Portada :: Opinin :: El cmic de la discordia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-01-2015

Yo soy Charlie o el luto fascista

Arsino Orihuela
Rebelin


Es humanamente repulsivo el atentado contra el semanario Charlie Hebdo en Francia. Pero no es menos indecente el relato que urdieron los mass media para explicar el ataque en Pars. Otra vez la trillada frmula del choque de civilizaciones, de las invasiones brbaras que descienden de agrestes enclaves con el objeto de mancillar, por una mera cuestin de deporte, el conjunto de valores intachablemente nobles que profesa el Occidente culto o avanzado. La misma narrativa vulgar de un traumatismo externo que transgrede por vocacin gratuita la trama de relaciones equilibradas, desconflictuadas o armoniosas que presuntamente encarna el mundo cristiano occidental. Y todo el andamiaje discursivo sigue ms o menos este tenor. Ellos, los otros brbaros, musulmanes o islmicos o yihadistas o terroristas, son el enemigo, y por consiguiente la fuente vital de las disrupciones. En el Yo soy Charlie desfilan personas de distintas procedencias, preferencias y raleas. Se dan la mano el bueno y el malo. Pero esa pretendida universalidad es un espejismo: en este clamor no caben las vctimas de la islamofobia occidental. Esos, an cuando sean vctimas, pertenecen a esa naciente estirpe tnica cuya poblacin crece vertiginosamente en nuestro siglo: terroristas.

El significado original de terrorismo aluda al uso extremo de la violencia de Estado. Pero la asociacin de terror con Estado era poco rentable para las configuraciones de poder, que justamente se agruparan alrededor del aparato estatal en los siglos XIX y XX. Era preciso asignar esa aficin de imponer terror a los grupos que se oponan a esos poderes. Con gran xito, el artilugio propagandstico consigui que el calificativo de terrorista circulara indisolublemente asociado a cualquier acto o mocin cuyos contenidos denotaran crisis o desequilibrio. Es la clsica frmula de externalizacin de los daos, arguyendo que toda irregularidad o inconsistencia o convulsin es cortesa de una entidad exterior al orden de cosas. Terrorismo encierra una connotacin conscientemente xenofbica, y se le atribuye casi universalmente a grupos que discrepan, a menudo violentamente, con el progresismo burgus. En realidad se trata de un concepto estril o caduco, pues no define nada preciso, es oportunamente vago, propicio para utilizarlo donde mejor convengan los poderes establecidos. Y ac no se pretende minimizar lo ocurrido en Francia. Todo lo contrario. Ms bien es un acontecimiento demasiado alarmante como para reducir la explicacin a una terminologa ideolgica que distorsiona u oculta categricamente el fondo del asunto. Pero an admitiendo que se trata de un atentado terrorista o una agresin efectuada por terroristas, por el evidente uso de terror como instrumento para perseguir un fin, lo cierto es que las causas permanecen inexploradas, que hasta ahora nadie se detuvo a interpretar o conocer los fines, y que la masiva circulacin del trmino terrorismo tena como propsito justamente el ocultamiento terminante de las causalidades profundas. Esta obsesin por evitar el anlisis de las causas subterrneas y ceirse a un relato lastimero, falsario e intil, es un signo cuando menos preocupante: se incuba el germen de la tentacin fascista.

Las narrativas que siguieron al 9-11 estadunidense, y que ahora se replican en Francia tras el brutal ataque a Charlie Hebdo, tienen altos contenidos ideolgicos con rastros fascistas. El fascismo no es un asunto del pasado. Recorre subrepticiamente el presente occidental. Y se perfila peligrosamente como un horizonte dominante en el futuro cercano.

En la Alemania de la primera posguerra, los emergentes poderes germnicos atribuyeron la causa de todos los males al leviatn judo. La derrota en la Primera Guerra Mundial dej en el pueblo alemn una herida profunda, y las expectativas en la carrera por la supremaca de la poca no eran nada alentadoras. El efecto democratizador del pujante movimiento obrero era incompatible con el proyecto burgus de superioridad geopoltica. Desmoralizacin, confusin e inestabilidad eran las cifras dominantes de esa Alemania. Triunf la solucin fcil (o falsa) al problema: la satanizacin de un grupo tnico y la persecucin de sus adherentes, y la totalizacin de un proyecto poltico alrededor de un chivo expiatorio. El resto de la historia la conocen todos.

En cuotas acaso diluidas o ms eficazmente invisibilizadas, Estados Unidos en contubernio con las potencias europeas ponen en circulacin el catecismo fascistoide, un remedo de evangelizacin con fuertes componentes revanchistas, que involucra la estigmatizacin de las culturas o etnias o religiones cuyas geografas son atractivas para el pillaje. Hasta el hasto reproducen la mitologa de un choque de civilizaciones, que no es una descripcin de la realidad, sino una prescripcin acerca de cmo deben abordar los gobiernos el conflicto humano, un formulario que aspira a legitimar la guerra, la militarizacin, las intervenciones, la agresin unilateral de los pueblos que no figuran en el pinculo de la cristiandad occidental.

Occidente prefiere callar sus crmenes, omitir su responsabilidad en la proliferacin de eso que denomina terrorismo, que no es ms que una respuesta absurda, siniestra e irracional a esa otra violencia absurda, siniestra e irracional que ejercen las potencias occidentales en Oriente Medio, Indochina y vastas regiones del planeta.

Murieron para que nosotros podamos vivir libres declar Francois Hollande, el presidente francs, en la ceremonia fnebre en honor a los policas muertos en los ataques al peridico Charlie Hebdo. Este es el tipo de subterfugios retricos, lugares comunes, frases efectistas e incoloras que envuelven a la coyuntura luctuosa en cuestin. La mayora de los franceses aceptan la versin de una supuesta agresin a la tolerancia, los valores occidentales o la cacareada libertad de expresin; o la de una escalada de la guerra santa en nombre de Al; o la de una accin estratgica de Al Qaeda para posicionar al islamismo. Pocos reflexionan acerca de un hecho a nuestro juicio insoslayable: que los operativos de esos grupos terroristas, en este caso de Al Qaeda, no benefician en nada al Islam, al contrario, lo perjudican notablemente. Tampoco se preguntan acerca de cmo las polticas de control y militarizacin comprendidas en la doctrina de la Seguridad Nacional, tan socorridas en Estados Unidos y Europa, contribuyen a la propagacin del terrorismo y la violencia. Mucho menos se le ha ocurrido a alguien condenar pblicamente a la CIA, por su responsabilidad confesa en la creacin y el financiamiento de Al Qaeda. Es ms reconfortante y redituable la condenacin moral, la evasiva retrica que ubica la fuente del problema en una ideologa malfica y extrema cuyas races se encuentran en una pervertida y venenosa manipulacin del Islam (Tony Blair, ex primer ministro del Reino Unido).

El orden del discurso est dispuesto para alimentar la guerra. La guerra por el dinero y el poder y contra las poblaciones, que en nuestra poca recibe el nombre de guerra contra el terrorismo (o en otras latitudes guerra contra el narcotrfico). A travs de esta guerra ciertos Estados imponen la agenda de los poderosos. El atentado en Pars abona al clima de guerra, favorece el intervencionismo y la militarizacin, alimenta la ilusin de la exterioridad del mal. Los relatos explicatorios anuncian un escalamiento de la guerra total, y un coqueteo con la solucin fascista.

La guerra contra el terrorismo es como el perro que persigue en crculos su cola. Al igual que en la Alemania fascista, la actual comunidad de potencias occidentales inventa una guerra contra un conjunto de etnicidades cuya responsabilidad en la trama de la crisis es francamente marginal. Ms an: el yihadismo, el Estado Islmico, Al Qaeda, son criaturas de Occidente. El terrorismo es un reflejo de Occidente. El Islam es el espejo.

A propsito de las guerras y el terrorismo, en una entrevista en 2013 Eduardo Galeano manifest: Las guerras son fbricas de terroristas, es decir, lo que se hace alzando muros o desatando guerras es multiplicar el terrorismo contra el cual se dice que se est combatiendo. Esta paradoja slo puede explicarse si se tiene en cuenta que el mundo padece una maquinaria de guerra, este es un mundo loco donde se gastan 2500 o 2600 millones de dlares en la industria militar, o sea, en el desarrollo del arte de exterminar al prjimo, y entonces hay que justificar esa maquinaria de guerra, y si los terroristas no estn hay que fabricarlos. Yo creo que stas son fuentes de locura, de desesperacin, que estn convirtiendo al mundo en un matadero, en un manicomio

Cabe hacer notar que Ayotiznapa y Charlie Hebdo estn enraizados en una problemtica comn, que no es ni la disidencia poltica ni el extremismo islmico, sino la gestin militarizada de todos los asuntos humanos que prescribe o decreta Occidente, y la agresin de las potencias globales a los territorios susceptibles de lucro geopoltico o utilidad econmica.

En el luto de Francois Hollande, Angela Merkel, Benjamin Netanyahu y consortes, se esconde el clculo de la ganancia poltica, la satanizacin del islamismo, la apologa de la arrogancia occidental, el rastro de un fascismo en germen.


 

Blog del autor: http://lavoznet.blogspot.com/2015/01/yo-soy-charlie-o-el-luto-fascista.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter