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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-12-2014

Carta abierta al General Alzate

Timolen Jimnez


Seor Brigadier General Rubn Daro Alzate:

La gran prensa y el anecdotario colombiano, cada da ms asimilables por obra del monopolio en la propiedad de los grandes medios, suelen construir frases altisonantes con relacin al conflicto colombiano. Ahora han puesto de moda aquella que, haciendo relacin a su caso, habla del primer general en servicio activo que cae en manos de las FARC en cincuenta aos de guerra.

Se trata de un caso excepcional y rarsimo, aunque tambin podra indicar que la agudeza de la confrontacin empieza a afectar las ms altas jerarquas del mando militar, algo impensable hasta ahora. Desde luego esta ltima interpretacin no resulta del agrado del Establecimiento, que prefiere adjudicar el hecho al azar o incluso a su negligencia personal.

El primero en hacerlo fue curiosamente el Presidente Santos, quizs afectado por el hecho de que hubiera sido el senador Uribe el encargado de publicar la noticia. Antes que expresar algn tipo de preocupacin por la vida o la libertad de un general de la Repblica, haba que salir a exigir explicaciones sobre sus motivos para estar exponindose de tal modo.

Sin reparar en que dicho cuestionamiento pona en evidencia una verdad inocultable. Nadie que baje la guardia un segundo, ni siquiera el comandante de una fuerza multidisciplinaria de combate, aun en medio de su rea de operaciones, se encuentra a salvo de una accin de la guerrilla en Colombia. Desalentador mensaje a la confianza inversionista.

Se dice que el senador Uribe puede moverse con libertad gracias a ms de 300 integrantes de los cuerpos de seguridad del Estado que trabajan las veinticuatro horas para protegerlo. Una radiografa exacta de su seguridad democrtica. Algo muy serio debe pasar en un pas en el que slo se siente seguro quien est rodeado por decenas de escoltas fuertemente armados.

Das atrs, en zona rural de Tame, una patrulla de la Fuerza de Tarea Quiron tambin haba sido sorprendida por las FARC, que se haba llevado consigo a dos soldados profesionales. El teniente y cuatro policas ms del puesto de polica de la isla Gorgona en el Pacfico perecieron dos semanas despus, en una accin relmpago de las FARC que sorprendi por su audacia.

Y slo menciono acciones militares ampliamente registradas por los medios. Usted y yo sabemos que son muchas las que se presentan por todo el pas, de cuya realizacin se evita dar cuenta. No se quiere ahuyentar capitales, ni dar protagonismo a unas FARC a las que se insiste en presentar vencidas. Su captura ha contribuido sin duda a poner las cosas en un lugar ms justo.

En primer lugar en cuanto a nuestra reduccin. No voy aqu a magnificar nuestras fuerzas, pero es innegable que son mayores que lo que predica a diario el seor ministro de defensa. Usted tuvo oportunidad de marchar con unidades nuestras en medio de la enorme persecucin ordenada, y sabe bien que tampoco estn integradas por los seres perversos descritos en los partes oficiales.

Convers tranquila y largamente con varios de nuestros mandos y combatientes, despus de ser detenido y conducido por ellos. Estoy seguro de que el tema de la paz y las conversaciones de La Habana hicieron parte de esos intercambios. Por lo que dicen nuestros muchachos al respecto, usted tampoco pareci un hombre intolerante y rudo, sino alguien con el que se poda hablar.

Un general de la Repblica y su objetivo de alto valor sentados frente a frente, en medio del invierno implacable de la selva chocoana, quizs prefiguran lo que poda ser Colombia en un escenario de reconciliacin. Si el capturado hubiera sido el nuestro, las cosas habrian sido muy distintas. Lo deseable, si queremos la paz, es que las cosas dejen de ocurrir de ese modo.

Por otra parte, su detencin tambin brind espacio a otras realidades. Es cierto que el Presidente Santos reaccion precipitadamente al suspender los dilogos de paz, condicionando su reanudacin a su pronta liberacin. Pero tambin lo es que paralelamente envi en secreto un propio a plantear alternativas. Es claro que no se trata igual a un general que a unos soldados.

Ya lo habamos constatado con los policas y militares que permanecieron largos aos en condicin de prisioneros de guerra a la espera de un canje por los nuestros. La opcin entonces fue difamar de nuestras propuestas y acciones, sin reparar para nada en el drama de los detenidos, condenados a un prolongado cautiverio. Habra sido muy distinto con un dilogo al respecto.

En realidad todo en Colombia hubiera sido muy distinto si la oligarqua liberal conservadora dominante hubiera aceptado dialogar en busca de soluciones pacficas y democrticas a los diversos problemas generados en la Colombia rural. Para la historia quedaron las mltiples peticiones elevadas en ese sentido por los campesinos de la colonia agrcola de Marquetalia.

Todava seguimos destinados a suministrar recursos energticos, mineros y de biodiversidad a los grandes centros de la economa mundial, a la vez que a ser receptores de las mercancas producidas en ellos, hasta el extremo de que los alimentos locales y la economa campesina que los produjo en el pasado, se hallan condenados a desaparecer en beneficio de la importacin.

Intereses ajenos a nuestra realidad, como la guerra fra, impusieron la doctrina de seguridad nacional a las fuerzas armadas colombianas, con sus correspondientes secuelas de violaciones a los derechos humanos y el alzamiento armado, situacin que se agrav an ms con la imposicin de las llamadas guerras contra las drogas y el terrorismo, que no eran ni de cerca nuestras.

Es hecho comprobado que la nocin de narco guerrillas ideada por el embajador norteamericano Lewis Tambs en 1984, cuando vincul sin el menor respaldo probatorio a las FARC con el famoso complejo cocainero de Tranquilandia, no tena otro propsito que disimular la alianza entre el Pentgono, la CIA y las mafias colombianas para dotar de armas a la contra de Nicaragua.

Pero aunque el propio Congreso estadounidense descubri y public la trama que vinculaba al gobierno de Ronald Reagan y a Lewis Tambs con los carteles de Medelln y Cali, en un sucio negociado que enriqueci al extremo a personajes como Gonzalo Rodrguez Gacha y Pablo Escobar, fuimos las FARC quienes terminamos cargando el famoso sambenito.

Triste papel le ha correspondido desempear a las fuerzas armadas colombianas, convertidas en un simple apndice de Norteamrica, en fenmenos criminales como la desaparicin forzada, las ejecuciones extrajudiciales, el paramilitarismo, el desplazamiento y el destierro de centenares de miles de compatriotas, slo para servir a intereses geopolticos de los Estados Unidos.

Las FARC-EP estamos empeadas desde siempre en la reconstruccin y reconciliacin nacional, sobre bases de soberana, independencia, desarrollo econmico y justicia social. Fuimos obligados a hacer la guerra, por lo que estamos dispuestos a dejarla si realmente se garantiza en nuestro pas el debate libre y abierto de ideas, sin odios ni persecuciones. Si se abre la democracia real.

Creemos, general Alzate, que alguna voz cuerda debe brotar del seno de las fuerzas armadas, tras medio siglo de fallidas operaciones para exterminar la oposicin poltica. Las viejas concepciones de la guerra total deben ceder ante otras nociones de seguridad que enfaticen en los verdaderos intereses nacionales, los de las grandes mayoras, no los de unas lites adineradas y egostas.

Nuestro comandante Manuel Marulanda Vlez siempre mostr inters por dialogar con los mandos militares sobre el tema de la paz, lo cual nunca se ha permitido bajo la excusa de que las fuerzas armadas no son deliberantes. Ustedes saben tan bien como nosotros que no es as. Su voz pesa y define muchas cosas. Es mucho lo que podramos hablar sobre eso.

(*) Timolen Jimnez es Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP

Montaas de Colombia, 30 de noviembre de 2014.

Fuente: http://www.pazfarc-ep.org/index.php/blogs/2309-senor-brigadier-general-ruben-dario-alzate


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