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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-12-2014

Afganistn
"Libertad Duradera", crnica de un fracaso anunciado

Dabid Lazkanoiturburu
Gara


Finales de 2001. Herido en su orgullo por los ataques del 11-S, EEUU iniciaba la operacin Libertad Duradera en Afganistn y derrocaba a los talibanes, reinstaurando en el poder a los seores de la guerra que arruinaron en los noventa la victoria contra el Ejrcito sovitico. 13 aos despus, Obama no encuentra el modo de cumplir la promesa de retirada de sus tropas mientras el pas se prepara para una nueva ofensiva de los talibanes y de sus aliados. Su objetivo, reconquistar Kabul.

En los ltimos 200 aos, Afganistn ha logrado desafiar el principio universal de que todo cambia, nada permanece. Al contrario, este pas estratgicamente situado en Asia Central, centro de un tringulo cuyos vrtices son el este del continente (China), Rusia y el polvorn de Oriente Medio, sigue mostrando que la historia no avanza y que, de hacerlo, lo hace hacia atrs en el tiempo.

Ya sus primeros lderes polticos en la era moderna -si realmente puede aplicarse ese calificativo al siglo XIX en Afganistn- desecharon una y otra vez, e invocando el carcter indmito de sus habitantes, los cantos de sirena del imperio britnico, que pretendi sin xito imponer a los afganos su civilizacin y su visin colonial. Ni siquiera lograron que accedieran a construir una va frrea, smbolo de la modernidad de la poca, para comunicar el pas.

Resultara, sin embargo, muy simple -y tranquilizador para nosotros, los occidentales (en el sentido ms amplio del trmino)- explicar esa terquedad indomable por la sique de los afganos. Craso error. Los sucesivos imperios, desde el britnico al estadounidense pasando por el ruso-sovitico, han sido corresponsables al intentar imponer cambios a los afganos no ya sin su consentimiento sino manu militari. No resulta pues extrao que muchos -aunque no todos- en Afganistn identifiquen modernidad con ocupacin y caos. As, de momento no ha nacido imperio que haya conseguido imponer la pax romana en Afganistn. Y todos los intentos se han saldado con derrotas.

Primero fueron los britnicos los que lo sufrieron en carne propia. En plena pugna con la Rusia zarista por el control de Asia central, el Ejrcito britnico invada Kabul en febrero de 1838. La resistencia de los afganos, que hostigaban sin cesar a los ocupantes con una guerra de guerrillas, forz a los britnicos a una rpida retirada. El rey Dost Mohamed Jan prometi al general Elphistone que sus 16.000 soldados no seran hostigados en su retirada en diciembre de 1841. Todos ellos fueron masacrados en el paso de Jiber. Solo sobrevivi un mdico militar en la ms vergonzosa derrota del imperio britnico de su larga historia.

Que un imperio no puede fiarse de los afganos qued demostrado el 15 de febrero de 1989, cuando la ltima columna de tanques del Ejrcito Rojo cruzaba de vuelta el Puente de la Amistad que comunicaba el pas con la entonces repblica sovitica de Uzbekistn.

Diez aos antes la URSS invada el pas para intentar apuntalar a un gobierno comunista ttere en Kabul y para poner fin a las luchas intestinas en el seno del Partido Democrtico del Pueblo de Afganistn (PDPA). La historia de aquella poca es una sucesin constante de golpes de Estado y de luchas a muerte por el trono. La deriva posterior de Afganistn puede invitar a repensar aquella poca como positiva (en cuanto a situacin social y derechos de la mujer). Un revisionismo que, en todo caso, pasa por alto que la mayora del pueblo afgano, el Afganistn rural y de provincias, rechazaba la invasin y, como corolario, las mejoras que poda suponer en trminos polticos y sociales.

El hecho de que EEUU, va Pakistn, financiara a los insurgentes afganos -y a los rabes que fundaran Al Qaeda- no invalida el principio de que se trat de una guerra de liberacin. El problema era el concepto de libertad de los lderes de los mujahidines afganos, un concepto ultrarreligioso -alimentado adems por Occidente y Pakistn contra el ateismo sovitico- del que hay que insistir en que participaban todos los insurgente, desde el comandante tayiko Massud (el Len del Panshir) hasta el pastn Gulbuddin Hekmatyar.

La tumba para la URSS

Los historiadores coinciden en que la derrota sovitica de Afganistn fue decisiva para el final de un imperio creado tras la II Guerra Mundial y que utilizaba el llamado socialismo real como cobertura ideolgica para la restauracin del poder de Rusia en el mundo.

Con el PDPA neutralizado tras la retirada sovitica, los muyahidines entran en Kabul y comienza una lucha fratricida entre los distintos seores de la guerra que solo acabar en 1996 con el triunfo talibn. Contra lo que es ya lugar comn al hablar de Afganistn, EEUU no financi ni ayud a los muyahidines que luego se convertiran en talibanes. Estos luchaban en el frente del sur de Afganistn (Kandahar) y los principales beneficiarios del dinero y armamento occidental (e iran) eran los pastunes del este, los tayikos del norte y los hazaras del oeste.

Los talibanes se sublevaron indignados por el caos que reinaba en el pas y por lo que consideraban una traicin de los lderes muyahidines, que no haban cumplido su promesa de islamizar la sociedad y haban creado sus reinos de taifas donde el despotismo estaba a la orden del da. Pakistn, entonces s, ve en los talibanes una oportunidad de oro para afianzar su poder en Afganistn y los lleva en volandas al poder en Kabul.

Cinco aos escasos durar el poder talibn en la capital. Un desgobierno absoluto en el que la nica gua era retrotraer a Afganistn a los tiempos del profeta Mahoma con castigos y prohibiciones a cual ms severa, absurda y sangrienta.

Con todo, los talibanes nunca consiguieron derrotar a la Alianza del Norte, liderada por el tayiko Massud en el valle del Panshir. Y EEUU utilizara a esta fuerza como quinta columna en sus bombardeos contra los talibanes, iniciados en el otoo de 2001. Le bastaron dos meses para forzar la retirada talibn de su ltimo feudo de Kandahar. Pero Massud ya no estaba. Dos das antes del 11-S, mora en un atentado suicida con explosivos perpetrado por dos miembros de Al Qaeda que se hicieron pasar por periodistas.

Comenzaba as una ocupacin en la que EEUU coloc en el poder a su hombre en Afganistn Hamid Karzai, miembro de la tribu pastn de los durrani (todas las ltimas dinastas reales afganas han salido de esa etnia). Karzai, el alcalde de Kabul, instaura un rgimen que mantiene inclumes los virreinatos de los seores de la guerra.

Y los talibanes demuestran que lo suyo fue una retirada estratgica. De ao en ao incrementa sus ofensivas guerrilleras, secundadas por atentados cada vez ms espectaculares, incluso en el corazn de Kabul y en el norte del pas.

Otra promesa de Obama

En esas estamos cuando Obama llega al poder en Washington y promete acabar con las guerras iniciadas por Bush en Irak y Afganistn. Ello no le impide, en este segundo caso, incrementar las tropas que participan en una guerra buena, en sus propias palabras.

En paralelo, Karzai trata de buscarse una salida poltica y personal intentando abrir un proceso de negociacin con los talibanes va Qatar. El proceso encalla por la poca voluntad de su patrn estadounidense, por la desconfianza de los talibanes y por la propia debilidad de un Karzai quemado polticamente y acusado (oportunamente por Washington) de corrupcin. Karzai ha sido sustituido tras las elecciones de junio por su ministro de Finanzas, el tambin pastn Ashraf Ghani Ahmadzai, mimado tambin por EEUU y en su da dirigente del Banco Mundial. El nuevo presidente se ve obligado a compartir el poder con su rival, el tayiko Abdullah Abdullah, quien haba denunciado un fraude electoral masivo y al que Washington nombra jefe del Gobierno (una figura inexistente hasta entonces).

El futuro de este reparto del poder se augura difcil. Ms si tenemos en cuenta que la terna en el poder la completa el seor de la guerra uzbeko Rashid Dostum, un carnicero acusado de un sinfn de crmenes de guerra.

El presidente Ghani no tard un da en el poder para desbloquear el conflicto planteado por Karzai y para firmar el Acuerdo de Seguridad Bilateral (BSA) con EEUU por el que Washington se reserva el derecho de mantener tropas de combate y les garantiza impunidad absoluta.

Porque Obama -voluntariamente o por presiones de los altos mandos militares- ha decidido incumplir su promesa de retirada total el 31 de diciembre de 2014. Lo que inicialmente estaba previsto como un contingente de reserva de casi 10.000 soldados para seguir adiestrando a un Ejrcito afgano cuya capacidad de enfrentarse a la resistencia est cada vez ms puesta en duda se va a convertir en un contingente de 12.000 efectivos que seguirn participando en misiones de guerra.

La operacin Libertad Duradera, que no ha llevado libertad alguna a los afganos, perdura rebautizndose como Apoyo Resuelto. Resuelto apoyo que el presidente de EEUU, escaldado acaso por haber tenido que regresar apresuradamente a Irak tras la irrupcin del Estado Islmico, asegura terminar con la salida del ltimo soldado estadounidense en diciembre de 2016 (Obama dejar la Casa Blanca en enero de 2017).

Pero eso depender del alcance de la ofensiva de los talibanes y de sus aliados de la red Haqqani y del partido Hezb-i-Islami, del tambin pastn Hekmatyar. Obama alberga la esperanza de que se cumpla, esta vez s, su nuevo y ltimo calendario y su escenario de pesadilla sera un slvese quien pueda (Vietnam) como los que protagonizaron antes britnicos y rusos.

Pero eso ya no depende de l. Depende de los afganos. De un pas que se niega a importar democracias, sean populares o representativas. Un pas condenado a vivir eternamente mirando atrs. Y en el que todos los imperios cometieron el mismo error. El de pensar que eran los dueos del tiempo de los afganos. Estos nunca tienen prisa pero siempre siguen ah.

Fuente original: http://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/g...



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