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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-12-2014

El imperio y la legitimacin de la tortura

Atilio Born
Rebelin


La publicacin del Informe del Comit de Inteligencia del Senado de Estados Unidos dado a conocer das pasados describe con minuciosidad las diferentes tcnicas de interrogacin utilizada por la CIA para extraer informacin relevante en la lucha contra el terrorismo. Lo que se hizo pblico es apenas un resumen, de unas 500 pginas, de un estudio que contiene unas 6.700 y cuya primera y rpida lectura produce una sensacin de horror, indignacin y repugnancia como pocas veces experiment quien escribe estas lneas.[1] Los adjetivos para calificar ese lgubre inventario de horrores y atrocidades no alcanzan a transmitir la patolgica inhumanidad de lo que all se cuenta, slo comparables a las violaciones a los derechos humanos perpetradas en la Argentina por la dictadura cvico-militar, o las que en el marco del Plan Cndor se consumaron en contra de miles de latinoamericanos en los aos de plomo.

El Informe es susceptible de mltiples lecturas, que seguramente animarn un significativo debate. Para comenzar digamos que su sola publicacin produce un dao irreparable a la pretensin estadounidense de erigirse como campen de los derechos humanos, siendo que una agencia del gobierno, con lnea directa a la Presidencia, perpetr estas atrocidades a lo largo de varios aos con el aval caso de George W. Bush- o la displicente indiferencia de su sucesor en la Casa Blanca. Obviamente, si ya antes Estados Unidos careca de autoridad moral para juzgar a terceros pases por presuntas violaciones a los derechos humanos, despus de la publicacin de este Informe lo que debera hacer Barack Obama es pedir perdn a la comunidad internacional (cosa que desde luego no har, o no lo dejarn hacer, como lo demostr el escndalo de los espionajes), interrumpir definitivamente la publicacin de los informes anuales sobre la situacin de los derechos humanos y del combate al terrorismo en donde se califica el comportamiento de todos los pases del mundo (excepto Estados Unidos, juez infalible que no puede ser enjuiciado) y asegurarse que prcticas tipificadas como torturas por el Informe senatorial no slo no volvern a ser utilizadas por la CIA o las fuerzas regulares del Pentgono sino tampoco por el nmero creciente de mercenarios enrolados para defender los intereses del imperio, lo que tampoco tiene demasiadas probabilidades de ocurrir. Precisamente, la idea de nutrir cada vez ms a las fuerzas del Pentgono con mercenarios reclutados por sus aliados en el Golfo Prsico (Arabia Saudita, Emiratos, Qatar, etctera) o por compaas especializadas, como Academi (la tenebrosa ex Blackwater) es liberar al gobierno de los Estados Unidos de cualquier responsabilidad por violaciones a los derechos humanos que pudieran cometer estos contratistas, como eufemsticamente se los denomina.

Al tercerizar de este modo sus operaciones militares en el exterior la aplicacin de torturas en contra de presuntos, o verdaderos, terroristas se realiza al margen de las estipulaciones de la Convencin de Ginebra que establece que los prisioneros de guerra deben tener garantas jurdicas de defensa y ser tratados de modo humanitario. Los mercenarios o contratistas, por el contrario, son bandas contratadas por Washington para operaciones especiales, actuando al margen de toda ley. No tienen prisioneros sino detenidos, a los cuales pueden mantener bajo su custodia todo el tiempo que consideren necesario, negndoseles el derecho a la defensa y quedando a merced de los maltratos o las torturas que sus captores decidan aplicarles, gozando para ello de total impunidad.

En segundo lugar, el Informe obvia considerar que la tortura fue legalizada por el Presidente George W. Bush. Tal como lo hemos sealado en un estudio publicado en 2009 la tortura como una prctica habitual vena siendo utilizada desde mucho tiempo atrs por la CIA y otras agencias del gobierno federal. En dicho texto decamos que a partir de los atentados del 11 de Septiembre y la nueva doctrina estratgica establecida por el presidente George W. Bush al ao siguiente (guerra contra el terrorismo, guerra infinita, etctera) las torturas a prisioneros, sean stos supuestos combatientes enemigos o simple sospechosos, se tornaron prcticas habituales en los interrogatorios, as como tambin los tratos inhumanos o degradantes infligidos a las personas bajo custodia de las tropas estadounidenses. A fin de evitar las consecuencias legales que se desprenden de esta situacin Washington adopt como una de sus polticas el traslado de sus prisioneros a crceles situadas en pases donde la tortura es legal o en los cuales las autoridades no tienen inters alguno en impedirla, sobre todo si se trata de favorecer los planes estadounidenses; o enviarlos a Afganistn, Irak o la propia base norteamericana de Guantnamo, donde se puede interrogar brutalmente a cualquier prisionero sin ningn tipo de monitoreo judicial y sin la presencia de molestos observadores como, por ejemplo, la Cruz Roja Internacional.[2]

Para estupor de propios y ajenos, an despus de haberse dado a conocer el Informe del Senado el vocero de la Casa Blanca apel a ridculos eufemismos cuando transmiti el repudio del presidente Obama por sus revelaciones: conden los duros y atroces interrogatorios practicados por la CIA, obviando utilizar el trmino correcto para definir lo que segn la Convencin Contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanas o Degradantes es simple y llanamente eso: tortura. En su artculo primero la Convencin establece que Se entender por el trmino tortura todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean fsicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero informacin o una confesin; de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido; o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razn basada en cualquier tipo de discriminacin, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario pblico u otra persona en el ejercicio de funciones pblicas, a instigacin suya, o con su consentimiento o aquiescencia. No se considerarn torturas los dolores o sufrimiento que sean consecuencia nicamente de sanciones legtimas, o que sean inherentes o incidentales a estas. [3]

De acuerdo a esta definicin es imposible sostener que prcticas tales como la rehidratacin rectal, la hipotermia, la alimentacin rectal, colgar a una vctima de una barra, amenazar con violar a su esposa o hijas, la prohibicin de dormir o el submarino (waterboarding, como se la llama en ingls) aplicadas cruelmente por horas y das para interrogar sospechosos de terrorismo no constituyen flagrantes casos de tortura.[4]

No obstante ello, en Marzo de 2008 el presidente Bush vet una ley del Congreso que prohiba la aplicacin del submarino a presuntos terroristas, dando cumplimiento a un anuncio previo en el cual adverta que vetara cualquier pieza legislativa que impusiera limitaciones al uso de la tortura como mtodo vlido y legal de interrogacin. En respuesta a sus crticos la Casa Blanca dijo que sera absurdo obligar a la CIA a respetar los preceptos establecidos por la legislacin internacional porque sus agentes no se enfrentaban a combatientes legales, fuerzas regulares de un estado operando de conformidad con los principios tradicionales sino a terroristas que actan con total desprecio por cualquier norma tica. De este modo Bush y su pandilla intentaron justificar la violacin permanente de los derechos humanos bajo el pretexto del combate al terrorismo. No slo eso: su Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, autoriz explcitamente en Diciembre del 2002 la utilizacin de por lo menos nueve tcnicas de interrogacin que slo en virtud de un perverso eufemismo pueden dejar de ser calificadas como torturas. Lo interesante del caso es que Estados Unidos adhiri a la citada Convencin (que cuenta con 145 estados partes) en el ao 1994 pero se cuid muy bien de ratificar el Protocolo que le otorga facultades de control al Comit de la Tortura de las Naciones Unidas. En otras palabras, la simple adhesin a la Convencin fue una movida demaggica, carente de consecuencias prcticas en la lucha contra la tortura.

El horror que despierta el Informe no debera llevarnos a pensar que all se encuentra toda la verdad. Si bien destruye el argumento central de la CIA en el sentido de que esas duras tcticas de interrogacin eran necesarias para prevenir nuevos ataques terroristas contra Estados Unidos, lo cierto es que la estimacin de los nmeros de los detenidos y torturados se ubica muy por debajo de lo que permiten inferir otras fuentes documentales. En el Informe, por ejemplo, se dice que la CIA mantuvo detenidas a 119 personas, 26 de los cuales aprehendidas ilegalmente. Sin embargo, es sabido que para perpetrar estas violaciones a los derechos humanos Estados Unidos habilit numerosas crceles secretas en Polonia, Lituania, Rumania, Afganistn y Tailandia; y cont con la colaboracin de pases como Egipto, Siria, Libia, Paquistn, Jordania, Marruecos, Gambia, Somala, Uzbekistn, Etiopa y Djibouti para realizar sus interrogatorios, a la vez que algunas ejemplares democracias europeas, como Austria, Alemania, Blgica, Chipre, Croacia, Dinamarca, Espaa, Finlandia, Irlanda, Italia, Lituania, Polonia, Portugal, Reino Unido, Repblica Checa, Rumania y Suecia, amn de otros pases extraeuropeos, colaboraron en facilitar la entrega y traslado de prisioneros a sabiendas de lo que les aguardaba a esas personas.[5] El nmero de vctimas supera con creces las 119 del Informe. Tngase presente que segn Human Rights First, una organizacin no gubernamental estadounidense, el nmero total de detenidos que pasaron por la crcel de Guantnamo desde su inauguracin fue de 779 personas.[6] Por otra parte, un informe especial de Naciones Unidas asegura que slo en Afganistn la CIA detuvo a 700 personas y a 18.000 en Irak, todos bajo la acusacin de terroristas.[7] Ni hablemos de lo ocurrido en el campo de detencin de Abu Ghraib, tema que hemos examinado en detalle en nuestro libro.[8]

Para finalizar, tres conclusiones. Primero, el Informe pone el acento en la inefectividad de las torturas soslayando imprescindibles consideraciones de carcter tico o poltico. De las veinte conclusiones que se presentan en las primeras pginas del Informe slo una, la vigsima, expresa alguna preocupacin marginal por el tema al lamentarse que las torturas aplicadas por la CIA daaron la imagen de los Estados Unidos en el mundo a la vez que ocasionaron significativos costos monetarios y no- monetarios. [9] No existe ninguna reflexin sobre lo que significa para un pas que presume orgullosamente de ser una democracia -o la ms importante democracia del mundo, segn algunos de sus ms entusiastas publicistas- adems del lder del mundo libre incurrir en prcticas monstruosas que slo pueden calificarse como propias del terrorismo de estado al estilo del que conociramos en Amrica Latina y el Caribe en el pasado. La tortura no slo degrada y destruye la humanidad de quien la sufre; tambin degrada y destruye al rgimen poltico que ordena ejecutarla, la justifica o la consiente. Por eso es que este nuevo episodio demuestra, por ensima vez, el carcter farsesco de la democracia norteamericana. De ah que la expresin que mejor conviene para retratar su verdadera naturaleza es el de rgimen plutocrtico. Rgimen, porque quien manda es un poder de facto, el complejo militar-financiero-industrial que nadie ha elegido y a quien nadie rinde cuentas; y plutocrtico, porque el contenido material del rgimen es la colusin de gigantescos intereses corporativos que son, como lo anotara Jeffrey Sachs das atrs, quienes invierten centenares de miles de millones de dlares para financiar las campaas y las carreras de los polticos y los lobbies que cabildean en favor de sus intereses y que luego obtienen como compensacin a sus esfuerzos beneficios econmicos de todo tipo que se miden en billones de dlares. Todo esto, adems, justificado por una decisin de la Corte Suprema de Estados Unidos que legaliz los donativos ilimitados que, en su enorme mayora, pueden beneficiarse del anonimato.[10]

Segundo, el Informe se abstiene de recomendar la persecucin legal de los responsables de las monstruosidades perpetradas por la CIA. Ante una descripcin que parece inspirada en las ms horribles escenas del Infierno de Dante, los autores se abstienen de recomendar al Premio Nobel de la Paz que la justicia tome cartas en el asunto. Pero el pacto de impunidad est consagrado, y ante la inaccin de la Casa Blanca los torturadores y sus numerosos cmplices, dentro y fuera de la Administracin Bush, han salido a apoyar abiertamente las torturas y acusar a los redactores del Informe de parcialidad ideolgica, todo esto en medio de una desaforada exaltacin del chauvinismo estadounidense y de una cuidadosa ocultacin de las mentiras utilizadas por Bush y su pandilla, desde las referidas a qu fue lo que realmente ocurri el 11-S, en donde hay ms incgnitas que certezas, hasta la acusacin a Irak de poseer armas de destruccin masiva. Dado que Obama ha dado a entender que no enjuiciar a los responsables materiales e intelectuales de estos crmenes la conclusin es que no slo se legaliza la tortura sino que tambin se la legitima, se la aprueba, tal vez como un mal necesario pero se la justifica. Ante ello sera bueno que algn tribunal del extranjero, actuando bajo el principio de la jurisdiccin universal en materia de delitos de lesa humanidad, trate de hacer justicia all donde el rgimen norteamericano apaa la impunidad de los criminales y consagra la perversin y la maldad como una virtud.

Tercero y ltimo: la deplorable complicidad de la prensa. Todos saban que la CIA y otras fuerzas especiales del Pentgono tienen incorporada la tortura de prisioneros como un SOP (standard operating procedures, un procedimiento estandardizado de operacin en la jerga militar de los servicios norteamericanos), como se ha dicho ms arriba. Pero los grandes medios -no tan slo los pasquines rabiosamente derechistas de la cadena de Rupert Murdoch y muchos otros de su tipo, dentro y fuera de Estados Unidos- conspiraron voluntariamente o no, es irrelevante, para no llamar a la cosa por su nombre y utilizar en cambio toda clase de eufemismos que permitieran edulcorar la noticia y mantener engaada a la poblacin norteamericana. Para el Washington Post, el New York Times y la Agencia Reuters eran mtodos de interrogacin brutales, duros o atroces, pero no torturas; para la cadena televisiva CBS eran tcnicas extremas de interrogacin y para Candy Crowley, la jefa de la corresponsala poltica de la CNN en Washington, eran torturas, pero segn quien las describa. Para el canal de noticias MSNBC (fusin de Microsoft con la NBC) eran, segn Mika Brzezinski, hija del estratego imperial Zbigniew Brzezinski y, por lo visto, fiel discpula de las enseanzas de su padre, tcticas de interrogacin utilizadas por la CIA. Esta es la gente que luego es sealada por los polticos y los intelectuales de la derecha para darnos lecciones de democracia y de libertad de prensa en Amrica Latina y el Caribe. Sera bueno tomar nota de su complicidad con estos crmenes y de su absoluta carencia de virtudes morales como para dar lecciones a nadie.

Notas:

[1] El Informe puede consultarse en la siguiente direccin: https://es.scribd.com/doc/249652086/Senate-Torture-Report

[2] Cf. Atilio A. Boron y Andrea Vlahusic, El Lado Oscuro del Imperio. La Violacin de los Derechos Humanos por Estados Unidos (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2009), pp. 43-44.

[3] Ibid., p. 44.

[4] Sobre el tema de la tortura el libro de Roberto Montoya, La impunidad imperial. Como Estados Unidos legaliz la tortura y blind ante la justicia a sus militares, agentes y mercenarios (Madrid: La esfera de los libros, 2005) es una fuente absolutamente imprescindible por la meticulosidad de su investigacin y la slida fundamentacin de los casos examinados. Particularmente instructivo es su anlisis de las 35 tcnicas de interrogacin, las cuales, como dicen los miembros de una Comisin ad-hoc convocada por el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, podran tener como resultado que personal estadounidense involucrado en el uso de esas tcnicas pudieran ser objeto de persecucin por violacin de los derechos humanos en otros pases o que pudiera ser entregado a foros internacionales, como la Corte Penal Internacional. Esto tendra un impacto en futuras operaciones o viajes al exterior de ese personal. Cf. Montoya, op. cit, pp. 130-134. Datos ms especficos sobre las tcnicas de interrogacin se encuentran en http://globalsecurity.org/intell/library/policy/army/fm/fm34-52

[5] Qu pases colaboraron con el programa de torturas de la CIA, informe elaborado sobre la base de documentacin aportada por la American Civil Liberties Union y la Open Society Justice Initiative, y publicado por La Nacin (Buenos Aires) el 10 de Diciembre del 2014. Ver http://www.lanacion.com.ar/1751052-que-paises-colaboraron-con-el-programa-de-torturas-de-la-cia

[6] http://www.humanrightsfirst.org/sites/default/files/gtmo-by-the-numbers-2014-11-24.pdf

[7] Cf. Preliminary Findings on Visit to United States by Special Rapporteur on Human Rights and Counter-terrorism, May 29, 2007, en El Lado Oscuro, op. cit., pp. 55-56.

[8] El lado oscuro, op. cit., pp. 47-48

[9] Informe, op. cit., pg.16.

[10] Understanding and overcoming Americas plutocracy, Huffington Post, 6 Noviembre 2014. http://www.huffingtonpost.com/jeffrey-sachs/understanding-and-overcom_b_6113618.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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