Portada :: Europa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-01-2015

Francia
Los primeros frutos amargos de la unidad nacional: guerras, miedos, humillaciones, vigilancias

Said Bouamama
Investig'Action

Traducido del francs para Rebelin por Beatriz Morales Bastos


Al final no recordaremos las palabras de nuestros enemigos sino el silencio de nuestros amigos, Martin Luther King.

 

 

El conjunto de nuestros medios de comunicacin, el gobierno y prcticamente la mayora de la clase poltica celebraron la gran manifestacin Je suis Charlie [de Pars] como smbolo de una unidad nacional, la cual se presenta como necesaria frente a la amenaza terrorista. Tambin se escenific como un ejemplo de unidad internacional contra este mismo terrorismo. Las pocas voces discordantes que llamaban a interesarse por las causas, los retos y las consecuencias previsibles de esta conminacin a la unanimidad emotiva han sido reducidas a un apoyo a los terroristas en un razonamiento binario martilleado a lo largo de todo el da: si no eres Charlie, apoyas los atentados. Las semillas sembrados por esta unidad nacional empiezan a dar sus frutos amargos y envenenados. Ha llegado el momento de hacer un primer balance.

Una legitimacin reforzada de las guerras

Todas las potencias de la OTAN as como sus aliados estaban representados en la manifestacin Je suis Charlie del 11 de enero de 2015. Comprender la significacin y la funcin de esta foto de familia supone tener en cuenta el contexto mundial y sus relaciones de fuerza.

Desde hace varias dcadas se multiplican las guerras imperialistas por el petrleo, por los minerales estratgicos y el debilitamiento de las potencias emergentes. Las aventuras militares, guerras de saqueo cuyo nico objetivo es el sobrebeneficio, no se pueden presentar como tales. Para desplegarse sin resistencia tienen que maquillarse de guerras justas: contra el obscurantismo y el terrorismo, por la emancipacin de las mujeres, por la defensa de una minora oprimida, contra el genocidio, etc. La islamofobia es uno de los ingredientes ideolgicos difundidos al menos desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 para preparar un aroma ideolgico inmediato (1) favorable a la guerra.

La negrofobia (2) es otro ingrediente que corresponde a los nuevos descubrimientos de petrleo, gas y minerales que se han multiplicado en los ltimos aos en frica y se suman a los yacimientos ya conocidos de este continente apodado el escndalo geolgico (3).

Francia est particularmente implicada en todas las agresiones imperialistas de estos ltimos aos. Desde Afganistn a Siria pasando por Iraq, desde Mal a la Repblica Centroafricana pasando por Libia parece que el ejrcito francs no se quiere perder ninguna guerra de agresin. Ah es tanto ms fuerte la presin ideolgica islamfoba y negrfoba cuanto que es importante la necesidad de legitimar las intervenciones militares en estos pases africanos y/o musulmanes.

La propia pgina web de la Direccin de la Informacin Legal y Administrativa ofrece los siguientes datos cuantitativos: en los ltimos cincuenta aos Francia ha intervenido militarmente unas cuarenta veces en territorio africano y una veintena de veces entre 1981 y 1995 bajo los dos septenios de Franois Mitterrand. Algunas de estas operaciones no duraron ms que unos das, otras dieron lugar a despliegues mucho ms largos (operaciones Manta y Epervier en Chad, por ejemplo). (4)

 

Mapa: intervenciones militares francesas en frica de 1960 a 2013 (Fuente, stadistiques-mondiales.com)

 

A estas cifras que solo conciernen a frica hay que aadir Lbano (1983), Iraq (1990), Bosnia (1992), Kosovo (1999), Afganistn (2001), Siria (2014), etc. Las intervenciones militares francesas en el extranjero se inscriben en una estrategia global de la OTAN. Esta estrategia se define en un documento titulado Concepto estratgico. La ltima versin de este concepto en 2010 comprende la capacidad de intervenir en varios terrenos simultneamente, la inclusin de la Europa del Este en las zonas que hay que vigilar, la posibilidad de una guerra nuclear limitada y el reparto del fardo estratgico: El propio espritu del nuevo concepto estratgico de la OTAN es conminar en cierto modo a los europeos a definir la naturaleza y magnitud de las obligaciones que estn dispuestos a asumir en su marco (5).

La multiplicacin de las intervenciones militares europeas en general y francesas en particular se inscribe en el marco de la nueva estrategia de la OTAN.

Pero la secuencia histrica que vivimos a escala mundial tambin es la de los obstculos a que Estados Unidos tome el control del mundo. Sin duda estos obstculos son de muy diferentes naturalezas, pero convergen en poner en dificultades el nuevo orden mundial que Occidente trata de imponer al resto del mundo e incluso a sus pueblos. Las agresiones militares y los chantajes de guerra o de sanciones econmicas avasallan en todas partes. En Amrica del Sur el ALBA experimenta nuevas solidaridades y coherencia regional que permiten aflojar el cerco del sistema capitalista mundial. Por medio de sus posturas en la ONU Rusia y China frenan los intentos de dar una legitimidad internacional a las agresiones militares. Las guerras emprendidas muestran cada vez ms claramente su nico resultado: el caos.

En este contexto, la instrumentalizacin de la emocin por medio del discurso de la unidad nacional en el mbito interno y de la guerra mundial contra el terrorismo en el externo tienen un objetivo doble: por una parte anunciar nuevas guerras imperialistas y, por otra, legitimarlas a ojos de los pueblos y del pueblo francs en particular. Se trata de volver a movilizar y de volver a unir un campo, de darle legitimidad popular, de unirlo para nuevas guerras.

As fue como el pasado 13 de enero la Asamblea Nacional aprob por 488 votos a 1 prolongar los ataques areos franceses en Iraq. Ese mismo da el Senado vot en el mismo sentido por 327 votos y 19 abstenciones. El primer fruto amargo de la unidad nacional es la guerra. Ayer como hoy, en 1914 o en 2015, la sagrada Unin sigue teniendo el mismo gusto amargo.

Rehabilitar a unos aliados asesinos

Pero la gran instrumentalizacin de la emocin tambin ha dado pie a reforzar los vnculos con los amigos de Occidente y a rehabilitar a aquellos cuyos crmenes los haban desacreditado a ojos de la opinin pblica. Citamos a continuacin dos ejemplos que desmienten los discursos de una movilizacin por la libertad de expresin y contra el terrorismo.

El Estado de Israel estuvo representado por tres ministros: el primer ministro israel Benjamin Netanyahu, el ministro de Asuntos Exteriores Avigdor Lieberman y el ministro de Economa Naftali Bennett. Despus de las masacres de palestinos por un terrorismo de Estado, esta presencia les parece una provocacin a las decenas de miles de manifestantes franceses que haban expresado su apoyo al pueblo palestino en manifestaciones casi diarias. La presencia de estos ministros es un insulto a todos los valores que pretenden adjudicarse los organizadores de la manifestacin, un atraco a mano armada que es importante denunciar (6), resume el periodista Alain Gresh.

Hay que recordar todava que durante los bombardeos israeles sobre Gaza fueron asesinados 17 periodistas? Recordemos tambin la expulsin de Israel del periodista francs Maximilien Le Roy cuando acuda a un festival de cmics debido a sus dibujos considerados propalestinos: Para concluir me explicaron que si yo poda criticar a Israel en mi territorio, ya no tena derecho a hacerlo en el suyo. Desde el primer momento saba que me iban a expulsar, pero no me esperaba una prohibicin de viajar al pas durante diez aos. Me trataron como si fuera un terrorista (7).

La democrtica Arabia Saud tambin era Charlie el pasado 11 de enero por medio de la presencia en la manifestacin de su ministro de Asuntos Exteriores Nizar al-Madani. Dos das antes, el bloguero saud Raf Badawi reciba sus 50 primeros latigazos. En efecto, fue condenado a 10 aos de crcel y a 1.000 latigazos (50 cada viernes) por haber criticado a los dirigentes religiosos del reino. Los aliados del nuevo orden son demasiado importantes para salvaguardarlo. Pueden seguir pisoteando sin temor alguno la libertad de expresin y financiando grupos que desestabilizan a los Estados vecinos y encubren su agresin con el nombre del Islam. Estos dos ejemplos son suficientes para desenmascarar la hipocresa en materia de libertad de expresin. Esta solo se defiende cuando sirve a los intereses de los dominantes y se olvida en cuanto los pone en tela de juicio.

La rehabilitacin de los asesinos y de quienes financian la muerte es el segundo fruto envenenado de la unin sagrada que ha tratado de construir la instrumentalizacin estatal de la emocin.

El miedo

Abordemos ahora los efectos de la unidad nacional en el territorio francs. El primero es evidente: la instauracin de un clima de miedo portador de todos los peligros. La cobertura meditica bajo la forma de una informacin jadeante, sumaria y no verificada basada en el principio de una amnesia reincidente (8) establece las bases de un clima que provoca ansiedad.

Refuerza este clima la imposicin del vocabulario de guerra (del S, estamos en guerra (9) de [el primer ministro francs] Valls al Se ha declarado la guerra a Francia de Sarkozy) (10) en las tomas de posturas polticas de las que los periodistas, los expertos y cronistas diversos toman el relevo.

El despliegue de 10.000 soldados con gran profusin de publicidad meditica arraiga la idea de un peligro permanente y omnipresente. La tesis del ministro de Defensa de una ausencia de frontera entre el terreno exterior de operacin y el terreno interior remata la escalada verbal guerrera que produce de un miedo social generalizado:

Es una verdadera operacin interna. Hay en marcha operaciones exteriores que continan y esta es una operacin interna que va a movilizar a 10.000 hombres, es decir, prcticamente los mismos que actualmente movilizan nuestras operaciones exteriores (11).

Ahora bien, qu produce el discurso de guerra que nuestros polticos no han dudado en utilizar con tanta fuerza?: una declaracin de guerra desencadena un discurso simplificado amigo-enemigo (enemigo del exterior y enemigo del interior), la amenaza engendra miedo, el miedo odio, el odio empuja a la accin preventiva. Se estrecha la solidaridad: unin y exclusin (12).

Por consiguiente, no es extrao que el discurso de guerra desemboque lgicamente en la multiplicacin de los actos islamfobos que rpidamente se han contabilizado por decenas en unos das. En quince das se han censado unos 116 actos antimusulmanes (13), evala el diario Libration. Por supuesto, la cifra real es mucho ms importante. En efecto, no se han sealado muchos actos en el actual contexto deletreo. Por lo tanto, no es de extraar que un clima de miedo se apodere de las poblaciones surgidas de la inmigracin. Este miedo no es irracional sino que se explica por medio de la multitud de pequeos actos de agresividad sufridos cotidianamente y que se aaden a las agresiones abiertas que hemos sealado antes: palabras racistas, silencio y atmsfera tensa en los transportes en comn, etc.

A las mujeres que llevan velo les afecta todava ms este miedo que todo lo invade. Antes del 15 de enero, en una jornada de trabajo con un grupo de mujeres magrebes y negras de Blanc-Mesnil*, nosotros mismos nos quedamos estupefactos por la cantidad de testimonios de agresiones verbales y de comportamiento de rechazo que exponan estas treinta mujeres. Si las reacciones son diversas, una parte importante de ellas estn ya cargadas de consecuencias: Ya solo salgo de casa o casi para hacer las compras, por primera vez pienso en quitarme el velo, porque tengo miedo, no dejo salir a mi hija, tengo miedo por ella, etc.

En el origen de este aumento de los actos islamfobos y del miedo que suscita hay varias temticas recurrentes de los medios de comunicacin y de los discursos polticos. En una Francia que desde hace casi dos dcadas ya conoca un ascenso regular de la islamofobia es irresponsable multiplicar las declaraciones: sobre el islam y su relacin o no con el terrorismo, sobre la menor presencia de algunos en las manifestaciones de Je suis Charlie, sobre el supuesto silencio de determinadas poblaciones respecto a los atentados, etc.

El importante aumento de la violencia islamfoba directa o indirecta es el tercer fruto podrido de la instrumentalizacin poltica y meditica de la emocin.

La humillacin

Este miedo se acompaa a menudo de un sentimiento de humillacin, es decir, de la percepcin de un desfase entre el lugar reivindicado en nombre de la calidad de igual y el lugar al que se es rebajado (14). La humillacin como una degradacin del ser humano que atenta a su dignidad est cargado de consecuencias. El trmino rabe hoggra se utiliza cotidianamente en las conversaciones familiares y amistosas. Tambin lo encontramos con frecuencia en las reuniones que mantuvimos esa semana con diferentes colectivos de los barrios populares. Esta es la definicin que dbamos de l ya en 2000 para restituir la experiencia vivida de muchos jvenes de las clases populares: Este trmino empleado por los jvenes expresa una mezcla de negacin de la realidad vivida, una impresin de ser despreciado y degradado voluntariamente, y una discriminacin vivida como permanente (15).

Exageramos?

Humillacin cuando se piensa en quitarse un pauelo solo por el miedo suscitado por la rpida multiplicacin de actos islamfobos?

Humillacin cuando se recibe una conminacin permanente a desmarcarse de los atentados?

Humillacin cuando un alumno es excluido de una clase porque no quiere ser Charlie?

Humillacin cuando incluso se niegan a escuchar las razones que aduce este alumno para justificar su opinin?

Humillacin cuando te quitan el pauelo en medio de la calle ante la indiferencia de los transentes?

Por supuesto, siempre habr quien afirme que hay victimizacin. Por supuesto, unos expertos podrn debatir en todas las emisoras para presentar estas humillaciones como anodinas y secundarias. Evidentemente, otros cronistas vern en ello el signo de una paranoia sin base objetiva alguna. No obstante, cuando un sentimiento subjetivo es tan compartido merece al menos una interrogacin crtica, es decir, justo lo contrario de lo que propone nuestra ministra de Educacin, la cual considera insoportable las reacciones de una parte de los alumnos ante la conminacin estatal a emocionarse: Incluso ah donde no ha habido incidentes, ha habido demasiados cuestionamientos por parte de los alumnos. Todos hemos odo los S, apoyo Charlie, pero, los dobles raseros, los por qu defender la libertad de expresin aqu y no ah?. Estas preguntas nos resultan insoportables, sobre todo cuando se escuchan en la escuela, que se encarga de transmitir valores (16).

Y nosotros que creamos que la escuela enseaba a nuestros hijos el debate contradictorio, el pensamiento crtico, la argumentacin y el libre arbitrio. No, la respuesta se orienta ms a la represin que a la refutacin, al silencio impuesto ms que a la argumentacin, a la exclusin ms que al debate contradictorio. Expresando explcitamente el sobreentendido de esta lgica represiva la periodista Nathalie Saint-Cricq declara en France 2: Hay que localizar y tratar a aquellos que no son Charlie (17).

Pero, entonces, a qu llevan el miedo, la humillacin y la negacin de la palabra? En primer lugar, a una violencia contra uno mismo y a continuacin, tarde o temprano, a una externalizacin de esta violencia. Todos estos silencios sobre este tratamiento de las conductas de los alumnos refuerzan los sentimientos de aislamiento y de injusticia, sobre los que pueden emerger unas conductas nihilistas que van desde la destruccin de uno mismo o de los propios familiares a las revueltas colectivas de los barrios pasando por una nfima mayora que bascula hacia los atentados. 

La creacin de las condiciones de un aumento de las conductas nihilistas es otro fruto peligroso del contexto actual.

Una represin histerizada

Tomamos prestado el trmino histerizado del Sindicato de la Magistratura, el cual hace el siguiente balance de las dos ltimas semanas:

As es como desde hace varios das se suceden los procedimientos rpidos en los que se ha examinado y juzgado el contexto, y muy poco las circunstancias de los hechos, muy poco al hombre, denunciado por haber hecho apologa del terrorismo. No por haber organizado una manifestacin de apoyo a los autores del atentado, elaborado y difundido a gran escala unas argumentaciones, haber participado en las redes, sino por los gritos vociferados, lanzados en un momento de embriaguez o de arrebato: de hecho, unas formas tristemente actualizadas del ultraje. Llueven fuertes condenas combinadas con encarcelamientos tras pasar ante el juez. Esta es la desastrosa justicia producida por el recurso a la comparecencia inmediata que la ley del 13 de noviembre de 2014 ha convertido en una nueva arma de la lucha contra el terrorismo. Como si la justicia penal, convertida en la vlvula de escape de la condena moral, pudiera ahorrarse un discernimiento ms que nunca necesario en estos tiempos turbulentos. Como si algunos de sus actores hubieran olvidado brutalmente que se debe dictar con perspectiva, basndose en investigaciones profundas y abstenindose de las amalgamas (que se hacen incluso en esta circular, la cual engloba violencias urbanas y apologa del terrorismo) y, sobre todo, de las reacciones histerizadas que la deslegitiman y con ella a la sociedad (18).

Las cifras oficiales de la administracin central del ministerio de Justicia comunicadas el 20 de enero nos ofrecen la siguiente informacin: 251 procedimientos judiciales desde el 7 de enero, de los cuales 117 son por apologa del terrorismo, 77 juicios rpidos, 39 condenas de las cuales 28 a penas de prisin firme y de estas 20 con orden de ingreso en prisin tras pasar por el juez, otras 22 rdenes de comparecencia ante el tribunal correccional (19).

El Sindicato de la Magistratura habla con razn de la deriva de una justicia de la urgencia. El nico resultado posible de estas prcticas es habituarnos, aclimatarnos, acostumbrarnos a un retroceso de las libertades democrticas con el pretexto de garantizar nuestra seguridad.

Se nos anuncian ya nuevas leyes adoptadas en nombre de nuestra seguridad cuando el otoo pasado ya se haba adoptado una ley de lucha contra el terrorismo. As, desde 1986 son ya 14 las leyes con el objetivo protegernos que se han aprobado. Volveremos sobre ello ulteriormente, pero ya podemos probar otro fruto amargo de la unidad nacional:  la creacin de las condiciones de un consentimiento mayoritario al cuestionamiento de las libertades democrticas.

Lo que har retroceder al terrorismo no es la guerra imperialista, el miedo, la humillacin, la represin histerizada y el cuestionamiento de los derechos democrticos.  

Las medidas anunciadas por el gobierno [francs] no atacan ninguna de las causas estructurales de la emergencia de posturas nihilistas en nuestra sociedad: las desigualdades sociales generalizadas, las discriminaciones racistas sistmicas, la islamofobia humillante, los controles policiales por el color de la piel, las guerras por el petrleo y los minerales estratgicos. Sin embargo, la nica solucin seria que existe es atacar las causas reales porque sin justicia nunca puede haber paz.


Notas
:

1. Gramsci propuso el concepto de aroma ideolgico inmediato en sus Cuadernos de la crcel en el seno de su enfoque de la ideologa. Vase en nuestro Dictionnaire des dominations de sexe, de race, de classe, Syllepse, Pars, 2012, pp. 46-49.

2. Bajo la forma de una presentacin esencialista de las culturas africanas como marcadas por la no historicidad, el tribalismo, el etnicismo y una cultura de la violencia.

3. Hubert Deschamps, Lhritage de Lopold, dans Jean Ganiage et Hubert Deschamps, LAfrique au XXe sicle, Syrey, Pars, 1966, p. 453.

4. http://www.vie-publique.fr/chronolo..., consultado el 18/01/2015 a las 18:40 h.

5. Zaki Ladi, Le Monde selon Obama, Stock, Pars, 2010.

6. Alain Gresh, Dtranges dfenseurs de la libert de la presse la manifestation pour Charlie Hebdo , Les blogs du diplo, http://blog.mondediplo.net/2015-01-..., consultado el 18/01/2015 a las 20:48 h.

7. Maximilien Le Roy, dessinateur, interdit de sjour en Isral, Interview de Lucie Servin, LHumanit, 28 de octubre de 2014.

8. Jean Franois Ttu, Les mdias et le temps, figures, techniques, mmoires, nonciation, en Les Cahiers du journalisme, n 7, junio de 2000, p. 84.

9. Manuel Valls a la asamblea nacional el 13 de enero de 2015.

10. Le Figaro, 9 de enero de 2015.

11. Ministro de Defensa [francs] Jean-Yves Le Drian, declaracin de 12 de enero de 2015.

12. Yves Ternon, Guerres et gnocides au XXe sicle, Odile Jacob, Pars, 2007, p. 315.

13. Libration, 19 de enero de 2015.

* Blanc-Mesnil es un municipio del noroeste del extrarradio de Pars. (N. de la t.)

14. Dominique Vidal, Sentiment, moralit et relation denqute. Un regard sur les femmes domestiques, en Vincent Caradec y Danilo Martuccelli (dir.), Matriaux pour une sociologie de lindividu : perspectives et dbats, Septentrion, Lille, 2004, p. 216.

15. Said Bouamama, Le sentiment de Hoggra : discrimination, ngation du sujet et violence, en Les classes et quartiers populaires, Editions du Cygne, Pars, 2009, p. 51.

16. Najat Vallaud Belkacem [ministra francesa de Educacin], 14 de enero de 2015, citado en Mdiapart del 20 de enero.

17. https://www.youtube.com/watch?v=qc0..., consultado el 21 de enero a las 22:00 h.

18. Comunicado del Sindicato de la Magistratura, 20 de enero de 2015, http://www.syndicat-magistrature.or..., consultado el 21 de enero a las 23:20 h.

19. Comunicado de AFP.


Fuente: http://www.michelcollon.info/Les-premiers-fruits-amers-de-l.html?lang=fr



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter