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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-01-2015

Calafateando el modelo

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


La debilidad en la conduccin del proceso de reformas que la Nueva Mayora y Michelle Bachelet propusieron al pas, se hace cada vez ms evidente. Una primera manifestacin de notable inseguridad poltica y de cobarda en la utilizacin de su mayora parlamentaria, se produjo con la reforma tributaria. Sin ninguna necesidad, el gobierno cocin el proyecto con la derecha y el empresariado e hizo importantes concesiones, incluyendo el blanqueo de capitales. De ese modo ratific que continuara aplicando la poltica de los consensos que ha instalado un co-gobierno permanente entre la centro-izquierda y la derecha (incluidos empresariado, Iglesia y fuerzas armadas). El co-gobierno ha esterilizado todo intento serio de reformar el modelo instaurado -mediante terrorismo de Estado- por la dictadura.

La lnea aplicada en su segundo gobierno por la presidenta Bachelet confirma su apego al sistema heredado. Ms all de discursos para la galera -que intentan salvar la imagen de los partidos de la coalicin-, esto significa compartir la administracin del Estado y un reparto amistoso de los beneficios de la caja fiscal. Su ms reciente iniciativa -la reforma laboral-, tambin se ubica en esa direccin. Se orienta a transitar el sinuoso camino de negociaciones que est recorriendo la reforma educacional. Ese trayecto de purificacin limar las aristas que an pudieran inquietar al empresariado. Admisin elocuente de los verdaderos propsitos de la reforma laboral fue la visita de los ministros de Hacienda y Trabajo al cardenal-arzobispo de Santiago para darle a conocer el proyecto y recibir su bendicin. El prelado ha sido tenaz crtico de la reforma educacional, que se ha modificado segn las exigencias de la Iglesia, importante operadora de la educacin privada. Por otra parte, por primera vez en la historia de la clase trabajadora chilena la presidenta de la CUT y el presidente de la Asociacin de Bancos han coincidido en la defensa de la reforma del Cdigo del Trabajo. El banquero Awad, a diferencia de dirigentes empresariales que utilizan la confrontacin para precipitar el repliegue reformista, ha demostrado una visin de largo alcance. Son innegables los beneficios que obtendr el capitalismo con la modernizacin del Estado y las relaciones laborales que plantea la Nueva Mayora, cuyos partidos son hoy parte del sistema.

Mientras la derecha se debate en el pantano de la corrupcin puesta al desnudo por el caso Penta -que en los prximos das debera llevar a la crcel a empresarios y polticos-, la Nueva Mayora no atina a crear un mtodo que le permita cumplir la misin que le asignaba la historia. Es que no puede o no quiere? Hay una incapacidad intrnseca en esos partidos para generar liderazgos reformadores. Sufren el rechazo de la mayora ciudadana y un proceso de descomposicin por el abandono de principios y valores ticos. Es el costo de su subordinacin al sistema. Pero, cul era la misin histrica de la Nueva Mayora? Sin duda, la modernizacin democrtica del Estado mediante sucesivas reformas de profundidad y extensin cada vez mayor. El eje de esa tarea es el cambio de la Constitucin mediante una Asamblea Constituyente.

El deterioro de la Concertacin abri paso a la Nueva Mayora que, en los hechos, formalizaba la incorporacin al gobierno del Partido Comunista -hasta entonces solo acompaante electoral para sortear escollos del binominal-, y de un par de partidos de bolsillo. La NM se dot de un programa de reformas que consideraba maduras. Esto quera decir -en el sofisticado lenguaje poltico chileno- que no suscitaran rechazo del sector ultraconservador del empresariado ni de las fuerzas armadas. Pero an as, con un programa que alentaba entusiasmos alicados, Bachelet fue elegida solo por una porcin ciudadana. Una abstencin del 60% dio la espalda a la poltica. Hasta ahora ese hecho sustancial no es reconocido por los dos bloques que administran el pas. En vez de lanzarse a la reconquista del respaldo popular, poniendo al centro del debate el cambio democrtico de la Constitucin, la NM se enred en transacciones y concilibulos con la derecha moribunda. Las reformas que eran necesarias se han hecho ahora muy urgentes. Pero no sern posibles mientras en el camino permanezca el obstculo insalvable de la Constitucin pretoriana.

La NM tampoco demuestra voluntad o capacidad de hacer verdaderas reformas. Sus propuestas en lo tributario, educacional y laboral -para no hablar del reparto de cupos parlamentarios entre compadres en que ha parado la eliminacin del binominal-, no llevan a democratizar el Estado. Slo son parches y remiendos. La misin reformista de la NM ha cedido el paso a un objetivo inferior. Su tarea se reduce a calafatear las junturas del Estado que filtran agua. Como reformista consecuente, la NM habra ganado un lugar honorable en la historia. Como calafatera no tiene otro destino que ser superada -y ms tarde olvidada- por una fuerza anticapitalista que conquiste con su ejemplo y tica la conciencia y el corazn del pueblo

 

Editorial de Punto Final, edicin N 821, 9 de enero, 2015

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