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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-02-2015

La integracin europea es todava un sueo muy lejano
Europa, bla, bla, bla

Jos Manuel Garca de la Cruz
El Salmn Contracorriente

Quin manda en la Unin Europea tanto dentro como fuera de sus fronteras? En medio de la zozobra general, la desorientacin no puede ser mayor. La Comisin Europea, a pesar de sus competencias de representatividad, nunca ha tomado demasiado protagonismo fuera de la Unin. El dficit democrtico ha sido una acusacin permanente desde la configuracin inicial de las instituciones europeas.


Henry Kissinger, a la sazn secretario de Estado de los EE.UU. preguntaba all por los aos setenta por el telfono de la Unin Europea, y nadie pudo drselo. La razn era obvia, la Comisin no representa polticamente a Europa, y la poltica exterior balbuceaba como hoy entre los buenos propsitos y la carencia de medios que puedan hacerla posible. Pues bien, hoy la pregunta sigue siendo vlida quin manda en la Unin Europea? Quin puede ser considerado el representante de la Unin frente al mundo? Y dentro de la Unin? En medio de la zozobra general, la desorientacin no puede ser mayor.

La Comisin Europea, a pesar de sus competencias de representatividad, nunca ha tomado demasiado protagonismo fuera de la Unin, e internamente el hecho de que las decisiones hayan quedado progresivamente oscurecidas por el Consejo Europeo (formado por los jefes de Gobierno) ha reducido la valoracin de su papel a poco ms que a una secretara de la Unin. Y esto ha sido as a pesar de los avances institucionales registrados en el Tratado de la Unin que se han visto debilitados por el creciente protagonismo de los Gobiernos nacionales. Por otro lado, dentro de la unin monetaria se ha reforzado el papel del Eurogrupo y de su presidente, lo que ha incrementado el peso intergubernamental frente a la supranacionalidad de la Comisin que podra compensar la independencia del Banco Central Europeo.

El resultado no es otro que el reforzamiento del papel y de las responsabilidades de los gobiernos nacionales frente a la Comisin, justamente cuando el Parlamento Europeo ha ganado protagonismo como legislador comunitario. De tal forma que si el dficit democrtico ha sido una acusacin permanente desde la configuracin inicial de las instituciones europeas, a medida que los controles democrticos se han reforzado se ha debilitado el papel de las instituciones comunes, potencialmente controladas por el parlamento comn. As se puede entender que cada da se hable menos de la Unin Europea y ms de algunos de sus miembros sea Reino Unido (que se debera ir), Alemania (que quiere mandar) o Grecia (que no saben cmo echar).

La crisis ha deparado sorpresas tambin en este terreno. El Banco Central Europeo es una institucin comunitaria muy especial, como queda de manifiesto en el propio Tratado de la Unin en el que simplemente se nombra sin exponer ni composicin ni funciones detalladas salvo sus limitaciones en la financiacin directa a los gobiernos. Y es que se trata de una organismo internacional de bancos centrales, regulado por sus propias reglas si bien dentro del orden fijado por el Tratado de la Unin. El hecho de que en sus decisiones de ms transcendencia cada uno de los representantes de los pases miembros del Banco Central tenga reconocido un voto, con independencia de su importancia econmica o monetaria, otorga un carcter democrtico a la institucin muy superior al Consejo de la Unin donde los votos de los ministros estn ponderados. No debe sorprender, por tanto, que ya que dentro de la casa todos son iguales en derechos se acuda a las presiones desde fuera para crear opinin y orientar las decisiones internas.

En definitiva, se puede sostener que la Unin Europea lejos de avanzar hacia una institucionalidad fuerte ha ido dando pasos en direccin contraria, reforzando la capacidad de influencia de los gobiernos nacionales frente a las instituciones ms estrictamente comunes que, as, quedan debilitadas.

Cmo ha sido posible esta evolucin? Aunque el proceso viene de lejos (unificacin de Alemania, ampliacin hacia el Este, excepciones en acuerdos sociales o monetarios) se acude a la crisis para explicar e incluso justificar este proceso. Habra sido la incapacidad para hacer un diagnstico anticipador y certero de los problemas por parte de la Comisin lo que habra abierto las puertas a la aceptacin de las iniciativas de los gobiernos nacionales con economas ms saneadas y polticos ms audaces y dispuestos a tomar las riendas de la situacin. Y, evidentemente, el principio democrtico nacional (responder ante sus ciudadanos) se impuso al principio comunitario de fomentar la cohesin econmica, social y territorial y la solidaridad entre los Estados miembros (art. 3 del Tratado de la Unin Europea).

En otros trminos y por concretar: ha sido la incapacidad de acordar colectivamente en el seno del Consejo de la Unin y la escasa iniciativa de la Comisin Europea, lo que ha facilitado la centralidad alemana.

Tambin ha ayudado la falta de armonizacin de aspectos de las constituciones nacionales que facilitan u obstaculizan la aplicacin de las decisiones. As, mientras que los espaoles asistimos a una reforma exprs de nuestra Constitucin - en aras de la coherencia con otras constituciones y el respeto a los compromisos adquiridos, se dijo- vemos cmo Alemania - su gobierno, su Tribunal Constitucional e incluso particulares- solicita aclaraciones de conformidad de las decisiones comunitarias y del BCE antes posibles polticas comunes que consideran pueden ir en contra de su propio ordenamiento, poniendo de relieve otra asimetra en la Unin Europea: la desigual proteccin de las constituciones nacionales ante el proceso de integracin.

Qu cabe hacer? Seguramente el momento no es el ms propicio para abordar cambios institucionales y en el funcionamiento de la Unin Europa -en este sentido, la contumaz negativa a ampliar el presupuesto de la Unin no es sino un extraordinario ejemplo del debilitamiento del proceso de integracin- pero si de reclamar el respeto al conjunto de los compromisos incorporados a los tratados: desde la visin colectiva de los problemas, al respeto a las decisiones nacionales, por ejemplo en materia fiscal o en poltica social, sobre las que son precisas decisiones unnimes, y ante cualquier decisin que pueda tomar un Parlamento nacional que no choque con las disposiciones de los tratados. De otra forma, la deslealtad al proceso de integracin europea no confundir con los mercados- acabar con el sueo de millones de personas de hoy y de un ayer no muy lejano.


Fuente: http://elsalmoncontracorriente.es/?Europa-bla-bla-bla




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