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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2015

Sobre el terror en Pars

Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique


Un mes despus de los odiosos atentados yihadistas en Pars cometidos por tres terroristas que causaron 17 muertos (entre ellos casi todo el equipo de redaccin del semanario satrico Charlie Hebdo), qu lecciones se pueden sacar de esa brutal agresin?

Como siempre, la irrupcin del terrorismo y su violencia arrolladora obligan a una sociedad a interrogarse sobre s misma. Igual que Estados Unidos despus de los ataques del 11 de septiembre de 2001 (o Espaa despus de las explosiones de Atocha, en Madrid, el 11 de marzo del 2004; o el Reino Unido despus de las bombas en el metro de Londres, el 7 de julio de 2005; o Noruega despus de los atentados de Oslo y Utoya el 22 de julio de 2011), Francia se sinti en estado de shock.

Y mil interrogantes han surgido de repente. En torno, por ejemplo, a la cohesin nacional. Qu ocurri para que tres jvenes nacidos en Francia y educados en las escuelas de la Repblica, hayan sido seducidos por ideas oscurantistas y medievales, y se hayan tornado en verdugos de sus propios conciudadanos? En qu medida la crisis econmica y las medidas de restriccin del gasto pblico han acentuado la marginalizacin de las periferias urbanas y la segregacin de sus habitantes, esencialmente inmigrantes, de donde surgieron los tres terroristas? Cmo ha podido la Repblica, que nicamente reconoce a ciudadanos iguales, permitir que se constituyan en su seno comunidades por afinidades religiosas, y que cada vez ms se hable de comunidad musulmana o comunidad juda o comunidad cristiana?

Obviamente, en los minutos que siguieron a los atentados, en torno a Franois Hollande (hasta entonces el presidente ms impopular de la V Repblica) se constituy una suerte de unin sagrada de todos los partidos del abanico parlamentario (con la excepcin del Front National, extremista de derechas). Y, de inmediato, casi cinco millones de ciudadanos se lanzaron a las calles por todo el pas para expresar en la manifestacin ms multitudinaria jams vista su repugnancia contra la barbarie.

De hecho, las autoridades barruntaban que una accin yihadista estaba en preparacin en territorio francs. Desde la vspera de las festividades de fin de ao, el nivel de alerta antiatentados haba sido alzado a casi el mximo nivel. Se teman represalias. Porque Francia est interviniendo militarmente contra el islamismo radical en por lo menos tres frentes: Mal (operacin Serval, iniciada el 11 de enero de 2013), Repblica Centroafricana (operacin Sangaris, lanzada el 5 de diciembre de 2013), e Irak (operacin Chammal, comenzada el 19 de septiembre de 2014, contra las fuerzas de la organizacin Estado Islmico, en el marco de una coalicin internacional de unos cuarenta pases liderada por Estados Unidos). Adems, la red yihadista Al Qaeda, y en particular su rama yemenita Al Qaeda en la Pennsula Arbiga (AQPA) (1) lanza desde 2009 llamamientos para castigar a los franceses por combatir a Al, su mensaje y sus creyentes. Algo iba pues a ocurrir.

El semanario Charlie Hebdo llevaba aos amenazado. En particular desde que, el 8 de febrero de 2006, reprodujo las caricaturas de Mahoma publicadas el 30 de septiembre de 2005 por el diario dans Jyllands-Posten (una de ellas representaba al profeta del islam con un turbante en forma de bomba con una mecha encendida) y que haban desencadenado en todo el mundo musulmn decenas de manifestaciones de repudio, algunas de ellas muy violentas, y amenazas de muerte contra el diario dans y los dibujantes de las caricaturas. Charlie Hebdo no slo reprodujo las ilustraciones danesas sino que, para mayor inri, aadi sus propias imgenes irreverentes realizadas por su equipo de dibujantes.

El objetivo del semanario que acab costndole la vida a buena parte de la redaccin era reafirmar la libertad de expresin y la libertad de creacin. Obviamente un objetivo muy noble, y que se ha comentado mucho, en Francia y en el mundo, en los innumerables debates de despus de los atentados. Como lo han subrayado varios participantes, si bien es cierto que, en las democracias occidentales, la libertad de expresin es una conquista irrenunciable y un derecho fundamental, tambin es cierto que esa libertad, en esas mismas democracias, no es ilimitada ni infinita, est acotada, circunscrita y restringida por la ley o las costumbres (2).

En cuanto a la blasfemia (ofensa contra la majestad divina), hay que recordar que ha sido la piedra de toque central en el enfrentamiento entre razn y religin en Occidente desde finales del siglo XVIII. En esa poca, los autores racionalistas de la Ilustracin, y muy particularmente Voltaire, osaron denunciar ese pretendido delito y, arriesgando su vida, combatir la religin como una mera supersticin. En los pases occidentales, la lucha esencialmente contra el cristianismo y sus poderosas instituciones ha sido larga y dolorosa, jalonada de disputas, de juicios, de enfrentamientos, de violencias... tngase en cuenta que, en Espaa, el delito de blasfemia no fue abolido hasta 1988...

Dos siglos han tenido que pasar, en Occidente y entre personas que comparten la cultura (si no la religin) cristiana, para alcanzar el frgil consenso actual (3) en torno a la cuestin de la blasfemia. Por eso, como tambin se ha subrayado estos das en Francia, puede resultar a la vez ingenuo y presuntuoso, por parte de algunos caricaturistas occidentales, querer hacer aceptar sin ms ni ms, as de repente, a los musulmanes la blasfemia anti-islam en nombre de una idealizada libertad de expresin. En cierta medida y salvando las distancias, es el dilema de las guerras napolenicas. A principios del siglo XIX, Napolen se propuso exportar las generosas y avanzadas ideas de la Revolucin Francesa. Pero lo hizo a base de cruentas guerras y violencias, arrasando las estructuras jerrquicas (feudalismo, caudillismo) y espirituales (cristianismo) de las sociedades invadidas que no podan entender que semejantes destrucciones fuesen un progreso. Resultado: en las ms retrgradas de esas sociedades (Espaa, Rusia), los potenciales beneficiarios del nuevo orden napolenico (campesinos y siervos) se aferraron a sus opresores ancestrales (aristocracia, latifundistas, Iglesias catlica y ortodoxa) para defender (con xito en ambos casos) lo que consideraban ser sus tradiciones. Tanto Espaa como Rusia quedaron traumatizadas por esa violenta penetracin del progreso en el marco de una invasin extranjera. En ambos casos, la consecuencia fue que las fuerzas ms reaccionarias se afianzaron largo tiempo en el poder.

Los colonialismos del siglo XIX resultaron otra suerte de guerras napolenicas, se justificaban pretendiendo llevar el progreso a sociedades arcaicas. Fracasaron. Y ms cerca de nosotros, los conflictos de George W. Bush en Afganistn y en Irak tambin fueron, a su manera, guerras napolenicas que pretendan imponer, a base de despiadados bombardeos, las luces de la democracia a sociedades oscurantistas. Naufragaron.

Las mentalidades cambian, no cabe duda. Pero cambian ms lentamente de lo que se cree. Y el ritmo del cambio no se decreta. Querer acelerarlo a base de provocaciones es, en algunas circunstancias, el mejor modo de ralentizarlo. Lo que llamamos islamismo, o sea el integrismo islmico (y ms an el islamismo radical o yihadismo), no es sino una reaccin agnica de defensa frente a la marcha ineluctable de la modernidad. Muy violenta a veces porque sabe que tiene los das contados. Los adelantos de la ciencia y de la tcnica van a seguir provocando mutaciones que tambin afectarn a las religiones, incluido el islam. Ni siquiera unos atentados, por criminales y abyectos que sean, podrn detener duraderamente esa evolucin.


Notas

(1) Los hermanos Kouachi, autores de los atentados contra Charlie Hebdo, admitieron explcitamente que actuaron en nombre de AQPA. Y en un vdeo que se difundi una semana despus de la masacre en las oficinas del semanario en Pars, un comandante de AQPA, Nasr Ibn Ali al Ansi se adjudic el ataque: Hemos dejado claro al mundo islmico que quien eligi el blanco, traz el plan, financi la operacin y design a su emir es la dirigencia de nuestra organizacin. El ataque fue una venganza contra la revista por sus caricaturas del profeta Mahoma, seal.

(2) En los das siguientes a los atentados de Pars, el humorista provocador francs Dieudonn a quien ya en enero de 2014, la Justica francesa haba prohibido un espectculo en Nantes por temor a un eventual desrden pblico, lo cual haba sido celebrado por el ministro francs del Interior (Manuel Valls) en los siguientes trminos: La Repblica no puede tolerar el odio hacia el otro, el racismo, el antisemitismo, el negacionismo. fue detenido por haber escrito, valindose de su supuesta libertad de expresin, en su pgina de Facebook, que se senta Charlie Coulibaly (apellido del autor del odioso atentado antisemita que caus la muerte de cuatro personas en un supermercado kosher de Pars) y ser sometido a juicio, acusado, como lo prev la ley, de apologa del terrorismo.

(3) Regularmente, en los pases de tradicin cristiana, grupos de militantes cristianos agreden o amenazan a autores que proponen una representacin considerada como blasfematoria de las principales figuras del cristianismo. Por ejemplo, en 2006, una bomba de fabricacin casera fue colocada junto al camerino del artista Leo Bassi en el Teatro Alfil de Madrid, poco antes de que comenzara la representacin de su espectculo La Revelacin. En 2008, un festival punk en Suecia peg psters que mostraban a Satans defecando sobre Jess en la cruz. La publicacin del cartel en el peridico local stgta Correspondenten provoc amenazas de muerte de fanticos cristianos contra el editor en jefe. Y en 2012, el cantautor espaol Javier Krahe fue sentado en el banquillo acusado de un delito de escarnio contra los sentimientos religiosos por un vdeo titulado Cmo cocinar un cristo.


Fuente original: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=1f6e3d64-2fab-4d7e-a18a-0750deec5bae



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