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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2015

Mujeres afganas: la guerra ms larga

Higinio Polo
El Viejo Topo


La magnfica y conmovedora exposicin Dones, Mujeres, Women. Afganistan, preparada por la Asociacin para los Derechos Humanos en Afganistn (ASDHA), con fotografas de Gervasio Snchez y textos de Mnica Bernab, abierta en Barcelona y que recorrer despus Espaa, es el ltimo grito angustioso de ayuda que nos llega desde un pas que padece una guerra que dura ya treinta y cinco aos. ASDHA fue fundada en el ao 2000, por Mnica Bernab, una periodista que ha vivido en Afganistn como reportera independiente, entre 2007 y 2014, para un diario de mbito nacional.

Las fotografas recogen historias como las de Alia Azimi, una mujer que no puede olvidar cmo lloraba su madre, sin que ella supiera la razn, hasta que lleg un coche a su casa y dej un fretro ante la puerta: era su padre muerto, asesinado por los talibn. Ahora es maestra. Tambin, la vida de Rangina Hamidi, que anim a su padre a volver del exilio para colaborar en la reconstruccin de Afganistn, y slo encontr la muerte, en 2011, asesinado. O la vida de las chicas que empezaron a practicar boxeo, gracias a la contribucin internacional que les pagaba un euro y medio por cada da que boxeaban, aunque la reduccin de las ayudas ha hecho que ahora, en 2014, apenas queden diez chicas boxeando. Parece absurdo dedicarse a boxear en un pas en guerra: era una forma ms de conseguir recursos, y las chicas nos miran tras la muralla de sus guantes de boxeo, todas con sus pauelos en la cabeza, serias, tristes, alguna con un destello en los ojos que querra ser una sonrisa y slo consigue ser una mirada extraa que parece interrogar al mundo sobre la razn de por qu es una desdicha ser mujer y afgana. O esas otras muchachas, las futbolistas, vestidas con sus camisetas deportivas y llevando un baln en las manos, que practican ese deporte en el estadio de Kabul, donde los talibn ejecutaban a los presos, donde cortaban las manos a quienes haban condenado, en orgas de fanatismo religioso. Es el lugar donde mataron pblicamente a Zarmina, una madre de siete nios, en noviembre de 1999: fue la primera vctima de los talibn. Hoy, all juegan al ftbol las chicas que estn en mejor posicin social, aunque su prctica es censurada por las tradiciones religiosas y por la costumbre.

Hay muchas otras historias como puales. La de Mariam Durrani, por ejemplo, la nica mujer, de las tres que fueron elegidas, que se atreve a ir a las reuniones del Consejo de Kandahar, siempre con burka y tomando muchas precauciones para evitar un atentado contra su vida. La de Azita Rafaat, una diputada que vive con su marido y con la primera mujer de ste, y que se ha visto obligada a disfrazar a una de sus cuatro hijas como si fuera un nio, para evitar las crticas porque no ha tenido ningn hijo varn. Y la de Shukria Barakzai, una diputada que se ha destacado por su defensa de los derechos de las mujeres, y que organizaba escuelas clandestinas bajo los talibn. Shukria fue objeto de un atentado con coche bomba en noviembre de 2014 en el que murieron tres personas, porque la vida sigue siendo apenas un soplo en Afganistn. O la historia de Arifa, una chica de 14 aos que nos mira con ojos de miedo y de tristeza, a quien su to oblig a casarse con un hombre viudo de 80 aos: la vida en Afganistn es tan terrible que, en la casa de acogida donde ahora vive Arifa, no quieren denunciar a su to por incumplir la ley porque, si lo hicieran, las cinco hermanitas de Arifa que dependen de su to quedaran desamparadas. Cmo podran sobrevivir esas nias si se denuncia al to y es encarcelado? O la terrible historia de Jamila, una chica de 17 aos, casada y embarazada, que se quem viva y muri en 2012: nadie sabe por qu, pero todos lo intuyen: el sufrimiento llena de afliccin la vida de las mujeres afganas.

Hace dcadas que esa dramtica situacin abruma nuestra conciencia. Organizaciones humanitarias calculan que casi el noventa por ciento de las mujeres afganas son maltratadas fsica o psicolgicamente o padecen abusos sexuales. Los matrimonios no son libres, sino acordados entre las familias, y el hombre paga por la esposa, de forma que considera que es propiedad suya y puede hacer lo que quiera con ella, desde maltratarla hasta encerrarla en vida, sin contacto con los dems. No es fcil vivir. Segn la OMS, 460 afganas de cada 100.000 mueren en el parto o durante el embarazo, de forma que Afganistn es uno de los peores lugares del mundo para ser madre. Y, adems, el 8 % de los nios menores de 5 aos sufren malnutricin severa; mientras que la malnutricin crnica alcanza al 60 % de los nios.

La violencia contra la mujer en Afganistn es persistente, una nube negra que ahoga su travesa diaria, una condena hija de una tradicin feroz que se ha mantenido con distintos gobiernos: no es heredera del talibn, como deca la propaganda norteamericana cuando utilizaba la terrible situacin de las mujeres en el pas para justificar su intervencin militar, para justificar la guerra; es el fruto de una sociedad patriarcal, religiosa, que ha visto cmo la ocupacin militar y la guerra impedan la evolucin y el progreso. La violencia en las familias, la venta de nias en matrimonio a hombres mayores, el hecho de que la justicia afgana entregue la custodia de los hijos al padre, hace que muchas mujeres no se atrevan a divorciarse por miedo a perder a sus hijos para siempre. Dice Gervasio Snchez que en Afganistn ha encontrado lo peor del ser humano: la incapacidad para la piedad hacia las vctimas.

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Al prohibir la educacin a las nias, el gobierno talibn forz a la creacin de escuelas clandestinas en el Kabul que, aos antes con el gobierno de Najibul aliado de Mosc, haba visto una mayora femenina en sus universidades. En toda la historia de Afganistn nunca las mujeres haban estado en mejores condiciones que bajo el rgimen progresista que muri con Mohammad Najibul. Las reformas progresistas que impuls la revolucin de abril de 1978 cambiaron la vida de las mujeres: se estableci la igualdad entre sexos, se prohibi la compra de nias, y se impuls su acceso al trabajo y a la enseanza, en escuelas y universidades, y el velo dej de ser obligatorio, junto a muchas otras medidas sociales, como la reforma agraria, la mejora de los salarios, programas de alfabetizacin para toda la poblacin, la limitacin de las prerrogativas religiosas, el combate a las drogas y el acceso de la mujer a los cargos pblicos. Pero, apenas unos meses despus de la revolucin de abril, Estados Unidos empez a entrenar militarmente a grupos de fanticos islamistas, y un ao despus del inicio de ese ambicioso programa de reformas, Estados Unidos lanz su operacin de apoyo al islamismo fundamentalista para derribar al gobierno progresista de Kabul. Zbigniew Brzezinski, consejero de seguridad nacional de Washington supervis el programa de la CIA que, primero con Carter y despus con Reagan, financi y arm a los mujahidines que luchaban contra el gobierno de Kabul. Estados Unidos impuso la guerra, que, desde 1979, no se ha detenido: 35 aos condena, muerte y destruccin. Estados Unidos consigue el hundimiento del gobierno de Najibul en 1992, cuando fue abandonado a su suerte por Yeltsin tras la desaparicin de la URSS, y el establecimiento de un rgimen mujahidin de seores de la guerra que, a partir de ese momento, arrasa Afganistn, que ser ahogado bajo gobiernos tirnicos de asesinos y ladrones. En 1996, otra faccin islamista, los talibn, grupos de fanticos religiosos y de asesinos sin escrpulos, derrota a los seores de la guerra, tortura y ahorca a Najibul pblicamente, de forma abyecta, e instaura un gobierno aberrante y feroz que aplasta cualquier atisbo de libertad, y que encarcela, mata y tortura a las mujeres. Haban impuesto leyes severas, y la educacin estaba prohibida para las nias. El rgimen talibn cae en 2001, tras el ataque norteamericano que sigui a los atentados de las torres Gemelas.

Las mujeres retrocedieron dcadas con los primeros gobiernos de los seores de la guerra apoyados por Estados Unidos tras la cada de Najibul, se agravaron con los talibn, y apenas han mejorado con el presidente protegido de Washington, Karzai. Apenas nada cambi con la intervencin militar y la ocupacin norteamericana, pese a su obscena retrica de defensa de la libertad y la democracia. La llamada comunidad internacional (que, en la prctica, se reduce a EE.UU. y los pases de la OTAN) ha financiado durante aos la reconstruccin del pas, al tiempo que colaboraba con muchos de los asesinos, que continan ocupando escaos en el Parlamento o tienen cargos en el gobierno. En los hechos, Occidente ha promovido la impunidad de los criminales. Pero no importaba: segn Washington, haba que transigir con muchos de los seores de la guerra para avanzar en la democracia y la libertad. Miserable retrica para tiempos sombros.

Durante los trece aos que dura ya la ocupacin militar de la OTAN y de Estados Unidos no se ha hecho un intento serio para obligar al gobierno afgano a aplicar las leyes vigentes que aseguran, en teora, la igualdad de la mujer. Se impone la tradicin, y sta es violencia contra la mujer, y eso supone la vulneracin sistemtica de los derechos de las mujeres, pese a las leyes formales que los aseguran. Existe un Ministerio de la Mujer, creado en 2002, y la Constitucin de 2004 establece la igualdad entre ambos sexos; incluso en las elecciones de 2010, sesenta y nueve mujeres fueron elegidas diputadas, casi un 30 % del total de representantes, pero la condena persiste. La existencia de leyes que tipifican como delito la violencia contra las mujeres no sirve de gran cosa porque las leyes son ignoradas, y siguen existiendo una legislacin que discrimina: las relaciones sexuales fuera del matrimonio son un delito y son castigadas con penas que oscilan entre los cinco y los quince aos de prisin: una sencilla historia de amor de una jovencita, puede terminar en el horror de las crceles, en la tortura o la muerte. Incluso si la chica es violada, le aplicarn la misma pena de prisin. La vctima, convertida en delincuente.

La tradicin se impone, y la violencia contra las nias es constante, impidiendo en muchas ocasiones que asistan a las escuelas, o de donde se las saca a edad muy temprana. Bernab y Snchez mantienen que el verdadero drama no es ni el burka ni la falta de acceso al trabajo, sino la violencia constante contra las mujeres dentro de sus propias familias, al margen del poder poltico. Para acabar de completar la maldicin, tampoco se ha frenado la malnutricin infantil severa, que afecta a un diez por ciento de la poblacin infantil. En general, el sesenta por ciento de los nios de hasta cinco aos padecen malnutricin crnica.

Es cierto que, desde los aos siniestros de los talibn, han cambiado algunas cosas. Hoy, sobre el papel, las mujeres pueden estudiar, trabajar, tienen acceso a hospitales y medicinas, incluso un 28 % de los diputados son mujeres, y hay miles de universitarias. La Constitucin de 2004 garantiza la igualdad entre ambos sexos, aunque ese compromiso sigue siendo una declaracin vaca, porque no se cumple: una ley aprobada por el Parlamento en 2009 declar delito la violencia contra las mujeres, e introdujo penas de prisin para quien obligue a una mujer a casarse contra su voluntad, pero se calcula que casi el 60 % de las chicas siguen siendo obligadas a casarse antes de que cumplan 16 aos. El sistema sanitario ha mejorado gracias a que el Banco Mundial, la Unin Europea y la agencia norteamericana USAID se hacen cargo de la totalidad de los gastos, aunque eso no impide que la mayora de los centros de salud y hospitales sean precarios, inservibles, o no funcionen, y que la corrupcin aplaste el derecho a la salud. Cada ao mueren veintisis mil mujeres durante el perodo del embarazo o en el parto, de manera que la mortalidad de las afganas es de las ms altas del mundo, hasta el punto de dobla el nmero de muertos que cada ao causa la guerra. Todas las desgracias van a veces de la mano: la cooperacin internacional es tambin un foco de corrupcin, y muchas ONGs han derivado muchas veces en prcticas corruptas y en negocios sucios.

Bajo el rgimen talibn, las mujeres eran azotadas en las calles o ejecutadas pblicamente en las plazas. Ya no es as, pero, hoy, 400 mujeres estn presas en las crceles por crmenes contra la moral; a veces, por el delito de oponerse a matrimonios forzosos. Existen incluso mujeres presas por haber sido violadas! Ese es el escenario de la desesperacin: Afganistn es el nico pas del mundo en donde el nmero de mujeres que se suicidan es superior al de hombres. Las mujeres se queman vivas, ingieren matarratas, opio o sobredosis de medicamentos para morir. La mayora de las mujeres suicidas son chicas de entre 14 y 21 aos, y se arrancan la vida porque su vida es un infierno, porque son maltratadas o porque las obligan a casarse con hombres a quienes no quieren. Algunas, se queman como bonzos.

El cultivo de opio no ha parado de crecer. Segn la oficina de la ONU contra las drogas, en 2002, un ao despus de la ocupacin militar norteamericana, se dedicaban al opio 74.000 hectreas; en 2014, son ya 224.000 hectreas, cifra que demuestra el fracaso (tambin, la complicidad) de la poltica norteamericana en el pas. Estados Unidos impuls programas de erradicacin, pero la miseria de los campesinos ha hecho fracasar todas las campaas. Con el nuevo gobierno de Ashraf Ghani o con el anterior de Karzai, el pas se ha convertido en un narcoestado, con complicidades que llegan incluso al gobierno y al ejrcito, gracias al fracaso poltico de la intervencin norteamericana, que ha llevado muerte y destruccin pero ha sido incapaz de levantar un pas con una estructura viable fuera de los infiernos de la droga: as, se ha consolidado una economa criminal. Guerra, pobreza y desempleo son los nuevos jinetes del apocalipsis que arrastran a los campesinos afganos a la droga, que deben pagar impuestos a los insurgentes talibn, y cuyos beneficios lubrican las redes de los seores de la guerra, de los polticos de Kabul e incluso de mercenarios ligados a las tropas de ocupacin norteamericanas. Nuestro Parlamento es una coleccin de seores de la guerra, seores de la droga y seores del crimen, afirm la diputada Shukria Barakzai, que hace responsable a la incompetencia de Estados Unidos de la miseria de la poblacin, de la violencia, la corrupcin y las redes mafiosas del narcotrfico.

En noviembre de 2014, Obama firmaba una orden secreta para prolongar la presencia de las tropas norteamericanas en el pas, autorizar su entrada en combate, seguir con los bombardeos sobre poblaciones civiles, y utilizar drones en operaciones de castigo. Unos diez mil soldados norteamericanos permanecern en el pas, al margen de los numerosos mercenarios que siguen presentes. El nuevo gobierno de Ashraf Ghani ha firmado con Estados Unidos y la OTAN un acuerdo ratificando que las tropas de ocupacin continen en el pas, ms all de 2014. Washington habla ahora de una retirada a finales de 2016, pero sus palabras no merecen ningn crdito.

Para consumo internacional, Washington vende el espejismo de que Afganistn es un pas en desarrollo y que la democratizacin avanza: es falso, porque la guerra sigue, la misma guerra que iniciaron los norteamericanos hace treinta y cinco aos financiando y armando el fanatismo islamista. Dos generaciones de afganos no han conocido ms que la guerra. Por eso, no es extrao que Reto Stocker, responsable de la Cruz Roja Internacional en Afganistn, dijese a finales de 2010 que nunca se haba encontrado con condiciones tan duras para la poblacin, sin asistencia mdica elemental y con cada vez ms personas sin casa. Una tercera parte de la poblacin no tiene ni siquiera agua potable, mientras el narcotrfico es el sector econmico ms importante del pas. Ese mismo ao, un informe de Afghanistan Rights Monitor afirmaba que la nueva era prometida por los norteamericanos en Afganistn slo haba creado un sistema corrupto que favorece a los seores de la guerra, los asesinos y criminales, y el trfico de drogas.

Ha terminado una larga era de destruccin: tras los acuerdos de Bonn, en 2001, Estados Unidos impuso una Autoridad Transitoria, con Karzai, que se convirti en presidente tras las correspondientes elecciones, sin garantas de ningn tipo; ha gobernado hasta las elecciones de junio de 2014, donde se impuso Ashraf Ghani, tambin sin garantas: no slo no se ofrecieron resultados oficiales, sino que fue el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, quin otorg legitimidad a Ghani sobre el otro candidato, Abdullah Abdullah, y anunci que ambos gobernaran juntos. Las decisiones de Washington son la ley, y el resto de occidente, calla: pese a que la Unin Europea, que envi observadores a los comicios, apunt a un fraude a gran escala en las elecciones, el pragmatismo y la sumisin ante los deseos de Washington han ganado la partida. Los atentados terroristas, los bombardeos sobre la poblacin civil, los asesinatos selectivos ordenados por los responsables militares norteamericanos, aprisionan la vida de los afganos. Muchas matanzas entre la poblacin civil son justificadas por los mandos militares norteamericanos tildando a los muertos de presuntos terroristas. Estados Unidos, adems, ha organizado grupos irregulares en milicias civiles (en realidad, criminales y saqueadores) que asuelan las zonas rurales.

La intervencin militar norteamericana se ha convertido en un gigantesco fracaso. Estados Unidos, que impuls la guerra en 1979, tras la que llegaron los mercenarios, los islamistas fanticos, las tropas de ocupacin, ha conseguido hacer retroceder al pas a una edad media de ladrones, seores de la guerra, clrigos y asesinos. La guerra sigue, y sus principales vctimas son las mujeres. Segn el Center for Strategic and International Studies, CSIS, de Washington, ha costado ya 641.700 millones de dlares, entre gastos blicos y ayudas a la reconstruccin. Treinta y cinco aos de guerra explican esa mirada de las nias, la tristeza de las mujeres, que nos persigue en todas las fotografas de Gervasio Snchez. La opresin de la mujer, que fue una de las grandes excusas propagandsticas para invadir el pas en 2001, sigue siendo estremecedora: trece aos de ocupacin militar norteamericana (la guerra ms larga librada por Estados Unidos en toda su historia) para conseguir ms destruccin, ms miseria, ms sufrimiento, porque Afganistn es hoy un pas de lisiados, de mutilados que se arrastran por los caminos, de nios subalimentados, de corruptos y narcotraficantes, de seores de la guerra, de mercenarios, de mujeres condenadas y nias de ojos tristes.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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