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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2015

Choque de civilizaciones: no nos sigan agarrando de estpidos, por favor!
Seremos todos Charlie?

Marcelo Colussi
Rebelin


Cuando en el ao 1883 la erupcin del volcn Krakatoa, en Indonesia a la sazn colonia holandesa produjo un maremoto con tremendas olas de 40 metros de altura que provocaron la muerte de 40.000 habitantes, un diario en msterdam titul la noticia: Desastre en lejanas tierras. Mueren ocho holandeses y algunos lugareos. Qu racismo!, podramos decir hoy escandalizados. Lo cierto es que la historia no ha cambiado mucho 130 aos despus.

Ya estamos tan habituados a Hollywood y montajes hollywoodenses, que vemos el mundo en trminos de buenos y malos, de muchachitos justicieros (siempre blancos, defensores de la democracia y el estilo de vida occidental y cristiano, triunfadores por antonomasia) que castigan a bandidos (los cuales, casualmente, son siempre indios, negros, y desde hace un tiempo musulmanes). Tanto se nos metieron estos esquemas en la cabeza nos los han metido!, habra que aclarar que interpretamos todo lo que pasa a nuestro alrededor segn esa clave. Para el caso, remedando aquel racismo de la tragedia del volcn Krakatoa, los recientes hechos de Pars nos lo dejan ver de un modo vergonzoso.

De ningn modo se puede aplaudir la muerte violenta de nadie, la de los caricaturistas, la del polica rematado en el piso, la de tanta gente que muere a diario por causas prevenibles. Pero levantar estas repulsas universales tan hollywoodenses? por los muertos franceses tan respetables como cualquiera, por supuesto como mnimo abre ciertas sospechas.

Ya se escribi hasta la saciedad sobre el ataque al semanario francs Charlie Hebdo. Un texto ms sobre el asunto seguramente no aporta nada nuevo (por el contrario: ms bien puede contribuir a aumentar ese hartazgo). Pero casi como un acto de militancia me pareci necesario aunque sea tardo decir basta! a tanta manipulacin meditica.

Este manipulado proceder, que ya se nos hizo tan habitual, de dividir maniqueamente el mundo entre buenos y malos, impide entender la complejidad de los procesos en juego, obnubila la mirada crtica sobre la realidad. En otros trminos: estupidiza.

Hollywood y toda la parafernalia comunicacional que sigue esa lnea (que es muy buena parte de lo que consumimos a diario como informacin) nos ha anestesiado, convirtindonos de mquinas tragadoras de imgenes prediseadas. Desde hace aproximadamente ms de dos dcadas toda esa industria meditica ha venido haciendo del mundo musulmn un enemigo pblico de la racionalidad occidental. El asunto no es azaroso. Unos aos despus de iniciada esa campaa de preparacin, un catedrtico estadounidense Samuel Huntington, no sin cierto aire pomposo nos alert del choque de civilizaciones que se est viviendo.

Ahora bien: lo curioso es que ese monstruoso enemigo que acecha a Occidente, ese impreciso y siempre mal definido fundamentalismo islmico que pareciera ser una nueva plaga bblica, siempre listo para devorarnos, debe ser abordado antes que nos ataque. De ah que nace la estrategia de guerras preventivas. Dicho de otro modo: le hacemos la guerra nosotros (los buenos) antes que ellos (los malos) nos la hagan. El esquema es simple, demasiado simple. Ms an: atrozmente simple, puesto que se repite el modelo de las pelculas hollywoodenses: soldados occidentales buenos castigando a los musulmanes malos.

Pero lo ms curioso y atroz! es que justamente los pases de donde proviene esa supuesta amenaza tienen sus subsuelos cargados de petrleo. Curiosa coincidencia, verdad?

Como los medios audiovisuales cada vez ms deciden nuestras vidas, nuestra forma de pensar, las ideas que nos hacemos del mundo, el bombardeo de estos das nos mostr a tres fundamentalistas musulmanes (los hermanos Kouachi y Mohammed Mehra) cometiendo actos atroces (tan atroces como comete cualquier soldado occidental, blanco y educado, cuando masacra musulmanes, negros o indios en algn remoto rincn del mundo, segn dijera en alguna oportunidad el presidente de Estados Unidos que empez con lo de las guerras preventivas).

Pero ya que estamos hablando de curiosidades, valga decir, citando al diario estadounidense McClatchy que esos asesinos fueron reclutados en su momento por el francs David Drugeon, miembro de los servicios de inteligencia del pas galo, y ligado al grupo Al Qaeda. Otra curiosidad? Por supuesto, el gobierno francs lo neg. Algo as como Osama bin Laden, el peor malo de la pelcula inventado por la CIA?

No pretendemos con este breve texto desarrollar una exhaustiva investigacin sobre al asunto. Mucho menos, denunciar abiertamente que ah hubo un execrable montaje, en relacin al cual podramos aportar pruebas convincentes. Quiz alguien ya se encargar de hacerlo, as como se hizo con las Torres Gemelas de New York. Pero como de manipulacin de sentimientos se trata (guerra de cuarta generacin la llamaron?), ese odio que se ha intentado crear contra el Islam no me lo como!

Si es cierto que todos somos Charlie (como el hebdomadario), tambin todos somos los miles y miles de nios muertos por las bombas asesinas de la OTAN y las potencias occidentales, con Washington a la cabeza, en los ms de 20 frentes de guerra abiertos en el mundo para defender la democracia? Y tambin todos somos los diez mil nios muertos diariamente por hambre, y todos somos los miles de damnificados por las inmorales deudas externas de los pases que pagan a los acreedores del Consenso de Washington, y todos somos los que viven en favelas, y todos somos los que mueren de diarrea por no tener acceso a agua potable. Ninguna de esas vctimas se mereca morir, como seguramente tampoco lo merecan los 12 asesinados de la revista parisina. O acaso alguien se lo merece? Tal vez esos malos de la pelcula retenidos en Abu Ghraib, o en Guantnamo? Tal vez s lo merecan los 108.000 desaparecidos de las guerras sucias en Amrica Latina?

Como dijo Thierry Meyssan: No es en El Cairo, en Riad ni en Kabul donde se predica el choque de civilizaciones sino en Washington y en Tel Aviv. El petrleo robado por las compaas occidentales lo deja ver. Y si no se ve clarito, es porque este oro es demasiado negro.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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