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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2015

El debate en torno a Charlie Hebdo ser no ser, esa es la cuestin

Jos Antonio Gutirrez D.
Rebelin


Recientemente escrib un breve artculo titulado Je ne sui spas Charlie (Yo no Soy Charlie) sobre la respuesta que suscit la masacre de los caricaturistas de Charlie Hebdo en Pars en los medios comunicativos y sociales, as como sobre ciertos contenidos de la revista, en particular la trivializacin del asesinato de musulmanes. Este artculo ha despertado una viva polmica que no necesariamente ha tenido que ver con la intencin con que el artculo fue escrito, pero que sin embargo ha servido para estimular un debate en momentos en que desde todas las esquinas buscan acallarlo con consignas fciles*. Un amigo deca que lo nico que vale la pena escribir es lo que molesta al poder y al pensamiento hegemnico, aunque ste se disfrace de alternativo.

Dentro de los maniquesmos impuestos (ests con Charlie o con el islamismo), a muchos les parece sorprendente que alguien pueda repudiar a la vez el ataque a la oficina deCharlie Hebdo y las caricaturas de esta revista. Sea por estrechez mental, mala comprensin de lectura, mala fe o lisa y llana estupidez, hay quienes han llegado a la sorprendente conclusin de que denunciar el carcter racista evidente- de muchas de las caricaturas del Charlie Hebdo significa, en el mejor de los casos, hacer el juego a los terroristas o, en el peor de los casos, avalar la masacre. No ponerse la camiseta Yo Soy Charlie te convierte en sospechoso, en uno de los otros. Pues yo no entro a ese chantaje. Creo que es un deber moral no solamente repudiar el ataque, sino sobre todo y con ms fuerza, oponerse a esta avalancha de racismo y xenofobia que inunda a Europa, donde 80 aos despus el neonazismo se est poniendo de moda nuevamente, precisamente, gracias a la islamofobia. As mismo, hay que oponerse a las representaciones culturales que, manipuladas o no, consciente o inconscientemente, se estn utilizando para fomentar el odio. Posicin que no es nada fcil en medio del macartismo reinante y de la actitud refleja de muchos a ponerse la camiseta Yo soy Charlie siguiendo ciegamente las tendencias de facebook.

Los que son y los que no son El artculo represent a muchos que no creen que, por repudiar el crimen perpetuado contra Charlie Hebdo por extremistas islmicos, se vuelva aceptable tanto la representacin racista que en esta revista o en otros medios de comunicacin se hace de las personas de pases musulmanes, como celebrar estas representaciones, circularlas y apoyar acrticamente una consigna tan manipulable como Je suis Charlie. Re-publicar tales caricaturas no es ni valiente ni irreverente; es seguir echando gratuitamente lea al fuego en una situacin ya lo suficientemente explosiva, que requiere abrir las puertas a un mayor dialogo inter-cultural, no un portazo. El artculo represent a muchos para quienes lo ocurrido en Pars no debe vaciarse de contexto histrico, como si el colonialismo y las agresiones imperialistas tanto de Francia como de las potencias de Occidente no tuvieran nada que ver en toda esta carnicera global posicin argumentada de manera muy convincente por Robert Fisk en un artculo en el Independent[1]. Tambin represent a quienes ven con preocupacin la manipulacin de este crimen para justificar futuros crmenes sea en la forma de ataques racistas a inmigrantes o de intervenciones militares como la intervencin indirecta de Francia en Siria, donde, dicho sea de paso, los hermanos Kouachi obtuvieron su entrenamiento militar con los combatientes de la libertad apoyados por los galos. Por ltimo, represent a quienes no pasan por alto la hipocresa de muchos jefes de Estado que marcharon en Pars por la libertad de expresin pero que censuran, amordazan y asesinan periodistas en sus propios pases (o en los que ocupan)[2]. Ironas de la vida: un caricaturista de Charlie Hebdo, Bernard Holtrop, dijo el sbado que vomitamos en toda esta gente que de repente se hacen llamar nuestros amigos. () Nunca han visto a Charlie Hebdo.

Pero tambin desat la reaccin de muchos detractores, desde diferentes ngulos. La agresividad de algunos es claramente reflejo del ambiente de beligerancia que se nos infunde desde los medios de comunicacin de masas como parte de la Guerra contra el Terrorismo y que se respira particularmente pesado ac en Europa. Basta ver los comentarios que suscita cualquier mencin a rabes en internet para darse cuenta que hay una islamofobia impresionante: agresividad que, lejos de ser puramente discursiva, se refleja en ataques contra miembros de la comunidad rabe europea, en agresin simblica e insultos, en apoyo abierto o tcito a bombardeos en tierras rabes o al estrangulamiento de Palestina. La semana ha terminado con los extremistas abatidos despus de una cacera implacable que no poda terminar en nada ms que en su muerte; pero todava quedan cinco millones de musulmanes en Francia, todos potencialmente peligrosos, todos amenazantes, todos culpables hasta que no se demuestre lo contrario. Una buena dosis de paranoia es necesaria para alimentar este despreciable sentimiento: cualquiera que escuchara hablar a ciertos comentaristas se imaginara que vivimos en una Europa dominada por clrigos islamistas que imponen la sharia, que acorralan al pensamiento secular y al cristiano, y se roban nuestras mujeres. Steve Emerson, por ejemplo, un supuesto experto en terrorismo, deca en Fox News que Birmingham era una ciudad totalmente islmica a la que no podan entrar gente que no fuera de esa religin[3]. Aunque la estupidez de este comentario no pas desapercibida, existe una corriente de opinin que cree, contra toda evidencia, que estamos rodeados y tenemos que ir por ellos, cogerlos donde se escondan, en sus barrios o en sus pases, y seguir as alimentando esta interminable guerra civilizatoria.

El argumento abiertamente racista Cules son las objeciones en contra de quienes rechazan el ataque sin ponerse la camiseta de Charlie?[4] Ms all de quienes no pasan del nivel del insulto o de la consigna que busca acallar la crtica de manera proto-fascista (si no te gusta, no lo compres y cllate), hay ciertas objeciones que se repiten una y otra vez. El primer grupo de objetores ha esgrimido argumentos abiertamente racistas . No faltan los que escribieron que los musulmanes, todos, sin excepcin, son brbaros, que nos consideran a todos los occidentales, sin excepcin, como infieles que tenemos que morir. Esa es, por lo general, la posicin de gente que en su vida no han conocido a un musulmn, salvo a travs de las caricaturas del Charlie Hebdo o a travs de la igualmente caricaturesca tesis del choque de las civilizaciones. Dentro de estas perlas encontramos los que dicen: los musulmanes son fanticos enceguecidos, son atrasados medievales, animales, devulvanlos a su pas, si no les gusta que se vayan, aprendamos de Israel que los puso en cintura, hay que aplastarlos, no los apacigemos sino que enfrentmoslos, decidamos a qu valores somos fieles, linchmosles, olvidmonos de los derechos humanos y colgumoslos de las pelotas, y otras bellezas. No me detendr mucho en este tipo de comentarios pero creo que valida mi punto de vista de que existe un substrato racista innegable que apela a ciertos defensores de la consigna Yo Soy Charlie, y que el inters de muchos en reproducir estas caricaturas desafortunadas va mucho ms all de una inocente defensa de la libertad de expresin. La sagrada ideologa de la libertad de expresin El segundo grupo est compuesto por los que asumen la defensa del principio de la libertad de expresin como un valor sagrado y absoluto. Sin embargo, la libertad de expresin , como todas las libertades parciales democrticas, tiene lmites. Y esa libertad de expresin absoluta que celebran muchos comentaristas, ese supuesto nihilismo deCharlie Hebdo que criticaba por igual a todos es una ficcin: primero, porque no todos son iguales . Hay sensibilidades insoslayables cuando se hace mofa de un sector vulnerable de la poblacin, o de la cultura de un pas que el gobierno del tuyo est invadiendo, o bombardeando, o ha colonizado. La violencia simblica va de la mano de una violencia real: si las potencias occidentales solamente usaran caricaturas no habra ningn problema, pero aparte de tinta hay muchas bombas y sangre derramada. Esto lo seala de manera muy clara la Unin de Judos Franceses por la Paz, quienes en su comunicado frente a este hecho, dicen claramente que no podemos olvidar que el contexto en el que se publican las caricaturas, Podemos imaginarnos caricaturas de una revista progresista criticando a la religin juda en los aos treinta, en los momentos en que se desarrollaba el antisemitismo y la persecucin de judos? sealando que las caricaturas de Charlie Hebdo son parte de esa islamofobia que en Francia se disfraza del llamado a proteger la laicidad de ellos[5]. Ms all de que las pornogrficas caricaturas de Charlie difcilmente pueden ser consideradas graciosas, se habla del humor, de la irona, de la stira, como si estas categoras les pusieran por fuera de la crtica: todos sabemos que, cuando el machismo se disfraza de chiste, ante la crtica, aparece el Club de Toby a decir que las feministas no tienen sentido del humor.

Segundo, el argumento de la libertad de expresin es ficticio porque Charlie Hebdo tampoco los criticaba a todos por igual . La recarga de humor anti-islmico en la ltima dcada (curiosamente coincidente con la Guerra contra el Terrorismo) es evidente a cualquiera que haya ledo la revista en el ltimo tiempo. Eso, sin mencionar que haba temas tabes en esta revista, por ejemplo, el Holocausto. Desde luego que sera horrible hacer caricaturas del Holocausto, pero tambin es horrible hacer caricaturas de la masacre de egipcios o de la tragedia que son los ataques suicidas. Pero no digamos que nos remos de todo si, en la prctica, no lo hacemos. En la prctica, unos son vctimas y los otros, material humorstico.

Eso, desde luego, no es solamente doble moral de la revista. Es una doble moral consagrada en las mismas leyes francesas que prohben cualquier cuestionamiento al Holocausto, incluso si uno discute si los muertos fueron 6 5 millones. La posicin de Noam Chomsky, quien dice que la libertad de expresin solamente tiene sentido ante las opiniones que uno detesta, es decir que se publique todo sin excepcin. Otra posicin sera aceptar que la libertad de expresin absoluta no existe, que no es aceptable el nihilismo disolvente segn el cual uno pueda andar insultando y diciendo lo que se le da la gana de quin quiera, pero que debe haber reglas claramente definidas y consistentes por igual para todos. Yo no puedo decir obscenidades a menores de edad, ni puedo incitar al odio en contra de las minoras: tiene que haber ciertas reglas para la convivencia, sobretodo en sociedades altamente diversas. Ac no vale escudarse en que los caricaturistas eran de izquierda, como si ser de izquierda nos hiciera inmunes a los prejuicios: ms an cuando comprobamos que la izquierda francesa ha tenido una notable evolucin reciente hacia el intervencionismo humanitario[6], llegando Cohn-Bendit, cono de Mayo del 68, a apoyar la invasin a Irak. Tampoco sirve argumentar que alguno de ellos simpatizaba con el anarquismo, como si esto les diera patente de corso para el humor racista o para negar la importancia de ciertas reglas para regular la comunicacin en sociedad hasta donde s, la posicin anarquista no es la ausencia de reglas, sino el acuerdo colectivo de esas reglas de manera que sea lo ms aceptable para todos los involucrados, an para las minoras. Pero esa posicin republicana de que tenemos libertad de expresin absoluta, pero solamente cuando nos conviene, es insostenible. Con esta doble moral, Francia ha prohibido en el pasado las manifestaciones pro-palestinas, ha censurado al humorista Dieudonne y ahora, el primer ministro Manuel Valls dice que no ser Charlie puede ser considerado como sospechoso.

Dentro de este grupo de opinin, hay quienes salen inmediatamente a afirmar, sin sonrojarse, que la libertad de expresin marca la lnea divisoria entre las dos civilizaciones, occidental y oriental desde luego, yo puedo escribir este artculo gracias a nuestra libertad de expresin; si viviera en una tirana rabe no podra, dicen. Esto por una parte, ignora que la situacin de la libertad de expresin en nuestra civilizacin occidental que es, por decir lo menos, precaria. Primero, porque los monopolios informativos que controlan el 90% de los medios, marcan pautas muy claras de lo que es aceptable decir y lo que no, asunto sobre el cual ha trabajado extensamente Noam Chomsky. No hay ms espacio en los medios de masas que para el pensamiento nico y cualquier periodista que quiera conseguir trabajo sabe que necesita evitar ciertos temas incmodos: el mercado puede regular tan bien la opinin ciudadana como el fanatismo religioso. Los medios alternativos son frecuentemente clausurados, se les exige equilibrio para diluir mensajes alternativos o se prohbe abiertamente ciertos mensajes polticos. En pases como Mxico, Guatemala, Colombia, por nombrar algunos de nuestra civilizacin, que comparten sus valores seculares y sus libertades formalmente, cientos de periodistas han sido asesinados y miles amenazados en los ltimos aos, sin ninguna clase de escndalo internacional. Una amiga de un blog francs me deca, de hecho, que estando plenamente de acuerdo con el contenido de mi artculo, si lo publicaba en su blog tema que se lo bajaran: la auto-censura en nuestros medios es enorme. Pero por otra parte, la opinin de quienes creen que en un pas rabe uno no puede expresarse, tambin desconocen el valor del trabajo de miles de periodistas y comunicadores alternativos rabes que constantemente escriben y hablan desde pases como Egipto, Lbano, Palestina, Tnez, Siria todos los das, a veces desafiando ocupaciones militares, a veces desafiando dictaduras, a veces desafiando a los fanticos, a veces porque los dejan. Desconoce que un medio rabe, Al Jazeera, tiene un repertorio de opiniones mucho ms amplio y una calidad informativa mucho mayor que la mayora de los grandes medios occidentales, y que hace quedar a CNN como un miserable pasqun. El hecho de que los rabes, o la gente de pases musulmanes, no necesariamente hablen alguna de las cuatro grandes lenguas coloniales (castellano, francs, ingls, portugus) no significa que no hablen en absoluto o que no tengan nada importante que decir. Este presupuesto tambin refleja esa arrogancia colonial de la que hablaba.

Nosotros que somos tan peculiares Estn, por ltimo, los que plantean que uno no entiende o que no conoce, y que por eso critica . Parte de este argumento se deriva de una vieja arrogancia colonial repartida democrticamente entre los europeos del sur y del norte. Segn ellos, la cultura occidental (y francesa, por supuesto), est muy por encima de la capacidad de comprensin de nosotros los brbaros. Hay que entenderlos en su contexto dicen; asumiendo que esta crtica pueda ser parcialmente vlida, las imgenes de Charlie Hebdo hace rato circulan por fuera de este contexto, en un mundo que no tiene esa capacidad intelectual para comprender la excepcional cultura francesa (salvo, por algunos intelectuales afrancesados por aqu y por all). Esgrimen la peculiaridad de los valores republicanos de Francia, cuna de los derechos humanos y del Estado moderno. Sin embargo, la Francia actual no es la descendiente directa de la Francia revolucionaria de 1789-1793, sino que es mucho ms descendiente de los excesos del terror y de la reaccin de Thermidor. Francia no es tanto la descendiente de esa repblica provinciana de finales del siglo XVIII, como la descendiente de ese inmenso imperio de finales del siglo XIX. Por eso es que hace no mucho el ministro de educacin recomendaba impartir en las escuelas lecciones sobre los aspectos positivos del colonialismo.

De la mano de este grupo de crticas hay una dosis no menor de elitismo a la vez que un doble rasero: uno tiene que ser lo suficientemente sofisticado e inteligente para entender la genialidad de Charlie Hebdo. Como a veces se dice del arte, si a uno no le gusta, es porque no lo entiende. Si uno tuviera la capacidad o la educacin para entenderlo, sera imposible que no le guste. Toda crtica se origina, necesariamente, en la ignorancia del crtico. Algunos comentarios de franceses decan que yo no puedo criticar a Charlie porque no s (supuestamente) nada de su cultura, otros que porque no vivo en Francia y uno, incluso, porque no vivo en Pars (!) pero ellos si pueden criticar al Islam desde Francia porque all lo saben todo. Curioso que esta exigencia de quienes demandan que uno haya ledo todas y cada una las ediciones de Charlie Hebdo para poder criticarlo, que uno haya vivido perodos prolongados de tiempo en ese pas para familiarizarse con las peculiaridades de la cultura francesa, sin lo cual las sutilezas del humor de Charlie Hebdo nos seran inaccesibles, no se aplica a ellos. Bendecidos por su pasaporte, los caricaturistas y sus defensores s pueden criticar, y ms an, burlarse de culturas o religiones a las que apenas conocen, o que no conocen en absoluto.

Todo en su contexto Las caricaturas no son slo eso, simples caricaturas, como muchos comentaristas afirman. Las caricaturas entregan mensajes que, en determinados contextos, como el que actualmente se respira en Europa, pueden inspirar odio xenfobo, agresiones racistas y justificar aventuras coloniales en curso. De esto ya haba hablado antes, en un artculo escrito con el acadmico judo-irlands David Landy Las vietas polticas van ms all de un mero asunto de libertad de expresin. Tratar el tema slo desde este punto de vista elude un debate sobre el legado del colonialismo y de un orden imperial injusto en el mundo de hoy, un mundo en el que algunos se sienten autorizados, mediante estas inocentes vietas, a justificar la violencia de dicho orden. Un inocente dibujo puede ser ms efectivo para expandir la intolerancia que un discurso[7]. Las caricaturas no matan, pero generan discursos en torno a la violencia material. No es suficiente decir qu puede hacer un artista si su obra la usan unos racistas idiotas; desde luego que no todo est en manos del artista y la incomprensin puede jugar una mala pasada pese a las intenciones de ste. Pero tampoco el artista puede disociarse totalmente de responsabilidad ante su obra, particularmente cuando hablamos de patrones y de temas recurrentes. Ya s que en el mundo post-moderno en que habitamos, de un individualismo rabioso, hablar de responsabilidad moral es casi que una palabra sucia. Pero prefiero este lenguaje que para algunos sonar anticuado, al egosmo anti-social que se nos inculca mediante los aparatos ideolgicos del sistema y que refuerza la extraordinaria individuacin de las nuevas tecnologas digitales. Ms an cuando a la fecha (12 de Enero) ha habido por lo menos 42 ataques islamofbicos en Francia los cuales han pasado totalmente inadvertidos y que, afortunadamente, no han dejado muertos, pero que incluyen balas, granadas, pintadas a Mezquitas con el lema Yo soy Charlie, as como ataques fsicos[8]. Decir que las caricaturas no son algo tan inocente o que los caricaturistas tienen responsabilidad moral por la utilizacin que se hace de sus obras no justifica en ningn caso el asesinato, pero s aclara por qu no me sumo a la moda Yo Soy Charlie.

Charlie Hebdo no insulta solamente a los extemistas Charlie Hebdo insulta a todos los musulmanes y los amalgama en un mismo estereotipo, en un momento en que sus pases son bombardeados e intervenidos por la OTAN, Francia, EEUU, etc., y mientras se les trata en Europa como ciudadanos de segunda clase, como una quinta columna o como un tumor a extirpar. He tenido la oportunidad de compartir con egipcios, turcos, palestinos, kurdos de izquierda, seculares, y ninguno senta que las caricaturas eran una genialidad: las sentan como algo profundamente hiriente e injusto. Nada justifica una masacre, pero tampoco podemos justificar el trato denigrante a los dems. Si hay algo que resume el espritu progresista que inaugur la Revolucin Francesa (en la cual uno de mis ancestros, como dato anecdtico, don su cabeza), es el lema Libertad, Igualdad, Fraternidad. Las tres son indisociables. La Libertad es una infamia cuando no est acompaada de Igualdad, que es mucho ms que ser iguales ante la ley. Y ambas son una ilusin si tampoco hay Fraternidad. Y no es fraternal burlarse de las creencias, cultura o estilo de vida de sectores vulnerables de la sociedad desde una posicin privilegiada, mxime cuando la mayora de los musulmanes no se encuentran en Francia por casualidad, sino por la historia colonial de ste pas. Esa es la diferencia entre el humor de Charlie Hebdo y el de, por ejemplo, Quino, humorista poltico fino, que jams ha tenido que recurrir a la vulgaridad sensacionalista, ni al todo vale, ni a burlarse de los excluidos,para generar reflexin y pensamiento crtico. Pensamiento crtico cada vez ms difcil en el mundo del hashtag y de los mensajes globales de dos lneas en tiempo real. Defender este espacio para el pensamiento crtico en un mundo que cada vez se desquicia ms, significa hoy, para m, no ser Charlie.

NOTAS:

* El artculo ha sido ampliamente ledo, difundido y discutido. El nico medio que tuvo el dudoso honor de haberlo bajado fue el semanario VOZ, del Partido Comunista Colombiano, que lo hizo por orden expresa de su director, Carlos Lozano segn dice, para "evitar malos entendidos". Hubiera bastado agregar que el artculo no representaba la opinin del director. Paradjicamente, la editorial del semanario defiende la libertad de expresin! Dentro de los artculos ms sorprendentes se encuentra la ensalada escrita para Rebelin por un tal Pablo Stefanoni, cuya trayectoria desconozco, pero que me convierte en "vocero" de una izquierda que defiende, supuestamente, a "dictaduras anti-imperialistas". No s de dnde saca este personaje tal conclusin: lo cierto es que en el artculo no se defiende ninguna dictadura, sino que se asumen abiertamente posiciones anti-imperialistas y anti-racistas. Curiosamente, l me critica por supuestamente no conocer a Charlie Hebdo (al cual le bastantes veces en Pars -un amigo lo mantena en el retrete de su casa) pero l, al parecer nunca ley nada de lo que he escrito en el pasado, incluido mi trabajo con companeros de Siria, Libia, del Kurdistn, etc. Si lo hubiera hecho, no habra partido afirmando semejante tontera.

[1] La jornada de Mxico public una traduccin al castellano http://www.jornada.unam.mx/2015/01/10/opinion/017a1mun
[2] Entre estos encontramos al Rey de Jordania, al primer ministro turco, a Netanyahu de Israel, al ministro de relaciones exteriores ruso, a representantes de EEUU, etc.
[3] http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/northamerica/.html
[4] Debido al elevado nmero de comentarios, no los citar individualmente, sino que los he agrupado en tres categoras gruesas para facilitar esta contribucin. De la misma manera, en este debate, me apoyo bastante en comentarios favorables al artculo que respondan a algunos de los crticos. En este sentido considero los argumentos que de aqu en adelante desarrollo como una elaboracin colectiva.
[5] http://www.ujfp.org/spip.php?article3760
[6] Que Jean Bricmont discute en detalle en su libro Humanitarian Imperialism.
[7] http://anarkismo.net/article/21217
[8] http://paris-luttes.info/deferlante-raciste-et-islamophobe-2397


(*) Jos Antonio Gutirrez D. es militante libertario residente en Irlanda, donde participa en los movimientos de solidaridad con Amrica Latina y Colombia, colaborador de la revistaCEPA(Colombia) yEl Ciudadano(Chile), as como del sitio web internacionalwww.anarkismo.net. Autor de "Problemas e Possibilidades do Anarquismo" (en portugus, Faisca ed., 2011) y coordinador del libro "Orgenes Libertarios del Primero de Mayo en Amrica Latina" (Quimant ed. 2010).



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante unalicencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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