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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-12-2014

La controversia de Valladolid

Miguel Casado
El Norte de Castilla (La sombra del ciprs)


La leyenda negra es la historia de Espaa, exclama Max Estrella en un momento clave de Luces de bohemia: acaba de encontrar en una calle las huellas de una carga conjunta de la polica y las milicias patronales (paramilitares, se llamaran ahora) contra una manifestacin obrera; ha habido muertos y an deambula por all, trastornada de dolor, una mujer con el cadver de su nio en brazos. En las pginas siguientes, Max formula su teora del esperpento, y poco despus muere; segn esta sucesin, objetivada en su personaje, la esttica innovadora de Valle-Incln surge de entrada como juicio poltico, respuesta a la situacin social que vive el pas, aos de la Dictadura de Primo de Rivera.

En la frase de Max Estrella hay dos pasos: primero, la leyenda no es leyenda, sino que da cuenta de la realidad; segundo, la historia y el presente confluyen, se identifican. La historia se hace crnica del presente si se la libera de sus mitos y sus coartadas. Record la escena pensando en Bartolom de las Casas, ese personaje extraordinario de nuestra historia; no en vano su Brevsima relacin de la destruccin de las Indias, que dej estremecida a Europa, se ha considerado con frecuencia el origen de la leyenda negra, es decir, de la imputacin de genocidio a la conquista espaola de Amrica. He vuelto a ver La controversia de Valladolid, la pelcula que, con texto de Jean-Claude Carrire, evoca aquel conflicto y, aunque Las Casas y Seplveda debatan en francs, aunque dos conventos franceses sustituyan al vallisoletano Colegio de San Gregorio, sus imgenes y su discurso guardan mucha fuerza y producen vrtigo esa sensacin irreal en que a veces consiste el tiempo de la historia: as, la discusin sobre el alma de los indios, hoy que el Papa catlico es argentino y ese continente aporta el mayor nmero de sus fieles. Y, siempre, las mismas preguntas: son Seplveda y Las Casas mi tradicin?, o solo lo que elija como tal, aquello en lo que me reconozca y pueda crecer?, solo, entonces, Las Casas? Y, en aquella calle por la que yo pasaba cada da, de adolescente, para ir al instituto, qu huella queda?

Como se sabe, La controversia de Valladolid es un telefilm, rodado en 1992 por Jean-Daniel Verhaeghe, que relata la polmica mantenida por Las Casas y Gins de Seplveda ante un legado pontificio, sobre si los indgenas del nuevo mundo eran seres humanos y cmo se les deba en consecuencia tratar; varios montajes teatrales (Rayuela, La Abada, compaas latinoamericanas) prolongaron su onda expansiva. No fueron como ah se narran los hechos histricos: por un lado, la corona de Castilla haba ido dictando diversas y contradictorias Leyes de Indias; por otro, el papa Paulo III decret en 1537 que los indios tenan alma. Por tanto, la Junta de Valladolid (celebrada en el verano de 1550 y la primavera de 1551, sin que los dos portavoces llegaran nunca a encontrarse en persona) se propona sobre todo establecer una base teolgica que rigiera la colonizacin, el grado de libertad o imposicin de la fe, el estatuto jurdico de encomenderos e indios, etc, y en realidad no lleg a emitir un juicio. Sin embargo, la mirada de Carrire logra, con sus elementos de ficcin, una potente sntesis de las dos posiciones: el germen de una justificacin intelectual para el colonialismo europeo que an colea, contra el germen de una teora de los derechos humanos y la igualdad de todos los pueblos, hoy el discurso formalmente aceptado (ms all de gritos de mono a los futbolistas negros en los estadios, o del eco en el llamado Estado islmico de ideas como las de Seplveda: los idlatras mueren como chinches porque Dios deseaba eliminarlos).

La pelcula pone en juego la pasin vehemente de Las Casas, que halla en la indignacin un motor del pensamiento, la frialdad lgica que va atornillando argumentos sin asumir las realidades que ocultan de Seplveda (atormentado solo en la reconcentrada, turbia, expresin de Trintignant, el actor, nunca en su implacable discurso), y el pragmatismo como de serpiente del cardenal, quien parece tan capaz de pronunciar su sentencia en favor de los indios como lo sera de dictar otra cualquiera. Y los momentos memorables: el relato de las brutalidades entre el abucheo de los clrigos asistentes, dos encomenderos espiando desde la claraboya, los indios trados como cobayas que tiritan semidesnudos en la humedad abacial, la repulsiva accin de los bufones convertidos en portavoces de una doble moral, la ira de Las Casas tirando los papeles de Seplveda al suelo sin poder ya contenerse, el fondo del canto gregoriano elevndose bellsimo al cierre de las sesiones, el suelo de ajedrez, la penumbra en las celdas nocturnas

De lo mucho escrito sobre estos episodios, recuerdo ahora el trabajo de Francisco Fernndez Buey, en La gran perturbacin y en otros textos, l mismo filsofo-activista, como dice del dominico. Su reconocida admiracin por Las Casas y el empeo en reivindicarlo, no merman en nada el poder de su anlisis, que lleva a cuestionar los relatos habituales sobre la gnesis de la modernidad. Mientras Seplveda sera el tpico humanista del Renacimiento, escritor en latn y experto en Aristteles, Las Casas bucea en el viejo universalismo medieval y en una inspiracin cristiana originaria para esbozar la propuesta de otro tipo de humanismo; el discurso del primero, pronto aliado con el pragmatismo protestante, desembocar en la modernidad capitalista, el reductor racionalismo instrumental; el segundo, en las utopas de la libertad y la igualdad, en un pensamiento crtico que busca cada vez su mtodo para conocer el mundo y quiz la Ilustracin, con sus insalvables contradicciones, fue un fugaz espacio de encuentro de las dos vas, para volver luego a separarse. No s si Fernndez Buey compartira este resumen, pero s que le habra gustado conocer, por ejemplo, si no lo conoci, el trabajo del ecuatoriano-mexicano Bolvar Echeverra sobre el Barroco, donde se abre otra puerta semejante para pensar formas alternativas de modernidad.

Carrire hace que el cardenal sugiera a los colonos preocupados por su ruina (si tenemos que pagarles y tratarlos como cristianos, costar mucho dinero) la va de la esclavitud de los africanos, que ellos s estaran mucho ms cerca de los animales. Y lo no dicho parpadea un momento sobre la hermosa capilla: ms all de toda misin religiosa, la conquista ofrece una forma incomparable, privilegiada y en extremo veloz, de acumulacin de capital.



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