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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-12-2014

Cuba y los Estados Unidos, otra etapa

Luis Toledo Sande
Cubarte


El pasado 17 de diciembre ocurri un acontecimiento que merece seguir suscitando irrestricta celebracin: regresaron a la patria los tres luchadores antiterroristas cubanos que an permanecan injustamente presos en crceles de los Estados Unidos. Ya estn en casa Los Cinco! Y tambin en la misma fecha se produjo un anuncio que, si se quiere entender rectamente su significado, demanda poner en tensin lo ms lcido del pensamiento. El entusiasmo ante la proclamacin de algo extraordinario, en gran medida inesperado, no debe servir para que caigan velos sobre la realidad.

Tres das despus de los discursos simultneos, en La Habana y en Washington, de los respectivos presidentes de Cuba y los Estados Unidos, dio indicios de necesaria preocupacin en ese sentido el acto de graduacin celebrado en un centro escolar habanero. No ha sido el nico caso, pero cabe tomarlo como referencia, tratndose de un plantel importante en la formacin de jvenes para que realicen tareas tcnicas, especialmente en el rea de la bibliotecologa. Ello habla de la influencia formadora que sus egresados y egresadas tendrn la ocasin y la responsabilidad de ejercer.

Lo primero que se oy en el acto no fue la grabacin del Himno Nacional, que, cuando se puso, estuvo lejos de ser unnimemente acogida con la adecuada actitud solemne. Antes lleg desde la presidencia una voz que, en representacin del centro, con estas o muy parecidas palabras, y de seguro con buenas intenciones, apunt entre otras cosas: este ao el da de san Lzaro tuvo un medioda especialmente esperado, se escogi para anunciar la normalizacin de relaciones entre nuestro pas y el vecino, as, sin apellidos. Daba igual que hubiera dicho sin adjetivos, o usado otros trminos para expresarse.

Lo que el pasado 17 de diciembre anunciaron los presidentes de Cuba y de los Estados Unidos fue el establecimiento, an no formalizado, de relaciones diplomticas entre ambos pases. Esas relaciones no habra que restablecerlas si la nacin nortea no las hubiera roto, como parte de una hostilidad que ha incluido agresiones armadas y sabotajes, para derrocar a una Revolucin que se plante alcanzar la soberana nacional plena y, por tanto, erradicar la dominacin neocolonial que se le haba impuesto al pas desde 1898, ao de la conocida intervencin con que la naciente potencia norteamericana frustr la independencia que el pueblo cubano haba probado merecer en su lucha contra la Corona espaola.

Los aos de una ruptura de vnculos diplomticos no deben favorecer que la vuelta a ellos propicie ignorar que entre relaciones diplomticas y paz, entre relaciones diplomticas y respeto a la soberana de cada nacin, pueden mediar y de hecho a menudo median distancias maysculas. Basta observar con mnima atencin lo que ocurre entre los Estados Unidos y pases con los cuales esa nacin tiene relaciones diplomticas. Es, por ejemplo, el caso de Rusia, a la que, si de algo pudiera acusarse, no sera por cierto de estar planeando la creacin de una nueva Internacional Comunista. O el de Venezuela, cuyos dignos rumbos bolivarianos estn siendo tambin ahora mismo objeto de sanciones por parte del gobierno de los Estados Unidos, de conocida complicidad con la subversin interna que se afana en desestabilizar al pas sudamericano para que nuevamente se entronice all un rgimen dcil a la oligarqua verncula y, sobre todo, a los intereses imperiales.

Ni de Cuba ni del vecino del Norte puede hablarse apropiadamente sin pensar en los apellidos, adjetivos o eptetos que de hecho les corresponden. La primera es un pas que se ha propuesto salvar su proyecto socialista y conservar su soberana nacional, a la que solo podra renunciar si desertara del camino trazado, cuando menos, desde el 10 de octubre de 1868, abonado por la obra y el pensamiento de Jos Mart y calzado desde el poder revolucionario por la realidad instaurada a partir del 1 de enero de 1959, tras una nueva etapa de lucha heroica. Por su parte, los Estados Unidos son un poder al cual sera no menos que injusto y descorts retacearle el reconocimiento que se ha ganado como potencia imperialista, con todo lo que ello implica histricamente, hecho sobre hecho. Si vamos a llamarlos el vecino, para la nacin cubana y para nuestra Amrica en general sera suicida restar peso a la circunstancia de que no ha dejado de ser peligroso y desdearnos.

No ha perdido ni un pice de importancia, sino todo lo contrario, el llamamiento de Mart a conocer las razones ocultas del pas que nos invite a unin, y no es ni siquiera eso lo que ofrece hoy a Cuba el gobierno de los Estados Unidos. No ha hecho ms, ni menos, que reconocer un dato rotundo: el bloqueo y la hostilidad explcita no han dado el resultado que l aspiraba a conseguir con uno y con otra, y, por tanto, debe cambiar de tctica para lograr sus propsitos, que siguen siendo los mismos. Entre ellos figura que Cuba cambie de rumbo poltico y se desbarranque por otro en el cual le sea posible someterla a sus designios, como el camino que le fue impuesto de 1898 a 1958.

Entre lo que se le debe apreciar y reconocer a Barack Obama presidente de la mayor potencia imperialista, no de una Sociedad Filantrpica Internacional, figura la claridad con que se ha expresado. Si queremos, no digamos desfachatez, sino franqueza; pero no olvidemos que franqueza es el paradero verbal meliorativo adonde ha llegado la asociacin conceptual con las prerrogativas de los francos para moverse a su antojo por los territorios galos bajo su dominacin.

Suponer generosidad solidaria en el gobierno que administracin tras administracin, incluida hasta ahora, por seis aos ya, la actual ha intentado asfixiar por hambre al pueblo cubano, sera un acto de grave ingenuidad, por lo menos. Obama ha dejado palmariamente expresadas sus intenciones, y, si alguien no lo hubiera apreciado as, solo tendra que echar una ojeada a las declaraciones programticas con que, para no dejar sombra de dudas, la Casa Blanca ha complementado las palabras del mandatario. Tales declaraciones deberan publicarse en Cuba, para que nadie las ignore.

Hay que armarse de paciencia para or que Cuba estar representada en la prxima Cumbre de las Amricas porque el gobierno de los Estados Unidos lo desea para bien de la nacin caribea. Esta asistir a la cita por libre autodeterminacin, y por el reclamo de los pases del rea, ante los cuales el gobierno estadounidense ha venido quedndose cada vez ms aislado, como han reconocido sus ms altos voceros, desde el secretario de Estado hasta el presidente. La presencia de Cuba en la Cumbre no ser fruto de una poltica estimulada por los Estados Unidos, sino de un replanteamiento geopoltico, revolucionario, que ha puesto a la regin en un camino que no alcanzaron a ver los ms claros promotores de la integracin en el siglo XIX, dgase Simn Bolvar y Jos Mart, ni sus continuadores en el XX. CELAC, ALBA, UNASUR, CARICOM y otras evidencias contundentes hablan de esa realidad.

Tampoco idealicemos las posibilidades revolucionarias de nuestra poca, minada por una ofensiva ideolgica derechista que ha logrado vender como cosa natural las ms srdidas maniobras, por las cuales el pensamiento capitalista pasa como ausencia de ideologa, en virtud de concepciones por las que el propio Bolvar y Mart seran hoy considerados terroristas, clasificacin que el imperio le ha endilgado de manera criminal a Cuba. Mientras tanto, las agresiones desatadas por los imperialistas y sus aliados, aunque sean guerras y operaciones genocidas, pueden pasar como garantes de la democracia y los derechos humanos, con nias y nios destripados por bombas humanitarias, porque hasta el sentido de este vocablo se ha adulterado en funcin de tales planes.

Esa es la poca en la cual se plantea el inicio de la normalizacin de las relaciones diplomticas entre dos pases con sistemas polticos y concepciones sociales y culturales diferentes, y, por tanto, con apellidos tambin distintos. A nadie en su sano juicio debe parecerle mal que esa normalizacin se ponga en marcha; pero tampoco se debe ignorar la diferencia de intenciones con que se puede promover, o se promueve, desde ambos lados de una contradiccin esencial, que no cesar de la noche a la maana, y que, vista a la luz de la historia, solo podra desparecer por completo si uno de los dos pases renunciara al camino que ha seguido hasta hoy. El gobierno de los Estados Unidos no da ningn indicio de querer abandonar el suyo, y tampoco lo da, ni ha de darlo, la Cuba donde una Revolucin verdadera vino a defender los ideales de Mart, y a proponerse hacerlos realidad.

Claro que la eliminacin del bloqueo puede representar para Cuba un ambiente ms propicio para sus planes de lograr un creciente bienestar para el pueblo. Pero son muchas las contradicciones internas en los Estados Unidos, muchos all los rejuegos y las pugnas en torno al poder, y an est por verse si el bloqueo se levantar, y, de levantarse, no ser para favorecer que Cuba se desarrolle y mantenga su rumbo justiciero. No ser para eso que lo deroguen quienes hasta ahora lo han impuesto burlndose de un categrico clamor internacional, que incluye sucesivas y contundentes votaciones contra l en la Asamblea General de la ONU.

El bloqueo tambin ha aislado a los Estados Unidos, que se ganan la ojeriza incluso de socios que ven cmo sus instituciones bancarias y navieras son multadas, en nombre de leyes inmorales que se imponen sin detenerse ante una extraterritorialidad asimismo inmoral, e ilegal, contraria a los cdigos internacionales. Tampoco parece la nacin nortea dispuesta a resignarse ante la combinacin que apunta a darse entre los replanteos geopolticos ya aludidos que vienen dndose en nuestra Amrica, y la expansin internacional de los mercados ruso y chino, sobre todo de este ltimo, que tanto se ha colado incluso en el seno de los Estados Unidos.

Debe darse la bienvenida a todo lo que favorezca el normal funcionamiento de las naciones, y el bienestar de los pueblos. Pero no cabe suponer que ese sea el propsito con que, al parecer, empieza a abrirse paso en los Estados Unidos el sentido prctico y de conveniencia, para el propio imperio, que otros voceros suyos han defendido, y que ciertamente pudiera dar mejores resultados concretos para la aspiracin de no perder caminos por donde seguir ejerciendo su influencia. A Cuba, a cubanas y cubanos patriotas, no ha de tomarlos por sorpresa ninguna maniobra. Las mismas que el imperio puede verse llevado a poner en prctica, como retomar las relaciones diplomticas y anunciar el posible cese del bloqueo, seran impensables sin la resistencia con que el pueblo cubano ha defendido su soberana y su dignidad de 1959 para ac, en una senda iniciada mucho antes.

A la prensa, a la docencia, a los recursos todos de informacin y formacin, en las nuevas circunstancias que parecen advenir les toca un papel an ms inteligente y calador que en tiempos en los cuales todo se haya planteado ms en blanco y negro, por el efecto directo de la confrontacin sin ambages. Esperemos que a nadie se le ocurra que debemos andar ocultando los apellidos, calificativos o eptetos que corresponda usar en cada caso. Ningn sentido de oportunidad que puede confundirse con el oportunismo, cuando no con la idiotez ha de llevarnos a suponer que podemos andar con rodeos cuando se trata de defender nuestra soberana nacional y la justeza de nuestras ideas, o que es pertinente suplantar con tafetanes diplomticos la claridad meridiana con que debemos defender, sin vacilaciones ni disimulos de ningn tipo, nuestra nacin y nuestro proyecto.

Urge igualmente garantizar por nosotros mismos nuestra eficiencia econmica, que no es ni ha de ser un fin en s, sino requisito indispensable para asegurar la felicidad del pueblo. No vaya a ocurrir que la coincidencia, en el tiempo, del deseado logro de esa eficiencia y de mecanismos y conceptos necesarios en cuanto a poltica salarial y de precios, y el posible levantamiento del bloqueo, venga a sembrar en algunos la peregrina idea de que lo alcanzado se deber a la generosidad del imperio. Mientras este lo sea, no habr derecho a ingenuidades, como la de creer que ya la lucha ideolgica es cosa del pasado.

Tranquiliza en tal sentido, y no causa asombro, el discurso del general de ejrcito Ral Castro Ruz en la clausura con la cual coincidi en el tiempo la graduacin escolar mencionada al inicio de las recientes sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Pero no basta que la vanguardia del pas est clarsima en cuanto a qu est en juego y qu se decide. Es necesario que la claridad siga expandindose y profundizndose en la generalidad del pueblo, sin cuyo apoyo, decisivo, no hay obra revolucionaria que valga. Esa es tarea de toda la sociedad, que no es ni debe suponerse homognea.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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