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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2015

La impactante aparicin de China en la Argentina

Susana Merino
Rebelin


ltimamente se ha puesto de manifiesto una situacin que est despertando opiniones contrapuestas y en la que me gustara contribuir a separar la paja del trigo. Me refiero al controvertido tema de los acuerdos con Pekn sobre la ocupacin de un sector del territorio patagnico. En primer lugar, creo que una cosa es la presencia de China en nuestro pas y otra son los mtodos y condiciones en que se estn llevando a cabo los convenios. Sobre la presencia china no me caben dudas de que, como tantas otras, se debe a una ineludible y combinada consecuencia de nuestra dinmica histrica y de la del resto del mundo. No voy a opinar, sin embargo, sobre los aspectos formales o contractuales del caso porque exceden a mis conocimientos, pero s me interesa dilucidar cules son algunas de las verdaderas razones que han desembocado en esta situacin.

Muchos recordarn sin duda que EEUU creci sobre la base de la cruenta ocupacin de colonias francesas y espaolas y de parte del territorio mexicano, y, por ltimo, del ms grande y boreal de sus Estados, Alaska, adquirido a Rusia en 1867, esta vez s previo pago de alrededor de unos 7 millones de dlares y posteriormente desarrollado sobre la base del oro y el petrleo. Nuestra Patagonia, heredada del Virreinato del Ro de la Plata, tambin ha sido motivo de codicia, aunque no concretada salvo por parte de Inglaterra en 1833 en el caso de Malvinas y que a partir de entonces estableciera como propias en calidad de Territorio Britnico de Ultramar y el del conflicto por el Beagle y sus islas, disputados por Chile y que fue causa de un laudo arbitral del Vaticano.

Sin embargo, no han faltado los ojos que han seguido viendo en la Patagonia un reservorio de tierras casi deshabitadas como potencial objeto de colonizacin. Tal el caso de la propuesta, que ciertamente solo qued en ilusorio y efmero proyecto, del lder sionista Teodoro Herlz, quin en 1882 propona comprar tierras en Palestina o en la Argentina para la creacin de un Estado judo, siguiendo precisamente el ejemplo de la compra de Alaska por EEUU.

Tampoco podemos ignorar lo poco que, desde la independencia, ha hecho nuestro pas para habitar y desarrollar ese extenso territorio que atesora seguramente ciertas y an ignoradas riquezas, y que la dinmica de la historia conducir a su futuro y casi seguro poblamiento o voluntariamente argentino o inversamente para nosotros involuntariamente extranjero. Y de ese poco hecho forma tambin lamentablemente parte la famosa Conquista del desierto, precedida de la similar, aunque menor, Campaa de Rosas al desierto alrededor de 1834 y emprendida con mayor nfasis por el general Julio Argentino Roca en la dcada de 1970 que deriv en la asignacin arbitraria y neptica de grandes extensiones de tierras a las consideradas patricias familias argentinas. (1)

Y aunque hubo alguna visin de futuro (2) acorde con el pensamiento socio-econmico poltico de la poca, lo cierto es que el territorio patagnico sigue ostentando una densidad poblacional adems de un escaso desarrollo capaces de despertar un fuerte inters ocupacional por parte de naciones que estn llegando al lmite de sus capacidades territoriales habitables, como sucede especialmente en los pases de la cuenca asitica.

Vale la pena recordar que segn el ltimo censo (2010) nuestro pas tiene un promedio de 14,4 hab/km2 con un total de casi el 40% de la poblacin en el Gran Buenos Aires y un mnimo de 2,2 hab/km2 en la Patagonia. Mientras que China ronda los 142 hab/km2. Pequeo detalle

De modo que no es extrao que China est siendo en nuestra Patagonia un adelantado, como lo fueron en su momento los navegantes espaoles y portugueses, en bsqueda no solo de recursos naturales sino de espacios vacos a los que en algn momento pueda acceder, y por ahora pacficamente por cierto, a solucionar sus problemas de crecimiento demogrfico y econmico, algo que no es comn en un mundo en que los imperios tienden ms bien a la ocupacin blica de los territorios que codician casi siempre por razones casi exclusivamente econmicas.

Estas reflexiones solo tienen la intencin de ver las cosas desde una ptica ms global y no simplemente desde el ngulo especfico de un determinado gobierno. Creo, en tal sentido, que nuestro futuro estar determinado no solo por nuestro pasado, o por lo que hemos hecho o dejado de hacer, sino por la evolucin y el devenir de un planeta que ha ido ocupando progresivamente sus espacios habitables, an los ms inhspitos, en bsqueda de su supervivencia y de su imparable crecimiento poblacional y al cual ya le estn quedando muy pocos lugares disponibles.

 

Notas:

1) Osvaldo Bayer sostuvo que es increble la forma como se reparti la tierra despus de la campaa del desierto, fjense en el resultado que sacamos del Boletn de la   Sociedad Rural Argentina fundada en 1868, fjense que entre 1876 y 1903, en 27 aos, se otorgaron 41.787.000 hectreas a 1843 terratenientes, vinculados estrechamente por lazos econmicos y familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel perodo, principalmente a la familia Roca. Los documentos que menciona dicen que sesenta y siete propietarios pasaron a ser dueos de seis millones de hectreas, entre ellos se destacaban veinticuatro de las familias llamadas patricias, que recibieron entre 200.000 hectreas (la familia Luro) y 2.500.000 obtenidas por la familia Martnez de Hoz , bisabuelo del que iba a ser ministro de economa de la dictadura militar.

2) Fragmento del Informe Oficial de la Comisin Cientfica que acompa al Ejrcito Argentino respecto de los resultados de la guerra:

Es evidente que en una gran parte de las llanuras recin abiertas al trabajo humano, la naturaleza no lo ha hecho todo, y que el arte y la ciencia deben intervenir en su cultivo, como han tenido parte en su conquista. Pero se debe considerar, por una parte, que los esfuerzos que habra que hacer para transformar estos campos en valiosos elementos de riqueza y de progreso, no estn fuera de proporcin con las aspiraciones de una raza joven y emprendedora; por otra parte, que la superioridad intelectual, la actividad y la ilustracin, que ensanchan los horizontes del porvenir y hacen brotar nuevas fuentes de produccin para la humanidad, son los mejores ttulos para el dominio de las tierras nuevas. Precisamente al amparo de estos principios, se han quitado stas a la raza estril que las ocupaba.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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