asfixiante formacin parcial, unidimensional y monotemtica, estricta y framente tecnicista segn las exigencias de la mxima rentabilidad instrumental y positivista, que expulsa al olvido y que reprime toda muestra de cultura libre, no mercantilizada, la verdaderamente peligrosa para la burguesa.

Y tres, la descualificacin inherente a la produccin mercantil en cadena nos replantea la funcin social de los artistas, que no slo de los intelectuales y de los movimientos obreros y populares. Hablamos de artistas en plural porque no tenemos tiempo para debatir las mltiples concepciones de Arte, ni sobre el momento histrico de la aparicin de la esttica como sentimiento y cualidad que, segn todo indica, estaba ya presente en los neandertales, si no antes. Pero s debemos saber que con la dictadura del valor de cambio, de la mercanca, la esttica, lo bello, el arte y hasta la misma cultura sufre una degradacin cualitativa. Si definimos a la cultura de la especie humana-genrica como la produccin de los valores de uso en base a las capacidades colectivas e individuales, y su distribucin social y horizontal en base a las necesidades colectivas e individuales, entonces esta cultura genrica desaparece aplastada por la propiedad privada de las fuerzas productivas, y con ella el arte y la esttica en su sentido de especie humana genrica.

La esencia de la cultura burguesa radica en la produccin de mquinas humanas. La latencia subterrnea e imperecedera de lo bello y esttico como expresin inmaterial, simblica, emocional y afectiva realizada en los valores de uso, es cada vez ms aplastada en las profundidades de lo inaccesible a la irracionalidad instrumental de la lgica del mximo beneficio mercantil. La militancia esttica, artstica, cultural e intelectual pugna as con la esencia misma del valor de cambio que lo reduce todo a la superficialidad fetichizada del dinero. Para el Capital lo bello es el dlar. Frente y contra esta degradacin, los y las militantes que realizan su praxis en la lucha terica y esttica se enfrentan a una prioridad: extender en las izquierdas el criterio de que la emancipacin humana es una obra de arte global, total, es un todo esttico, segn lo pensaba Marx. Para el humanidad explotada, la libertad es el canon de la belleza.

5. A modo de resumen

Concluyendo, los movimientos populares y la militancia artstica e intelectual somos parte del Trabajo explotado por el Capital. De hecho, es imposible establecer fronteras insuperables entre las tres reas ya que la conciencia radical y la cultura crtica, que es lo mismo, forman una unidad interna en cualquier praxis de lucha de un pequeo movimiento social que en su barriada empobrecida organice una sesin de teatro y un recital de poesa. La larga historia de la emancipacin de los pueblos explotados nos muestra cmo el arte y la cultura denigrados como populares, vulgares, primitivos por la clase dominante y por el imperialismo, tienen contenidos progresistas y hasta revolucionarios que debemos rescatar, actualizar y abrirlos al futuro.

La burguesa busca desesperadamente encontrar nuevas ramas productivas que contrarresten la tendencia a la cada de la tasa media de ganancia, y la cultura abstractamente definida le ofrece un campo de negocio prcticamente inagotable. Se trata adems de un negocio redondo, como se dice, porque no produce nicamente rentas econmicas, sino tambin polticas, ideolgicas, costumbristas, sexuales beneficios globales que apuntalan los cimientos de un capitalismo aquejado por una crisis de sobreproduccin agravada por un agotamiento de los recursos y un crecimiento imparable de los mal llamados costos externos, los causados por la rotura casi irreversible del inestable equilibrio medioambiental y climtico. El caos geopoltico y la militarizacin son parte de esta dinmica y la empeoran.

Ms que nunca antes, la dialctica entre lucha de clases, reconquista de derechos humanos concretos, profundizacin del pensamiento racional y de la creatividad artstica libre, la lucha por la recuperacin de los bienes colectivos y comunales expropiados al pueblo y privatizados, la reintegracin de la humanidad en la naturaleza y su desmercantilizacin, la emancipacin de la mujer que deja de ser instrumento de trabajo en propiedad del hombre, la reduccin drstica del tiempo de trabajo explotado y el aumento del tiempo libre y propio, la satisfaccin de estas y otras muchas necesidades radicales se ha convertido en una tarea imperiosa. Y entre todas ellas, como sntesis de todas ellas, destaca fundamentalmente la toma del poder por la clase trabajadora. No hay otra alternativa que esta para defender los derechos de la humanidad. Cada pueblo deber lograrlo segn, desde y para sus circunstancias, debilidades y fuerzas, pero, al fin y al cabo, se trata de una labor de la humanidad entera, como unidad consciente en lo bsico opuesta a la unidad de mando del imperialismo.


Nota

[1] Carmen Bohrquez: Fidel y Chvez inspiran Red en Defensa de la Humanidad 29-10-2014 www.boltxe.info

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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