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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-12-2014

Notas a la "Epopeya Cubana" de Claudio Katz

Guillermo Almeyra
Rebelin


Claudio Katz es autor de numerosos y excelentes libros y artculos sobre la economa mundial escritos con un slido enfoque marxista. Por eso mismo me considero obligado a formular algunas observaciones sobre su artculo La epopeya cubana que circul por las redes sociales e incluso fue elogiado por militantes revolucionarios, trabajo que, en cambio, considero un peligroso traspi histrico, poltico y terico - explicable pero no justificable- por el contagioso atilioboronismo que padece una parte de la izquierda y de los sectores acadmicos en Argentina.

A mi juicio, Katz identifica revolucin cubana y direccin castrista de la misma, revolucin, gobierno y Estado y, por ltimo, Estado y partido. Adems, al considerar a Cuba socialista y considerar socialistas a la Unin Sovitica stalinista y los pases controlados por el stalinismo confunde indirectamente el socialismo con la estatizacin de los medios de produccin y con el reforzamiento de un Estado centralizado burocrticamente, al estilo de la Unin Sovitica, cuando el socialismo como lo pensaba Marx sera una federacin de libres comunas asociadas y la autogestin social generalizada con plena democracia para los trabajadores libremente organizados. En el socialismo los consejos de obreros y campesinos construyen desde abajo un Estado democrtico de transicin que impida la creacin de aparatos burocrticos y vaya debilitndose y desapareciendo en un perodo prolongado cuya duracin depender de la eliminacin del poder burgus en cada vez ms regiones del mundo y tambin del aumento de la cultura y la capacidad de autoadministracin de los productores libres y de la superacin gradual de las desigualdades entre el trabajo manual y el intelectual, la creciente igualdad de gnero y la eliminacin de los valores burgueses (egosmo, hedonismo, autoritarismo y un largo etctera), sustituidos por la solidaridad y el internacionalismo.

Pero, en mrito a la brevedad, vamos a los que considero principales errores.

En primer lugar, la revolucin cubana no fue socialista sino una revolucin democrtica antiimperialista con vasto apoyo popular dirigida por jvenes revolucionarios antibatistianos.

Fidel Castro no era socialista ni marxista sino un dirigente radical del Partido Ortodoxo, influenciado por el guiterismo y, como dirigente estudiantil, haba combatido sin tregua contra el PSP (el partido Comunista cubano de entonces). Slo Ral Castro se haba formado en las filas del PSP. El Che Guevara apenas iniciaba en Mxico sus lecturas marxistas y crea an que Stalin y la URSS eran socialistas y un modelo a seguir. Camilo Cienfuegos era anarquista. Las reivindicaciones de los revolucionarios eran democrticas avanzadas y los obreros y campesinos que los siguieron lo hicieron exigiendo tierra, justicia, libertad y para poner fin al terror estatal y a la corrupcin. Estados Unidos, que quera desembarazarse del sargento Batista, crey por eso que podra utilizar a Fidel Castro (entrevista al NYT) y en la lucha antibatistiana estaban desde los seguidores del ex presidente Pro Socarrs hasta sectores estudiantiles cristianos democrticos pasando por diversos polticos liberales y jvenes militares democrticos. La Unin Sovitica y los partidos comunistas de todo el mundo, supuestamente socialistas, consideraban que el ataque al Moncada y despus las guerrillas en Sierra Maestra eran simplemente acciones de pequeos burgueses aventureros (PC argentino). Cuando en 1957 o sea dos aos antes de la entrada en La Habana creamos en Argentina un Comit de Apoyo a la Revolucin cubana con la Juventud Socialista y grupos estudiantiles (del cual yo era el Secretario General) el PC argentino no particip en l y Palabra Obrera, rgano del morenismo, entonces integrado ideolgicamente en el peronismo, atacaba a Fidel Castro como gorila y defenda a Batista y a Trujillo, amigos de Pern, frente a lo que crea una accin proimperialista mientras la IV Internacional trotskista, por su parte, ignoraba el proceso revolucionario en Cuba que le apareca como indefinido.

Fue la incorporacin masiva al M 26 y a la lucha de obreros y campesinos lo que radicaliz y comenz a seleccionar los dirigentes, llev a una ruptura del PSP cubano y a la incorporacin a la guerrilla de un sector comunista y, sobre todo, lo que estableci la relacin de fuerzas entre las clases que, despus del triunfo en enero de 1959, respald a los revolucionarios antiimperialistas radicales y mand a Miami a los dirigentes burgueses de la revolucin.

Fue el ataque del imperialismo lo que llev a Fidel Castro a responder estatizando las propiedades estadounidenses y, pocos aos despus, oblig a la URSS a reconocer con retardo una revolucin que no haba deseado ni ayudado a triunfar y que haba combatido.

Fue el ataque imperialista pero sobre todo el salto de conciencia de los trabajadores cubanos lo que profundiz la revolucin democrtica impulsndola hacia la construccin del socialismo, en Cuba y en el mundo, y llev a emigrar a los burgueses y sus seguidores. Despus, los partidos revolucionarios se unificaron y terminaron formando un nuevo Partido Comunista que en sus comienzos debi depurarse de los stalinistas que queran controlarlo con la ayuda de las embajadas de los pases socialistas (proceso contra Escalante y su microfraccin).

Este proceso antiimperialista democrtico radical sent las bases para la transformacin de la mayora del pueblo cubano, que nunca haba sido anteriormente socialista, en constructor de algunas de las bases del socialismo. Las masas de Amrica Latina se reconocieron entonces en esa revolucin y comenzaron tambin a reconocer la direccin de la misma, que durante un primer e importante perodo no confiaba en la URSS ni dependa de sta. Eso hizo en efecto que se produjera una radicalizacin y crisis en los partidos socialistas y comunistas, los cuales se fragmentaron y entraron en su declinacin final as como tambin una fuerte radicalizacin socialista en partes importantes de las juventudes, sobre todo urbanas que cambi toda la situacin en nuestro continente

Pero en Cuba, contrariamente a lo que cree Katz, no hubo ni hay un proceso socialista en el sentido de un proyecto inicial que avanza con altibajos. S existe, en cambio, la lucha -an en curso y an no resuelta- de una parte importante del gobierno revolucionario, del PC cubano y del pueblo de Cuba por construir las bases del socialismo, tarea que todos saben hoy que no se podr realizar sin apoyarse en un proceso revolucionario anticapitalista mundial.

Ese sector dominante del gobierno no construy tampoco desde el comienzo un esquema econmico-social no capitalista sino que hizo frente valientemente y empricamente- a las medidas del imperialismo (que buscaban y buscan desarrollar en Cuba, para asfixiar la revolucin, la escasez, la burocracia, el verticalismo en el mando, la militarizacin de una parte muy grande de la juventud). A pesar de la dependencia del mercado mundial capitalista, ese grupo trat de encontrar resquicios, apoyndose en la URSS y en COMECON, para edificar un capitalismo de Estado y para combatir la reconstruccin de una clase capitalista nacional ligada al imperialismo, combatiendo burocrticamente a la burocracia y la corrupcin que fomenta el bloqueo estadounidense y el mercado mundial capitalista, en el cual est insertada Cuba.

Una vez derrumbado sin lucha el rgimen burocrtico del socialismo real que imperaba en la URSS y en los pases dirigidos por el stalinismo Cuba resisti, a diferencia de los pases de Europa oriental donde la burocracia socialista se hizo inmediatamente burguesa, no porque era socialista sino porque el Estado- y el gobierno- contaban con el consenso que les daba sobre todo el sentimiento democrtico antimperialista, ese hilo rojo presente en toda la historia cubana.

Otra cosa: La URSS no tuvo, como dice Katz, dificultades para cortar los lazos con el mercado mundial sino que estaba integrada en ste de un modo particular y las ideas del mercado mundial formaban a la burocracia dirigente: por eso cay sin resistencia alguna, ni siquiera la de un PC burocratizado que tena 18 millones de miembros.

Adems ni las reformas de Liebermann en la URSS, ni la poltica de los dirigentes comunistas en Hungra, ni el funcionamiento de la economa yugoslava, con su autogestin falsa sometida a la direccin centralizada del Estado-Partido (en la que el Estado, de funcionamiento burgus, diriga un Partido burocrtico que tena valores burgueses pero no era burgus), pueden ser un modelo para Cuba, como lo demuestra, entre otras cosas, el estrepitoso fracaso de todas esas polticas.

Porque el problema principal no son las imposiciones del atraso y lo reducido de la poblacin cubana ni el bloqueo de aos: es la orientacin poltica de la direccin poltica y econmica central. sta siempre identific el Partido con el Estado y someti a aqul a las necesidades de ste, que se ve obligado a actuar en el mercado mundial capitalista y en las relaciones estatales intercapitalistas y reproduce las relaciones y los valores capitalistas en un proceso revolucionario que evoluciona en cambio segn los vaivenes del enfrentamiento mundial entre los explotados y los explotadores y las relaciones de fuerzas sociales cambiantes en escala mundial.

Adems, el intento voluntarista de lograr una zafra azucarera de 10 millones de toneladas desorden toda la economa y, como el trabajo voluntario, de muy baja productividad aunque de importancia poltico-moral, no fueron, como sostiene Katz, paliativos a una lnea verticalmente centralizada que sustitua con directivas del aparato estatal la libertad de organizacin y la autoorganizacin de los trabajadores. Por el contrario, convertidos ya desde los primeros aos de la revolucin los sindicatos en meras correas de transmisin del Partido nico el cual estaba orientado por las necesidades imperiosas de un Estado que sigue siendo burgus y combatida la autoorganizacin y la autogestin obreras, impuesta la aberracin del partido nico de modelo stalinista todo pas a depender de la comprensin y hasta de los caprichos de una direccin que sin duda era revolucionaria pero no era marxista y cuyo internacionalismo era un apoyo de Estado a Estado, no a procesos revolucionarios salvo en caso excepcionales (el apoyo a Argelia en la guerra con Marruecos, por ejemplo, o la accin de los mdicos cubanos en Africa Occidental contra el bola).

Claudio Katz hace tambin una caricatura de las posiciones fundamentales que se enfrentan hoy en Cuba. No son tres la continuista, la de los que aspiran a aspiran a convertirse en capitalistas, como sucedi con los burcratas stalinistas de los pases de Europa oriental y con los chinos, la dogmtico-ortodoxa a la que critica largamente con toda razn, y la que pedira inmediatamente una revolucin socialista mundial que supuestamente resolvera todo pero que, evidentemente, es imposible en las condiciones actuales.

Existe otra, minoritaria y difusa en la que desde hace decenios me inscribo y con la cual colabora, que propone una poltica revolucionaria y autogestionaria que no ignora la realidad de los problemas y de las imposiciones del mercado y hace crticas propositivas. La primera, esquematizando, se apoya en el poder, en el aparato del ejrcito, en la mayora del partido. La segunda anida, como en Venezuela, en la burocracia, entre los cnicos y desmoralizados y los tecncratas. La tercera es deleznable como fuerza. Pero la ltima, autogestionaria, que Claudio calla, no porque aunque pequea y no muy homognea, serpentea entre una parte importante de los intelectuales revolucionarios comunistas o anarquistas y est atenta a lo que se escribe sobre Cuba en el exterior.

Quin puede negar la necesidad de apoyarse en la entonces Unin Sovitica para reducir el costo del bloqueo estadounidense? Pero era necesario decir que Brezhnev era un gran marxista, apoyar la invasin a Checoeslovaquia en 1968 o considerar que los consejos obreros hngaros o la movilizacin de la clase obrera polaca en 1980 estaba instigada por la CIA? Quin podra oponerse a la intervencin revolucionaria en Africa? Pero era necesario apoyar al sangriento dictador Teodoro Obiang, de Guinea Ecuatorial, declarar gran marxista al somal Siad Barre, agente de Estados Unidos, sostener la dictadura etope de Haile Mariam, que oprima a los eritreos? La necesidad de romper el aislamiento en el campo diplomtico latinoamericano impona necesariamente reconocer el fraude en Mxico y reconocer antes que nadie a Salinas de Gortari en medio de la movilizacin popular que lo resista o apoyar como antiimperialista al dictador argentino Videla? La necesidad de recurrir al turismo debe por fuerza llevar a construir lujosos campos de golf o marinas exclusivas? No habra que preguntarse sobre los efectos polticos y morales de esa lnea en escala internacional y en la misma Cuba?

Es cierto que la democracia por s misma no aporta soluciones (aunque facilita la toma de decisiones justas) y que en Cuba no hubieron ni gulags, ni asesinatos, ni manicomios para los opositores pero fueron simples errores los campos de trabajo forzado para curar a los homosexuales, la prisin sin juicio durante aos a los trotskistas, militantes de la revolucin en Sierra Maestra por estudiar El Capital sin el permiso previo del partido o la aplicacin de la pena de muerte a unos marginales que haban secuestrado un ferry? Discutieron los trabajadores la poltica econmica, o los despidos de millones y las opciones posibles? No es acaso absolutamente necesario y conveniente discutir previamente con los interesados directos- los trabajadores- hasta dnde hacer concesiones, puesto que recurrir al turismo, por ejemplo, aunque muy peligroso, es inevitable, en el campo financiero, de la propiedad inmobiliaria, de las empresas mixtas, etc.?

Cuba vive una NEP, es decir, decir, la coexistencia entre las imposiciones del mercado mundial, del cual depende, y del mercado controlado a escala nacional, por una parte, y los lineamientos (no puede hablarse de plan) del gobierno. La relacin de fuerzas es muy favorable a la burguesa mundial y a sus influencia en la isla y, por consiguiente, el gobierno tiene que tomar medidas que no querra y que le son impuestas (por ejemplo, qu suceder en esta situacin econmica mundial con el precio del nquel o con el abastecimiento petrolero venezolano? Cul ser el efecto del levantamiento del bloqueo estadounidense y de la afluencia masiva de viajeros, dlares y compradores que darn una slida base a la neo burguesa?Qu suceder ahora cuando se multiplicarn por mil y potenciarn los blogs contrarrevolucionarios de miles de Yoannas? Precisamente por eso la construccin de consenso mediante la democracia autogestionaria estimulara la capacidad de resistencia contra el capitalismo, elevara la productividad, sera un arma fundamental para reorganizar la economa y crear una base poltica mayor al gobierno mismo, combatiendo la apata, la desmoralizacin, la resignacin, sobre todo en los medios juveniles.

Las medidas burocrticas son insuficientes y muchas veces errneas. Las cooperativas no son anticapitalistas por s, se basan en el mercado y en la propiedad privada. Pueden tener ms personal y menores costos si son administradas democrticamente por asambleas, pero no reemplazan la autogestin obrera en las empresas del Estado sino que extienden y fragmentan en miles de pequeos dueos la propiedad capitalista y, aunque ensean a trabajar por el bien colectivo, aslan y separan a los socios del resto de la poblacin. Conceder mayor autonoma a las empresas y ms poderes a los administradores, ensea el caso yugoslavo, lleva al egosmo de la empresa, a la competencia entre las empresas, a las decisiones autoritarias de los jefes. Si las cooperativas y una mayor eficiencia y productividad de las empresas resultan hoy inevitables e imprescindibles, ms imprescindible an es el control obrero y la participacin de la base en la adopcin de todas las decisiones.

Esperar el Mesas de la revolucin mundial es esperar un milagro salvador sin hacer nada para cambiar la terrible situacin en que se encuentra Cuba, con un abastecimiento incierto en combustibles en el caso de una crisis en Venezuela, con un aumento de la temperatura que desertifica las tierras, con huracanes cada vez ms fuertes por el cambio climtico y en medio de las dificultades graves de la economa rusa y china. Achatarse sobre el pragmatismo y el burocratismo oficiales considerando que son realistas y no tienen alternativa, es esperar pasivamente una crisis poltica y social profunda que amenazar las conquistas restantes de la revolucin. El dogmatismo y la ortodoxia en el fondo ayudan al mercado capitalista que dicen querer combatir. La autogestin social generalizada, manteniendo la NEP, lejos de ser una utopa, es la nica salida poltica-social y econmica que permitir reducir los daos y crear las condiciones para salvar la revolucin.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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