Portada :: Opinin :: El cmic de la discordia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-01-2015

Charlie a cualquier precio?

Frderic Lordon
Le Monde diplomatique

Traducido del francs para Rebelin por Susana Merino


Cuando el poder de transfiguracin que ejerce la muerte, ese ritual social que exige elogiar a los desaparecidos, se une al poder emocional de toda una sociedad, es de temer que la claridad mental pase por un mal momento. Es sin duda necesario tomar partido, porque cada cosa tiene su tiempo social y cada cosa tiene bajo el cielo su hora social: un tiempo para meditar, para redefinir todo.

Pero que uno se deba en primer trmino a la memoria de quienes murieron no implica, ni an en las situaciones ms traumticas, que toda palabra nos sea prohibida. Y como para intentar especialmente clarificar algo la inextricable confusin intelectual y poltica que en tamao acontecimiento no poda faltar, de producirse en s, sobre todo bajo la iluminada direccin de los medios que no dejarn escapar la oportunidad de recuperarse a expensas de la libertad de expresin y de esos polticos expertos en el arte de la recuperacin.

Digamos de inmediato que lo esencial en esta confusin se concentrar en una sola frase: Yo soy Charlie que parece traducir una lmpida evidencia mientras tantos otros implcitos problemas se hallan replegados.

Yo soy Charlie Qu puede querer decir una tal frase, aunque en apariencia resulte de una perfecta simplicidad? En retrica se llama metonimia a una figura que reemplaza a otra con la que est relacionada: el efecto por la causa, el contenido por el continente o la parte por el todo. En Yo soy Charlie el problema es que la palabra Charlie reenva a una multitud de cosas diferentes, pero vinculadas entre s por una relacin de metonimia. Ahora bien, esas cosas diferentes nos convocan a deberes diferentes, precisamente porque sus vnculos tienden a confundir y a sumergir todo en lo indistinto.

Charlie, son en principio seres humanos privados, por suerte se descubri rpidamente que decir simplemente Charlie involucraba espontneamente a dos policas, un obrero de mantenimiento, un desafortunado visitante de aquel da y tambin a las otras cinco personas, cuatro de ellas judas, asesinadas un par de das despus. Solo careciendo de toda humanidad habra sido posible no sentirse estupefacto y espantado ante la noticia de tales asesinatos.

Pero la emocin fue mucho ms considerable porque todos percibieron que el ataque exceda evidentemente a las personas individuales. Y he aqu el posible segundo sentido de Charlie: Charlie como metonimia de los principios de libertad de expresin, de los derechos a expresar el miedo a la inseguridad, como parte central de nuestra forma de vida.

Uno poda sentirse Charlie como homenaje a las personas asesinadas, a condicin siempre de acordarse de que hay a menudo personas asesinadas, Zied y Bouna hace algn tiempo, Remi Fraisse ms recientemente, y que la compasin pblica se distribuye a veces de un modo extrao, extraamente desigual, quiero decir.

Uno podra sentirse igualmente Charlie en nombre de una idea general, de una cierta manera de vivir en sociedad o al menos de organizar el discurso, es decir en nombre del deseo de no dejarse captar por las agresiones que buscan negarlo radicalmente. Y podra decirse que una comunidad que puede regresar a uno de sus ms poderosos denominadores comunes, los ms poderosos demuestran su vitalidad.

Pero las cosas se vuelven menos simples cuando Charlie se refiere y es seguro que su lectura inmediata tena toda la posibilidad de imponer su fuerte evidencia- cuando Charlie se refiere no ya a personas individuales sino a principios generales de personas pblicas reunidas en una revista. Uno puede haberse sentido abatido, sin la menor contradiccin, por la tragedia humana y no haber cambiado en cuanto a la opinin que nos inspiraba esa revista, por mi parte era objeto de mi fuerte desacuerdo poltico. Si como hubiera sido lgico escuchar Yo soy Charlie fuera una orden de adherirse a la revista Charlie, esa orden me habra sido imposible de cumplir. Yo no soy Charlie y no podra serlo en ningn momento.

No podra serlo an ms desde el momento en que esta frmula ha funcionado como una sumatoria. Y en pocas horas hemos oscilado en un sistema de rdenes inseparablemente emocional y poltico. Desde los primeros momentos, la difusin como reguero de plvora del Yo soy Charlie nos hizo pensar en aquello de Todos somos estadounidenses del peridico Le Monde del 12 de septiembre de 2001, no hizo falta ms que medio da para que esta reminiscencia se confirme y ha sido Liberation la encargada de pasar la consigna al plural Todos somos Charlie, bienvenida al mundo de la unanimidad decretada y mala suerte para los refractarios. Y luego sobre todo celebremos la libertad de pensar sobre el aplastamiento de todo disenso, mezclando subrepticiamente la emocin de la tragedia y la implcita adhesin poltica a una lnea editorial. Al punto de juzgar a la prensa anglosajona por mostrarse hipcrita e insuficientemente solidaria (obediente) cuando rechaza publicar las caricaturas. Era necesario atravesar al menos un mar para tener la oportunidad de encontrar cabezas fras y escuchar ese normalmente elemental argumento en el que defender la libertad de expresin no implica suscribir las expresiones de aquellos cuya libertad defendemos.

Pero esa unanimidad ordenada estaba bien hecha para que la penetren toda clase de recuperadores. En primer trmino los medios, de los que uno podra estar seguro de que con un reflejo oportunista, muy parecido al de los poderes polticos con los que comparten el descrdito, no perderan la oportunidad de involucrarse con la libertad de prensa, ese asilo de su infamia. A la manera por ejemplo de Liberation, que incluye con la publicidad ms ostentosamente posible haber albergado a Charlie Hebdo. Liberation, ese barcucho vendido a todos los poderes temporales, que se autotitula ltima morada de la libertad de expresin, tal vez y adems en todos los sentidos del trmino. Y cunta de la misma harina habr detrs de Lib para competir con el Charlismo?

Si ese hombre que segn se dice se rea de todo, reapareciera en este siglo, seguramente se morira de risa escribi Spinoza en una de sus cartas. Y es cierto que tenemos de qu rernos largamente viendo de tal manera a los rganos de la sumisin al orden social entonar con tanta sinceridad las melodas del anticonformismos y de la subversin radical. Rer largo tiempo en fin, no demasiado, sin embargo porque algn da habr que comenzar a pensar en salir de esta impostura.

Y esto se har sin la ayuda del poder poltico, que jams tiene inters por el desistimiento y de quien la unin nacional ha sido el ms fiel de sus recursos. Unin nacional y tambin internacional en la ocasin, en la que se nos suministrar una versin con carabina. Era necesario que fuese incontenible la pulsin recuperadora de Franois Hollande de lucirse a la cabeza de Pars capital del mundo invitando de vecino a vecino, hasta a Orban, Porochenko y luego a Netanyahu, Liberman, etc., altas figuras morales conocidas para compartir con los defensores de la libertad de prensa y los amigos del dilogo interconfesional (1).

Por suerte, se han encontrado ya suficientes voces para preocuparse por sus usos o mejor dicho sus usos abusivos por los que este poder no dejar de hacer una movilizacin masiva que se apresurar a considerar como un mandato.

Esperemos igualmente que estar en condiciones de recomendar a algunos editorialistas una corta estancia en una celda para borrachos y de llevarles caf salado. En la competencia por estar a la altura de la Historia y tambin -pendiente tan fatal como grotesca de la informacin permanente para ser los primeros en anunciar la Historia, es lgico que todos apelasen a la Historia y a lo histrico en la manifestacin de ayer. Si nos permiten rernos, diramos que histrica sin duda lo ha sido en algn informe, o por lo menos la primera del gnero en la que el clculo de la polica tena la posibilidad de ser mayor que el de los organizadores. No parece sin embargo que haya resultado gran cosa de las monstruosas manifestaciones de Carpentras y del 1 de mayo de 2002, efusiones colectivas que haban generado ya histricos comentarios, pero en las que es justo reconocer que su productividad poltica fue rigurosamente nula.

Nos gustara mucho que esta vez fuera diferente, pero es imposible evitar plantearse a nivel general la cuestin de saber si no existe un efecto de sustitucin entre el grado de unanimidad y su posible tenor poltico. Por su construccin, arrasando toda conflictividad que es la materia bsica de la poltica, la masa unida es tendencialmente apoltica. O entonces, esta es la Revolucin, pero no es seguro que estemos en este caso.

Tendramos efectivamente motivos para cuestionar el realismo de la unin nacional que se festeja en todo sentido. Todo lleva a creer que el desfile parisino, tan enorme como lo fuera, se mostr con una notable homogeneidad sociolgica: blanca, urbana, educada. Es que la cantidad bruta no es un indicador de representatividad, es suficiente con que sea excepcionalmente alta la tasa de movilizacin de un cierto subconjunto para producir un resultado similar.

Entonces unin nacional? Pueblo en marcha? Francia de pi? Habra tal vez que mirarla dos veces y especialmente para saber si esta manera de proclamar la solucin del problema por el levantamiento en masa no es un modo especialmente insidioso de considerar de otro modo el problema o de negarlo. A imagen de los que dominan, siempre inclinados a tomar por universal su propio enfoque y a creer que su presencia en el mundo social agota todo lo que puede decirse sobre el mundo social, podra ser que en las marchas de ayer, la burguesa educada hubiera visto su propia potencia, abandonndose al encantamiento de s misma. No es seguro sin embargo que eso constituya un pas ni tampoco un pueblo, como podramos tener muy pronto la ocasin de recordarlo.

Existe una manera ciega de extasiarse en una historia imaginaria que es la manera ms segura de dejar escapar la verdadera historia, la que sucede por fuera de toda fantasmagora y lo ms a menudo a nuestras espaldas. Ahora bien, la historia real que se anuncia tiene ciertamente las fauces sucias. Si queremos mantener alguna oportunidad de recuperarla, una vez superado el duelo, tendremos que pensar en salir del aturdimiento y rehacer la poltica. Pero definitivamente.

Nota :

(1) Leer de Alain Gresh Dtranges dfenseurs de la libert de la presse la manifestation pour Charlie Hebdo, Nouvelles dOrient, 12 de enero de 2015.

Este texto se ha tomado de la reunin La disidencia mediante el silencio", organizada por el diario Fakir en la Bourse du travail, Pars, el 12 de enero de 2015.

Fuente: http://blog.mondediplo.net/2015-01-13-Charlie-a-tout-prix

 



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