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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2015

Charlie-Hebdo
Y ahora? Los hechos, su alcance y los retos

Franois Sabado/Pierre Rousset
Viento Sur


 Ya no queris saber nada de las clases ni de sus luchas? Tendris entonces la plebe y las multitudes anmicas. Ya no queris saber nada de los pueblos? Tendris bandas y tribus. Ya no queris saber nada de los partidos? Tendris el despotismo de la opinin. (Daniel Bensad, Elogio de la poltica profana. Pennsula, Barcelona, 2009, p. 348).

Es demasiado pronto para extraer todas las consecuencias de los acontecimientos de estos ltimos das, pero es necesario tomar conciencia de lo que ha pasado. Hemos asistido a un momento histrico. Sobre todo, por la fuerza y la masividad de las manifestaciones del sbado 10 y el domingo 11 de enero: en todo el pas se han movilizado casi cinco millones de personas. Algo jams visto.

Por encima de todas las confusiones, estas manifestaciones han constituido un gran momento de fraternidad humana, como lo ha puesto manifiesto la reaccin y el comportamiento de la gente: hablando entre ella y ayudndose mutuamente para poder avanzar en medio de la presin que ejerca la multitud concentrada. Algunas imgenes de las tardes del sbado y el domingo, que no duraron mucho, nos recordaban los momentos vividos en las manifestaciones de 1995 o 1968, en las que por encima de todo estaba la solidaridad.

La composicin de las manifestaciones, que agruparon a cerca de 5 millones de personas, era fundamentalmente de gente asalariada y, tambin, de jvenes. Tanto en las ciudades como en la mayora de los suburbios se trataba de manifestaciones populares. Aun cuando no hayan sido "socio-sindicales" o "de lucha social", estas manifestaciones muestran que la sociedad se moviliza. Se puede discutir sobre esto, pero las movilizaciones han congregado, sobre todo, al "pueblo de izquierdas". Confraternizando contra la barbarie del terror y a favor de las libertades democrticas y de la libertad de expresin, hemos denotado la presencia de pancartas o carteles contra todos los racismos (antisemita o antimusulmn). Al mismo tiempo, tampoco tiene mucho sentido darle vueltas al "Todos somos Charlie" repetido hasta el infinito.

Los millones de personas que han hecho "Todos somos Charlie" es un grito de solidaridad humana que estall contra los asesinatos. Se poda haber manifestado de diferentes maneras. Se hizo referencia a la idea de un "Charlie obrero"; es decir, vincular la solidaridad con los periodistas asesinados a la necesidad de una movilizacin por los derechos sociales. Una idea discutible pero que en el fondo expresa un planteamiento justo: el de dar un contenido democrtico y social a la movilizacin y a la emocin. suyo ese eslogan no expresaban su apoyo a la lnea editorial de la revista, del mismo modo que la gran mayora de quienes decan "todos no somos Charlie" conocan ms o menos la revista, pero no la lean.

Ese fue el sentido del movimiento profundo de la sociedad que se expres desde el 7 de enero y los anticapitalistas tenan que formar parte de l, dialogar con esos millones de ciudadanos y ciudadanas que forman parte del mismo. No se trataba de manifestaciones reaccionarias. Y, sobre todo, no estaban hegemonizadas por la "Unin Nacional", por las polticas securitarias o antisociales anunciadas por el gobierno. La sociedad se moviliz espontneamente, con una gran confusin pero en un sentido progresista. Este es el punto de partida de nuestra reflexin y el marco en el que es necesario examinar los problemas que nos plantea.

Primer problema, la Unin nacional. Estuvimos en lo cierto al denunciar la operacin de "Unin nacional" tanto con Sarkozy como en relacin a las maniobras de Marie Le Pen. Tuvimos ms razn an al denunciar a los "strapas internacionales" que acompaaron a Hollande en su operacin para dar pbulo al imperialismo francs y a las diversas coaliciones imperialistas. Qu escndalo que los Netanyahu, Bongo, Orban y otros asesinos de las libertades fueran invitados a este desfile! No haba que firmar ninguna declaracin conjunta ni con Hollande, ni con el PS o la UMP, ni acudir a la cabeza de la manifestacin u organizar conjuntamente la cita "presidencial"! Desde este punto de vista hay que remarcar que si bien en un primer momento Jean-Luc Mlenchon y el Front de Gauche tomaron parte en la operacin, el sbado a la tarde ya se desvincularon de la misma. Era tan escandalosa! Nosotros, por nuestra parte, tenamos que haber expresado esas crticas pero hubiramos tenido que subrayar mucho ms la prioridad de la solidaridad con las y los millones de manifestantes. Porque la gente no se chupa el dedo: la gente no fue a las manifestaciones para apoyar las maniobras polticas que se estaban urdiendo. De estas manifestaciones, lo que va a quedar en la memoria de la gente, son los millones de participantes y no el coro de los "seores" del planeta.

Segundo problema: la presencia en la movilizacin de la juventud arabo-musulmana. Fueron decenas de miles de personas franco-argelinas, marroqus o tunecinas las que estuvieron en las calles con cantidad de banderas de los pases del Magreb. Pero la mayora de la juventud arabo-musulmana no estuvo presente. La "lnea" editorial de Charlie-Hebo ha ejercido un contrapeso en ello; de la misma forma que ha actuado el sentimiento de "dos pesos, dos medidas" que opera en la represin (Dieudonn condenado, Zemmour no)/1. La dbil movilizacin en Marsella es un indicativo de esta desigualdad en la movilizacin. El riesgo de ruptura es real. Es necesario -y constituye una de nuestras tareas prioritarias- hacer frente a este riesgo de fractura. De entrada, luchando contra las polticas de austeridad y sus consecuencias para la gente ms pobre y ms desfavorecida que vive en los suburbios. Luchando a favor de la igualdad de derechos y, en concreto, a favor del derecho a voto para los extranjeros. Los revolucionarios debemos estar al frente en la lucha contra la islamofobia, tenemos que denunciar todos los actos racistas. Tenemos que defender el derecho de los musulmanes a practicar su religin y las mezquitas cuando son atacadas. Es necesario que el movimiento obrero y democrtico se site de su lado. Eso empieza con expresiones tangibles de solidaridad como la ayuda a los ms jvenes en las escuelas. La poblacin rabe-musulmn tiene que ser defendida contra toda agresin cuando es atacada por ser rabe o musulmana.

Este antirracismo, tambin lo hacemos extensible al antisemitismo. Ahora mismo, es necesario diferenciar ms que nunca -y sabemos que es difcil- entre la poltica sionista del Estado de Israel y la poblacin juda, a la que tenemos que defender, tambin, contra todas las agresiones cuando es atacada por ser juda.

Tercer problema: la voluntad del gobierno es utilizar estos acontecimientos para incrementar el arsenal jurdico de la "Ley Antiterrorista" a golpe de leyes liberticidas, como la Patriot Act impuesta por Washington tras el 11 de septiembre. Se trata de un problema fundamental: no se puede combatir el terrorismo atentando contra los derechos y libertades fundamentales. Las organizaciones obreras y democrticas deben enfrentarse a cualquier medida gubernamental que vaya en ese sentido. Por lo tanto, deben negarse a participar, de cerca o de lejos, en las reuniones que van a comenzar en torno al "Pacto de Seguridad" propuesto por el PS.

Cuarto problema: Cmo evitar el choque de barbaries: la barbarie imperialista y la de organizaciones como el Estado islmico (Daesh) y Al-Qaeda? Es en la tierra abonada de la barbarie imperialista y del apoyo a dictaduras que oprimen da a da a millones de seres humanos en el planeta, donde prosperan las organizaciones fundamentalistas y terroristas. Se alimentan de las intervenciones imperialistas occidentales como las desarrolladas por Estados Unidos y otras potencias occidentales en Afganistn, Medio Oriente y en Iraq, o de la de pases regionales como Qatar, Arabia Saud, Turqua A menudo, estas organizaciones fundamentalistas ha estado inicialmente apoyadas por Washington o Estados como Pakistn. Pero ahora, estas organizaciones desarrollan su propia poltica y su propia estrategia de confrontacin.

Es necesario recordar sin cansancio una evidencia: la violencia terrorista de estos movimientos se dirige, sobre todo, contra las poblaciones de los pases musulmanes. Atacan todas las libertades y los derechos fundamentales, y ejercen un papel contra-revolucionario muy grande, por ejemplo, contra las aspiraciones progresistas de las "primaveras rabes". Imponen un grado de terror que nos recuerda a los movimientos fascistas de los aos 1930. Son enemigas del gnero humano. Nuestros camaradas de Pakistn caracterizan algunas de estas organizaciones fundamentalistas (lo que puede generar debate) como fascismos religiosos. En cualquier caso hay que combatirlas mientras sigan con sus actos brbaros, sea en Paria o en el norte de Nigeria. Combatirlas en nuestro propio pas pero, tambin, impulsando la solidaridad a nivel internacional: luchando contra las guerras imperialistas, prestando ayuda a los movimientos progresistas que resisten frente al asalto fundamentalista en Koban, Alepo o en Pakistan y defendiendo en todas partes a las vctimas de su intolerancia.

Quinto problema: nuestra debilidad y la debilidad en general del movimiento obrero en sus bastiones histricos; sobre todo en Europa. La globalizacin capitalistas est hundiendo nuestras sociedades en una espiral de crisis sociales sin fin. La precarizacin se extiende y adquiere una dimensin dramtica. Ni la "izquierda de la izquierda", ni los sindicatos son capaces de ofrecer una respuesta radical a estos ataques drsticos del capital globalizado. En estas condiciones, los fundamentalismos (de todas las religiones) y las nuevas extremas derechas (xenfobas y racistas) intentan ocupar el terreno ideolgico de la radicalidad. Necesitamos un amplio frente internacional de resistencia antifascista, antifundamentalista; pero tambin una izquierda militante capaz de ofrecer una alternativa radical al capitalismo. Para lograrlo, esta izquierda debe arraigarse en los sectores de la poblacin golpeadas por la precariedad, lo que actualmente no es el caso. Ah tenemos un verdadero taln de Aquiles.

En fin, otras dimensiones que debemos tomar en cuenta en relacin a la situacin poltica francesa. Lograr Franois Hollande utilizar esta crisis para alzarse, ms o menos, como el Bonaparte por encima de los partidos para asegurar su candidatura en 2017? Podr, tirando del hilo de esta operacin de Unin nacional, continuar con su poltica de austeridad y agravar la situacin social de millones de trabajadores y trabajadoras? Llegar a poner freno a la extrema derecha que, durante estos ltimos das, ha estado marginalizada?

La dinmica de la movilizacin de la sociedad durante estos ltimos das abre tambin otra posibilidad: la indignacin y la aspiracin democrtica pueden adquirir un contenido social a travs de luchas y movilizaciones a favor de los derechos, por la dignidad, contra la injusticia social, contra todas las opresiones, a favor de la igualdad de derechos. Es necesario impulsar juntos esas luchas comunes para superar nuestras divisiones de las que los poderes dominantes extraen su fuerza.

Los anticapitalistas deben hacer todo lo posible para que este impulso democrtico siga adelante.


Nota

1/ Dieudonn, humorista que profesa su anti-semitismo abiertamente; Zemmour, periodista poltico, que profesa abiertamente su racismo, xenofobia e islamofobia (ndt) .

Franois Sabado y Pierre Rousset Militantes del Nuevo Partido Anticapitalista (NPA) de Francia.

Fuente original: http://www.vientosur.info/



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