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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2015

Que le pongan las esposas ya!
Por qu Henry Kissinger sigue libre?

Andy Piascik
CounterPunch

Traducido por Silvia Arana para Rebelin


El 11 de septiembre de 2013 cientos de miles de chilenos recordaron solemnemente el cuarenta aniversario del hecho terrorista ocurrido en su nacin. Fue en esa fecha, en 1973, que los militares chilenos con la generosa provisin de fondos y armas proporcionados por Estados Unidos y el asesoramiento de la CIA y otros agentes, derrocaron al gobierno democrticamente elegido del socialista moderado Salvador Allende. A continuacin, vinieron diecisis aos de represin, tortura y asesinatos implementados por el rgimen fascista de Augusto Pinochet mientras que las multinacionales de EE.UU. -IT&T, Anaconda Copper y otras- volvan a obtener grandes ganancias. Las ganancias de tales empresas, junto con la preocupacin de que la gente de otros pases puedan seguir el ejemplo de independencia fueron la verdadera razn para el golpe de estado, e incluso, la tendencia hacia la nacionalizacin marcada por Allende no poda ser tolerada por los hombres de negocio de EE.UU.

Henry Kissinger fue consejero de seguridad nacional y uno de los principales diseadores -quizs, el principal- del golpe en Chile. Los golpes instigados por EE.UU. no eran nada nuevo en 1973, ciertamente no en Amrica Latina. Kissinger y su jefe Richard Nixon continuaban una tradicin violenta que se despleg a lo largo del siglo XX y continu en el XXI. Vase, por ejemplo, el golpe en Venezuela en 2002 (fallido) y el de Honduras en 2009 (exitoso). Donde sea posible, como Guatemala en 1954 y Brasil en 1964, los golpes fueron el mtodo preferido para responder a las insurgencias populares. En otras instancias, la opcin elegida fue la invasin directa con fuerzas estadounidenses, como sucedi en varias ocasiones en Nicaragua, la Repblica Dominicana y otros pases.

El golpe en Santiago ocurri en el momento en que la agresin de EE.UU. en Indochina estaba disminuyendo despus de ms de una dcada de terror. Desde 1969 hasta 1973 Kissinger, al lado de Nixon, estuvo a cargo de la carnicera en Vietnam, Camboya y Laos. Es imposible saber con exactitud cuntas personas fueron asesinadas durante aquellos aos; todas las vctimas eran consideradas enemigos, incluyendo la vasta mayora que no eran combatientes. Adems, EE.UU. nunca estuvo predispuesto a estimar la cantidad de muertes del enemigo. Las estimaciones de indochinos matados por EE.UU. parte de la cifra de cuatro millones y son probablemente ms, quizs muchos ms. Haciendo una extrapolacin razonable hay ms de un milln de personas asesinadas mientras Kissinger y Nixon estuvieron en el poder.

Adems, una cantidad innumerable de indochinos han muerto en los aos posteriores por los efectos de las dosis masivas de Agente Naranja y otras armas qumicas de destruccin masiva usadas por EE.UU. Muchos de nosotros aqu conocemos (o, tristemente, conocamos) a soldados que estuvieron expuestos a estos qumicos; multipliquemos estos nmeros por 1.000 o 10.000 o 50.000; y aunque sea imposible hacer un recuento preciso, s podemos empezar a entender el impacto en los habitantes y en los territorios que fueron tan minuciosamente envenenados por la poltica de EE.UU.

Investigaciones realizadas por diversas organizaciones, incluyendo Naciones Unidas, indican que al menos 25 mil personas murieron en Indochina desde el fin de la guerra por bombas que EE.UU. dej diseminadas en las zonas rurales; y una cantidad equivalente de personas sufri mutilaciones. Como lo sucedido con el Agente Naranja, los efectos de muerte y vidas arruinadas por explosiones continan hasta hoy. Cuarenta aos despus, la guerra sigue para la gente de Indochina, y probablemente seguir por varias dcadas ms.

Cerca del final de su poca en el gobierno, Kissinger y su nuevo jefe Gerald Ford dieron el visto bueno para que el dictador indonesio Suharto invadiera Timor Oriental en 1975, un acto ilegal de agresin implementado con armas hechas en EE.UU. y provistas por EE.UU. Suharto tena una larga historia como testaferro de los intereses econmicos de las compaas norteamericanas. Ascendi al poder con el golpe de 1965, tambin con el apoyo determinante y las armas de Washington, e inici un ao de reino de terror en el que las fuerzas de seguridad y los militares asesinaron a ms de un milln de personas (Ammista Internacional, que raramente da datos de los crmenes del imperialismo estadounidense, dio la cifra de un milln y medio).

Adems de proveer el apoyo esencial en recursos, Kissinger y Ford bloquearon todo esfuerzo de la comunidad internacional para detener la matanza, cuando la escala terrible de la violencia en Indonesia trascendi las fronteras. El embajador ante la ONU, Daniel Patrick Moynihan se vanagloriaba abiertamente de su triunfo. Nuevamente, el principio rector del imperio, el que Kissinger y los de su tipo aceptan como algo tan natural como respirar, es que no se puede permitir la independencia. Esto se aplica hasta para un pas tan pequeo como Timor Oriental, donde las oportunidades de inversin son mnimas, porque la independencia es contagiosa y puede propagarse a lugares mucho ms cruciales, como la rica Indonesia con abundancia de recursos. En 1999, hacia el fin de la ocupacin indonesa, haban sido eliminados 200.000 timorenses, un 30% de la poblacin. Este es el legado de Kissinger, muy bien comprendido por los residentes del hemisferio Sur, no importa cual sea el grado de negacin, ignorancia o confusin mental de los intelectuales aqu (en EE.UU.).

Si EE.UU. alguna vez se convirtiera en una sociedad democrtica, y si alguna vez integrara la comunidad internacional como miembro responsable interesado en la paz y no en la guerra, con el fin de promover la cooperacin y la ayuda mutua en lugar de la dominacin, tendramos que responder por los crmenes de aquellos que actuaron en nuestro nombre, como Kissinger. Nuestra indignacin ante los crmenes cometidos por los enemigos oficiales como Pol Pot no es suficiente. La camarilla de malos lderes norteamericanos desde Kennedy en adelante causaron muchas ms muertes en Indonesia que el Khmer Rouge, y los responsables deben ser juzgados y tratados acorde con lo que son.

La urgencia de la tarea es resaltada por la alarmante proliferacin de la poltica de agresin de EE.UU. Millones de personas en el mundo, sobretodo en una revitalizada Amrica Latina, tratan de terminar con el ethos "la razn de la fuerza", que ha sido el precepto rector de EE.UU. desde su origen. El 99% de nosotros aqu, quienes no tenemos ningn inters invertido en el imperio, haramos bien en unirnos a ellos.

Hay signos estimulantes al respecto, como la cancelacin de los ataques de EE.UU. contra Siria, por ejemplo. Adems, individuos con diversos grados de participacin en la poltica imperial, han sido interpelados. Por ejemplo, David Petraus fue objeto de escraches desde que fue contratado por CUNY (Universidad de la ciudad de Nueva York) para ensear un curso; en 2010 Dick Cheney tuvo que cancelar un viaje a Canad porque el clamor por su arresto se fue haciendo demasiado fuerte; mucho despus del fin del reinado de Pinochet, un magistrado espaol orden su arresto por violaciones a los derechos humanos. Pinochet fue detenido en Inglaterra durante 18 meses y fue liberado por razones de salud. A principios de este ao, Efran Ros Montt, uno de los secuaces de EE.UU. en Guatemala, fue condenado por genocidio, aunque sus cmplices que siguen en el poder han intervenido en su favor obstruyendo la justicia. La primavera pasada, Condoleeza Rice estuvo obligada a cancelar su discurso de fin de ao acadmico en la Universidad de Rutgers ante la indignacin estudiantil por su participacin en crmenes de guerra.

Se necesita ejercer ms presin para que los aliados de EE.UU. en crmenes de guerra, como Paul Kagame reciban el mismo tratamiento que Pinochet. Ms importante quizs sera que los que vivimos en EE.UU. escrachemos a Rumsfeld, a los dos Clinton, Rice, Albright, Powell, para nombrar unos pocos, por sus crmenes contra la humanidad, cada vez que se muestren en pblico, como se ha hecho con Petraeus. Esto se aplica especialmente a dos de nuestros ms recientes "Jefes de Criminales de Guerra", Barack Bush y George W. Obama.

Andy Piascik es un activista con larga experiencia y un autor premiado que escribe para Z, Counterpunch y otras publicaciones y sitios web.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2015/02/06/why-is-henry-kissinger-walking-around-free/



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