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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-01-2015

Qu vendr tras la sangre derramada en el ataque a Charlie Hebdo?

Joan Carrero Saralegui
Rebelin


Ha sido una barbarie. Sin duda alguna. Pero cuando oigo o leo en los grandes medios, tanto de la derecha como de la izquierda, que esta brbara masacre ha sido un ataque a los valores esenciales de nuestra civilizacin (u otras afirmaciones parecidas), se despiertan en mi interior unos antiguos y feroces fantasmas. Cuando el 30 de marzo de 1976 mi esposa y yo (integrados en el movimiento de la no violencia, al igual que nuestro amigo Adolfo Prez Esquivel) vivamos y trabajbamos con los indgenas andinos de Argentina, los tres ejrcitos, liderados por Jorge Rafael Videla, asumieron el gobierno de la Nacin. Aquel da, resonaron en nuestra vieja radio las enrgicas palabras del general: combatiremos, sin tregua, a la delincuencia subversiva en cualquiera de sus manifestaciones, hasta su total aniquilamiento. El 8 de diciembre de 1977 especificara ms: Un terrorista no es slo alguien con un revlver o una bomba, sino tambin aquel que propaga ideas contrarias a la civilizacin occidental y cristiana. Ah nuestra civilizacin!

Hoy ya sabemos que la existencia, bien real, de grupos guerrilleros como los Montoneros y el ERP fue utilizada como pretexto para justificar una criminal limpieza ideolgica que acab con la vida de miles de personas cuyo nico crimen era su ideologa de izquierdas. Y, sobre todo, para justificar un proyecto de implantacin del naciente neoliberalismo econmico. Est ms que documentado adems el papel fundamental de Henry Kissinger, siguiendo instrucciones de David Rockefeller, en el acontecimiento que puede ser considerado el inicio de dicha implantacin neoliberal en el Cono Sur: el golpe de Augusto Pinochet el 11-S de 1973 contra el embaucador Allende (as se refiri aquel gran financiero-filntropo al legtimo presidente de Chile). Adems de aliarse con los sectores ms reaccionaros de las iglesias de estos pases, la familia Rockefeller, consciente de la fuerza de la religin en un continente en el que tres de cada cuatro personas son creyentes, financiaron tambin la implantacin sistemtica de sectas espiritualistas desconectadas de la realidad social, poltica y econmica (a diferencia de movimientos como el la teologa de la liberacin o el de la no violencia).

Pero hay algo an ms perverso que el usar ciertos acontecimientos como pretextos para llevar a cabo proyectos criminales: el provocar dichos acontecimientos. En muchas ms ocasiones de lo que nuestra adoctrinada sociedad tiene conciencia, el evento que ha justificado el inicio de otros proyectos criminales semejantes a aquellos a los que me acabo de referir ha sido una operacin de falsa bandera. En el artculo titulado The First Question to Ask After Any Terror Attack: Was It a False Flag? (La primera pregunta despus de cualquier ataque terrorista: Fue una falsa bandera?), publicado en el WashingtonsBlog el pasado 7 de enero, se recogen decenas de operaciones de falsa bandera reconocidas por diferentes instancias oficiales de aquellos pases que los llevaron a cabo y que, engaando a la opinin mundial, se los adjudicaron al enemigo a batir. Tales operaciones de falsa bandera son una tctica frecuente del poder desde hace siglos. Se las design as por lo habitual que era el hecho de que los antiguos navos engaasen con una bandera falsa. Pero, claro est, la verdadera naturaleza de tales operaciones solo ha sido reconocida cuando ya han pasado demasiados aos. Tantos, que el ciudadano comn seguramente pensar algo semejante a lo que le puede haber pasado por la cabeza de algunos de los lectores de este artculo: Y qu tiene que ver lo que sucedi en Argentina hace casi cuarenta aos con lo que acaba de suceder en Francia?.

Paul Craig Roberts, exsubsecretario del Tesoro de EE.UU., acaba de asegurar que el ataque terrorista contra la sede de Charlie Hebdo ha sido otra nueva operacin de falsa bandera. Y no es el nico analista serio y bien informado que ha apuntado tal hiptesis. Empiezan a aparecer extraos elementos, dignos de consideracin, que se van transformando en argumentos en ese sentido o, al menos, en argumentos que apuntan a la complicidad activa o pasiva de los servicios secretos franceses: los oscuros contactos de los autores de la masacre y otra gente de su entorno con miembros de los servicios secretos franceses como David Drugeon; el olvido por uno de ellos del DNI en el coche que usaron; el suicidio del comisionado policial Helric Fredou, que estaba investigando este caso, durante la noche del mircoles al jueves en la comisara policial...

Sobre esta tragedia no tengo informacin directa y no creo, por tanto, que deba decantarme por ahora a favor de tal hiptesis. Pero es evidente que, en el marco y la lgica de la llamada teora del choque de civilizaciones (en la que no queda nunca claro si se est pronosticando un enfrentamiento de civilizaciones o si lo est provocando), unos crmenes como los ahora cometidos en Pars refuerza considerablemente la identidad occidental de Francia en enfrentamiento a la identidad musulmana. Basta con escuchar ya en estos primeros das posteriores a la masacre, incluso aqu en Espaa, las tertulias en radio y televisin o los artculos de opinin para comprobar la subida de la marea patritica occidental. Adems, aparentan ser unos crmenes que evidencian un profundo fanatismo religioso en los otros y que no estn necesariamente relacionados con las agresiones previas occidentales al mundo islmico. Pero no hay que olvidar que los especialistas de la Inteligencia occidental (ms de 800.000 solo en Estados Unidos como confirm Julian Asange), tienen todo el tiempo y los recursos del mundo para maquinar y presentar cada vez el siguiente evento que desencadenar el nuevo avance totalitario occidental como algo completamente nuevo y diferente. Tras dcadas de reiteradas experiencias, tan parecidas todas ellas, ya no deberamos caer tan rpidamente, una y otra vez, en el mismo tipo de trampas.

En todo caso, y esto es lo que en realidad pretendo destacar, dichos eventos, tanto los de falsa bandera como los que no lo son, se utilizan habitualmente como pretexto para desencadenar un proyecto previo inconfesable. Esto es lo realmente decisivo de unos y otros, su condicin de desencadenante. La lnea divisoria entre ambos tipos de eventos es adems, con mucha frecuencia, demasiado sutil o incluso confusa. Se pueden facilitar o incluso inducir tales eventos sin necesidad de activarlos directamente. Se pueden crear alegremente muchas de las llamadas rebeliones liberadoras y formar a luchadores por la democracia que luego se emancipan de aquellos estados democrticos que los crearon o se vuelven incluso contra ellos (por lo que la responsabilidad de sus crmenes de terrorismo recae sin duda sobre ambos). Lo cierto es que los mayores crmenes (o los mayores recortes de libertades) suelen ser los que vienen despus de tales eventos. Por ello, tras el duelo de estos das, la pregunta que creo que corresponde ahora es esta: Qu vendr tras la sangre derramada en el ataque a Charlie Hebdo?

Pero, por qu tendramos que pensar que tras esa sangre derramada debe venir necesariamente un nuevo captulo an ms terrible de esta ya larga tragedia? Creo que la Francia de Sarkozy-Hollande, que viene formando parte de la vanguardia de un agresivo Occidente en la remodelacin del llamado por los grandes poderes anglosajones el Medio Oriente Ampliado as como en las operaciones de control de los recursos del frica subsahariana, no desperdiciar esta ocasin de oro para avanzar en su misin. Pero entiendo que para quienes an no hayan llegado a tomar conciencia de la existencia del implacable proyecto de supremaca mundial atlantista, nada de todo esto tiene coherencia interna. No es ese mi caso. A partir del abril de 1994, fecha en la que la pequea fundacin que presido qued conmocionada por el llamado genocidio de los tutsis y empez a volcar todos sus recursos y energas en el gran conflicto del frica de los Grandes Lagos, he podido ir comprobando hasta qu punto es real tal proyecto de dominacin global, hasta qu punto el conflicto de Ruanda/Congo se inici y est jalonado de continuas operaciones de falsa bandera, hasta qu punto la llamada lucha contra el terrorismo es con demasiada frecuencia la cnica manera de encubrir un terrible y sistemtico terrorismo de Estado, hasta qu punto son intocables ciertas cuestiones para aquellos poderes que se acaban de poner la mscara de la sacrosanta defensa de la libertad de expresin en la reciente gran manifestacin de Pars.

Para no alargarme ms de lo oportuno, me limitar a hacer solo dos consideraciones. La primera se refiere al sistemtico acoso que han sufrido diversos amigos y compaeros de lucha por tan solo cuestionar el intocable y falso dogma que sostiene que los tutsis del Frente Patritico Ruands (de quienes la criminal secretaria de Estado de Bill Clinton, Madeleine Albraight, dijo que eran la nia de nuestros ojos) son los (nicos) representantes de la etnia tutsi y los liberadores de el (nico) genocidio. Soy de la opinin de que existen realidades sagradas que no deben ser denigradas. Es tan solo una sencilla cuestin de empata y respeto. As, para alguien que hubiese visto como era destrozada su familia o violadas sus hijas, sera terrible tener que soportar adems que un humorista hiciese mofa de ello. Si la cultura occidental permitiese semejante sarcasmo en nombre de la libertad de expresin, dejara en evidencia que es una cultura necia y narcisista. En realidad, seguro que no permitir tales burlas si estas afectasen a ciertas personas. Si, por ejemplo, la persona linchada de manera brbara no hubiese sido Muhamar Gadafi sino la Hilary Clinton que se autofelicit sarcsticamente viendo las imgenes de tal proeza, seguro que no hubiese sido permitida ni la menor broma al respecto. Ni tan siquiera podran haber sido divulgadas las imgenes del linchamiento de semejante dama, como han sido divulgadas las del lder libio.

De hecho, no se ha permitido que sea publicada ninguna imagen de las vctimas del 11-S estadounidense. Por el contrario, las calaveras de miles de vctimas del genocidio ruands son expuestas permanentemente por el rgimen que, con el beneplcito estadunidense, asola desde 1990 toda la regin. Y son expuestas no solo de modo morboso sino incluso falsario: hacindolas pasar por vctimas de la etnia tutsi, cuando en realidad, como han demostrado los investigadores estadounidenses Christian Davenport y Allan C. Stam, las mayora de vctimas de aquel genocidio fueron hutus. Y ello sin contar los millones de vctimas mortales congoleas y hutus ruandeses anteriores al abril de 1994 y posteriores al junio de ese mismo ao. Es evidente que existen seres humanos de primera, que deben disfrutar del derecho a libertad de expresin o de el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen (artculo 18 de la Constitucin espaola) y seres humanos de cuarta. El hecho es que en el caso de nuestros compaeros acosados ni tan solo hablamos de una realidad que debe ser tratada con respeto, como es la del genocidio. Y mucho menos de que se est haciendo la menor apologa de l. Estos compaeros simplemente han cuestionado (al igual que a nivel judicial ha hecho el juez Fernando Andreu) la versin oficial del genocidio ruands. Sin embargo han sido acosados, en Francia y Blgica con una intensidad increble, por aquellos que se autoerigen, continuamente y en especial en estos das, en guardianes de la libertad.

El periodista de investigacin Charles Onana sufri una querella interpuesta ante la justicia francesa por el Estado ruands y por su presidente Paul Kagame por atreverse a publicar que fue este quien orden el atentado terrorista que acab con la vida de los presidentes hutus de Ruanda y Burundi y desat el genocidio. Lo cual es bien cierto. Tan cierto que, conscientes de que en el caso de seguir adelante saldran a la luz demasiadas revelaciones embarazosas, finalmente estos decidieron retirar la querella algunos das antes de la apertura del proceso. El escritor Pierre Pan tuvo que sufrir una dursima campaa contra su persona, tambin con proceso judicial incluido (que finalmente gan) por difamacin contra la etnia tutsi, por haberse referido a la cultura de la mentira y de la manipulacin propia de las lites cortesanas tutsis. El abogado defensor de la heroica lder de la oposicin democrtica, Victorie Ingabire Umuhoza, Peter Erlinder (presidente de la Asociacin de Abogados de la Defensa del Tribunal Penal Internacional para Ruanda y expresidente del Sindicato Nacional de Abogados de Estados Unidos y) sufri prisin durante varias semanas en Ruanda acusado de negacionismo por tan solo atreverse a cuestionar la versin oficial del genocidio ruands...

Se trata tan solo de algunos ejemplos notables, sin referirme a multitud de ruandeses que han sufrido y siguen sufriendo la ms dura represin por no someterse a tantas directrices totalitarias del Gobierno de Ruanda bendecidas por los grandes poderes econmicos occidentales, como es el caso de la misma Victorie Ingabire Umuhoza (condenada a quince aos de prisin por recordar pblicamente a las vctimas hutus, adems de las tutsis, frente a los miles de calaveras del Memorial del genocidio), o el del periodista tutsi y antiguo miembro del Frente Patritico Ruands Dogratias Mushayidi (condenado a cadena perpetua por hacer manifestaciones semejantes). Es esta la sacrosanta libertad de expresin por la que claman y se manifiestan nuestros magnficos lderes, libertad que debe sustituir a cualquier otra realidad sagrada (como son el sufrimiento de los ms desprotegidos, la empata y el respeto)?

La segunda consideracin tiene que ver con el terrorismo o, mejor, con los terrorismos. En el documento de junio del ao 2000 llamado Joint Vision 2020, de la Direccin de polticas y planes estratgicos del Ejrcito de los Estados Unidos, la doctrina es bien explcita: los intereses y las responsabilidades de Estados Unidos son globales y persistirn, por lo que el ejrcito de los Estados Unidos debe ser una fuerza conjunta capaz de lograr la dominacin del espectro total. Y este llamamiento a la dominacin total no es exclusivo de este importante documento. As por ejemplo, el borrador de la Gua de Planificacin de la Defensa de 1992, preparada para el secretario de defensa Dick Cheney por los neoconservadores Paul Wolfowitz y Lewis Scooter Libby ya deca: Debemos mantener los mecanismos para disuadir a potenciales competidores de cualquier aspiracin a un papel regional o global ms amplio.

Como explica el Joint Vision 2020, La dominacin de espectro completo significa la capacidad de las Fuerzas de EE.UU., operando solas o con aliados, de derrotar a cualquier adversario y de controlar cualquier situacin a travs de toda la gama de las operaciones militares. Y la guerra contra el terrorismo se ha convertido en el principal argumento para implantar tal dominio total (Full-spectrum dominance) y disuadir a cualquier competidor que pretenda alcanzar un papel regional o global ms amplio. Es importante recordar estas pretensiones imperialistas cuando algunos, en esta sociedad nuestra que anda tan perdida, nos califiquen de antimperialistas trasnochados.

Esta grave cuestin, absolutamente ligada al derecho a la privacidad y al honor, s que me afecta personalmente: sorprendentemente, un da, en noviembre de 2009, encontr publicados en la primera pgina de los diarios progresistas El Pas y Pblico correos electrnicos mos referentes a una subvencin de 50.000 euros. Se acusaba a nuestra fundacin, Fundaci SOlivar, con sede en Mallorca, y al presidente de la asociacin Inshuti de Manresa, Joan Casliva Barcons, de haber financiado con ellos a los supuestos genocidas hutus de las FDLR (Fuerzas Democrticas de Liberacin de Ruanda) que, segn dicen, operan en el este de la Repblica Democrtica del Congo contra ese pas y contra Ruanda, y que, al parecer, hacen necesaria la mayor misin de la ONU jams habida, una misin en la que casi 20.000 cascos azules velan (seguro?) por la paz. Dichos diarios citaban textualmente un informe oficial de la ONU, informe en el que los cincos expertos que lo firmaban se olvidaron de los correos posteriores en los que se nos denegaba la concesin de tal subvencin. As que se nos acusaba de financiar a los peores grupos terroristas imaginables con subvenciones que nunca recibimos.

Como posteriormente qued de manifiesto, al publicar el diario 20minutos cinco cables de WikiLeaks que El Pas no quiso publicar (cables cursados entre el Departamento de Estado estadounidense y el embajador de ese pas en Madrid), el objetivo de tal conspiracin no era otro que el de acabar con la querella que, junto a otras personas y organizaciones, habamos interpuesto en la Audiencia Nacional espaola contra los ms altos cargos de la actual dictadura ruandesa. Se trataba de desactivar las cuarenta rdenes de captura por los ms graves crmenes posibles, entre otros los de terrorismo, emitidas por el juez Fernando Andreu Merelles contra cuarenta altos cargos del FPR (Frente Patritico Ruands). Qu paradoja: para proteger el terrorismo de Estado de sus gendarmes en el frica de los Grandes Lagos, Estados Unidos invocaba la necesidad de luchar contra el terrorismo, justificaba la violacin de nuestras comunicaciones y nos acusaba de colaboracin con terroristas!

Pero quiz lo ms sorprendente y desolador fue comprobar cuntos lectores progresistas de ambos diarios no solo caan fcilmente en la trampa, como mostraban sus cientos de comentarios a la noticia, sino que adems aprovechaban para hacer ms sangre an a los misioneros y la Iglesia, a los que estos conspiradores haban decidido asociarnos en los grandes titulares de sus diarios progresistas. A pesar de que la nuestra es una fundacin no confesional en la que no hay ningn religioso y en la que queremos que se sientan como en casa todos aquellos a quienes les preocupan la justicia o la paz (sean creyentes o ateos), tenan que aprovechar para desacreditar a aquellos miembros de la Iglesia que, al igual que en Latinoamrica, se han posicionado con frecuencia del lado de las vctimas y, en muchos casos, han dado su vida por ello.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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