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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2015

Entrevista al profesor Gilbert Achcar
Las causas de la matanza de Pars

Ahmed Shawki
Socialist Worker

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


Gilbert Achcar es profesor en la Escuela de Estudios Africanos y Orientales de la Universidad de Londres y autor de numerosos libros, destacando entre ellos: Clash of Barbarisms: September 11 and the Making of the New World Disorder, The People Want: A Radical Exploration of the Arab Uprising y Marxism, Orientalism, Cosmopolitanism.

Tras la masacre perpetrada en las oficinas de Charlie Hebdo en Pars y la oleada de represin e islamofobia que la sigui, a finales de enero Achcar habl con Ahmed Shawki sobre la cuestin de la izquierda en Francia y la necesidad internacional de organizar una respuesta antiracista y antiimperialista.

-Ahmed Shawki (AS): Ante el ataque contra Charlie Hebdo, cul ha sido la reaccin de la sociedad francesa en general y del Estado francs y la clase gobernante en particular?

-Gilbert Achcar (GA): La reaccin ha sido la que caba esperar. La reaccin inicial fue de shock masivo, algo parecido a la reaccin inicial ante el 11-S en Estados Unidos, aunque obviamente es una gran exageracin colocar ambos ataques en pie de igualdad como muchos hicieron, especialmente en Francia.

Y, desde luego, el shock fue explotado de inmediato por el gobierno francs de la misma forma en que el 11-S fue aprovechado por la administracin Bush para silenciar a los crticos y conseguir un apoyo ms amplio en nombre de la unidad nacional. De repente, la popularidad de Franois Hollande subi como la espuma desde un nivel muy bajo. Lo mismo sucedi con George W. Bush, cuya popularidad era bien escasa antes del 11-S, consiguiendo incrementarla ms all de lo que nadie hubiera podido soar.

Se produjeron reacciones muy parecidas en ambas sociedades, que quedaron paralizadas y aterrorizadas; por supuesto que los crmenes fueron espantosos. En ambos casos, la clase gobernante se aprovech del shock para despertar sentimientos nacionalistas y conseguir apoyos para el Estado: En Francia, las fuerzas policiales han sido aclamadas como los grandes hroes, movilizando a varias decenas de miles de policas para cazar a tres lunticos asesinos. Sin lugar a dudas, los bomberos de Nueva York merecieron muchas ms alabanzas por su valenta.

No hay nada muy original en todo esto. En cambio, s que es bastante original la forma en que los debates fueron evolucionando posteriormente.

Como todo el mundo sabe, el ataque contra Charlie Hebdo y el ataque antisemita contra un supermercado kosher en Pars fueron perpetrados por dos jvenes de ascendencia argelina y uno de ascendencia maliense, los tres nacidos en Francia. En los ltimos das ha habido un cambio importante en la discusin sobre los ataques, suavizndose algo en el sentido de reconocer cada vez ms el hecho de que algo est fallando en la sociedad francesa: la forma en la que trata a las personas de origen inmigrante.

Este cambio lleg a un punto en el que el Primer Ministro francs Manuel Valls afirm pblicamente dos semanas despus del ataque que en Francia haba un apartheid territorial, social y tnico con respecto a las personas de origen inmigrante. Esa es una descripcin extremadamente fuerte y, como caba esperar, fue masivamente criticada, incluso desde dentro del gabinete que Valls preside.

Pero de alguna forma represent una reivindicacin para quienes desde el principio decan que estos terribles ataques haran que la gente pensara sobre todo en las condiciones que llevaron a los jvenes a tal nivel de resentimiento que estuvieron dispuestos a implicarse en ataques suicidas para matar. Ninguna razn puede servir de excusa para los asesinatos perpetrados, pero es indispensable investigar el origen de ese odio y resentimiento en lugar de caer en la inepta explicacin ofrecida en su da por George W. Bush tras el 11-S: Nos odian por nuestras libertades.

Esto nos lleva a la raz del problema, que es a la que el primer ministro francs estaba refirindose. La raz del problema es la situacin de las poblaciones de origen inmigrante en Francia. Un indicio obvio y muy elocuente de esto es el hecho de que una mayora de los presos que se hallan en las prisiones francesas son de origen musulmn, aunque los musulmanes constituyen menos del 10% de la poblacin. Y tenemos tambin el hecho relacionado de que la sociedad y el Estado francs nunca han saldado realmente cuentas con su legado colonial.

Sobre este ltimo tema, llama la atencin que el autoexamen de la sociedad estadounidense sobre la guerra de Vietnam haya sido mucho ms radical y amplio reflejado en la inmensa movilizacin habida dentro de los mismos EEUU contra esa guerra- de lo que lo fue nunca en Francia respecto a la guerra de Argelia, aunque esta ltima no fue menos brutal, si no ms, y se produjo despus de un siglo de salvaje ocupacin colonial de aquel pas.

Francia es un pas donde, lo creas o no, el parlamento vot en 2005 es decir, hace slo diez aos, no hace medio siglo!- una ley sobre el legado colonial que homenajeaba a los hombres y mujeres, especialmente a los militares, que tomaron parte en la empresa colonial. Y se peda, entre otras cosas, que las escuelas ensearan el papel positivo de la presencia francesa en ultramar, especialmente en el Norte de frica. Esa porcin particular de la ley fue rechazada por decreto presidencial un ao despus de producirse una inmensa protesta organizada por las organizaciones de emigrantes, la izquierda, los historiadores y los maestros. Pero el slo hecho de que una ley de tal tenor fuera aprobada por mayora parlamentaria es sencillamente indignante.

-AS: Puedes contarnos algo ms acerca de las reacciones ante la declaracin del primer ministro sobre el apartheid de Francia? Porque es una declaracin sorprendente.

-GA: Es muy sorprendente. Eso s, Valls no es precisamente un radical ni siquiera un progresista. Pertenece al ala derecha del Partido Socialista. Fue ministro del interior antes de convertirse en primer ministro y fue criticado desde la derecha por entrar en competencia con la extrema derecha con Marine Le Pen- intentando ver quin llegaba ms lejos en el tema de la inmigracin. Y ahora, de repente va y hace esa declaracin tan fuerte.

No resulta extrao que le llovieran las crticas desde muchos sectores, no slo por parte de la oposicin de la derecha sino tambin en su propio partido e incluso de alguna gente de la izquierda, todos ellos diciendo que se haba pasado de la raya y que no debera haber utilizado la palabra apartheid.

Sus crticos ms sobrios sealaron el hecho de que no hay apartheid legal en Francia, a diferencia de lo que haba existido hace unas cuantas dcadas en Sudfrica o en el Sur de EEUU hace medio siglo. Pero uno no puede negar seriamente la realidad de una segregacin territorial, social y tnica en Francia que es similar a la que an prevalece en EEUU.

La situacin de las poblaciones de origen emigrante en Francia se acerca ms, de hecho, a las de los negros de EEUU que al apartheid en sentido estricto. Esas poblaciones se concentran en zonas separadas en la periferia de las ciudades y viven en condiciones extremadamente frustrantes. Adems de todo eso, encontramos un racismo generalizado en la sociedad francesa que se manifiesta de diversas formas, entre ellas la discriminacin en el empleo, en la vivienda, etc.

En este ltimo aspecto, Francia est incluso peor que EEUU, desde luego que no vamos a ver pronto una persona de ascendencia africana elegida para presidente de Francia, como no sea en la imaginacin salvaje de un infame novelista francs islamfobo. Es realmente y lamentablemente- mucho ms probable que se elija a un candidato de extrema derecha para la presidencia francesa. Despus de todo, en 2002, Jean Marie le Pen se las arregl para llegar hasta la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, derrotando al candidato del Partido Socialista en la primera vuelta.

-AS: Esto nos lleva una cuestin relacionada con la extrema derecha francesa, que es muy poderosa a nivel electoral, con la hija de Le Pen, Marine, dirigiendo un Frente Nacional reformado. Lo que yo entiendo es que el Frente Nacional, que basa histricamente su inspiracin en la extrema derecha incluyendo a la derecha fascista-, est ahora intentando incorporar a sus filas a dirigentes de los gays, de otras minoras, de los judos. Pero est sealando a la poblacin inmigrante, y en particular a los musulmanes, como el nuevo enemigo. Es esa, ms o menos, la trayectoria?

-GA: En trminos generales, la extrema derecha en la Europa actual, excepto los extremistas fanticos, no se centra en el antisemitismo, ni siquiera en la intolerancia contra los homosexuales. De hecho, una de las figuras principales de la extrema derecha en Holanda es abiertamente gay y sola justificar su islamofobia refirindose a la supuesta homofobia de los emigrantes de origen musulmn.

Por tanto, esa no es la plataforma de la extrema derecha de nuestros das. El objetivo favorito de su discurso del odio es el islam. Los musulmanes son sus chivos expiatorios, mucho ms que los judos o cualquier otra vctima del fascismo y del nazismo de las dcadas de 1930 y 1940, excepto los rumanos, que todava siguen siendo el blanco de mucho odio racista. Pero en estos momentos es el islam el que es, de lejos, el blanco principal del odio de la extrema derecha.

Esta islamofobia se presenta muy a menudo con la pretensin de que no se trata de racismo, de que slo se est rechazando la religin y no a los mismos musulmanes, mientras no lleven a cabo sus prcticas como tales.

Es decir, que hay malos musulmanes y buenos musulmanes, siendo los ltimos los que beben alcohol y comen cerdo, i.e., los que no son religiosos y se adaptan totalmente a la cultura occidental cristiana. Los musulmanes mejor recibidos en sentido tnico, desde luego- son la pequea minora que se incorpora al coro islamfobo, buscando recompensa por su colaboracin, al igual que los nativos coloniales que trabajaban para sus amos coloniales.

Es este enfoque antiislam el que impregna las manifestaciones organizadas en Alemania por un movimiento que afirma estar luchando contra la islamizacin de Occidente. Este tipo de ideologa es comn a la extrema derecha por toda Europa, aunque quiz algo menos respecto al Partido de la Independencia britnico, que ataca a todos los inmigrantes, incluidos los que proceden de pases de la Unin Europea.

-AS: Se ha sugerido que la izquierda francesa hace una escasa labor a la hora de cuestionar el racismo institucional existente en la sociedad francesa. Piensas que eso es as?

-GA: Sin duda. La izquierda francesa y por tal me estoy refiriendo desde lo que suele llamarse izquierda radical hasta la izquierda del Partido Socialista, a la que yo no llamara realmente izquierda- tiene un pobre historial en relacin con las personas de origen inmigrante. Este es un fallo importante, aunque, desde luego, puedes encontrar situaciones parecidas en la mayora de los pases imperialistas.

La ausencia de una conexin fuerte con estas poblaciones, y especialmente con sus jvenes, significa que hay pocos estmulos cuando el resentimiento que se acumula entre ellos por razones legtimas va en la direccin equivocada, que en casos extremos lleva al fanatismo asesino que hemos visto en juego.

Los registros histricos del Partido Comunista francs respecto al anticolonialismo, especialmente en el caso de Argelia, estn lejos de ser limpios en sentido general. Dentro de Francia, la lucha contra la discriminacin tnica y el legado colonial no ha sido una cuestin fundamental en las acciones de la izquierda, y esto ha llevado a muchos jvenes que se sentan atrados hacia la izquierda a rechazarla en algn momento y a desarrollar sentimientos de mucha amargura hacia ella.

Esto est habitualmente conectado con una tradicin de la izquierda francesa que uno podra llamar secularismo radical o fundamentalismo secular.

-AS: Ests refirindote a la laicidad?

-GA: Laicidad significa secularismo. Hay algo ms all de eso, llammoslo tradicin anticlerical, que ha sido muy fuerte en la izquierda a nivel histrico en Francia. Puede adoptar la forma de arrogancia secular hacia la religin y los creyentes en general.

Mientras que la religin atacada sea la dominante, no hay un gran problema, aunque despus pueda ser polticamente contraproducente. Como el joven Marx seal convenientemente, la misma religin que es una herramienta ideolgica en manos de las clases dominantes puede ser tambin el suspiro de alivio de los oprimidos.

Pero esto es mucho ms cierto cuando la religin en cuestin es la fe particular de una parte oprimida y explotada de la sociedad, la religin de los pisoteados, como en el judasmo ayer y en el islam hoy en Occidente-. No puedes tener la misma actitud hacia el judasmo en la Europa de la dcada de 1930, por ejemplo, que en el Israel de hoy en da; ni la misma actitud ante el islam en la Europa actual que en los pases de mayora musulmana. Del mismo modo, no puedes tener la misma actitud ante la cristiandad, digamos, en el Egipto de hoy en da, donde los cristianos son una minora oprimida, que en los pases de mayora cristiana.

Este es el problema con Charlie Hebdo. Algunas de las personas implicadas en Charlie Hebdo eran muy de izquierdas. Stphane Charbonnier, conocido como Charb, el editor de la revista, que fue el objetivo principal de los asesinos, era bajo cualquier estndar un hombre de izquierdas. Tena lazos estrechos con el Partido Comunista y el ambiente de la izquierda en general. Su funeral se celebr con la meloda de la Internacional, y el elogio que hizo de l Luz, una superviviente del equipo editorial de Charlie Hebdo, incluy una amarga crtica a la derecha y a la extrema derecha francesas, al Papa y tambin a Benjamin Netanyahu.

En este sentido, la comparacin que algunos han hecho de Charlie Hebdo con una publicacin nazi que publica vietas antisemitas en la Alemania nazi es completamente absurda. Charlie Hebdo no es, en absoluto, una publicacin de la extrema derecha, y la Francia actual no es, decididamente, un Estado de estilo nazi.

Charlie Hebdo es ms bien un ejemplo flagrante del secularismo arrogante de la izquierda que antes mencionaba, que es una actitud generalizada en la izquierda de buena fe, es decir, la firme creencia en que el secularismo y el anticlericalismo son principios bsicos de la tradicin de izquierdas. Se consideran parte de una identidad de izquierdas, junto con el feminismo y otras causas emancipatorias.

-AS: Soy consciente de que uno de los principales debates en la izquierda francesa, a lo largo de ms o menos los ltimos diez aos, se ha centrado en la cuestin del velo y los derechos de las mujeres musulmanas a llevar el hiyab en pblico. Puedes hablarnos de los aspectos implcitos en ese debate?

-GA: Ese es otro ejemplo del mismo problema. Surgi en 1989 con la cuestin de las muchachas que iban al colegio con pauelo en la cabeza contando con el apoyo de sus familias, y se las expuls por insistir en llevarlo. Esta situacin llev en 2004 a que se promulgara una ley que prohbe los smbolos religiosos ostentosos en la indumentaria en los colegios pblicos.

Parte de la izquierda -en realidad yo dira que la inmensa mayora de la izquierda francesa, incluido el Partido Comunista- apoy esta prohibicin en nombre de ayudar a las jvenes a luchar contra la imposicin opresiva del pauelo por parte de sus familias, y en la conviccin de que ya que el uso del velo es un smbolo de la opresin de las mujeres, prohibirlo era una forma de desafiar esa opresin, as como de mantener el carcter laico de los colegios pblicos.

El problema principal de este secularismo arrogante se podra decir de esa arrogancia tan orientalista- es la creencia en que la liberacin puede imponerse a los oprimidos. La idea es que al obligarte a quitarte el pauelo, te estoy liberando, te guste o no. No hace falta decir que esto no es sino una reproduccin exacta de la mentalidad colonial.

-AS: Creo que para algunas personas, esa crtica a la izquierda francesa por su secularismo arrogante se mezcla con la vacilacin a la hora de hacer un anlisis de izquierdas del islamismo poltico, especialmente la variedad reaccionaria tras el ataque contra Charlie Hebdo o los ataques del 11-S en EEUU. Tocaste el tema en tu libro The Clash of Barbarism, verdad?

-GA: En efecto, escrib ese libro tras el 11-S. Cuando te enfrentas a un ataque como ese, hay que utilizar inevitablemente el trmino barbarie para describirlo.

Ahora bien, cmo deberan reaccionar los antiimperialistas? Hay dos posibles formas. Una, decir: No, esto no es una barbarie. Eso es ridculo, porque es obvio que lo es. Por qu no debera uno considerar igual de brbara la masacre perpetrada por el islamfobo Anders Breivik, el fantico noruego de extrema derecha, en 2012, pero no las masacres del 11-S o la matanza de Pars, si vamos al caso? Este sera un caso extremo de orientalismo al revs, sustituyendo el desprecio hacia el islam por una posicin muy ingenua y acrtica hacia todo lo que se haga en nombre del islam.

Lo que es polticamente errneo y peligroso no es el uso de trminos como barbarie, terrible y similares, sino el de la inapropiada categora poltica de fascismo. Muchos en la izquierda francesa el Partido Comunista, pero tambin miembros de la extrema izquierda y, ms recientemente, el filsofo posmaosta Alain Badiou- han etiquetado los ataques de Pars como fascistas y han descrito a quienes los perpetraron como fascistas.

Esto no tiene ningn sentido en trminos sociopolticos, ya que el fascismo es un movimiento de masas ultranacionalista cuya principal vocacin es salvar al capitalismo aplastando cualquier cosa que pueda amenazarlo, empezando por los movimientos de trabajadores y la promocin de un imperialismo agresivo. Es una tontera aplicar esta categora a las corrientes terroristas inspiradas en el fundamentalismo religioso en pases dominados por el imperialismo.

Ese uso de la etiqueta fascismo desdibuja todo lo que hace de l una categora sociopoltica caracterstica. Si uno desea diluir una categora sociopoltica de esta forma, entonces fenmenos como el estalinismo o, ms an, las dictaduras baazistas en el Iraq anterior a 2003, o la Siria actual, mantienen muchos ms parecidos con el fascismo histrico que al-Qaida o el pretendido Estado Islmico en Iraq y Siria.

El mal uso de la etiqueta empez con los neocon en la administracin Bush y otros que llamaban a al-Qaida islamo-fascismo, y es muy desafortunado que la gente de la izquierda caiga en esa trampa. El objetivo poltico obvio de ese mal uso de esa etiqueta ya que se considera al fascismo como el mal ltimo y al mismo nazismo como un avatar del fascismo- es justificar cada accin en su contra, incluidas las guerras imperialistas.

Recuerdo bien una discusin en la que me invitaron a participar en Pars inmediatamente despus del 11-S, organizada por el Partido Comunista. Uno de los oradores, un importante miembro de ese partido, explic que al-Qaida y el fundamentalismo islmico constituyen el nuevo fascismo, contra el cual era legtimo apoyar la guerra de los Estados de Occidente, de la misma forma que era legtimo que la URSS se aliara con EEUU y el Reino Unido contra los poderes fascistas en la II Guerra Mundial. Puede encontrarse un eco directo de la misma racionalidad en la descripcin neocon de la guerra contra el terror en el sentido de que se trataba una Tercera Guerra Mundial contra el fascismo islmico.

Volviendo a la etiqueta de brbaro, la otra forma de reaccionar, desde luego, es decir: S, esas masacres son realmente una barbaridad pero son, en primer lugar, una reaccin a la barbarie capitalista-imperialista, que es mucho peor. Esa es la reaccin que tuvieron muchos en la izquierda tras el 11-S. Noam Chomsky fue probablemente el ms destacado entre quienes explicaron que, con todo lo terribles que fueron los ataques del 11-S, quedaban eclipsados por las masacres perpetradas por el imperialismo estadounidense.

En mi libro sobre el choque de barbaries, subray que la barbarie de los fuertes es la principal culpable y que es la causa fundamental que lleva a la aparicin de contrabarbaries en el lado opuesto. Este choque de barbaries es el verdadero rostro de lo que se ha descrito, y an se sigue describiendo, como choque de civilizaciones. Como Rosa Luxemburgo seal hace un siglo: las dinmicas de la crisis del capitalismo y el imperialismo no dejan otra opcin a largo plazo que el socialismo o la barbarie.

Los ataques del 11-S en 2001, los de Madrid en 2004, los de Londres en 2005 y el reciente de Pars, fueron reivindicados todos por al-Qaida, una organizacin extremadamente reaccionaria. Junto con otras organizaciones afines, son los enemigos jurados de cualquiera en la izquierda en los pases donde tienen presencia. Por ejemplo, un destacado miembro del denominado Estado Islmico en Iraq y Siria se jact de haber organizado el asesinato de dos importantes dirigentes de la izquierda tunecina en 2013.

Los jvenes que perpetraron los asesinatos en Pars se cobijaban en organizaciones terroristas que se sitan en la extrema derecha en los pases de mayora musulmana. Al-Qaida es un brote del wahabismo, la interpretacin ms reaccionaria del islam y la ideologa oficial del reino saud y, como todo el mundo sabe, el reino saud es el mejor amigo de EEUU en el Oriente Medio, aparte de Israel.

La gente de izquierdas no debera aparecer disculpando o apoyando en forma alguna organizaciones como esas. Debemos denunciarlas por lo que son, pero debemos tambin hacer hincapi al mismo tiempo en que la responsabilidad principal en su aparicin la tienen quienes en primer lugar empezaron el choque de barbaries, y cuya barbarie es brutal en una escala incomparablemente mayor: las potencias imperialistas y, sobre todo, EEUU.

Hay realmente una conexin directa y obvia entre las dos. EEUU, junto con el reino saud, ha estado fomentando durante dcadas esas corrientes fundamentalistas militantes islmicas en la lucha contra la izquierda en los pases de mayora musulmana. Estas corrientes estuvieron durante mucho tiempo asociadas con EEUU, una colaboracin histrica que culmin en la guerra de la dcada de 1980 en Afganistn, cuando los saudes y la dictadura pakistan contaban con el apoyo de Washington contra la Unin Sovitica.

Lo que sucedi finalmente es que, al igual que en la historia de Frankenstein, algunas secciones de esas fuerzas se volvieron contra la monarqua saud y contra EEUU. Esta es la historia de al-Qaida: sus fundadores estaban aliados con EEUU y el reino saud durante la lucha contra la ocupacin sovitica en Afganistn, pero se volvieron contra ambos debido al despliegue de tropas estadounidenses sobre suelo saud en preparacin de la primera guerra de EEUU contra Iraq en 1991.

Por tanto, la administracin de Bush padre provoc un cambio radical de postura de al-Qaida en contra de EEUU con la primera guerra contra Iraq, y Bush hijo la reforz con la invasin de Iraq. Esta ltima se llev a cabo poniendo en marcha inmensas mentiras, una de las cuales fue que era necesaria para destruir a al-Qaida, aunque no haba conexin alguna entre al-Qaida e Iraq. El resultado de la ocupacin estadounidense en aquel pas impuls realmente y de forma enorme a al-Qaida, permitindole apropiarse de una base crucial de territorio en el Oriente Medio, cuando anteriormente estaba limitada a Afganistn.

Lo que hoy se llama el Estado Islmico en Iraq y Siria no es sino un desarrollo ms de lo que era la rama de al-Qaida en Iraq, una organizacin que no exista all antes de la invasin de 2003 y que vio la luz gracias a la ocupacin. Qued derrotada y marginada a partir de 2007, pero despus se las arregl para reaparecer en Siria aprovechando las condiciones creadas por la guerra civil en ese pas y la extrema brutalidad del rgimen sirio. Y ah est, golpeando de nuevo ahora en el corazn de Occidente. Como dice el sabio refrn popular: Quien siembra vientos, recoge tempestades.


Fuente: http://socialistworker.org/2015/02/02/what-caused-the-killings



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