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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-01-2015

La interculturalidad en crisis: clausura institucional y migraciones

Arturo Borra
Rebelin


Sin otro nimo que continuar un debate complejo y multifactico, que es parte de las irresoluciones centrales del presente, cabe referirse a la problemtica de la interculturalidad, especficamente en el contexto espaol, como un modo de interrogar nuestros vnculos con los otros en condiciones histrico-sociales concretas y lo que hay de alteridad en nosotros mismos. Si bien sera ms preciso especificar mltiples otros (entre los que se construyen complejas relaciones jerrquicas), en este trabajo no puedo ms que esbozar semejante especificacin.

Mi hiptesis de partida es que tras la proliferacin de proyectos de orientacin intercultural durante la primera dcada del S. XXI en Espaa (especialmente en el campo de la mediacin interculturali y de las pedagogas de la interculturalidadii), la presente dcada est marcada por un estancamiento institucional de este tipo de iniciativas, cuando no por una manifiesta regresiniii. Para decirlo de otra forma: los proyectos interculturales en el actual contexto nacional estn afectados por una crisis o desestructuracin radical que consolida el cierre institucional ante sujetos culturalmente diversos, especialmente con respecto a los colectivos de inmigrantes y refugiados. Desde luego, esa desestructuracin se plantea en unas condiciones polticas, jurdicas y policiales bastante inequvocas: la continuidad de las redadas policiales (como la ocurrida en octubre de 2014 con el despliegue adicional de 16.000 efectivos policiales), el mantenimiento de los CIE o Centros de Internamiento de Extranjeros (llamados tambin pequeos Guantnamos), la poltica represiva de devoluciones en caliente en Ceuta y Melilla (y la iniciativa para legalizarlas), la denegacin de asilo a la abrumadora mayora de solicitantesiv, la fuerte restriccin de permisos de trabajo y residencia a inmigrantes extracomunitarios y las trabas legales a comunitarios considerados ciudadanos de segunda, la supresin estatal de los fondos de integracin, la reduccin drstica de los fondos de cooperacin y co-desarrollo, la restriccin en el acceso al sistema sanitario a inmigrantes irregulares y el recorte de las partidas destinadas a ONG y asociaciones de ayuda a inmigrantes y refugiados, entre otras cuestiones. En conjunto, estas decisiones configuran una poltica migratoria y de asilo de signo claramente regresivo, sobre un trasfondo econmico de transferencia millonaria de recursos pblicos a determinadas elites econmico-financieras, el incremento de las desigualdades sociales, la precarizacin del trabajo asalariado en simultneo a un nivel de desempleo escandaloso y, en general, la consolidacin de polticas econmicas neoconservadoras.

Como metfora del presente, el naufragio de la interculturalidad es la contracara de un naufragio mucho ms drstico: el de miles de inmigrantes intentando arribar a las costas europeas. La indiferencia ante esas muertes es tambin indicio del (no) lugar de esos otros (inermes). Hablar de crisis de la interculturalidad, sin embargo, exige algunas precisiones, ante todo, porque las propias teoras de la interculturalidad no estn exentas de disputas y de cuestionamientos variosv. Si bien el concepto de lo intercultural no permite dar cuenta de diferentes modos de produccin cultural co-presentes en una misma formacin social, a mi entender, se hace pertinente para referirse a un modo especfico de vinculacin entre culturas relativamente diferenciadas. En ese sentido, no supone una aceptacin relativista de cualquier diferencia cultural ni coincide con el concepto de multiculturalidad. Como seala Garca Canclini (2008: 15): Ambos trminos implican dos modos de produccin de lo social: multiculturalidad supone aceptacin de lo heterogneo; interculturalidad implica que los diferentes son lo que son en relaciones de negociacin, conflicto y prstamos recprocosvi. La distincin, por tanto, puede trazarse con cierta precisin. Mientras la cuestin de la interculturalidad se focaliza en la construccin de lo que Bahbha llama Tercer Espaciovii, a partir de la interaccin simtrica entre diferentes sujetos culturales, la multiculturalidad remite a la coexistencia cultural, sin especificar el tipo de vnculo a menudo segregado- que se construye entre esas configuraciones culturales. En un sentido estricto, lo intercultural supone una apertura crtica ante el Otro y la creacin de espacios comunitarios que posibiliten formas de vinculacin social igualitarias. El concepto de interculturalidad vendra a salvaguardar una forma de afrontar la alteridad desde un horizonte dialgico, plural y reflexivo y exige no slo apostar por una crtica al etnocentrismo colonial sino tambin reconocer el descentramiento de las diferentes posiciones culturalesviii.

Si una de las crticas al multiculturalismo ligado al discurso polticamente correcto de la toleranciaix- es que tiende a desconocer las jerarquas institucionalizadas entre las culturas, una poltica interculturalista apuntara a la construccin de condiciones igualitarias en una sociedad culturalmente pluralx. La distincin entre lo multicultural y lo intercultural sera as la distincin entre una cuestin fctica, ligada a la lgica cultural del capitalismo multinacionalxi y una cuestin normativa, referida a la construccin de un marco institucional comn para la convivencia democrticaxii, centrando as la cuestin de la ciudadana y, en particular, la creacin de espacios de comunicacin, participacin y decisin inclusivos.

Considerando la dinmica multicultural de la sociedad en la que vivimosxiii, la pregunta que podramos formular es la siguiente: en qu medida y en qu posiciones nuestra formacin social est incluyendo a estos otros sujetos en el campo de las instituciones pblicas y privadas (sean polticas, econmicas o culturales)? Para concretar ms esta cuestin, en un nivel muy bsico, cabe detenerse en algunas dimensiones que no estn suficientemente consideradas al momento de trazar un mapa cultural del presente y que son, sin embargo, sus condiciones de existencia. Como seala Avthar Brah () las historias de los grupos estn inextricablemente unidas a las condiciones materiales de la sociedad, por lo que las culturas estn marcadas por las condiciones econmicas y sociales de cada grupo en las diversas etapas de su historiaxiv. En este sentido, es relevante poner en relacin los procesos culturales con esas condiciones, sin que ello implique una visin determinista o economicista de lo cultural.

Con estas precauciones, resulta pertinente preguntar por 1) la posicin de estos colectivos en la configuracin de los mercados de trabajo nacionales, 2) los procesos de racismo y xenofobia abierta y encubierta que se plantean en la actualidad y las medidas que el estado est impulsando para luchar contra estos procesos discriminatorios, 3) las polticas de inclusin de estos colectivos en las instituciones pblicas, incluyendo el sistema educativo y 4) la construccin discursiva de las migraciones en los medios masivos de comunicacin. Aunque podramos interrogarnos por otras dimensiones de la vida social, considero que estas preguntas son pertinentes en tanto permiten analizar cmo instituimos a los otros y en particular cmo se produce en la actualidad su inclusin real en lo que llamamos ciudadana, con todas las ambigedades que este trmino implica en una sociedad en la que los antagonismos sociales -de clase, gnero, etnia o generacin, entre otros- no cesan de proliferar.

Si bien no puedo profundizar en cada eje problemtico, algunos lineamientos generales permiten dimensionar la magnitud de la problemtica. En primer lugar, es particularmente ilustrativa la referencia al campo laboral espaol. Si de forma tendencial, en el contexto del capitalismo mundializado, los flujos migratorios son gestionados por los estados nacionales en funcin de necesidades especficas y cambiantes de los mercados laborales (en tanto fuerza de trabajo de bajo coste destinada a cubrir puestos de trabajo socialmente indeseados), en Espaa esa gestin se concreta bajo la forma de un claro confinamiento sectorial de estos flujosxv. Se trata de un proceso de inclusin subordinada que incumple de forma manifiesta la demanda de una igualdad material en el acceso y permanencia en el mbito laboral, insoslayable al momento de pensar una inclusin simtrica que, desde una perspectiva materialista de lo cultural, est presupuesta en el concepto de interculturalidad. La mentada gestin de la diversidad en el empleo (que implica, ante todo, valorar la diversidad cultural), regularmente no pasa de una declaracin de buenas intenciones que coexiste con lo que Wieviorkaxvi llama inferiorizacin de los otros, en tanto legitimacin de una especfica desigualdad (determinada por la procedencia o la etnia), articulada a otras formas de desigualdad social. As, adems de una tasa de pobreza mayor (que hoy afecta a cuatro de cada diez sujetos migrantesxvii), la tasa de paro tambin es significativamente mayor a la nacional. En concreto, la diferencia entre trabajadores parados nacionales y extranjeros es del 11%, al punto de suponer que ms del 35% de trabajadores extranjeros est en situacin de desempleo. Asimismo, aproximadamente 8 de cada 10 de estos sujetos culturalmente diversos, a pesar de tener un nivel de cualificacin profesional similar a los trabajadores espaoles, estn confinados en seis sectores de baja cualificacin (como hostelera, industria, comercio, servicio a personas, agricultura y construccin)xviii. Apenas si hace falta insistir en que se trata de puestos de trabajo donde la precariedad y la explotacin propias del mercado actual se incrementan a niveles extremos, incluyendo la persistencia de brechas salariales en puestos similares a los que ocupan trabajadores nacionales, un mayor ndice de temporalidad o posiciones subordinadas en las estructuras organizacionales, entre otras cuestionesxix. Por lo dems, la segregacin ocupacional de estos colectivos (y lo mismo podra decirse con respecto a otros colectivos) queda reasegurada mediante la representacin estereotipada de la propia superioridad y la fijacin de los otros como amenaza laboral.

Esta cuestin conecta al segundo punto, referido a las prcticas racistas y xenfobas y a las medidas antidiscriminatorias elaboradas e implementadas por el estado nacional. La cuestin no parece mejorar de forma sustantivaxx. Ante todo, hay que sealar que al da de hoy no existe ninguna publicacin de datos estadsticos oficiales relativos a denuncias y procesos penales de delitos racistas en territorio nacional. Semejante invisibilidad estadstica difcilmente puede favorecer el desarrollo de polticas antidiscriminatorias, fundamental para la construccin de una sociedad intercultural. No obstante, si tomamos los informes anuales elaborados por el Observatorio Espaol del Racismo y la Xenofobia o los informes elaborados por diferentes entidades sociales (como es el caso del Informe RAXEN del Movimiento contra la Intolerancia, el informe El racismo en el estado espaol de SOS Racismo o el Informe de Derechos Humanos de Amnista Internacional), podemos trazar un mapa bastante preocupante: por un lado, especialmente a partir de 2008, es reconocible un importante aumento del racismo, la xenofobia y otras formas de discriminacin (particularmente, la islamofobia, el antisemitismo, la gitanofobia, entre otras); por otro, resulta claro que la implicacin del estado espaol en la lucha contra esta constelacin de prcticas, valores y significaciones no slo es insuficiente sino tambin inapropiadaxxi. Ninguna de estas formas de discriminacin se asemeja en lo ms mnimo a un horizonte de apertura intercultural. Como contrapartida, el estado espaol sigue sin desplegar los medios necesarios para contrarrestar esta situacin grave: no deja de ser sintomtica la ausencia de un Plan nacional de lucha contra el racismo, la xenofobia y otras formas de discriminacin (tanto en sus formas espontneas como en sus modalidades institucionales), por no hablar de la carencia o escasez de polticas transversales de interculturalidad en las instituciones pblicas y privadas o la transformacin del sistema judicial para que las agresiones racistas dejen de ser juzgadas mayoritariamente como delitos comunes (a pesar de algunos avances formales como la Ley de igualdad de trato y no discriminacin)xxii.

En cuanto al tercer punto, referido a la inclusin de los colectivos migrantes y refugiados en las administraciones e instituciones pblicas, apenas disponemos de informacin dispersa, elaborada con otros fines. El aparato estadstico oficial no nos permite reconstruir su posicin en el conjunto de las instituciones pblicas, aunque s sabemos que su participacin en estos mbitos es claramente minoritariaxxiii. A pesar de la abundancia de estadsticas relativas a empleo, la opacidad informativa es recurrente. Incluso si quisiramos determinar con precisin el grado de participacin y la posicin relativa de estos colectivos dentro de los mbitos en que se han promovido proyectos de mediacin intercultural o puesto en marcha prcticas pedaggicas ligadas a la interculturalidad nos topamos con serios escollos y no es posible hacer ms que algunas aproximaciones parciales. Ni siquiera estamos en condiciones de identificar qu grado de apertura real existe en aquellos espacios institucionales que impulsaron el desarrollo de la interculturalidad. Las preguntas, sin embargo, siguen abiertas: qu presencia tienen maestros y profesores inmigrantes y refugiados en las instituciones educativas espaolas, incluyendo el mbito universitario?xxiv Qu recuperacin institucional se hace de sus experiencias pedaggicas e investigativas que podran aportar a la produccin de una sociedad intercultural? No deja de ser legtimo preguntarse si esa pedagoga no exigira como una de sus dimensiones centrales la inclusin de los otros no slo como objetos pedaggicos sino tambin como sujetos de la enseanza y la investigacin. Algo anlogo podra arriesgarse en torno al campo de la mediacin intercultural: quines han sido los sujetos mediadores en los proyectos municipales y asociativos implementados en territorio espaol en la primera dcada de nuestro siglo y qu lugar les han dado a los otros? No parece descabellado plantear como hiptesis de trabajo que, tendencialmente, la clausura de las instituciones pblicas ante estos sujetos culturalmente diversos sigue vigente, incluyendo los espacios en que cabra esperar, como efecto de los proyectos que impulsaron, una cierta erosin de ese cierre.

Finalmente, el cuarto punto referido a los medios masivos de comunicacin parece reafirmar esta lectura preliminarxxv. Las construcciones discursivas hegemnicas que se articulan en el campo meditico significan los fenmenos migratorios como una realidad homognea, simple y unidimensional, en la que pueden identificarse con claridad dos variantes: a) la que significa la inmigracin como amenaza, no slo en un nivel laboral sino tambin en un plano identitario y securitario y b) la que la asocia a situaciones de extrema vulnerabilidad, especialmente de aquellos que categoriza como sin papeles. Tanto el discurso de la hostilidad como el discurso de la caridad fijan a estos otros (relacionados a especficas posiciones de clase) en una relacin esencialmente asimtrica. La desigualdad persiste como punto en comn incuestionable: el Otro aparece en una posicin de inferioridad insalvable con respecto al propio grupo, definido por esta distancia. El etnocentrismo se mantiene en ambas matrices, aunque la primera sea ms proclive a un giro abiertamente xenfobo y racista y la segunda a un giro solidario. No es extrao incluso que un mismo sujeto sea representado, simultneamente, como inmigrante ilegal y vctima del trficoxxvi. El punto de partida, en ambos casos, sera coincidente: la sobreproduccin de imgenes estereotipadas por parte de los discursos hegemnicos que -incluso si fueran en ocasiones producto del mero desconocimiento antes que de una posicin ideolgica de ultraderecha- contribuyen a la consolidacin del racismo, la xenofobia y otras formas discriminatorias, ms o menos difusas pero persistentes.

En sntesis, por medios diferentes, nos topamos con una realidad omnipresente: la marginacin tendencial de trabajadores migrantes y refugiados tanto en las instituciones pblicas como en el mbito privado. Si no hay interculturalidad posible sin la transformacin de la misma institucionalidad, entonces, el reconocimiento abstracto de las diferencias culturales es radicalmente insuficiente, en tanto coexiste de forma regular con desigualdades efectivas determinadas por cuestiones de etnia o procedencia. La transformacin de lo multicultural en intercultural es inconsecuente si no articula una poltica efectiva de igualdad en los diferentes campos institucionales que configuran una sociedadxxvii.

Desde luego, la clausura institucional ante las migraciones es una modalidad estructural de larga duracin y no es privativa a Espaa. Sin embargo, a pesar del actual ciclo migratorio negativo, la reconfiguracin de la sociedad espaola a partir de procesos migratorios de gran magnitud es un fenmeno irrevocable. Ello debera ser razn suficiente para insistir en el punto y ms todava cuando las actuales polticas de estado estn reforzando la membrana institucional, jurdica y policial que separa un interior cada vez ms autista de un exterior cada vez ms desesperado y que, sin embargo, ya est dentro.

Por esa misma razn, la defensa de la interculturalidad tampoco basta si no se articula en una poltica emancipatoria que parta del cuestionamiento a un rgimen de privilegios que estratifica de mltiples formas lo social. Apenas podramos avanzar en esa direccin si desconectamos un especfico proyecto intercultural de la transformacin de unas estructuras polticas, institucionales y econmicas en las que una pluralidad de sujetos colectivos es fijada en posiciones subalternas. Est todava por investigar de forma ms detallada qu lugares institucionales (incluyendo medios de comunicacin, partidos polticos, sindicatos, empresas, ONG y asociaciones, instituciones educativas, artsticas, cientficas, etc.) se les reserva a estos sujetos diversos. Podramos ir ms all y preguntar qu valor tiene la interculturalidad en el proyecto europeo hegemnico, o el grado de relevancia que los estados otorgan a los sujetos migrantes y refugiados en la creacin y gestin de las instituciones (culturales, econmicas y polticas) en el contexto de un capitalismo del saqueo que arrasa con millones de vidas en su dinmica centrfuga.

Hay razones para suponer que los obstculos institucionales para una poltica intercultural son recurrentes y de carcter estructural. Las mismas propuestas pedaggicas y de intervencin que hacen pensable ese camino estn afectadas, en lo inmediato, por una crisis de financiacin, pero tambin y ms a largo plazo, por unas regulaciones jurdicas y culturales que dificultan el acceso igualitario a espacios de comunicacin y decisin efectivas de esos otros en nombre de los cuales estos dispositivos se autorizan. Tras el estallido de discursos aperturistas, no deja de ser significativo no slo que no se hayan producido cambios favorables para la inclusin institucional de estos colectivos, sino que hayamos ingresado en un perodo ms regresivo an, que trata a buena parte de estos sujetos -por usar una expresin de Bauman- como meros deshechos de los derechos humanosxxviii. Dentro de la actual economa poltica del sacrificio, la produccin de nuevas categoras de sujetos desechables no cesa de crecer, ms all de una cuestin de procedencia cultural. Los procesos de marginacin sistmica comprometen de forma diferencial pero generalizada a las clases trabajadoras y medias. En ese punto, ms que ratificar una poltica de identidad que se limita a reclamar cuotas o cupos, se trata de incidir en las estructuras que producen estas desigualdades mltiples.

Dadas esas condiciones, los discursos de la interculturalidad corren el riesgo de hacerse huecos o de convertirse en una mera retrica de la diferencia, ms o menos inocua y funcional, acorde a una visin liberal que reconcilia en el papel lo que hace imposible en la prctica. Hacer visible la clausura institucional presente, sin embargo, no conduce por fuerza a abandonar este proyecto; ms bien, es un modo concreto de reivindicarlo en trminos polticos, comenzando por asumir nuestra responsabilidad ante los otros. Se trata, de este modo, de un proyecto que se inscribe en una demanda de justicia ms vasta y que convoca el espectro de una democracia desaparecida. Forma parte de ese gesto el intento de documentar los modos especficos en que la clausura institucional ante las migraciones se produce en cada contexto histrico. La buena nueva que hace ms de una dcada se celebr como interculturalidad es tambin la historia de una posibilidad reprimida.

Notas:

i Conviene recordar que el nacimiento de esta figura profesional ha estado ligada al desarrollo de algunas iniciativas comunitarias de fomento de igualdad de oportunidades, en el que han participado tcnicos de distintos proyectos europeos y de administraciones pblicas, as como algunas asociaciones, especialmente en Madrid, Catalua y Andaluca. As, a partir de 1996 se conform el Grupo Tringulo, quien puso en marcha programas de formacin en mediacin intercultural, incluyendo Formacin Superior en este rea, as como el Servicio de Mediacin Social e Intercultural (SEMSI) en el Ayuntamiento de Madrid, intervenciones de mediadores en el mbito educativo de Catalua y en ONGs en Andaluca. Tambin en Valencia, desde 2008, se implementaron programas de mediacin intercultural y formacin especfica, actualmente interrumpida por falta de recursos, crendose equipos de mediadores interculturales, especialmente por parte de Ceinmigra y con el apoyo de la Universidad de Valencia. Dentro del Tercer Sector, un importante compendio sobre mediacin intercultural ha sido elaborado por Andaluca Acoge, VVAA (2002): Mediacin intercultural. Una propuesta para la formacin, Editorial Popular, Madrid. La descentracin, el descubrimiento del marco de referencia del otro y la negociacin-mediacin son definidos como parte de la competencia intercultural (op.cit., p. 19). En estas propuestas de mediacin, se plantea () situar la comunicacin como fundamento de las relaciones entre personas de culturas diferentes y, en ella, recuperar la palabra ponindola en el centro () (op.cit., p. 81) como posibilidad de negociacin que haga posible la creacin de un espacio comn.

ii Un resumen de algunas iniciativas y debates al respecto puede consultarse en VVAA (2004): La formacin del profesorado en Educacin Intercultural, Ministerio de Educacin, Cultura y Deporte, Madrid y Boqu Torremorell M. Carme (2005): Tiempo de mediacin, CEAC, Barcelona; VVAA (2012): Educacin intercultural y comunidades de aprendizaje, Catarata, Madrid, VVAA (2012): Estrategias de atencin a la diversidad cultural en educacin, Catarata, Madrid.

iii En 2011, el mediador intercultural Francisco Morales (perteneciente a Andaluca Acoge, una de las entidades que ms impuls este tipo de prcticas en Espaa) lo sealaba con claridad: Vienen tiempos duros. La crisis econmica est sirviendo ya de pretexto para dar rienda suelta a los instintos ms primarios, aquellos que sealan al diferente como culpable de la situacin. Se nos anuncian reformas que recortarn derechos y harn ms difcil la vida del inmigrante. Si cuando el ciclo econmico era bueno, eran necesarios, ahora que vienen mal dadas, sobran, (citado en Moreno Ramos [2012]: Conflicto y mediacin, Axioma, p. 108). Es en esa fecha donde tanto en Castilla La Mancha como en Madrid se cierran los SAMI.

iv Para profundizar en esta cuestin, remito al Informe 2013 de CEAR (http://www.acnur.es/PDF/informetendenciasasilo2013_acnur_20140321121643.pdf) y al informe 2013 de ACNUR (http://www.acnur.es/PDF/informetendenciasasilo2013_acnur_20140321121643.pdf).

v Siguiendo a Perotti, los elementos centrales del interculturalismo implican la asuncin de una dimensin poltica del proyecto, el respeto por la diversidad, la recreacin de culturales en presencia y la emergencia de una nueva sntesis (en Gimenez, Carlos y Malgesini, Graciela [2000]: Gua de conceptos sobre migraciones, racismo e interculturalidad, Catarata, Madrid, p. 258). No obstante, se sealan tambin algunos puntos dbiles: tiende a olvidar dimensiones socioeconmicas y jurdicas del debate y las desigualdades en las interacciones marcadas por jerarquas etnoraciales (estratificaciones intraculturales, sumadas a las de clase y gnero). Tambin Mndez Rubio seala algunas limitaciones al respecto en La apuesta invisible. Cultura, globalizacin y crtica cultural, Montesinos, Madrid, 2003, pp. 192 y ss.

vi Mientras las concepciones multiculturales admiten la diversidad proponiendo polticas relativistas de respeto que conllevan segregacin, la interculturalidad supone confrontacin y entrelazamiento, planteando una dinmica de intercambio intergrupal (Garca Canclini, Nstor: Diferentes, desiguales y desconectados. Mapas de la interculturalidad, Gedisa, Madrid, 2008, p. 15).

vii Bahbha, Hommi (2002): El lugar de la cultura. Manantial, Buenos Aires,

viii En este sentido, referirse a la interculturalidad remite al conjunto de objetivos y valores que deberan guiar esos encuentros [entre culturas diferenciadas]. Se trata no slo de aceptar y respetar las diferencias, sino tambin de valorar y educar a los ciudadanos en los principios-gua de la convivencia entre sujetos culturalmente diversos (Jos Luis Garca, Interculturalidad en VVAA: Diccionario de relaciones interculturales. Diversidad y Globalizacin, Universidad Complutense, Madrid. 2007, p. 205). Ms adelante aade: Los problemas de la interculturalidad, lejos de concretarse en la coexistencia entre sujetos con diferentes mentalidades, habilidades y prcticas, en los problemas interactivos de comunicacin o en la educacin para magnificar los valores de todas las culturas, se plasman en las consecuencias sociales de los mecanismos existentes en los Estados nacionales para acoger, reconocer, dar derechos y exigir deberes de ciudadana a los individuos que conviven en su territorio, sin que la naturaleza del origen les discrimine en la vida social (op.cit., p. 207). Las ambigedades, sin embargo, no quedan saldadas, en tanto el autor reenva la interculturalidad a () la puesta en prctica de un programa multiculturalista (op.cit., p. 205), algo que, al reintroducir la indistincin entre los trminos aludidos, resulta invlido en este contexto.

ix La crtica radical a la nocin de tolerancia multiculturalista como credo liberal/demcrata ha sido efectuada de forma mordaz por Zzk (ZZK, Slavoj: En defensa de la intolerancia, trad. J. Eraso Ceballos y A. Antn Fernndez, Sequitur, Madrid, 2009, p. 56): () el multiculturalismo es una forma inconfesada, invertida, auto-referencial de racismo, un racismo que mantiene las distancias: respeta la identidad del Otro, lo concibe como una comunidad autntica y cerrada en s misma respecto de la cul l, el multiculturalista, mantiene una distancia asentada sobre el privilegio de su posicin universal.

x Una poltica de la interculturalidad no permite resolver desigualdades que no estn dadas por la procedencia etnocultural sino por otras dimensiones identitarias (p.e. nuestra condicin de clase o gnero). Implica el riesgo de incluir a otros sujetos culturales que, sin embargo, ocupan posiciones sociales dominantes, reproduciendo otras desigualdades concretas mediante una estratagema culturalista. El nfasis unilateral en esta poltica puede conducir, por tanto, a la perpetuacin de otras asimetras de poder.

xi Al respecto, remito a Jameson F. y Zzk S. (1998): Estudios culturales. Reflexiones sobre el multiculturalismo, Paids, Buenos Aires, p. 137 y ss.

xii Un proyecto de interculturalidad que no parta de una crtica al etnocentrismo corre el riesgo de convertirse en una mera celebracin de la diversidad sin cuestionar las estructuras de desigualdad provocadas, en este caso, por la procedencia o la etnia.

xiii Segn el ltimo informe del INE residen ms de cuatro millones y medio de personas inmigrantes y refugiadas en situacin regular (por no referirnos a la pluralidad interna de la sociedad espaola o al ms de medio milln de personas en situacin irregular). Por su parte, el SEPE estima que en 2013 residan 5.546.238 de personas extranjeras, que representan el 11,77% de la poblacin total de Espaa.

xiv Brah, Avtar (2001): Cartografas de la dispora, trad. Jorge Ojeda, Traficantes de sueos, Madrid.

xv He planteado esta cuestin en La discriminacin en el mercado laboral espaol. Crisis capitalista y dualizacin social (2011), en Rebelin, 14/08/2011, versin electrnica en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=133998, Ms all del problema del paro: capitalismo y marginacin sistmica (2012) y en Rebelin, 24/03/2012, versin electrnica en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=146838.

xvi Wieviorka, Michel (2009): El racismo: una introduccin, trad. Antonio Garca Castro, Gedisa, Barcelona.

xvii Los datos pertenecen al INE (2013), en http://www.ine.es/prensa/np740.pdf.

xviii Siguiendo el Informe del Mercado de Trabajo de los Extranjeros. Estatal. Datos 2013, del SEPE (2014), los datos son inequvocos: de los 2.565800 contratos de trabajo a extranjeros en 2013, el 67,24 % es en el sector de servicios, mientras que el 23,14% es en agricultura. Slo el 10,18 % ha sido indefinido. Las ocupaciones mayoritarias han sido peones agrcolas, personal de limpieza y empleados domsticos. La informacin puede consultarse en http://www.sepe.es/contenidos/que_es_el_sepe/publicaciones/pdf/pdf_mercado_trabajo/IMT2014_Datos2013_Estatal_Extranjeros.pdf

xix As ocurre por ejemplo en la agricultura en el caso de inmigrantes varones, donde los jornales de los temporeros inmigrantes promedian los 15 o en el sector domstico, en el caso de las mujeres, donde se incumplen las normas laborales ms elementales, comenzando por una amplsima proporcin de trabajo sumergido.

xx Me he referido a esta cuestin en Operacin "borrado". Quin da cuenta del racismo y la xenofobia en Espaa? (2011), en Rebelin, 29/07/2011, versin electrnica en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=133119.

xxi Aunque la cuestin es mucho ms compleja e irreductible a una cuestin estadstica, es importante recordar algunos datos del ltimo informe de OBERATXE que muestran un alto grado de rechazo hacia la poblacin inmigrada y refugiada, especialmente cuando su situacin de clase es desfavorable. El 72% de la poblacin espaola considera elevado (33 %) o excesivo (39 %) el nmero de inmigrantes en Espaa, mientras que slo el 23% considera que el nmero es aceptable y el 1% insuficiente. Adems, el 40 % est muy de acuerdo o ms bien de acuerdo con que un extranjero que sea parado de larga duracin sea expulsado del pas y un 47% (contra un 48% que piensa lo contrario) que los espaoles deben tener preferencia en el acceso a la atencin sanitaria. Asimismo, un 66 % de la poblacin considera muy aceptable o bastante aceptable que a la hora de contratar un trabajador, tenga preferencia un espaol antes que un inmigrante (en Evolucin del racismo y la xenofobia y otras formas conexas de intolerancia en Espaa, Subdireccin General de Informacin Administrativa y Publicaciones, Madrid, 2013, pg. 31).

xxii Ya en 2010, Movimiento Contra la Intolerancia insista: Los crmenes de odio se han convertido en un fenmeno frecuente en muchos Estados participantes. Pero, por desgracia, la escasez de datos sobre estos delitos hace que sea difcil evaluar el verdadero alcance y la naturaleza del problema (Informe Raxen 2010, pg. 92). Los informes de la Red Europea de Informacin sobre Racismo y Xenofobia contabilizan unos 4000 casos de agresiones racistas al ao distribuidas por todas las comunidades autnomas, propiciadas por miembros de la nueva ultraderecha, aunque dichos datos distan de dar cuenta de la magnitud del problema y no estn confirmados oficialmente. Segn sus estimaciones, cada da al menos 10 personas sufren una agresin fsica o verbal por motivos de raza, etnia o nacionalidad (sin contar con los que son vctimas de la homofobia, el sexismo y la aporofobia). A ello hay que sumar las ms de 200 webs xenfobas y neonazis que funcionan en territorio espaol, adems del centenar de personas asesinadas desde 1992, vctimas de delitos de odio.

xxiii Siguiendo el informe del SEPE ya citado, el numero de afiliaciones de extranjeros que disponemos est tipificado del siguiente modo: Actividades profesionales, cientfica y tcnica, especialmente mdicos, profesores de idiomas y fillogos y traductores (48.010), Administracin pblica, defensa y seguridad social (12.854) y Educacin (45.926). En total, unas 100000 afiliaciones estaran ligadas a las instituciones pblicas, representando aprox. un 6.5% del total, aunque sin precisar si dichas afiliaciones pertenecen a extranjeros comunitarios o extracomunitarios. No hay forma de determinar la posicin laboral de estos afiliados dentro de la AAPP o la Educacin.

xxiv Me he ocupado del caso universitario en Reflexiones sobre el espacio universitario espaol

Noticias antiguas sobre la interculturalidad que no fue (2013), en Rebelin, 22/09/2013. versin electrnica en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=174337. Tomando los ltimos datos disponibles del INE, en el curso 2010-2011 de la universidad pblica espaola, participaron 102.378 profesores (11,5% catedrticos, 37,2% titulares y el 30,0% asociados y el 21,4 % ayudantes, contratados doctores, colaboradores y emritos), del cual el 49,1% es personal funcionario. No hay datos sobre el nmero e importancia relativa del profesorado inmigrante y refugiado, as como de extranjeros nacionalizados. Por su parte, el ltimo informe Datos y Cifras del Sistema Universitario Espaol (SUE) del Ministerio de Educacin, Cultura y Deporte no permite subsanar esta omisin. Si bien dentro de la universidad pblica han participado en 2013 616 profesores visitantes, no estamos en condiciones de determinar su procedencia o su nacionalidad. Tampoco se especifica si en las otras categoras docentes participan profesores de procedencia extranjera, como podra ser el caso de colaboradores, ayudantes doctores, contratados doctores, personal investigador u otros. En suma, por esta va, resulta imposible determinar el nivel de participacin del profesorado extranjero en la universidad pblica espaola. Lo que resulta ms significativo: ni siquiera remontndonos a la Encuesta Nacional de Inmigrantes 2007: una monografa, estamos en condiciones de mejorar nuestro conocimiento al respecto. En cuanto a los datos ministeriales, la informacin que disponemos es selectiva y slo incluye referencias al Programa de movilidad del profesorado de mster y doctorado en la que han participado ms de 3000 personas. En ese respecto, el informe especifica la procedencia de los participantes: La mayor parte de los beneficiarios de este programa son profesores con nacionalidad espaola o de algn pas miembro de la UE 27. Ms adelante, precisa las nacionalidades de los beneficiarios del programa de movilidad tanto en doctorados como en msteres oficiales respectivamente: Espaa (23,9 % / 35,5%), UE-27 (49,4 %/ 45,2%), EEUU y Canad (11,6%/ 8,7%), Amrica Latina y Caribe (9,2 % / 6.1%), Asia y Oceana (2,3%/ 1,4%), Resto de Europa (3,4%/ 2,9%) y frica (0,1% /0,3 %). Solamente Espaa, UE, EEUU y Canad se aproximan al 85% del total.

xxv He profundizado en esta cuestin en Anotaciones sobre la construccin simblica de las migraciones, en Rebelin, 24/10/2014, versin electrnica en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=191193.

xxvi A modo de ejemplo, es pertinente recuperar algunos titulares de prensa, especialmente elocuentes: Rutas de inmigracin ilegal hacia Espaa (El Pas, 17/03/2014, en http://elpais.com/elpais/2014/03/17/media/1395083592_131640.html), o Rescatados en el Estrecho 835 inmigrantes, entre ellos 30 menores (El Pas, 12/08/2014, en http://politica.elpais.com/politica/2014/08/12/actualidad/1407829246_971909.html), donde el peridico hace alusin a una avalancha de inmigrantes (sic). El peridico El Mundo apela a titulares similares: Melilla, puerta de la inmigracin ilegal ms all de la valla (8/12/2013, en http://www.elmundo.es/espana/2013/12/08/52a453320ab740b7768b4580.html) o 270 detenidos en la operacin contra la inmigracin ilegal (El Mundo, 8/09/2014, en http://www.elmundo.es/andalucia/2014/09/08/540ded14ca4741f2688b4591.html).

xxvii Para profundizar en la nocin de articulacin remito a Laclau, Ernesto y Mouffe, Chantal: Hegemona y estrategia socialista, Fondo de Cultura Econmica, Buenos Aires, 2004.

xxviii Bauman, Zygmunt: Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias, trad. Pablo Hermida Lazcano, Paids, Barcelona, 2005.

Blog del autor: http://arturoborra.blogspot.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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