Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2015

Carta de un refugiado a otro
Querida Siria

Ramzy Baroud
Middle East Eye

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


No te arrodilles nunca. No tienes por qu besar la mano de nadie. No le des nunca a nadie la satisfaccin de explotar tu dolor.

Cada vez que se pronuncia la palabra refugiado, pienso en mi madre. Cuando las milicias sionistas iniciaron su ataque sistemtico y la limpieza de la poblacin rabe de la Palestina histrica en 1948, ella, junto con su familia, escap de la hasta entonces pacfica aldea de Beit Daras.

En aquel momento, Zarifah tena seis aos. Su padre muri en un campo de refugiados, en una tienda proporcionada por los cuqueros poco despus de haber tenido que separarse de su tierra natal. La pequea colaboraba en la recogida de chatarra para ayudar a su familia.

Mi abuela, Mariam, se aventuraba hasta la zona de la muerte, que bordeaba el recin establecido y separado estado de Israel de los campos de refugiados de Gaza, para recoger higos y naranjas. Cada da se enfrentaba a la muerte. Todos sus nios eran refugiados que vivan la shatat, la Dispora.

Mi madre vivi hasta los 42 aos. Su vida fue tremendamente difcil. Se cas con un refugiado, mi padre, y entre los dos trajeron a este mundo a otros siete refugiados, mis hermanos, mi hermana y yo mismo. Uno muri cuando era beb de una enfermedad infantil fcilmente curable, pero en la clnica del campo de refugiados no haba medicinas.

No importa donde nos encontremos, en tiempo y lugar, llevamos siempre con nosotros nuestras tarjetas de refugiados, nuestras indefinibles nacionalidades, nuestro precioso estatus, la carga de nuestros padres, la pena de nuestros antepasados.

De hecho, tenemos un nombre para eso. Se llama waja afliccin- una caracterstica que unifica a millones de refugiados palestinos por todo el planeta. Con nuestra poblacin de refugiados dominada ya por la segunda, tercera o incluso cuarta generacin de refugiados, parece que nuestra waja es nuestro principal rasgo en comn. Nuestras geografas pueden diferir, al igual que nuestras lenguas, nuestras lealtades polticas, nuestras culturas pero, en ltima instancia, todos confluimos en torno a las penosas experiencias que hemos interiorizado a lo largo de generaciones.

Mi madre sola decir Ihna yalfalastinin damitna qaribeh (las lagrimas estn siempre cerca de nosotros, los palestinos). Pero nuestra disposicin a derramar lgrimas no es un signo de debilidad, ni mucho menos. Se debe a que a travs de los aos hemos conseguido internalizar nuestro propio exilio, y sus mltiples ramificaciones, junto a los exilios de todos los dems. La carga emocional es inmensa.

De alguna manera logramos enmascarar el insoportable dolor, pero siempre se queda ah, muy cerca de la superficie. Si escuchamos una sencilla meloda de Marcel Jalifeh o de Sheij Imam, o unos pocos versos de Mahmud Darwish, la herida aparece tan fresca como siempre.

La mayora de nosotros ya no vivimos en tiendas de campaa, pero la ocupacin israel, el asedio a Gaza y la situacin de los palestinos internamente desplazados dentro de Israel, la guerra en Iraq y el desplazamiento de los palestinos ya desplazados all, las inhumanas condiciones de vida de los palestinos refugiados en el Lbano y por todo el Oriente Medio, nos hacen tener muy presente cada da nuestra condicin de refugiados

No obstante, para nosotros, Siria se ha convertido en nuestra mayor waja en aos. Adems del hecho de que la mayor parte del medio milln de refugiados palestinos en Siria se han visto de nuevo obligados a escapar, a vivir el dolor del desplazamiento y la prdida por segunda, tercera e incluso cuarta vez, nueve millones de refugiados sirios estn ya duplicando la tragedia palestina, siguiendo el curso de los primeros momentos de la Nakba palestina, la catstrofe de 1948.

Contemplar la destitucin de los refugiados sirios es como rebobinar el pasado en todos sus terribles detalles. Contemplar el clamor de los estados rabes prometiendo ayudar a los refugiados con sus grandilocuentes palabras y pocas acciones te hacen sentir como si estuviramos viviendo de nuevo la traicin rabe en todos sus aspectos.

Vi cmo moran mis abuelos, seguidos por mis padres y muchos de mis compaeros. Todos ellos murieron siendo refugiados, con ese mismo estatus y la misma esperanza prdida en el Retorno. Todo lo que recibieron de la comunidad internacional fueron unos cuantos sacos de arroz y aceite barato para cocinar. Y, eso s, desde luego, numerosas tiendas de campaa.

Con el tiempo, nuestro estatus de refugiados se transform de ser un problema a ser parte integral de nuestras identidades. Ser refugiado en esa etapa significaba insistir en el Derecho al Retorno para los refugiados palestinos como algo consagrado por el derecho internacional. Ese estatus no es slo una mera referencia a un desplazamiento fsico sino tambin una identidad poltica, incluso una identidad nacional.

Puede que a veces la divisin domine la sociedad palestina, pero siempre volver a unirnos el hecho de que somos refugiados con una causa comn: volver a casa. Mientras que para los palestinos de Yarmuk, en las cercanas de Damasco, ser refugiado es una cuestin de vida o muerte a menudo de muerte por hambre-, para el colectivo palestino global, el significado de la palabra implica mucho ms, algo que se ha quedado grabado en nuestra piel para siempre.

Pero, qu puede uno decir como especie de consejo a los relativamente nuevos refugiados de Siria, considerando que an tenemos que liberarnos a nosotros mismos de un estatus que nunca buscamos?

Tan slo unos cuantos recordatorios y algunas advertencias:

En primer lugar, que vuestro desplazamiento acabe pronto. Que nunca vivis la waja del desplazamiento hasta el punto que tengis que aceptarlo como parte de vuestra identidad y trasmitirlo de una generacin a otra. Que sea una especie de pena fugaz o pesadilla pasajera, pero nunca la omnipresente realidad cotidiana.

En segundo lugar, debis estar preparados para lo peor. Mis padres se dejaron las mantas nuevas en su aldea antes de huir hacia los campos de refugiados porque teman que se estropearan con el polvo del camino. Desgraciadamente, los campos se convirtieron en hogar y las mantas fueron confiscadas, como el resto de Palestina. Por favor, no perdis la esperanza pero sed realistas.

En tercer lugar, no os creis nada de lo que dice la comunidad internacional cuando se pone a hacer promesas. Nunca las cumplen, y cuando lo hacen es por motivos ocultos que podran causaros ms mal que bien. De hecho, el mismo trmino es ilusorio y se utiliza en gran medida para referirse a los pases de Occidente que os han hecho tanto dao como a nosotros.

En cuarto lugar, no confiis en los regmenes rabes. Mienten. No sienten vuestro dolor. No escuchan vuestras splicas, no les importis nada. Han invertido demasiado en destruir vuestros pases y muy poco en redimir sus pecados. Hablan de una ayuda que raramente llega y sus iniciativas polticas conforman fundamentalmente comunicados de prensa. Pero aprovecharn cada oportunidad para recordaros sus virtudes. En realidad, vuestra victimizacin se convierte en una plataforma para su grandeza. Medran a costa vuestra, por tanto invertirn cuando puedan en vuestra miseria.

En quinto lugar, preservar vuestra dignidad. S que nunca es fcil mantener el orgullo cuando tienes que dormir en una calle desierta cubierto de cartones. Una madre hara cuanto pudiera para ayudar a sus hijos a sentirse seguros. No importa, no debis permitir nunca que los lobos que os esperan en cada frontera exploten vuestra desesperacin. Nunca debis permitir que el emir, o sus hijos, o algn empresario rico, o algn famoso compasivo os utilicen como un momento fotogrfico. No os arrodillis nunca. No besis mano alguna. No le deis a nadie la satisfaccin de explotar vuestro dolor.

En sexto lugar, permaneced unidos. Cuando uno es refugiado, la unidad da fortaleza. No permitis que las disputas polticas os distraigan de la batalla ms importante que tenis por delante: sobrevivir hasta el da que volvis a casa, y lo haris.

En sptimo lugar, amad a Siria. Vuestra civilizacin no tiene parangn. Vuestra historia est plagada de triunfos que no son sino obra vuestra. Incluso aunque tengis que marchar hacia tierras lejanas, guardad a Siria en vuestros corazones. Esto tambin pasar y Siria redimir su esplendor, una vez que las bestias hayan sido derrotadas. Slo el espritu del pueblo sobrevivir. No es una ilusin. Es historia.

Querido refugiado sirio: Hace ya 66 aos, y suma y sigue, desde que empez la desposesin de mi pueblo. Todava tenemos que volver, pero esa es una batalla que mis hijos y los hijos de mis hijos tendrn que luchar. Confo en que la vuestra termine pronto. Hasta entonces, por favor, recordad que una tienda es slo una tienda y que las rachas de viento helado no son sino una tormenta pasajera.

Y hasta que volvis a vuestro hogar, en Siria, no permitis que el refugiado se convierta en lo que vosotros sois, porque vosotros sois muchsimo ms que eso.


Ramzy Baroud ramzybaroud.net- es Doctor en Historia de los Pueblos por la Universidad de Exeter. Es editor-jefe de Middle East Eye, columnista de anlisis internacional, consultor de los medios, autor y fundador de PalestineChronicle.com. Su ltimo libro es My Father Was a Freedom Fighter: Gazas Untold Story (Pluto Press, Londres).

Fuente: http://www.middleeasteye.net/columns/dear-syria-one-refugee-another-721497486

 



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