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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-12-2014

Ayotzinapa en la memoria colectiva
Un recuerdo que insiste y resiste

David Pavn-Cullar
Rebelin


Versin oficial: narcos locales y policas municipales

Recordemos. Era la noche del viernes 26 de septiembre en la ciudad de Iguala, al norte del estado de Guerrero. Policas atacaron a estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa. Mataron a tres normalistas, a la pasajera de un taxi que pasaba por el lugar, a un conductor de autobs y a un joven de 15 aos de edad, integrante del equipo de ftbol de tercera divisin Los Avispones. Hubo un total de seis muertos y 22 heridos. Adems los policas detuvieron y desaparecieron a 43 estudiantes normalistas.

La versin oficial es que todo fue decidido y perpetrado por narcotraficantes locales y autoridades o policas de los municipios vecinos de Iguala y Cocula. Segn esta versin de los hechos, los policas municipales de Iguala detuvieron a los estudiantes y luego se los entregaron a policas municipales de Cocula. stos, a su vez, tomaron a los estudiantes y se los pasaron a miembros de un crtel de narcotraficantes, quienes habran asesinado y quemado a los 43 jvenes en una hoguera extraordinaria que desintegr incluso los huesos de los cadveres, pero que no quem las hojas de los rboles ms prximos, no fue vista ni olida por ninguno de los lugareos y se mantuvo encendida varias horas bajo la lluvia.

La versin oficial contradice mltiples evidencias y ha sido suficientemente refutada por testigos presenciales, expertos con autoridad y periodistas dignos de confianza. La gran hoguera no puede ser ms que un producto de la imaginacin macabra de nuestros gobernantes. Ni siquiera tenemos la certeza de que los narcotraficantes participaran de algn modo en los hechos. Sus confesiones, nico fundamento real de la versin oficial, fueron obtenidas bajo torturas brutales que se han hecho constar en sus declaraciones.

Crimen de Estado: policas federales y poderes econmicos

Al menos sabemos con certeza que unos estudiantes fueron asesinados por los policas y que otros desaparecieron despus de haber sido arrestados tambin por los policas. Ahora, gracias a las informaciones que se han difundido en los ltimos das, hemos confirmado adems lo que ya sospechbamos desde un principio: que los policas fueron federales y no slo municipales. Por lo tanto, la ms alta responsabilidad por la matanza y desaparicin de los normalistas recae en el Presidente de Mxico, Enrique Pea Nieto, del tradicionalmente sanguinario Partido de la Revolucin Institucional (PRI), y no en el presidente municipal de Iguala, Jos Luis Abarca, del cada vez ms degradado Partido de la Revolucin Democrtica (PRD).

Todo lo que se ha ido revelando poco a poco nos permite resignificar lo ocurrido en la noche del 26 de septiembre. Ahora podemos afirmar, sin temor a simplificar lo ocurrido, que el gobierno mexicano atac a estudiantes que se caracterizaban precisamente por sus acciones de protesta contra el gobierno mexicano. Evidentemente el ente gubernamental no flota en un espacio vaco y etreo, sino que est sostenido por el sistema capitalista neoliberal y por slidos poderes econmicos en los que resulta difcil distinguir el narcotrfico de la minera, la industria, el turismo y ciertos medios masivos de comunicacin.

Al da siguiente de los ataques, el sbado 27 de septiembre, el Diario de Guerrero se refiri a lo sucedido en una portada que desgraciadamente se ha echado en el olvido. El autor de la nota fue Abel Miranda Ayala, incondicional del gobierno y enemigo virulento de los normalistas. El ttulo de su primera plana: Por fin se pone orden. El subttulo resaltado: La accin de la Fuerza Estatal y de los Militares para evitar que vndalos de Ayotzinapa robaran autobuses fue motivo de pblico aplauso. Con su tono torpe, conservador y provinciano, el peridico ya confesaba, el mismo 27 de septiembre, que no era un asunto ni municipal ni tampoco directamente relacionado con el narcotrfico. Hay gente que ya saba de lo que se trataba desde un principio. Los dems lo sospechbamos. Ahora todas y todos tendramos que saberlo con certeza.

El mismo da en que polticos y comerciantes guerrerenses lean el Diario de Guerrero y aplaudan pblicamente la represin gubernamental, apareci el cadver de uno de los estudiantes normalistas, Julio Csar Mondragn, alias El Chilango, de 22 aos de edad. Su cuerpo mostraba rastros de tortura. Tena el rostro desollado. Luego se difundi la informacin de que se le haba arrancado la piel cuando an estaba con vida. Fue as como el gobierno mexicano habra conseguido poner orden.

Contrastes: corrupcin del gobierno y movilizacin de la sociedad

Como sabemos, tras unos das en los que rein el desconcierto, la matanza y desaparicin de estudiantes desencaden una inmensa movilizacin colectiva en Mxico y en otros pases. Centenares de miles de personas salieron a las calles a exigir la aparicin de los estudiantes y a protestar contra el gobierno mexicano. Entre los meses de octubre y noviembre, hubo marchas cada vez ms numerosas, as como paros de universidades, asambleas estudiantiles, mtines en plazas pblicas, protestas frente a embajadas mexicanas, bloqueos de carreteras y aeropuertos, destruccin de vehculos y edificios pblicos, lanzamiento de bombas molotov, proliferacin de pintas y mantas y consignas, escenificaciones callejeras de la matanza y otras manifestaciones artsticas de protesta.

En el mes de noviembre, mientras la movilizacin arreciaba en lugar de apagarse, vimos difundirse informaciones en torno al papel protagnico de Pea Nieto en una escabrosa historia de favoritismo, cohecho y trfico de influencias. Esta historia vino a confirmar, por si quedaba alguna duda, que el crimen organizado estaba gobernando el pas. Corroboramos que estbamos gobernados por ladrones y no slo por asesinos. Las multitudes exigieron la renuncia de Pea Nieto con una fuerza cada vez mayor. Mientras tanto, el seor presidente se fue a viajar al Extremo Oriente con su esposa, el maquillista de su esposa y otros miembros de su gabinete.

Hay que poner de relieve que Pea Nieto fue a China y Australia antes de ir a Guerrero, el estado en el que tuvo lugar la matanza y desaparicin de estudiantes de Ayotzinapa. Estos hechos no merecieron que el presidente se desplazara un par de horas a Guerrero, al menos para simular que se preocupaba y que no estaba involucrado en lo sucedido. En cambio, por asuntos econmicos al otro extremo del mundo, Pea Nieto viaj 15 mil kilmetros. Considerando que Iguala se encuentra slo a 200 kilmetros de la Residencia Presidencial de Los Pinos, podemos decir que los negocios asiticos fueron al menos 75 veces ms importantes que la matanza mexicana. Menciono estos nmeros porque s que el pensamiento de nuestros gobernantes, como el de todos los hombres de negocios, tiene un carcter marcadamente cuantitativo.

Correlaciones: aburrimiento del procurador e impaciencia del presidente

Hubo que esperar hasta el 5 de diciembre, unos setenta das despus de los hechos en Iguala, para que al presidente se le ocurriera visitar Guerrero, aunque no Iguala ni Ayotzinapa, desde luego, sino la Perla del Pacfico, la bella ciudad costera de Acapulco. Ah al lado, en el puente de Coyuca de Bentez, Pea Nieto pronunci un discurso en el que pidi literalmente a los mexicanos ir hacia delante y realmente superar este momento de dolor. S, as es, y hay que recordarlo una y otra vez: el presidente nos ha exhortado a que ya lo superemos, que lo dejemos atrs, que sigamos adelante, que pasemos a otra cosa, que ya dejemos de insistir, que olvidemos.
El olvido promovido por el presidente provoc tanta irritacin como el cansancio confesado por su procurador Jess Murillo Karam, el cual, exactamente un mes antes, haba proferido el famoso ya me cans. Aparentemente no hay ninguna consonancia entre el cansancio del procurador y la impaciencia del presidente. Sin embargo, cuando consideramos que es el mismo gobierno el que se expresa por la boca de ambos, sus palabras se explican y se completan unas a otras. El ya suprenlo de Pea Nieto, en efecto, permite aclarar y profundizar el ya me cans de Murillo Karam.

Nuestro gobierno ya se cans de que no lo hayamos superado. Somos unos pesados que no dejamos de insistir y es perfectamente comprensible que nuestros gobernantes ya estn cansados, fastidiados, aburridos. El cansancio de Murillo Karam no describe sino el aburrimiento que tan claramente se pinta en su rostro. Y este aburrimiento, como pudimos comprobarlo en la urgencia por terminar su conferencia de prensa, no es ms una expresin de la misma impaciencia del ya suprenlo de Pea Nieto. El presidente nos pide, impaciente, que ya lo superemos tal como el procurador nos pide, tambin impaciente, que ya terminemos con esto y dejemos de hacer preguntas.
Podemos decir que Murillo Karam tambin solicit a los periodistas que ya lo superaran, as como Pea Nieto nos ha confesado que ya se cans de que no lo hayamos superado. El mensaje es el mismo. Se entiende y se disculpa que pensemos un rato en que se nos est matando, pero no hay que exagerar. Todo tiene un lmite.

Ahora debemos calmarnos y dejar de fastidiar a nuestros gobernantes como lo hicieron los normalistas. Ya sabemos por qu les pas lo que les pas, como lo reconoci recientemente una joven del Partido de la Revolucin Institucional (PRI). Los normalistas se lo buscaron. Lo importante, ahora, es que hayamos aprendido la leccin. Debamos reconocer quin tiene el poder. Las cosas son as. Hay que resignarse. Hay que olvidar.

Memoria colectiva: recordar juntos Ayotzinapa

El problema es precisamente que no dejamos de recordar. Pea Nieto dira que no superamos el recuerdo. Murillo Karam dira que no nos cansamos de recordar. Y es verdad. Cada marcha es una forma de recordar y de mostrar y mostrarnos que estamos recordando. La memoria es la que mantiene viva la movilizacin colectiva. Y as como la movilizacin es colectiva, la memoria tambin es colectiva. Recordamos juntos. Nos juntamos al recordar y porque recordamos, pero tambin recordamos al juntamos y porque nos juntamos. Si no hubiera colectividad, tampoco habra memoria. Nuestra memoria es colectiva y no individual. Es de todas y todos y no de cada una o cada uno.

Debo confesar que Ayotzinapa se me olvida todo el tiempo. Cuando estoy solo, puedo pasar un da entero sin pensar en lo que ocurri el 26 de septiembre. Slo as puedo concentrarme y trabajar. De hecho, para ser franco, debo decir tambin que hago todo lo posible para que Ayotzinapa se me olvide, ya que me distrae de mis obligaciones y me hace perder mucho tiempo. Slo me permito pensar en Ayotzinapa en ciertos momentos. He bloqueado las redes sociales y los sitios periodsticos en mi computadora personal. Y nadie me enoja tanto como quien me habla de Ayotzinapa en horas de trabajo.

Cuando recuerdo el tema de Ayotzinapa, es cuando me lo recuerdan. Los recordatorios son invariablemente las otras y los otros: mis estudiantes y mis colegas, los manifestantes y los vendedores de peridicos, los periodistas y quienes frecuentan las redes sociales. Es la sociedad la que mantiene vivo un recuerdo que se ira extinguiendo sin ella y sin su memoria. Desde luego que yo puedo bastarme para evocar Ayotzinapa sin auxilio de semejantes ni peridicos, pero mi recuerdo slo ser posible al recordar a las otras y a los otros con sus gestos y sus palabras. Todo lo que puedo recordar proviene de una colectividad que sigue haciendo recordar al no cansarse del recuerdo, al no superarlo, al no resignarse a olvidar.

Tendremos que ser todas y todos quienes olvidemos. Nuestro olvido tendr que ser colectivo porque nuestra memoria es tambin colectiva. Slo colectivamente podremos guardar Ayotzinapa en la memoria. Nuestra memoria ser colectiva o no ser.

Memoria y palabra: el recuerdo en la comunicacin

Nuestra memoria colectiva es un fenmeno bien conocido por los socilogos y los psiclogos sociales. El primer estudio elaborado y sistemtico sobre esta memoria colectiva fue el del socilogo francs Maurice Halbwachs, discpulo de Henri Bergson y de mile Durkheim, quienes tuvieron una gran influencia en su obra. Halbwachs muestra cmo la memoria no depende totalmente de las facultades mentales del individuo, sino tambin de un contexto social en el que se decide qu recordar y cmo recordarlo. Muchos recuerdos no seran ms que representaciones colectivas en el sentido durkheimiano del trmino. La colectividad recordara, sera la depositaria de nuestra memoria y nos hara cobrar conciencia de sus recuerdos. As, en el caso de Ayotzinapa, yo slo recordara lo recordado por la colectividad que guarda lo sucedido en la memoria y que no deja de evocarlo en lo que leo y escucho, pero tambin en lo que digo y escribo. Ahora mismo sera la colectividad, nuestra colectividad, la que estara dedicndose a recordarnos Ayotzinapa mediante mis palabras.

Es en la palabra pronunciada y escuchada en la que el recuerdo insiste y resiste. Su trinchera es lo que nos decimos, y es por esta razn, por sta y por muchas otras, que no debemos callar. Nuestro mutismo sera signo y causa del olvido. Sera la muerte y la sepultura de lo que nos queda todava de los normalistas.

Si queremos guardar Ayotzinapa en la memoria, no debemos dejar de hablar de Ayotzinapa. Nuestra palabra ser el nombre de nuestra memoria. Slo recordaremos lo que nos comuniquemos. La comunicacin mantendr viva nuestra memoria colectiva.

Los psiclogos sociales Derek Edwards y David Middleton, especialistas en el tema que nos ocupa, mostrarn claramente cmo la memoria colectiva no es una actividad interior del individuo, sino una actividad exterior de comunicacin. Comunicando, recordamos. El recuerdo no est dentro de nuestras mentes, sino ah afuera en lo que nos comunicamos, en las consignas que vamos coreando en las marchas, en las intervenciones de las asambleas, en las mantas y en las pintas.

El mundo que nos rodea, siempre saturado por las palabras, es el rgano con el que recordamos a los estudiantes de Ayotzinapa. Si no se han muerto ni han desaparecido por completo, es porque estn afuera en las calles, en sus retratos y en sus nombres, en los conteos del 1 al 43, en cada uno de nosotros cuando nos manifestamos contra el olvido. Somos ellos y nuestra presencia es tambin su presencia.

Memoria e identidad: todos somos Ayotzinapa

Los normalistas estn entre nosotros, no slo porque hacemos que estn an aqu al salir a la calle por causa de ellos, sino tambin porque ellos y nosotros somos los mismos y porque nos recordamos al recordarlos. Tenemos razn cuando afirmamos que Ayotzinapa somos todos. Es as como expresamos lo mismo que otros dos psiclogos sociales, Henri Tajfel y John Turner, concluyen al demostrar que nuestra memoria colectiva resulta indisociable de nuestra identidad colectiva. Somos colectivamente lo que recordamos colectivamente. Y es por eso que al recordar Ayotzinapa, somos Ayotzinapa. Somos los normalistas a los que recordamos.

Tan imbricada est la memoria con la identidad, que nos perderamos totalmente al olvidar todo lo que recordamos. Es bien sabido que el individuo completamente amnsico, el que pierde toda la memoria, pierde tambin toda su identidad. Lo mismo ocurre con las colectividades. Una vez que olvidan, se olvidan, y cuando se olvidan, se pierden, ya que slo existen en su memoria. Esto es algo que Maurice Halbwachs ya intua cuando comparaba la memoria colectiva con la historia de un pueblo. Mientras que la historia se caracteriza por sus discontinuidades, por sus etapas y rupturas, la memoria colectiva constituye, segn Halbwachs, una corriente de pensamiento continuo que retiene del pasado lo que an vive o es capaz de vivir en la conciencia del grupo que la sostiene. Y socilogo francs agrega: por definicin, la memoria colectiva no atraviesa los lmites de un grupo. Y concluye: cuando una etapa deja de interesar a la siguiente, no es el mismo grupo el que olvida una parte de su pasado, sino que son dos grupos que se suceden.

Seramos otros que los que somos si pudiramos olvidar Ayotzinapa. Superar su recuerdo, como parece recomendarlo Pea Nieto, sera perdernos a nosotros mismos. Cansarnos de Ayotzinapa, como lo hace Murillo Karam, sera cansarnos de lo que somos, aburrirnos de nuestra identidad, fastidiarnos de lo que todava subsiste de nosotros.

Al recordar a los normalistas de Ayotzinapa, no slo permitimos que sobrevivan a su destruccin, sino que tambin conseguimos nosotros mismos sobrevivir a todo lo que intenta destruirnos a travs de nuestro gobierno y de los poderes econmicos a los que representa. Nos dejaramos vencer y terminaramos desapareciendo al olvidar lo que an somos a travs de nuestra memoria colectiva. No debemos olvidar el 26 de septiembre de 2014 por lo mismo que tampoco debemos olvidar el 2 de octubre de 1968. Ambas matanzas de estudiantes forman parte de lo que somos.

Los normalistas, de hecho, estaban organizando la conmemoracin del 2 de octubre cuando se les mat y desapareci. Fueron hroes de la memoria y siempre honraron a sus muertos. Hay buenas razones para seguir su ejemplo. Si dejamos que los muertos entierren a sus muertos, nosotros mismos seremos los muertos que se estarn enterrando en el olvido.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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