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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-01-2015

Las Sillas contra el hambre reivindican derechos bsicos en la puerta de los ayuntamientos
A la plaza contra la pobreza y la exclusin

Enric Llopis
Rebelin


La lucha contra la precariedad y la exclusin asumi a partir de septiembre de 2014 un nuevo rostro, las sillas contra el hambre. Activistas y ciudadanos se concentran los lunes por la maana en la puerta de los ayuntamientos para reclamar empleo, la renta bsica, un cheque energtico para la supervivencia, y guarderas y transporte pblico gratuitos, entre otras medidas de emergencia. Uno de los epicentros de la iniciativa fue Len, a partir de la huelga de hambre del ciudadano Ramiro Pinto, pero se fueron agregando ciudades como Burgos, Sevilla, Madrid, Mrida, Alcal de Henares, Gijn, Valladolid, Valencia, Zaragoza o San Fernando.

Las reivindicaciones de fondo son, con ligeras variantes, muy parecidas en todas las ciudades. Una de las exigencias fundamentales desde primera hora es la renta bsica universal. De hecho, en las plazas, frente a los consistorios, las sillas del hambre recogen firmas de apoyo a la ILP que propone una renta bsica y universal en dos fases, la primera que garantice 645 euros mensuales para que ninguna persona se quede bajo el umbral de la pobreza; y en una segunda etapa, la extensin de este derecho a toda la ciudadana. Asimismo, se recuerda que el Plan de Ayuda a los ms Necesitados de la Unin Europea (PEAD) ha reducido de 14 a 9 los productos distribuidos por el Fondo Espaol de Garanta Agraria (FEGA), a travs de los Bancos de Alimentos y Cruz Roja. Dos millones de personas dependen en el estado espaol de la ayuda de este programa de la UE.

O los parados y quienes lo pasamos mal nos movemos, o no conseguiremos nada; qu podemos esperar de los partidos y los sindicatos?, se pregunta Toni Carrin, uno de los promotores de las Sillas del Hambre en Valencia. Este activista volvi de las Marchas del 22-M en Madrid y se plante que era necesario hacer algo. En verano colg un escrito en Facebook con el fin de pasar a la accin. Convers con Victoriano Fernndez, activista de las sillas del Hambre en Alcal de Henares, quien le habl de las huelgas promovidas por dos ciudadanos en Len y Elche y el movimiento posterior. Pens entonces en organizar algo similar en Valencia, ciudad en la que reside, y para ello contact con gente del 15-M, las Marchas de la Dignidad y las plataformas de parados. Toni Carrin no invent las sillas del hambre, pero s lo que ha bautizado como grupos de afinidad 7+1. Cada persona ha de recabar otras siete de confianza y a una ms de otra ciudad. As nos aseguramos que nadie va a fallar en una accin de desobediencia civil no violenta, explica.

El primer lunes de septiembre las sillas contra el hambre se concentraron por primera vez en la plaza del Ayuntamiento de Valencia. Han recibido el apoyo de ciudadanos de la calle, de la PAH, la Red de Solidaridad Popular (RSP) y de manera especial de los Yayoflautas, aunque tambin de personas afiliadas a Izquierda Unida, CGT, Podemos y Comproms, entre otras organizaciones. A finales de noviembre sillas contra el hambre particip en la semana de luchas de las Marchas de la Dignidad. Varios activistas se encerraron en una oficina del SEPE (antiguo INEM) en el centro de Valencia durante media hora, hasta que la polica les comunic que si no abandonaban este espacio, procederan a su detencin. Despus de una asamblea de diez minutos, se salieron de las oficinas. El grupo de Valencia ha entrado en contacto con ncleos de personas interesadas en Villarreal, Castelln, Onda, Nules y la Vall dUix, para ayudar a que se extienda el movimiento.

El 29 de diciembre celebraron una singular nochevieja reivindicativa a las 12 de la maana, hora a la que tomaron las uvas al ritmo de las campanadas de la Plaza del Ayuntamiento. Cantaron tambin villancicos que denunciaban la precariedad y la corrupcin. El 5 de enero, muy cerca del monumental beln de la plaza, el oficial, simularon un desahucio en otro portal de Beln, el alternativo. Se sumaron activistas de la PAH, las sillas contra el hambre, las Marchas del 22-M y los Yayoflautas. Se recre la ocupacin por parte de los ejrcitos romanos y la resistencia del pueblo palestino, hasta que un activista de la PAH anunci la paralizacin del desalojo.

Pero lo normal es concentrarse los lunes entre las 11 y las 13,30 de la maana, repartir octavillas y recoger firmas por la ILP de la renta bsica. Desde el primer momento se despliega una pancarta, con las principales reivindicaciones. Y antes de terminar, los activistas organizan una asamblea. En Valencia no se pide permiso a las autoridades para las concentraciones. Slo faltara, afirma Toni Carrin, cuando nicamente pedimos trabajo o la renta bsica. La protesta transcurre de manera tranquila, slo alterada el da que se interrumpi un discurso de Rita Barber contra la violencia de gnero.

El Informe sobre Exclusin y Desarrollo Social en la Comundad Valenciana de Foessa, presentado en noviembre de 2014, seala que el riesgo de pobreza o exclusin social en el Pas Valenciano afecta a tres de cada 10 personas, y que la desigualdad ha crecido un 10% entre 2008 (el inicio de la crisis) y 2012. El 38,5% de los hogares valencianos afirman llegar con dificultades a fin de mes, frente al 36,7% de media estatal, segn las informaciones recogidas por Europa Press. Adems, el 80% de los hogares del Pas Valenciano manifiestan recibir ayuda o recurrir al colchn familiar.

En ese contexto las sillas contra el hambre reclaman pan, trabajo y techo. Ms en detalle, un censo oficial de las personas en riesgo de exclusin; la paralizacin de los cortes de luz, agua y gas para quienes no puedan pagar; que se priorice la contratacin (durante ms de un ao) de quienes no reciben ya prestaciones; guarderas gratuitas; formacin sin ningn coste en los oficios necesarios para la ciudad, adems de potenciar los trabajos de restauracin, rehabilitacin y los mercados artesanos; la entrega de un carn de transporte gratuito; la simplificacin de trmites para que la burocracia no convierta en un laberinto las prestaciones municipales; por ltimo, que se prohban los repartos de ayuda y comida que fomenten la xenofobia. El programa reivindicativo termina con la consigna ningn parado sin prestacin.

En la plaza puede fcilmente trazarse un retrato de la precariedad. A Toni Carrin le despidieron del Carrefour emplazado en la Ronda Norte de Valencia hace cinco aos por no dar la imagen, le comunicaron. La empresa prefiri a los dos compaeros ms jvenes, recuerda. Desde entonces, y ahora tiene 57 aos, no ha vuelto a trabajar. Cobra un subsidio de 426 euros que se prolongar hasta su jubilacin, con lo que ha de pagar una pensin de 90 euros a una de sus hijas y 120 euros del alquiler de la habitacin donde vive. A alimentarse le ayudan hermanos y amigos, pero la situacin no le resta fuerzas para la militancia. Adems de en las sillas contra el hambre, participa en las Marchas del 22-M, la Red de Solidaridad Popular y el 15-M (asamblea de Algirs). Qu es lo que ms lamenta de esta crisis? Nos hacen creer que vivir en la miseria es lo normal.

Desde que se sacaron el primer lunes las sillas a la plaza, Dolores Manrubia, de 52 aos, se turna con su marido. Se enrol en la PAH de Valencia, entre otras razones, porque en el juzgado ya le han notificado el desahucio. No puede pagar desde 2012 una hipoteca firmada con Cajamar que estaba llena de clusulas abusivas, afirma. Trabaj como autnoma durante una dcada y ahora no cuenta con ayudas ni subsidios. Si sobrevive es gracias a la pensin de su marido, con la que tienen que ayudar a dos de sus hijas (a su vez paradas y con hijos).

Sergio Nieto, de 42 aos y en paro desde 2010, tambin colabora en el huerto de la RSP y siempre que puede en la paralizacin de desahucios. Sin prestaciones ni subsidios, vive con su madre, que le mantiene con la pensin. Para que la gente salga a la calle ya no se me ocurren ms ideas. Plantea como alternativa organizarse en ecoaldeas, redes de soberana alimentaria o el cultivo de hortalizas y animales. Mucha gente que vive dentro del sistema se atrevera entonces a salir. Mara Isabel, parada de 51 aos, se enter de las convocatorias por Radio Klara. Durante los ltimos cinco aos se sostuvo con la pensin de su madre (600 euros). Vive en un piso de alquiler del que debe dos meses y recibe ayuda psicolgica por la seguridad social. Como la mayora de los concentrados, simultanea militancias. En el caso de Mara Isabel, en la PAH de valencia y el crculo Podemos de Benicalap-Campanar. Pero su situacin ha encontrado recientemente un pequeo aliviadero: una gran superficie ha contratado a su hija por menos de 700 euros.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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