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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-01-2015

Uruguay
Las cloacas de la impunidad

Ernesto Herrera
Correspondencia de Prensa


Todos los 20 de mayo de cada ao, decenas de miles de personas acuden a la Marcha del Silencio convocada por Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos. [i] Es la nica accin poltica que en el pas consigue reunir a una verdadera multitud. Muchos concurren para cumplir un ritual de la memoria. Acompaan como homenaje. Pero dan por laudado el tema. Otros muchos, todava, creen que es posible. Reclaman Verdad y Justicia. Exigen el fin de la impunidad. Condenan el terrorismo de Estado bajo la dictadura. En su inmensa mayora son votantes del Frente Amplio (FA) y adherentes de su programa. Depositaron una esperanza. Pero no dejan de sentirse burlados. Y as continuarn. La ratificacin de Eleuterio Fernndez Huidobro como Ministro de Defensa, es la prueba. [ii] Confirmando qu el gobierno busca deshacerse del pasado reciente.

Sin duda. Fernndez Huidobro, es la cara ms execrable de la degradacin poltica y moral. Sus recientes ataques contra el Servicio Paz y Justicia (Serpaj) y otras organizaciones de derechos humanos, tanto como su banalizacin de la tortura, volvieron a mostrar su hilacha. En esta ocasin, no le alcanz con descalificar a los activistas que lo sealan como un artfice de la impunidad. Justific las amnistas para crmenes de lesa humanidad, porque desde los procesos de Nremberg todas las guerras se terminaron de esa manera. [iii] Aadi su visin contrarrevolucionaria de las luchas democrticas en el mundo: las revoluciones rabes que derrocaron dictaduras, la resistencia que se alza contra la tirana en Siria, y las protestas en Ucrania, son, a todas luces, operaciones desestabilizadoras promovidas y financiadas por agencias imperialistas y grupos nazis ms viejos que Hitler. [iv]

Nadie debera confundirse. Aunque su sola continuidad genera repudio, Fernndez Huidobro no est solo en la cruzada pactista entre los combatientes de antao (militares y guerrilleros); ni en la aspiracin de dar vuelta la pgina para integrar en la sociedad a los soldados de la patria. Otros tupamaros histricos lo acompaan, encabezados por el presidente Jos Mujica. Para ellos, cualquier precio a pagar es barato. Aunque implique enterrar el derecho a Verdad y Justicia.

En el feriado nacional del 18 de mayo de 2011, realizado en la ciudad de Las Piedras (un da despus de condecorar con la Orden del Ejrcito a los ex presidentes Julio Mara Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle y Tabar Vzquez), Mujica lo dijo sin titubear: Sabemos que hay dolores ocultos, viejas que lloran por los huesos de sus hijos, mucho dolor e injusticia, pero no podemos trasladarles a las nuevas generaciones de militares nuestras frustraciones. Ninguna sorpresa. Su voluntad era bien conocida. Hasta un incondicional del campo progresista lo admite: A Mujica le hubiera gustado, desde la Presidencia, poner punto final a las investigaciones sobre el pasado. Le hubiera gustado liberar presos polticos. Le hubiera gustado contribuir a dar vuelta la pgina. [v]

Todava est a tiempo de conseguirlo. Le restan dos meses como jefe de Estado. Por eso no renuncia al esfuerzo. Tan slo unos das atrs, a travs de Homero Guerrero, su secretario presidencial, y con la coartada de un informe de la Cruz Roja, volvi a pedir que la Justicia otorgara el beneficio de arresto domiciliario para los militares de la dictadura presos en la crcel especial de Domingo Arena. [vi] Esta vez, el pedido fue rechazado por un juez. Pero la intencin persiste: Ms all de que Mujica goza de una inmunidad que no se le permite a Huidobro, durante este perodo de gobierno se les ha odo, con frecuencia, alegatos a favor de dar vuelta la pgina de una guerra de la que ningn combatiente debera dar cuenta ante el Poder Judicial. [vii]

Comprometidos con el maridaje entre las logias militares y los viejos jefes tupamaros, los gobiernos del FA han decidido mantener lo esencial del andamiaje poltico-jurdico que garantiza la impunidad, basado en la Ley de Caducidad de la Pretensin Punitiva del Estado (conocida como Ley de Impunidad). [viii] Es el peaje para avanzar en un proceso de reconciliacin con las Fuerzas Armadas. Aunque para ello deba reconocerse, explcitamente, que la honorable Constitucin de la Repblica es un papel amarillento. El propio Tabar Vzquez ha reconocido ante sus propios compaeros no contar con conocimientos cabales en materia de defensa y que necesita un interlocutor con las camarillas de las Fuerzas Armadas. [ix] As que el mandato sagrado de la Carta Magna es puro cuento. El Comandante de las Fuerzas Armadas, o sea, el Presidente de la Repblica, comanda no se sabe qu cosa. Por eso delega.

Al finalizar la reunin con el compaero ministro (lunes 29 de diciembre, en la sede del Ministerio de Defensa), la presidenta del FA, Mnica Xavier (Partido Socialista), manifest que sali muy conforme con el resultado del encuentro, al que concurri acompaada por los tres vicepresidentes: Juan Castillo (Partido Comunista), Ivonne Passada (Movimiento de Participacin Popular) y Rafael Michelini (Nuevo Espacio), y por el secretario poltico de la coalicin, Gerardo Rey. Las explicaciones del ministro (sobre sus ataques e insultos al Serpaj), fueron de recibo y en ningn momento se habl de remocin. Tabar Vzquez lo mantendr en el cargo. El Consejo de Ministros le dio su aval. Es el delegado idneo. Conoce el tema desde adentro y los milicos, segn el mismo dice, me adoran. [x] En todo caso, acordaron con el presidente electo bajar el perfil de la polmica. Fernndez Huidobro no har nuevas declaraciones sobre el tema.

La reunin sirvi para disipar la tormenta creada en el partido de gobierno. Mejor dicho: para ponerle punto final a las contradicciones y, de hecho, fortalecer la posicin de Fernndez Huidobro. [xi] Por ms que las redes frenteamplistas y algunas figuras de la nueva poltica (como la senadora Constanza Moreira) muestren su indignacin y continen criticando la gestin del Ministro de Defensa. Ms pronto que tarde se irn callando. Porque se sabe: este club de simuladores que a veces disiente por la izquierda o apela a los acuerdos programticos, termina, en cuestiones fundamentales (economa, seguridad pblica, polticas sociales, derechos humanos, etc.) agachando la cabeza. La unidad frenteamplista, la carrera poltica y los beneficios materiales valen mucho ms que cualquier principio.

Empezando a perdonar

Nada se aparta de lo trillado. Durante la primera administracin Tabar Vzquez, la Ley de Impunidad se mantuvo intocada: el gobierno pudo haberla derogado (tena la mayora parlamentaria necesaria) pero prefiri que -por va de su artculo 4-, algunos pocos represores y golpistas fueran procesados, y que se iniciaran las excavaciones en los cuarteles para encontrar restos de detenidos desaparecidos. Las cosas no cambiaron en la administracin Mujica. La Ley Interpretativa (impulsada por algunos sectores del partido de gobierno) no consigui siquiera los votos de todos los parlamentarios del FA. Por tanto, la Ley de Impunidad sigue vigente. Ni siquiera la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) fue acatada [xii]

El malestar en las organizaciones de derechos humanos ya era palpable desde tiempo atrs. A tal punto, que desde Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos, se denunciaba no slo un vaco aberrante en la investigacin de los crmenes de la dictadura, sino incluso un retroceso en la poltica de derechos humanos del gobierno de Mujica en relacin al gobierno derechista de Jorge Batlle: La discusin actual nos retrocede a antes de Batlle, porque se desestima algo que ya estaba saldado poltica y cientficamente: no hubo una guerra y s terrorismo de Estado. [xiii]

Para Mujica siempre se trat de que las Fuerzas Armadas pudieran saldar sus deudas del pasado. [xiv] Un eufemismo que puede traducirse en golpe de Estado, doce aos de dictadura, innumerables crmenes. Esas deudas, deca su amigo y secretario presidencial Alberto Breccia (1946-2014), haba que empezar a perdonarlas. Porque este es un pas que tiene todava que trabajar mucho en materia de perdn. Parece lgico. A tono con la aspiracin que Mujica ha reiterado ms de una vez. Su modelo es el que impuls Nelson Mandela (1918-2013) en Sudfrica para dejar atrs las deudas del rgimen de apartheid: verdad, arrepentimiento, reconciliacin. Nadie preso. Podra ser tambin el modelo aplicado en Angola, luego de la cruenta guerra civil: reconciliacin como olvido, reconciliacin como perdn.

La designacin de Eleuterio Fernndez Huidobro (julio de 2011) como Ministro de Defensa, fue un paso decisivo hacia ese perdn. Para ir dando vuelta la pgina. No tengo ms remedio que apelar a algn cuadro de la guardia vieja, porque necesito confianza poltica y capacidad, argument Mujica das antes de anunciar su designacin. [xv]

Fernndez Huidobro, retribuy la confianza: soy un soldado de Mujica y obedezco. [xvi] En su primer discurso como Ministro de Defensa, abog por la dignificacin y profesionalismo de las FFAA. Afirm que la pobreza y la miseria son los primeros enemigos del pas: es la nica guerra que reconocemos. Sostuvo que la defensa nacional es un tema de civiles y militares y manifest que durante su perodo al frente de la cartera no ejecutar una cacera de brujas. Y sentenci: Vamos a propugnar que esta relacin sea cada das ms ntima. Que el pueblo sienta propias a las Fuerzas Armadas y las Fuerzas Armadas se sientan parte del pueblo. [xvii]

El presidente del Centro Militar, coronel (r) Guillermo Cedrez, al conocer la designacin del antiguo adversario, subray: No es un outsider, es un individuo que sufri y pas las cosas por su accin guerrillera. [xviii] Por tanto, cuenta con la legitimidad de un interlocutor confiable. Igual que en 1972, cuando en el Batalln Florida se reuna con los mandos del Ejrcito para negociar -desde la debacle poltica y militar del Movimiento de Liberacin Nacional-Tupamaros (MLN)-, un alto al fuego. Sus antecedentes lo avalan. El actual ministro sabe de qu se trata a la hora de pactar con los combatientes del otro lado de la trinchera. Como se hace en toda guerra.

Con el garrote en la mano

En enero de 1971, se conoci el Documento N 5 del MLN, un texto de indudable carcter estratgico. En su punto 8 deca: Las Fuerzas Armadas de algunos pases han demostrado que frente al atraso de las masas y a la inexistencia de un fuerte proletariado pueden asumir el rol de vanguardia y partido (por ser el sector ms poderoso, moderno, templado, coherente y disciplinado), desempeando un buen papel en la defensa de la soberana, la independencia y el desarrollo. Por ello, las FFAA no pueden ser descalificadas masivamente y no puede renunciarse a la poltica en su seno. [xix]

Hasta la elaboracin del Documento N 5, afirma Jorge Zabalza, [xx] en el MLN (T) nadie tena dudas al servicio de cuales intereses estaban las fuerzas armadas en la sociedad de clases. Porque, el MLN (T) siempre tuvo una poltica muy afinada hacia el ejrcito, pero sin confusiones sobre su rol en el sistema ni con falsas expectativas polticas. Los tupamaros fuimos educados en el ejemplo de los guerrilleros cubanos que conquistaron el poder luego de derrotar al ejrcito de Batista, una revolucin hecha contra las fuerzas armadas. En ese sentido, el documento No 5 introdujo la posibilidad de hacer la revolucin con las fuerzas armadas, idea que determin un cambio muy significativo entre las que se manejaban al interior de la organizacin. [xxi]

Con Mujica en la presidencia y Fernndez Huidobro en el ministerio de Defensa, contina Zabalza, la tesis del documento No 5 parece haber encontrado grandes espacios para echarse a volar y desarrollarse en todo su esplendor. De sus dichos se infiere que siguen pensado lo mismo, que los militares estn en condiciones de desempear un papel de vanguardia en la defensa de la soberana, la independencia y el desarrollo. Los que continan fieles a Marenales, Huidobro y Mujica, estn convencidos que los cambios en serio slo pueden concretarse con el respaldo de ese partido disciplinado y vertical, otro gigante estpido, pero acostumbrado a obedecer y mandar sin chistar y sin escrpulos. [xxii]

El 9 de febrero de 1973 (cuando el golpe de Estado ya estaba en gestacin), las Fuerzas Armadas hicieron pblicos los Comunicados 4 y 7. Fueron recibidos entusiastamente por el Partido Comunista que, por boca de su principal terico Rodney Arismendi (1913-1989), propona el frente nico entre el overol, la sotana y el uniforme. Igual postura asumieron Liber Seregni (1916-2004) y otras fuerzas del Frente Amplio as como la direccin de la Convencin Nacional de Trabajadores (CNT) hegemonizada por el estalinismo. Segn todos ellos, el pronunciamiento expresaba la existencia de una corriente de pensamiento peruanista (progresista) en el seno de las Fuerzas Armadas. Haba que apoyarla. Tiempo despus, los propios militares reconoceran que los comunicados haban servido para neutralizar a la izquierda en su camino hacia la dictadura. Y algo ms: que algunos de los temas econmicos que se evocaban eran resultado de las negociaciones con los tupamaros en el Batalln Florida. [xxiii]

Aquel primer ensayo fracas. El intento de tupamarizar al Ejrcito -para integrarlo a un proceso de desarrollo nacional- no tuvo lugar. Las negociaciones se cortaron al poco tiempo de iniciadas y el MLN sufri la ms salvaje de las represiones. Pero los tiempos cambiaron. Los presos polticos de entonces, destrozados por la tortura, ahora gobiernan y gozan de la respetabilidad que asigna la funcin de Estado. Mientras que las Fuerzas Armadas ya no son el brazo armado de la oligarqua sino que leales al poder civil progresista. Lo que impone un mandato en defensa de la soberana del pas. Los intereses estratgicos vitales (polticos, econmicos, medioambientales) exigen la colaboracin estrecha entre civiles y militares, insiste Fernndez Huidobro. Se trata de establecer un nuevo pacto. Sin planteos subversivos ni desvaros golpistas. Respetando el Estado de derecho y la democracia de mercado. Es decir, el orden que establece el capital.

Al ser una pieza clave de ese orden, las Fuerzas Armadas como corporacin del aparato de Estado, no deberan ser el blanco de una interpelacin permanente. Mujica y Fernndez Huidobro, los smbolos ms icnicos de la espantosa metamorfosis de identidad de los tupamaros oficiales, entienden, como cualquier burgus o general, el engranaje de dominacin. El presidente no se anda con rodeos: El Poder Ejecutivo est constituido cuando tiene el Ministerio de Interior y el Ministerio de Defensa. Cuando tiene el garrote en la mano, ah est constituido. [xxiv]

El compromiso progresista

Por ello es tan decisivo restablecer la confianza de la sociedad en sus Fuerzas Amadas. Comenzando por dar vuelta la pgina y terminar con los desencuentros entre orientales. Ofrecindoles a los soldados de la patria la cancelacin de sus deudas. Para ese objetivo, el papel de los exjefes guerrilleros ha sido fundamental, incluso la derecha no vacila en reconocerlo: Paradjicamente, tuvo que llegar un gobierno encabezado por un extupamaro, como Jos Mujica, y un Ministerio de Defensa al mando de integrantes de las mismas filas -Eleuterio Fernndez Huidobro y antes Luis Rosadilla- para que los militares lograran sentirse cmodos y encontrar interlocutores de la coalicin de izquierda confiables, producto de una relacin particular. [xxv]

Justo es decirlo. La espantosa metamorfosis de identidad no alcanz a centenares de militantes del MLN, entre los cuales algunos del tronco fundacional. Por el contrario, prefirieron romper filas y mantenerse en la senda revolucionaria. No firmaron el acta de rendicin. Sin embargo, tambin ellos, son la prueba viviente de una inocultable derrota estratgica que afecta no solo a miles de luchadores sociales, sino al proceso de reconstruccin de una izquierda anticapitalista en el pas.

Evidente. Los tupamaros oficiales, que visten de gobernantes, no cargan con toda la culpa. Se especializan, es cierto, en todo tipo de intrigas fraccionales, operaciones conspirativas, mtodos policacos. Y, sobre todo, se sienten cmodos en el mundo subterrneo de las cloacas polticas, donde el pactismo y la traicin operan y se retroalimentan. Pero esto, que no es nuevo, se sirve de un acuerdo programtico que le da oxgeno: el compromiso del progresismo con la impunidad. Asumido (y remachado) en el Congreso del Frente Amplio de 2003. Por tanto, es este dispositivo antidemocrtico el que resguarda tanto la impunidad del terrorismo de Estado, como el encubrimiento de las bajezas que se traman en las cloacas. El progresismo, como fuerza poltica del orden burgus, tiene toda la responsabilidad. Sin olvidar que, como en las dos administraciones anteriores, contina con la mayora parlamentaria. Es decir: podra, si se lo propone, derogar sin ms la Ley de Impunidad. Ya lo sabemos, no es un tema de agenda. Aunque bien valdra preguntarles a los simuladores si, finalmente, rompiendo con la disciplina partidaria, tomarn alguna iniciativa al respecto. Legisladores tienen. Solamente les faltan unos gramos, apenas eso, de valenta poltica.

El martes 30 de diciembre de 2014, una pequea manifestacin (poco ms de 250 personas) se concentr ante el Ministerio de Defensa. Fue convocada por la Asociacin de Docentes de Educacin Secundaria (Ades) y la Federacin Nacional de Profesores de Educacin Secundaria (Fenapes) y acompaada por otras organizaciones sociales, como la Plenaria Memoria y Justicia y la Tendencia Clasista y Combativa. Exigi la renuncia de Fernndez Huidobro y el fin de la impunidad. Protest. Lo que tiene un indudable valor poltico. Sobre todo cuando una mayora del electorado acaba de pronunciarse a favor del presente que ofrece el Frente Amplio. [xxvi] La imagen no podra contrastar mejor la perspectiva. El progresismo que gobierna, apoyado en la amplia conformidad social y el consentimiento poltico. La izquierda que resiste, muy minoritaria, aferrada a luchar contra la corriente del sentido comn.



[i] La marcha recuerda el 20 de mayo de 1976, cuando fueron asesinados en Buenos Aires los legisladores Zelmar Michelini (Frente Amplio) y Hctor Gutirrez Ruiz (Partido Nacional), y Rosario Barredo y William Whitelaw (militantes escindidos del movimiento tupamaro). Todos ellos se encontraban exiliados. El crimen fue cometido por militares uruguayos y argentinos en el marco de coordinacin represiva de las dictaduras del Cono Sur (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Uruguay), conocida ms tarde como Operacin Cndor.

[ii] Uno de los fundadores del MLN-Tupamaros, preso y rehn de la dictadura militar. A la salida de la crcel (1985) y hasta principios de los aos 1990, Fernndez Huidobro era uno de sus principales portavoces. Abandon el MLN y cre la Corriente Accin y Pensamiento-Libertad (CAP-L), aliada del Movimiento de Participacin Popular (MPP, frente poltico electoral de Jos Mujica). Fernndez Huidobro escribi Historias de los Tupamaros (varias ediciones en diferentes idiomas), una obra considerada por mucho tiempo como la historia semi-oficial del movimiento guerrillero.

[iii] Entrevista en Bsqueda, 24-12-2014.

[v] Adolfo Garc, Sali perdiendo, El Observador, 26-3-2011. Fue

miembro del Partido Comunista hasta despus de la cada del Muro de Berln.

[vi] La crcel fue construida bajo el primer gobierno de Tabar Vzquez (2005-2010). All se encuentran alojados una docena de militares. Todos siguen cobrando ntegramente la jubilacin y se les contempla el escalafn militar.

[vii] Ricardo Scagliola, Ministro en el ojo de la tormenta, Brecha, 26-12-2014.

[viii] Ratificada por la mayora del electorado en los Plebiscitos de 1989 y 2009.

[ix] Ibdem.

[x] Entrevista en Bsqueda ya citada.

[xi] Ricardo Scagliola, Demasiado verde, Brecha, 2-1-2015.

[xii] La Corte IDH al pronunciarse en el caso de la desaparicin de Mara Claudia Garca -nuera del escritor argentino Juan Gelman (1930-2014) y madre de Macarena Gelman, diputada electa del Frente Amplio-, sentenci que la ley de Caducidad carece de efectos de incompatibilidad con la Convencin Americana y la Convencin Interamericana sobre Desaparicin Forzada de Personas, en cuanto puede impedir la investigacin y eventual sancin de los responsables de graves violaciones de derechos humanos.

[xiii] Entrevista a Ignacio Errandonea, Gimena Gadea y Eduardo Pirotto, Brecha, 20-5-2011.

[xiv] Entrevista en Brecha, 25-2-2011.

[xv] Citado por El Pas, 16-7-2011.

[xvi] Citado por La Repblica, 16-7-2011.

[xvii] Citado por Uypress (Agencia Uruguaya de Noticias), 27-7-2011.

[xviii] Declaraciones a El Pas, 19-7-2011.

[xix] Documento N 5 del MLN, enero de 1971.

[xx] Dirigente histrico de los tupamaros, preso y rehn de la dictadura militar. Abandon el MLN a mediados de los aos 1990. Fue edil (consejal) municipal de la Corriente de Izquierda (Frente Amplio) y es autor del libro Ral Sendic, el tupamaro, su pensamiento revolucionario (Letraee, Montevideo, 2010). Actualmente se ubica en el campo de la izquierda anticapitalista, en oposicin al gobierno del Frente Amplio.

[xxi] Jorge Zabalza, Relaciones ntimas, Voces, 28-7-2011.

[xxii] Ibdem.

[xxiii] Alfonso Lessa, El pecado original. La izquierda y el golpe militar de febrero de 1973, Sudamericana, Montevideo, 2012.

[xxiv] Entrevista en La Diaria, 19-3-2013.

[xxv] Fernando Amado, Bajo Sospecha. Militares en el Uruguay democrtico. Sudamericana, Montevideo, 2013. Es diputado del Partido Colorado.

[xxvi] En el balotaje del 30 de noviembre de 2014, la frmula presidencial del Frente Amplio, Tabar Vzquez-Ral Sendic, recibi 1.229.983 votos (53,6%); y la del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou-Jorge Larraaga, 943.524 (41,1%). Hubo 59.406 votos anulados (2,6%) y 62.789 en blanco (2,7%).


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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