Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-02-2015

Entrevista a Pau Casanellas sobre "Morir matando. El franquismo ante la prctica armada, 1968-1977" (y III)
Entre los grupos y organizaciones de izquierda revolucionaria exista una aceptacin terica de la violencia insurgente

Salvador Lpez Arnal
EL Viejo Topo


Doctor en Historia por la UAB, Pau Casanellas trabaja actualmente como investigador posdoctoral en el Instituto de Historia Contempornea (IHC) de la Universidad Nova de Lisboa. Su inters como investigador se ha centrado especialmente en los aos sesenta y setenta del siglo XX, perodo que ha abordado tanto desde la perspectiva de las polticas de orden pblico como desde la vertiente de la movilizacin social, la cultura revolucionaria y las prcticas armadas.

***

-Estbamos en Burgos. Quines se movilizaron en el caso del Consejo de Burgos?

-Fue seguramente el momento ms crtico para el franquismo desde 1939. En el Pas Vasco la movilizacin fue muy amplia, con la proliferacin de huelgas, manifestaciones en las calles y muestras de protesta de todo tipo. A pesar de la llegada de refuerzos policiales procedentes de otras zonas, las autoridades se vieron en ocasiones desbordadas, y el rgimen se vio abocado a la declaracin del estado de excepcin primero en Guipzcoa y, luego, en todo el territorio espaol. Ello pone de relieve las contradicciones a que se vea abocado el rgimen y que, a la vez, constituan el reflejo de su debilidad: el juicio contra los presuntos autores de la muerte de Manzanas y contra los supuestos responsables de ETA, fundamentado en el endurecimiento de la legislacin sobre bandidaje y terrorismo, requera para su realizacin la aplicacin de una nueva medida de excepcin.

En el resto de Espaa las protestas fueron menores que en el Pas Vasco, pero tambin de notable importancia. Se trat de un momento de generalizacin de la solidaridad ante la represin entre sectores sociales varios (intelectuales, sectores profesionales) ms all de los movimientos sociales y de cristalizacin de una sociedad civil antifranquista que se haba ido gestando en los meses y aos precedentes. Son muestras de ello, en el caso de Catalua, la creacin de la Assemblea Permanent dIntel.lectuals Catalans en el marco del encierro de Montserrat, o la posterior creacin, en 1971, de la Assemblea de Catalunya.

-Leo sus estadsticas de las pginas finales del libro: personas muertas por organizaciones y grupos armados en ese periodo: 81; militantes de organizaciones y grupos armados muertos en acciones de represin policial y judicial: 30, un poco ms de la tercera parte de la cifra anterior. Cmo se explica esa diferencia? Por qu el rgimen no actu con ms saa an? Cmo se explica la capacidad armada de los grupos que practicaron esas acciones? No deba ser fcil en aquellas circunstancias.

-Esas cifras son parciales y no dan la medida de la violencia represiva practicada por el franquismo durante ese perodo: habra que aadir que, entre acciones policiales, parapoliciales y ejecuciones de penas de muerte, la dictadura fue responsable de la muerte de algo ms de 100 personas desde finales de los aos sesenta hasta las elecciones de junio de 1977. Slo alrededor de un tercio de estos represaliados eran militantes de grupos y organizaciones armados, lo que nos da una idea de la amplitud que tom la represin. Si la violencia institucional no se abati ms sobre los integrantes de la oposicin armada fue porque la dictadura se dio cuenta de que estaba convirtiendo a esos militantes en mrtires, como ponan de relieve los multitudinarios funerales que se dieron en ocasiones. El caso del responsable del Frente Militar de ETA(V), Eustakio Mendizabal, Txikia, es en este sentido ejemplar. Su muerte en abril de 1973 es tambin representativa del modo de proceder de la polica en la persecucin de los militantes armados: como saca a relucir un documento policial indito citado en el libro, Txikia fue abatido de un tiro en la cabeza y otro en la espalda, lo que invalida la versin oficial que entonces se dio, segn la cual haba muerto en el transcurso de un tiroteo.

En lo que se refiere a la capacidad armada insurgente, no es seguramente tan notable si la comparamos con otros contextos histricos. Por otro lado, tambin cabe sealar, como factor coadyuvante a esa capacidad, las deficiencias de los aparatos policiales y de espionaje del rgimen, que aunque fueron creciendo y perfeccionndose, adolecieron casi siempre de ineficacia, descoordinacin y falta de medios. En otro terreno, ello contribuye a explicar tambin las dificultades que tuvo el rgimen por focalizar la represin y, por ende, la amplitud que sta adquiri.

-Por qu cree que se sigui practicando las acciones armadas tras las elecciones legislativas de 1977?

-Esto que voy a decir puede parecer una perogrullada, pero si la lucha armada se mantuvo tantos aos en un contexto de democracia parlamentaria fue porque en el Pas Vasco hubo gente dispuesta a continuar empuando las armas y, sobre todo, un sector social que daba apoyo a esa prctica. De la misma forma, el cese definitivo de la actividad armada por parte de ETA no puede leerse ms que como el fruto del progresivo convencimiento entre los sectores que le haban dado apoyo de que esa violencia se haba convertido en contraproducente y ya no caba ampararla (ya fuera esto fruto de una conviccin moral, ya por clculo poltico, ya por necesidad, ya por una mezcla de todo ello). Ninguna organizacin armada puede sobrevivir demasiado tiempo sin cierto respaldo social.

Por qu un sector de la poblacin vasca crey que era preciso continuar dando respaldo a la va armada tras las elecciones de junio de 1977 y la promulgacin de la ley de amnista de octubre de aquel ao no es una cuestin fcil de responder.

-Lo intenta?

-Como es propio de cualquier actitud poltica o social, intervinieron varios factores. Por una parte, en el seno de las organizaciones armadas abertzale que continuaron activas (ETA-pm por una parte, y ETA-m y los comandos Berezi, fusionados a finales de 1977, por la otra) perviva una tendencia al militarismo y una lectura bastante simplista y distorsionada de la realidad, que equiparaba de manera casi absoluta la nueva democracia parlamentaria con la dictadura. Por otro lado, no puede minusvalorarse la pervivencia de prcticas represivas impropias de un Estado de derecho, lo que contribuy a la deslegitimacin de las instituciones parlamentarias y al mantenimiento del apoyo social hacia la lucha armada. Anteriormente, tampoco la importante represin impuesta por los dos gobiernos del franquismo sin Franco (noviembre de 1975 junio de 1977), reticentes primero a caminar hacia un contexto democrtico y luego a conceder libertades plenas, contribuy demasiado a serenar la situacin, sino ms bien todo lo contrario.

-En su opinin, las acciones armadas formaron parte de lo que solemos llamar lucha antifranquista o fueron otra cosa, deben ser ubicadas en otro mbito?

-Conceptualmente, no cabe otra respuesta que considerar esas acciones como parte de la lucha contra el franquismo. Esto no quita que, como ya ha quedado dicho anteriormente, sobre todo a partir de un determinado momento pueda considerarse que la prctica armada fue en detrimento del crecimiento y la capacidad de incidencia poltica del antifranquismo en general.

Si me permites aadir algo ms en relacin a tu pregunta, no estoy de acuerdo ni con aquellos que intentan hegemonizar para s mismos la consideracin de antifranquistas, ni tampoco con aquellos otros que, desde la izquierda radical, rechazan este apelativo, al considerar que luchaban por una revolucin que iba mucho ms all del derrocamiento de la dictadura. El hecho de que muchos militantes abogaran por una transformacin social mucho ms profunda no quita que su lucha fuera, tambin, contra la dictadura bajo la que les toc vivir y que contribuyeron a derrocar, si bien lo que vino luego no colm en algunos casos ni de lejos sus expectativas.

-Y quines son esos, en tu opinin, que intentan hegemonizar para s mismos la consideracin de antifranquistas?

-Me refera sobre todo a antiguos militantes del Partido Comunista (o del PSUC) o a algunos de quienes se consideran herederos del patrimonio poltico de este partido. Cabe precisar que no se trata tampoco de una actitud general entre ellos y que, ciertamente, el PCE fue el principal vertebrador de los movimientos sociales que emergieron en los aos sesenta y, por lo tanto, el principal actor del antifranquismo.

Por otra parte, creo que vale la pena recordar que muchos militantes del Partido Comunista compartan con personas encuadradas en organizaciones de izquierda revolucionaria unas aspiraciones parecidas de transformacin social radical. No por casualidad, con el paso del tiempo, muchos de ellos acabaron abandonando la disciplina del partido.

-Le he preguntado poco (ms bien nada) por las prcticas parapoliciales (algunas de ellas criminales). Sin nimo de agotarle, hubo o no hubo fomento de la guerra sucia desde instancias oficiales como la polica?

-Ya desde principios de los aos setenta empezaron a producirse actos de violencia algunos con consecuencias mortales contra personas y bienes vinculados con el antifranquismo. Incluso se llevaron a cabo acciones de ese tipo en territorio francs. Normalmente, se ha atribuido esa violencia a comandos incontrolados de extrema derecha, aunque la mayor parte de esos grupos estaban dirigidos o directamente integrados por miembros de instancias policiales o de los servicios secretos. Creo que una de las aportaciones novedosas del libro es haber aportado documentacin indita y concluyente en este sentido. Por ejemplo, un documento de la Jefatura Superior de Polica de Barcelona de finales de 1977 seala claramente que funcionarios de polica controlaban directa o indirectamente la gran mayora de grupos de extrema derecha que operaban en la regin. Igualmente, fuentes diplomticas francesas daban por hecho que caba atribuir bsicamente al Estado la autora de los atentados cometidos por la extrema derecha. Por lo tanto, ms que de incontrolados habra que hablar principalmente de violencia parapolicial. Y no puede decirse que fuera una violencia improvisada. Un documento de los servicios secretos llamado Plan Udaberri, redactado a finales de los sesenta, ya prevea acciones de este tipo tanto en suelo espaol como francs.

-En el libro, en el captulo I, habla precisamente de ese plan, del Plan Udaberri. Yo mismo no conoca su existencia. En qu consisti ese plan?

-En 1968, ante el auge de las movilizaciones y la radicalizacin de una parte de la oposicin, el franquismo cre una nueva estructura de espionaje al margen de los rganos de informacin militares, policiales y del Movimiento ya existentes directamente dependiente del Gobierno. Aunque inicialmente pensado para combatir a la subversin universitaria, progresivamente ese gabinete germen del SECED, precedente del CESID ira ampliando sus mbitos de inters y actuacin. En ese contexto, en 1969 se crea un gabinete especficamente dedicado a ETA y al nacionalismo vasco. El Plan Udaberri es uno de los primeros documentos que se redactan desde ese ncleo del espionaje franquista. Se trata de una especie de plan general para terminar con el terrorismo en el Pas Vasco, en el que se concluye que es preciso trabajar en una doble direccin: por una parte, el mbito propagandstico (al que llaman accin psicolgica) y, por el otro, las acciones de contrainsurgencia (infiltracin, eliminacin de activistas de ETA, etc.), incluso si era necesario en territorio de soberana francesa. As pues, no solamente cabe atribuir al Estado la responsabilidad de la guerra sucia, sino que sta fue planificada ya desde finales de los aos sesenta.

-Hasta cundo dur la guerra sucia?

-Hay una clara continuidad entre la guerra sucia que nace en el franquismo y la que se desarrolla en democracia parlamentaria. Aunque las siglas utilizadas para reivindicar atentados cambian, el hilo de continuidad es evidente, tanto bajo los gobiernos de la UCD como en los del PSOE. As lo han reconocido algn antiguo agente y algn ex alto mando policial, como Jos Antonio Senz de Santa Mara. No fue hasta finales de los aos ochenta cuando se decidi poner fin a este tipo de acciones.

-Por cierto, y la red Gladio? Actu en Espaa?

-La red Gladio oper principalmente en el marco de la OTAN, y la Espaa franquista no formaba parte de la Alianza Atlntica. Sin embargo, el rgimen de Franco cumpla a la perfeccin la funcin de dique de contencin ante el avance del comunismo, que es exactamente la razn de ser de Gladio. Asimismo, entra dentro de la lgica, como se ha publicado alguna vez, que Espaa colaborara de una u otra forma con la red Gladio, aunque yo no he encontrado ninguna pista documental al respecto. Igualmente, es bien sabido que el franquismo acogi a destacados elementos de las tramas de extrema derecha que operaron en Europa durante los aos sesenta y, sobre todo, setenta.

-Quedan mil preguntas que me gustara formular pero no abuso ms. Gracias, muchas gracias por todo.

 

Fuente: EL Viejo Topo, enero de 2015.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter