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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-01-2015

Revoluciones democrticas, terrorismo y guerrillas

Carlos A. Larriera
Rebelin


No hay revolucin socialista sin revolucin democrtica. La revolucin democrtica es un prerrequisito de la revolucin obrera y socialista. La conquista del poder poltico por el proletariado slo puede realizarse como una continuidad de una revolucin democrtica, no es la toma del poder del proletariado aislado del resto del pueblo sino por el contrario es el proletariado dirigiendo al conjunto del pueblo. El da de la revolucin implica que todo el pueblo que se encuentra realizando la revolucin democrtica ha llegado a adquirir la conciencia de la necesidad de la expropiacin del capitalismo, para lo cual es imprescindible la conquista del poder poltico por la clase obrera, nica clase realmente consecuente en la lucha contra el capitalismo.

La revolucin democrtica tiene un gran porcentaje de espontaneidad y un nivel de conciencia bastante confuso y al comienzo el pueblo no tiene claro la necesidad de expropiar el capital y construir el socialismo. A medida que la revolucin democrtica va adquiriendo ms y ms dinmica, la tendencia a la elevacin de la conciencia del pueblo se va incrementando. Aunque nunca puede lograr la plena conciencia sobre la verdadera naturaleza del capitalismo y la necesidad del socialismo sin la ayuda del partido revolucionario socialista. Pero a medida que se desarrolla la revolucin democrtica, la burguesa ve crecer el peligro del completo desarrollo de la conciencia y organizacin revolucionaria del pueblo, exista o no la ayuda desde afuera del partido socialista para elevar la conciencia.

La burguesa por lo tanto necesita frenar la revolucin democrtica, impedir la elevacin de la conciencia durante su transcurso y crecimiento, reprimir a cualquier partido que ayude a esa elevacin. Pero es muy frecuente que la dinmica de la revolucin democrtica dificulte en extremo la accin directa de las fuerzas represivas del estado burgus. Se corre el peligro cierto que el pueblo renueve su ofensiva democrtico-revolucionaria a medida que aumentan los intentos represivos de la burguesa. Es lo que sucedi en Irn con la cada del Sha en 1979, o en la revolucin nicaragense, y en general en todas las revoluciones democrticas cuando alcanzan un nivel agudo de desarrollo. En Irn cada movilizacin del pueblo era reprimida con cientos o miles de muertes, pero a los pocos das una movilizacin mucho mayor se produca y era reprimida con mayores muertes, y nuevas movilizaciones y nuevas represiones hasta que las movilizaciones crecieron tanto y fueron tan imparables que el terrorfico aparato represivo del Sha se desmoraliz, se desintegr, y aquellos de sus integrantes que pudieron, que no cayeron frente al castigo del pueblo, huyeron del pas.

Por todo esto la clase dominante, la burguesa, promueve el terrorismo y la guerrilla para desnaturalizar y desviar la revolucin democrtica. Ni el terrorismo ni la guerrilla son estrategias revolucionarias. Son tcticas. Y en algunas situaciones concretas es til recurrir a ellas, incluso pueden llegar a ser imprescindibles en un momento dado. Pero son slo tcticas, convertir estas tcticas en estrategias revolucionarias es abandonar la verdadera estrategia revolucionaria que incluye necesariamente el impulso y desarrollo de la revolucin democrtica. Un ejemplo histrico de la conveniencia y hasta la necesidad perentoria de una de estas tcticas fue la guerrilla de Gemes. Haba que frenar, demorar, impedir el avance del ejrcito realista del Alto Per y no exista un ejrcito regular revolucionario para hacerlo.

La clase media, el pequeo burgus, el pequeo propietario, que bajo el capitalismo siempre sufre opresin y muy a menudo un deterioro en extremo agudo y rpido de sus condiciones de vida, incluso la ruina, cae con facilidad en extremismos revolucionarios, pero es incapaz de tener constancia, organizacin, disciplina y firmeza. [1] El pequeo burgus no constituye una clase, no puede visualizar una revolucin de masas, clasista, tiende a buscar soluciones individuales, como el terrorismo, o de alguna manera la guerrilla. Son tendencias naturales de la clase media. Se desesperan frente a procesos de lucha de clases largos, difciles, sacrificados, y buscan acciones individuales. El capital utiliza estas tendencias naturales, las promueve, las organiza, para desnaturalizar las revoluciones democrticas.

La falsa identificacin de lucha armada en el sentido de guerrilla, con la revolucin social, como si fueran sinnimos, ideologa que est muy difundida en la izquierda, es utilizada permanentemente por el gran capital de mltiples maneras, todas ellas frenan, desvan, confunden la dinmica de las revoluciones democrticas.

No quiere decir, como en el caso de la dictadura del 76 al 83, que la guerrilla haya sido la causa de esa dictadura, o la excusa que permiti llevarla a cabo. Hoy est cada vez ms claro que la dictadura se debi a una ofensiva del capital concentrado y centralizado internacional buscando escapar de su propia crisis y que la dictadura se hubiera producido igual con o sin guerrilla.

Pero el perjuicio que provoc la guerrilla en el pueblo en la Argentina fue que separ la violencia de la lucha democrtica del pueblo. Un pequeo ejercicio de imaginacin contrafctica, hipottica, permite ilustrar esto. Qu hubiera pasado con las 3A si no hubiera existido guerrilla ni actos terroristas por parte de la izquierda? Si la izquierda slo hubiera actuado como dirigentes gremiales, barriales, sociales? Cuando las 3A iban a las casas de los militantes a masacrarlos, no es imaginable que las madres las hubieran rechazado usando como armas todo lo que tuvieran a mano, por decirlo de alguna manera? No es imaginable que la reaccin popular, democrtica, al defender a sus hijos, sus luchadores, hubiera sido significativamente distinta a la que fue? La guerrilla contribuy a que el pueblo fuera el espectador frente a dos bandos que se peleaban, poco ms o menos. El asunto es mucho ms complejo, por supuesto, y no se puede abarcar todo el problema en estas pocas lneas. Pero estas reflexiones sirven para entender cmo la burguesa utiliza permanentemente el terror y la guerrilla para desviar y desintegrar el curso de las revoluciones democrticas.

Hoy en da el 90% del terrorismo es impulsado por EE.UU. e Israel. Sus servicios de inteligencia (CIA, Mossad, etc.) promueven y manipulan las tendencias embrionarias de algunos integrantes de la clase media hacia el terrorismo, o directamente las fabrican. No hay que olvidar que EEUU necesitaba un enemigo para justificar su terrorismo internacional y consigui su justificacin con el atentado a las Torres Gemelas. O que justific la invasin a Irak con la falsa denuncia de que tenan armas nucleares. Thierry Meyssan dice, por ejemplo: Tenemos que recordar que, desde el desmembramiento de Yugoslavia, el estado mayor estadounidense ha experimentado y puesto en prctica en numerosos pases su estrategia conocida como pelea de perros, que consiste en matar miembros de la comunidad mayoritaria y matar despus miembros de las minoras para lograr que ambas partes se acusen entre s y que cada una de ellas crea que la otra est tratando de exterminarla. Fue as como Washington provoc la guerra civil en Yugoslavia y, ltimamente, en Ucrania. [2]

Es imprescindible tener en cuenta que frente al avance de las revoluciones democrticas, el gran capital recurre al terrorismo o la guerrilla para desarmarlas, desorientarlas, desmoralizarlas, transformarlas en guerra civil pueblo contra pueblo.

Es el sentido fundamental del atentado contra Charlie Hebdo, tanto si fue producto de la accin de un pequeo grupo espontneo e independiente, como si fue un operativo inducido por los servicios de inteligencia de los grandes pases capitalistas. La campaa antimusulmana subsiguiente tiende a justificar la represin indiscriminada no solamente en Francia y en Europa, sino que se puede extender a cualquier pas del mundo. Bastara con sealar que en tal o cual pas existe el peligro musulmn.

Las primaveras rabes, los movimientos democrticos en Grecia y Espaa, y en muchos otros pases de distintas partes del mundo, incluyendo a Amrica Latina, constituyen distintos grados de desarrollo de revoluciones democrticas. El peligro de que el capital fabrique terrorismos o guerrillas para desnaturalizarlas y crear el enfrentamiento de pueblo contra pueblo est a la orden del da en todo el planeta.


Notas

[1] V. I. Lenin, Obras Completas, Editorial Cartago, segunda edicin, 1971, tomo XXX, pg. 137.

[2] Un 11 de septiembre en Pars? Quin est detrs del atentado contra Charlie Hebdo? por Thierry Meyssan, Voltairenet.org, http://www.voltairenet.org/article186413.html

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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