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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-01-2015

Es el dolor prepoltico?

Eleutheria Lekona
Rebelin


Estamos obligados a conmovernos pblicamente. Esa es al menos una de las impresiones que refuerza la tragedia de Charlie Hebdo. Y quienes cuestionan estos hechos con radicalidad y mirada crtica estn de antemano condenados a la ilegitimidad.

De lo que se trata aqu es de plair. De plair en pblico y a coro. De ir con la normalidad. Occidente se ha encargado de apropiarse de lo poltico cooptando el dolor de multitud de tragedias con el propsito de imponer agendas unilaterales. La agenda del dolor, la agenda del llanto, la agenda de la indignacin, la agenda del feminismo, la agenda de la tristeza*. Adems de arrancar de lo prepoltico al dolor, a la indignacin, a la risa, y producir as una nueva turba de marginales. La de quienes no se conmueven polticamente, o no se ren, o no se indignan, o no aplauden. La de quienes cuestionan antes de aplaudir, gemir o carcajearse.

Hemos perdido la capacidad de ser crticos y discernir los hechos polticos con espritu acucioso. Expoliados por la necesidad de pertenecer al grupo, a la tribu, a los clubes de intelectuales, nos hemos convertido en viles repetidores de las consignas de los grandes rotativos. Hay que gustar a los otros. Hay que pertenecer para ser. Hay que llevar la representacin a sus ltimas consecuencias antes de desentonar de los berridos de la manada. Y la manada, oh tristeza!, no hace sino buscar en los otros su anuencia.

Si nuestra sociedad no se ha entregado a disentir con ms denuedo, a cuestionar ni a sublevarse, es porque ha recibido demasiados refuerzos que la animan a lo contrario. A asentir, aceptar, convalidar, conceder, consensuar, despojarse. Hemos llevado demasiado lejos nuestra mana democrtica, nuestro gusto por la normalidad, nuestra propensin a la anemia. Y si sumamos a este disciplinamiento la multitud de pifias lgicas que nos delinean no es verosmil cuestionar los mviles de una tragedia y al mismo tiempo conmoverse, la nuestra se convierte en el desenlace fatdico y predecible de un cuento cruel.

Nosotros, la pequea burguesa, hemos olvidado cmo ser libres. Hacemos de nuestras inclinaciones prepolticas la risa, el dolor, el llanto, la indignacin motor de nuestra normalidad poltica. Pero al hacerlo, nos hemos asegurado de no dejar ningn cabo suelto. Y lo hemos hecho con absoluto mtodo. La normalidad poltica social es la suma de la normalidad prepoltica de los individuos aislados.

No hay cabida para lo anmalo. Ya estamos listos para realizar una simptica vieta sobre los hechos de Charlie Hebdo y carcajearnos. Y que nadie pregunte nada.


*Aunque bien podra leerse, la agenda siria, la agenda libia, la agenda palestina, la agenda OTAN, la agenda Ayotzinapa. Y en cuanto al feminismo, me refiero concretamente al feminismo ordenado por la ONU. Un feminismo, otra vez, normalizante, homogneo, correcto, disciplinario, facturado con su clsico espritu de gendarmera.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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