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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-01-2015

Resea de Historia y Comunicacin Social, de Manuel Vzquez Montalbn
La crisis meditica, una mirada histrica

Enric Llopis
Rebelin


El cierre de medios informativos, la cada de los ingresos publicitarios, el desempleo en la profesin periodstica, la irrupcin de Internet y las redes sociales, los procesos de fusin y concentracin dirigidos por grandes corporaciones, la decisiva participacin del sector financiero, la confusin entre medios pblicos, estatales y de partido, el periodista como hombre-orquesta capaz de realizar mltiples funciones a precio de saldo, la oportunidad de crear nuevas cabeceras ms democrticas, la banalizacin de las tertulias... Son motivos que dan lugar actualmente a una pluralidad de artculos, libros e investigaciones sobre un fenmeno relativamente nuevo. Pero la pausa y el retorno a los clsicos permite constatar cmo, salvadas las distancias espacio-temporales y los muchos matices, las fronteras entre lo viejo y lo nuevo son ms vidriosas de lo que parece. Es una de las grandes enseanzas de la Historia, esa vieja maestra.

En 1980 el escritor y periodista Manuel Vzquez Montalbn escribi un excelente y documentado ensayo, Historia y Comunicacin Social (Alianza), antiguamente de lectura obligatoria en las facultades de Ciencias de la Informacin. Como seala el autor en el prlogo, la eleccin de la conjuncin y en lugar de la preposicin de no es balad. Era quimrico plantearme una Historia de la Comunicacin, habida cuenta de la carencia de investigacin bsica que hiciera posible tamaa fantasa (...). Adems, salgo al paso as de la posible conciencia agredida de los cientficos de la una y la otra, advierte con el sarcasmo habitual.

El libro permite, es uno de sus mritos, diferentes lecturas. La ms natural, adentrarse en la evolucin de los procesos comunicativos desde la antigedad, siempre desde una perspectiva marxista, que es a lo que el autor dedica las 262 pginas del ensayo. Pero tambin es posible extraer lecciones para el presente, a partir de la constatacin de fenmenos que, si no se repiten, s que tomada la distancia adecuada presentan notables similitudes. Por ejemplo en cuanto a la propaganda, Vzquez Montalbn presenta a Pisstrato (tirano griego del siglo VI a.C.) como el antecedente ms remoto del doctor Goebbels. Por numerosas razones: la denuncia pblica del enemigo, las falsificaciones literarias (es el caso de La Odisea) al servicio de la verdad oficial, la constitucin de una suerte de ministerio ideolgico-religioso, o la idea de alejar a los intelectuales crticos de la polis. Pisstrato no era, por lo dems, demasiado diferente del demcrata Pericles, quien jams ces de ensayar tcnicas de persuasin de la conciencia pblica.

Poco cambian las cosas en Roma. El autor de Historia y Comunicacin Social seala la propaganda nacional y de integracin en Cicern, destinada a trascender las oposiciones sociales. En la poca imperial, gracias a La Eneida de Virgilio, Octavio Augusto mataba varios pjaros de un slo disparo: encontraba antepasados de alcurnia, humillaba al antagonista histrico crnico (Cartago) y legitimaba el origen de Roma. Hay tcnicas de propaganda oficial que se remontan a la Grecia clsica y que siguen un hilo conductor, rastreable y verificable, a lo largo de la historia. En la primera mitad del siglo XVII las Gacetas oficiales se abren camino en Europa, con el gran ejemplo de La Gaceta de Francia (1631), de Renaudot, auspiciada por Richelieu. Es la comunicacin estatal y centralizada, vinculada a los intereses de las monarquas absolutas, y que viene acompaada por la creacin de imprentas reales.

El libro de Vzquez Montalbn tambin permite espigar datos de un fenmeno muy habitual: el desprecio al periodista y la crtica elitista a los profesionales de la informacin. Mienten por dos escudos al mes, afirma Voltaire. Segn Diderot, todos estos papeles son el pasto de los ignorantes. Sin embargo, a pesar de las siete ediciones y los 40.000 suscriptores de la Enciclopedia, su impacto cuantitativo fue menor que el logrado por la batalla del panfleto, asegura Vzquez Montalbn. Debates de estas caractersticas son hoy frecuentes, entre partidarios de una prensa de anlisis, datos, contexto y textos prolijos y, por otro lado, quienes prefieren un periodismo, siempre desde una perspectiva crtica, ms directo, sencillo y que alcance al gran pblico. En otro clsico, en este caso del historiador Albert Soboul, Las Clases Sociales en la Revolucin Francesa, se sostiene que el influjo de Rousseau y El contrato social en las clases populares obedece a la divulgacin y banalizacin que hacen de su pensamiento la literatura y los peridicos populares, a pesar de que el filsofo ginebrino los despreciaba.

Son los debates de hoy y de siempre. Los problemas que se repiten y que la Historia plantea y replantea de diferentes modos pero con la misma esencia. En los aos previos y durante la Revolucin Francesa no existan las redes sociales, pero s las calles y las plazas, en las que pululaban los almanaques informativos y los cancioneros, himnos, panfletos, hojas volantes, lecturas en voz alta, mtines, asambleas, clubes y prensa. El autor de Historia y Comunicacin Social pone el ejemplo de Marat (L'Ami du Peuple o Journal de la Rvolution Franaise), adems de gigantes de la comunicacin popular como Herbert (Le Pre Duchesne) y Babeuf con el Tribune du Peuple, tal vez el primer peridico socialista de la historia. No exista twitter, pero entre 1789 y 1792 aparecieron 1.100 publicaciones peridicas.

Ciertamente, Internet est en la base de escenarios comunicativos nuevos. Pero, como seala el escritor marxista en la pgina 159 del libro, a lo largo del siglo XIX se calculan no menos de 30 hitos tecnolgicos capitales para la comunicacin de masas. En 1876 Mergenthaler inicia sus primeras experiencias con la linotipia, el segundo gran hito para la impresin despus que Gutenberg inventara el tipo mvil. Habra que analizar si estos avances en la tcnica fueron tan importantes para los coetneos como Internet para el ciudadano del siglo XXI. No menos rompedora fue la ocurrencia de Emile Girardin, publicista y fundador del peridico La Presse (1836): introducir anuncios publicitarios con el fin de abaratar el precio del diario y de ese modo superar a la competencia.

Est claro que antes de 1830 tampoco exista lo que hoy se conoce como prensa alternativa, pero s catacumbas obreras, afirma Manuel Vzquez Montalbn, donde se practicaba la comunicacin de clase mediante la reunin y el intercambio oral de informacin. Estas primitivas sociedades secretas obreras, a medio camino entre el club revolucionario y la sociedad de conspiradores, desarrollaron una gran actividad en el campo de la comunicacin social a travs de cursos de culturizacin de la clase obrera, de publicaciones clandestinas o semiclandestinas de heroica gestin, del lanzamiento de una literatura revolucionaria de consumo popular, de manifestaciones callejeras que eran en s una denuncia del estatuto comunicacional impuesto por la burguesa (...).

Puede que las novedades no lo sean tanto si se adopta una perspectiva histrica y quien habla se sita en diferentes contextos. As, en la (primera) posguerra mundial, los peridicos sensacionalistas, los tabloides y el predominio de la fotografa, no impactaron de pleno en las audiencias? Ya en la dcada de los 20 (del pasado siglo), subraya Vzquez Montalbn, se consolidan las grandes cadenas norteamericanas, se acenta el ritmo de concentracin del periodismo britnico y la prensa sensacionalista forcejea en Francia con la prensa de opinin. Son tan nuevos los procesos de concentracin y, adems, son tan exclusivos de las empresas comunicativas?

La industria de la Radio en Estados Unidos nace a partir de un conglomerado integrado por American Telephone & Telegraph, Westinghouse y Standard Electric. Hay asimismo momentos muy sealados en la historia de la concentracin meditica, por ejemplo, la fusin de la International News Service y la United Press en 1955, o la absorcin por parte de Thompson de los peridicos ingleses ms relevantes. O el ejemplo del cine, que ayudaba a monopolizar la imagen de Occidente en la imagen de los mismsimos Estados Unidos. Clichs, estilos de vida, enemigos polticos, sociales y geopolticos... se difunden a travs de la pantalla. Y rostros que encarnan hroes de su tiempo. Hoy no son Buster Keaton, Mary Pickford, Tom Mix o Greta Garbo, pero s otros que asumen un rol similar.

Por otro lado, la caracterizacin de la propaganda poltica que el intelectual francs Jean-Marie Domenach describe en un ensayo de 1950, sirve para el nazismo pero tambin para muchos de los discursos poltico-mediticos que hoy asoman. Los dos primeros puntos, recogidos por Vzquez Montalbn, resultan hoy de lo ms cotidiano: La regla de simplificacin y del enemigo comn -consigna, eslogan delimitacin de un enemigo fcilmente reconocible o la regla de la exageracin y de la desfiguracin -el matiz o la variable son pasos perdidos, la conciencia receptora se queda con los bocados ms gruesos. Qu primer ministro, jefe de estado o tertuliano habitual no hace uso de estas estrategias en los pases democrticos?.

Hay quien se refiere en el presente a la sociedad de la informacin (sin ocultar matices benignos a esa caracterizacin), pero el autor del ensayo cita un estudio de Francis Balle en la que califica de expansin brutal el desarrollo de la prensa escrita entre 1900 y 1930, el cine entre 1910 y 1940, la radio entre 1925 y 1935 y la televisin, entre 1945 y 1955 en Estados Unidos y durante la dcada siguiente en Europa. Otra cuestin es el contenido y la perspectiva ideolgica. En muchas ocasiones se intenta salvar a medios en manos de empresas capitalistas, pero que por razones de mercado o de intereses diversos, se apuntan a causas progresistas. O se distinguen matices editoriales entre los medios para referirse a una pluralidad informativa.

Pero como advirti Upton Sinclair (1878-1968): Djeseme explicar que comprendo perfectamente la diferencia entre los diarios capitalistas. Algunos son deshonestos; unos son capitalistas y otros ms capitalistas. Pero por grandes que sean las diferencias entre ellos y por hbilmente que se pretenda hacerlas aparecer, no hay uno solo que no sirva a intereses creados, que no tenga un objetivo capitalista (...).

Casi en las pginas finales del ensayo, Manuel Vzquez Montalbn anticipa otro problema, que desarrolla en otro de sus libros, Las noticias y la informacin (Salvat), y que hoy cobra absoluta vigencia. No es un azar que el control de Intelstat o sistema mundial de comunicacin espacial, est en manos del gran gendarme del sistema capitalista: los Estados Unidos. Se est creando la infraestructura tecnolgica de un control de la conciencia del mundo desde el espacio; un control que de conseguirse sera menos contestable de lo que han sido los medios terrestres. El Gran Hermano.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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