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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2015

Es posible conciliar el sionismo con el derecho internacional?

Bruno Guigue
Oumma

Traducido del francs para Rebelin por Caty R.


Espectadora impotente de los enfrentamientos entre el ocupante israel y la resistencia armada en el verano de 2014, la presidencia palestina ha decidido emprender una gran ofensiva diplomtica.

Hace 20 aos la OLP renunci solemnemente a la lucha armada. Al dar su aval a los Acuerdos de Oslo cambi una paz falsa por una autonoma ilusoria. Apresada en el cepo de una negociacin desigual hizo todas las concesiones con la esperanza de una contrapartida que nunca lleg. Ahora se halla encerrada en un legalismo tanto ms pernicioso que su socio israel, que no tiene cura. Ahora, frente a la evidencia de ese mal negocio, Mahmud Abbas ha decidido utilizar toda la artillera, sin traspasar la lnea roja cuyo respeto le garantiza la ayuda de Occidente.

Espectadora impotente de los enfrentamientos entre el ocupante israel y la resistencia armada en el verano de 2014, la presidencia palestina ha decidido emprender una gran ofensiva diplomtica. Ante la imposibilidad de enfrentarse al enemigo sobre el terreno espera ganar en el mbito judicial haciendo valer los derechos de un pueblo vctima de la ocupacin y la colonizacin. Frente a un Estado que se burla sin pudor de toda la legalidad internacional, no hace falta decir que la iniciativa palestina es totalmente legtima, pero cules son sus posibilidades de xito?

Sin vacilar, Estados Unidos ya manifest su oposicin en dos ocasiones. El 20 de diciembre de 2014 Washington vot en contra del proyecto de resolucin presentado ante el Consejo de Seguridad de la ONU que prevea la firma de un acuerdo de paz de aqu a un ao y la retirada de Israel de los territorios ocupados de aqu a 2017. Poco despus, el 18 de enero de 2015, la Casa Blanca neg cualquier legitimidad a la demanda palestina presentada ante la Corte penal Internacional por los crmenes cometidos por Israel en Gaza porque Palestina no es un Estado soberano. La poltica estadounidense no se desva de su orientacin habitual, el resultado de la iniciativa palestina parece cerrado de antemano.

Contentndose con reproches sin consecuencias y amonestaciones sin efectos, Washington nunca ha hecho nada contra la colonizacin israel. A despecho de las ingenuas esperanzas suscitadas en 2008, Barack Obama ha desempeado a la perfeccin el papel de guardin cabal de los intereses israeles, papel en el que parece resumirse la actuacin del presidente de Estados Unidos en la regin. Por otra parte, al afirmar desde su primera campaa electoral que Jerusaln reunificada permanecera como capital eterna de Israel, dio suficientes garantas a los dirigentes del Estado capaz de influir, a travs de un poderoso lobby, en el resultado de las elecciones estadounidenses.

En cuanto al Estado de Israel, no solo es objeto de las conmovedoras peticiones del otro lado del Atlntico, sino que adems se olvida de la legalidad internacional porque considera que su legitimidad procede de otras fuentes: la devolucin bblica de Palestina al pueblo de Israel y la herencia moral del Holocausto. Conviene recordar la hazaa ideolgica realizada por el sionismo desde hace 70 aos: la pretensin de santificar una conquista colonial vistindola con los oropeles de una religin bblica inscrita en el patrimonio de Occidente y de una conciencia universal herida por los horrores del genocidio.

No es por folclore que Benjamn Netanyahu vaya regularmente a salmodiar el Antiguo Testamento ante el Congreso estadounidense. Cuando se dirige a los representantes de una nacin que se atribuye un destino manifiesto nunca deja de evocar la mitologa comn de una doble eleccin, la del pueblo hebreo y la del pueblo estadounidense. Como si las dos naciones pioneras se encontrasen unidas en una misma fe inquebrantable en Dios y en ellas mismas, las invita a unirse contra las fuerzas del mal, materializadas el islamismo radical en el que pretende ver la propia esencia de la reivindicacin palestina.

Pero la connivencia religiosa con un Estados Unidos protestante empapado de cultura bblica no es suficiente. La referencia obligada a la memoria del Holocausto se convierte as, en manos de Israel y sus aliados, en una terrible arma de intimidacin masiva. Descargndoles la conciencia, el arma persuade a los israeles de que la violencia que perpetran contra los dems no es ningn oprobio. Se vuelve a alinear del lado del Bien absoluto, un Estado judo que habra nacido en reparacin de un Mal absoluto. Unida a las sospechas de antisemitismo dicha arma paraliza cualquier veleidad crtica.

En consecuencia, al enfrentar el derecho internacional al derecho divino, Israel se aureola de una santidad que anula cualquier protesta profana. Al invocar el inconmensurable sufrimiento del pueblo judo Israel se sale sin discusin del derecho comn de las naciones. As, relegado al estatus de vano papeleo, el derecho internacional se ve despedido sin miramientos porque sus medidas son nulas ante un destino singular, el del pueblo elegido ante el cual las dems naciones se suman a la abdicacin de cualquier pretensin fundamentada en las reglas habituales.

Por desgracia los enfoques de la presidencia palestina no se libran de ese doble sortilegio. Entre los palestinos traicionados por la mayora de los regmenes rabes y un Estado de Israel apoyado por Occidente, la partida es desigual. Atrapado por el veto estadounidense, el Consejo de Seguridad de la ONU est condenado a la inmovilidad. Por la misma razn la Corte penal Internacional se ver reducida a la impotencia: Al no haber firmado Israel el Tratado de Roma, solo podr denunciar a los dirigentes israeles si lo decide el Consejo de Seguridad. Y cmo lo hara si Estados Unidos tiene derecho de veto?

Adems desde hace mucho tiempo el Estado de Israel se aprovecha del paraguas de la superpotencia estadounidense, por lo tanto la invocacin del derecho internacional contra el ocupante ser como David contra Goliat. Sin la perspectiva de una modificacin sustancial de la relacin de fuerzas Israel nunca renunciar a su ambicin fundadora, enunciada en 1919 Cham Weizmann, presidente de la Organizacin Sionista Mundial: Lo que queremos es que Palestina sea juda de la misma forma que Inglaterra es inglesa.

El cumplimiento del proyecto sionista tiene un precio: pero lo pagarn otros, los autctonos que el azar puso, para su desgracia, en el camino del renacimiento judo. Al autorizarse la devolucin exclusiva de la tierra palestina al pueblo judo, el sionismo es una empresa colonial cuya radicalidad oculta deliberadamente el discurso dominante. Pero su nico objetivo es sustituir a un pueblo por otro. El sionismo no ejecuta la depuracin tnica por un accidente de la historia: es su propia esencia. El renacimiento del pueblo elegido en su tierra mtica seala a la vez la sentencia de muerte del pueblo sobrante que tiene la osada de vivir all.

Tambin los dirigentes israeles lo saben perfectamente: meterse con el derecho internacional es admitir pblicamente la realidad del expolio perpetrado desde hace un siglo. 50 aos despus de la descolonizacin de frica y Asia, la Palestina ocupada permanece como representacin de un colonialismo occidental que divide a la humanidad en sujetos y objetos de la historia. Sin duda, para acabar con esta aberracin histrica, de antemano ser necesaria la lucha por la justicia por parte de una presidencia palestina reducida desde hace mucho tiempo al papel de comparsa.

Bruno Guigue, en la actualidad profesor de Filosofa, es titulado en Geopoltica por la cole National dAdministration (ENA), ensayista y autor de los siguientes libros: Aux origines du conflit isralo-arabe, LEconomie solidaire, Faut-il brler Lnine?, Proche-Orient: la guerre des mots y Les raisons de lesclavage, todos publicados por LHarmattan.

Fuente: http://oumma.com/219620/sionisme-soluble-droit-international



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