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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-02-2015

Las razones del retraso de la reforma islmica

Ismael Hossein-Zadeh
payvand.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sara Plaza


El reciente caos geopoltico en el mundo rabe musulmn y la consiguiente proliferacin de movimientos radicales y organizaciones como Al Qaida y el Estado islmico parecen haber proporcionado abundante material incendiario para la fbrica propagandstica de los defensores de la teora del "choque de civilizaciones", segn la cual la raz de los conflictos en el mundo musulmn debe buscarse en el propio islam y su supuesta "incompatibilidad" con la modernizacin y los valores occidentales [1].

En lugar de referirse a los ataques terroristas de Charlie Hebdo o del 11-S como delitos de asesinato en masa, los defensores de esta funesta teora no pueden resistirse a la tentacin de denominarlos actos de "guerra contra nuestra forma de vida" [2].

Aunque cuestionable, esta explicacin del terrorismo y la simultnea justificacin de la guerra y el militarismo albergan un elemento de verosimilitud peligrosamente engaoso: una vez que los ciudadanos estn convencidos de que "el islam o los hostiles e incorregibles islamistas van a ahogar nuestra civilizacin", la guerra preventiva puede ser considerada como la respuesta lgica. El peligro aumenta porque esta explicacin del terrorismo tiene el efecto de la profeca autocumplida.

Estos razonamientos tienden a sembrar las semillas del odio y la ignorancia y sirven para envenenar las relaciones internacionales, pero no resisten la prueba de la historia. La historia de las relaciones entre el mundo occidental moderno y el mundo musulmn muestra que, contrariamente a la imagen distorsionada popular, desde los primeros contactos con el capitalismo occidental hace ms de 200 aos hasta el ltimo tercio del siglo XX, los musulmanes fueron bastante receptivos a los modelos econmicos y polticos del mundo moderno.

Durante ese periodo de ms de siglo y medio, la mayora de la elite poltica y/o de los lderes nacionales vieron el auge de Occidente y la extensin de la modernidad occidental hacia sus territorios como una evolucin histrica inevitable que les desafiara a elaborar sus propios programas de reforma y desarrollo. La elite poltica, los intelectuales y los jefes de gobierno no fueron los nicos que entendieron la reforma y la modernizacin como el camino del futuro, tambin lo vieron as muchos lderes y eruditos islmicos, conocidos como "modernizadores islmicos" [3].

Solo despus de ms de un siglo y medio de afn imperialista y de una serie de polticas humillantes impuestas en la regin, las masas populares del mundo musulmn se volvieron hacia la religin y los lderes religiosos conservadores como una fuente de rebelda, movilizacin y respeto por s mismos. Este pasado histrico indica que para muchos musulmanes el reciente giro hacia la religin a menudo representa no tanto el rechazo de los valores y logros occidentales como su manera de resistir o desafiar las alianzas y polticas opresivas de las potencias occidentales en el mundo musulmn. Tambin indica que las razones del retraso y descarrilamiento de las transiciones histricas en el mundo musulmn, es decir, de una reforma islmica, tienen ms que ver con las polticas de las potencias occidentales en la regin que con la supuesta rigidez del islam o "el choque de civilizaciones".

Primeras respuestas a los desafos del mundo moderno

Los primeros modernizadores del mundo musulmn no solo abrazaron la tecnologa occidental, sino que adems acogieron sus instituciones civiles y estatales, su forma de gobierno representativa y sus derechos legales y constitucionales. Por ejemplo, los intelectuales iranes Mulkum Khan (1833-1908) y Agha Khan Kermani (1853-1896) instaron a los iranes a adquirir una educacin occidental y reemplazar la sharia (el cdigo jurdico religioso) por un cdigo jurdico secular. Los lderes polticos laicos que compartan esa opinin unieron sus fuerzas con los lderes religiosos ms liberales en la Revolucin constitucional de 1906, y obligaron a la dinasta Qajar a establecer una constitucin moderna, a limitar los poderes de la monarqua y a otorgar a los iranes representacin parlamentaria [4].

Incluso hubo algunos sultanes otomanos que apostaron por modelos occidentales de industrializacin y modernizacin. Por ejemplo, el sultn Mahmud II "haba iniciado las reformas denominadas tanzimat (regulaciones), en 1826, por las que se abolan los jenzaros [fanticos cuerpos de elite del ejrcito otomano], se modernizaba el ejrcito y se introducan algunas de las nuevas tecnologas". En 1839 el sultn Abdulhamid "promulg el edicto de Glhane, que haca su gobierno dependiente de un acuerdo contractual con sus sbditos y anunciaba una importante reforma de las instituciones del imperio" [5].

Ms radicales, no obstante, fueron los programas de modernizacin y secularizacin de los conocidos modernizadores egipcios Mehmet Al (1769-1849) y su nieto Ismail Baj (1803-1895). Estaban tan impresionados por los espectaculares logros de Occidente que se embarcaron en programas modernizadores vertiginosos para tratar de alcanzar en dcadas lo que al mundo occidental le haba costado siglos: "Para secularizar el pas, Mehmet Al simplemente confisc gran parte de las propiedades religiosas y margin sistemticamente a los ulemas [autoridades religiosas], despojndolos de cualquier vestigio de poder" [6].

Enfrentados a las terribles condiciones de subdesarrollo y a la humillante e imparable dominacin extranjera, estos lderes nacionales modernizadores vieron las reformas como la manera de salir del subdesarrollo y sacudirse el yugo de la dominacin extranjera.

Tanto los intelectuales laicos como la elite poltica y los dirigentes gubernamentales, as como muchos lderes y eruditos islmicos, conocidos como "modernizadores islmicos", consideraron la modernizacin el camino del futuro. Con todo, aunque los programas y las polticas reformistas de los dirigentes polticos nacionales a menudo incluan la secularizacin, al menos de manera implcita, los modernizadores fueron bastante eclcticos: pretendan adoptar aquello que haba hecho fuerte a Occidente, incluyendo el constitucionalismo y los gobiernos representativos, pero conservando sus identidades culturales y nacionales y manteniendo los principios y valores islmicos como fundamento moral de la sociedad. Entre estos modernizadores se encontraban por ejemplo Jamal al-Din al-Afghani (1838-1897), Muhammad Abduh (1849-1905), Qasim Amin (1863-1908) y Shaikh Muhammad Hussain Naini en Egipto e Irn y Sayyid Ahmad Khan (1817-1898) y Muhammad Iqbal (1875-1938) en la India.

Sin lugar a dudas hubo resistencia al cambio. Pero, en lneas generales, los reformadores nacionalistas consiguieron promover vigorosos programas de cambio social, econmico y poltico en muchos pases musulmanes. John Esposito, uno de los principales expertos en estudios islmicos en los Estados Unidos, describe as la disposicin inicial de los responsables polticos y econmicos del mundo musulmn hacia el mundo moderno occidental:

"Tanto las elites nativas, que condujeron los programas de desarrollo gubernamentales en los nuevos estados musulmanes emergentes, como sus patrocinadores y asesores extranjeros, tenan orientacin y educacin occidental. Todos se basaron en el supuesto que identificaba modernizacin con occidentalizacin. El objetivo claro y la premisa del desarrollo era que todos los das y en todos los sentidos las cosas se volvieran ms modernas (es decir, occidentales y seculares), desde la ciudades, los edificios, las burocracias, las empresas y las escuelas hasta la poltica y la cultura. Aunque algunos advirtieron de la necesidad de ser selectivos, la direccin y el ritmo de cambio deseados eran inconfundibles" [7].

Reformas distorsionadas, desbaratadas y retrasadas

La resistencia al cambio no se limita a los musulmanes o al mundo musulmn; el cambio casi siempre genera resistencia. De hecho, la resistencia que durante cerca de 400 aos opuso la Iglesia catlica a la transformacin capitalista en Europa fue incluso ms traumtica que la del mundo musulmn. El penoso esfuerzo de la transicin trajo consigo una mayor agitacin social que la observada en el contexto del mundo musulmn. Mientras que la Iglesia de la Edad Media condenaba la idea misma de ganancia, la bsqueda de sta y la acumulacin de propiedades son consideradas aspiraciones nobles en el islam.

Quienes se oponan a la transicin capitalista en Europa no solo procesaron (y casi colgaron) a Robert Keane por haber obtenido un beneficio del 6% sobre su inversin y "prohibieron a los mercaderes transportar fardos desagradables a la vista" de sus mercancas, sino que adems "pelearon por el privilegio de seguir los pasos de sus padres" [8]. Como seala Karen Amstrong, autora de varios libros acadmicos sobre fundamentalismo religioso, durante los casi cuatro siglos de transicin, la poblacin occidental a menudo "sufri [...] revoluciones sangrientas, reinados del terror, genocidio, violentas guerras de religin, el expolio del campo, grandes levantamientos sociales, la explotacin en las fbricas, malestar espiritual y una anomia profunda en las nuevas megaciudades" [9].

De las sociedades musulmanas, como de las sociedades menos desarrolladas en otros lugares, se espera que por su propia voluntad, u obligadas por los imperativos del mercado mundial, recorran en un periodo de tiempo mucho ms corto el camino que a Occidente le tom cerca de cuatrocientos aos. Adems los esfuerzos que requiere la transicin en el caso de estos pases en desarrollo (con respecto a los que se desarrollaron tempranamente en Occidente) se ven a menudo afectados por la intervencin extranjera y la presin exterior del imperialismo/colonialismo. Esta ltima no solo incluye el uso de la fuerza militar directa, sino tambin la presin encubierta y progresiva ejercida por las mucho ms sutiles fuerzas del mercado y sus agentes, como el Fondo Monetario Internacional, la Organizacin Mundial del Comercio y las agencias de calificacin crediticia como Standard & Poor's y Moody's.

Pese a su turbulencia, el doloroso proceso de transicin al capitalismo en Occidente fue en gran medida un proceso interno; no se puede culpar a ninguna fuerza o injerencia exterior de su dureza. Poco a poco y de mala gana se acept el sufrimiento de las transiciones como fatalidad histrica. Pero no ocurri lo mismo en el caso de los pases en desarrollo. Aqu los dolorosos aspectos del cambio y la transicin son percibidos a veces como el efecto producido por modelos extranjeros o programas imperialistas y no como necesidades histricas. En consecuencia, a menudo se culpa de la agona del cambio (sobre todo por parte de los conservadores que defienden el statu quo) a las fuerzas y potencias exteriores: colonialismo, imperialismo y (actualmente) neoliberalismo.

La propia intervencin extranjera, que advierte y refuerza esas percepciones ha tenido por lo tanto el efecto de retardar o retrasar el proceso de reforma en el mundo musulmn. La intervencin exterior a menudo beneficia a los elementos conservadores y oscurantistas, expertos en presentar su oposicin innata al cambio como una lucha contra la intrusin extranjera, reforzando as la resistencia a la reforma, sobre todo a la reforma religiosa. Hoy, por ejemplo, las intervenciones de Estados Unidos y Europa en los asuntos internos de numerosos pases como Egipto, Pakistn, Irn, Arabia Saudita, Kuwait, Irak, Siria, Libia, Jordania, Turqua y Nigeria, en vez de facilitar el proceso de reforma o apoyar a las fuerzas del cambio en esos pases, lo que estn haciendo es perjudicar a dichas fuerzas y retrasar la reforma beneficiando a sus oponentes conservadores y fortaleciendo la resistencia.

Al contrario de la creciente influencia poltica de los "islamistas radicales" en estos ltimos aos/dcadas, los crculos radicales de los periodos tempranos no tuvieron excesivo poder sobre la direccin de las economas y polticas nacionales. Su oposicin a los valores e influencias occidentales sola adoptar la forma de "rechazo o elusin" pasiva [10]. Simplemente se negaron a cooperar o tratar con las potencias coloniales y sus instituciones (como los sistemas escolares occidentales modernos), las cuales se iban extendiendo en su entorno: "No intentaron asumir el control poltico directo sino que se sirvieron de su posicin para conservar la tradicin lo mejor que pudieron bajo las condiciones rpidamente cambiantes de entonces". Y aunque "siguieron siendo un factor importante por su capacidad de influir en la opinin pblica [...] bsicamente utilizaron su posicin para promover la obediencia a los gobernantes" [11].

En la medida en que las figuras o grupos islamistas conservadores se oponan activamente a las polticas de cambio, los intentos oscurantistas casi siempre fueron derrotados, coaccionados o cooptados por los lderes nacionalistas laicos modernizadores, reformistas o revolucionarios. De modo que en todos los movimientos sociales ms importantes de los primeros dos tercios del siglo XX (es decir, los movimientos de liberacin nacional, antiimperial, anticolonial y los subsiguientes movimientos de reforma radical de carcter "no capitalista" u "orientados al socialismo" de las dcadas de los 50 y los 60), el liderazgo nacional y los programas de desarrollo econmico estuvieron en manos de los nacionalistas seculares.

Esos programas se crearon siguiendo el modelo de desarrollo econmico estadounidense, como en el caso del Sah de Irn y el rey de Jordania, o bien el modelo sovitico de "desarrollo no capitalista", como por ejemplo en Egipto en la poca de Nasser. Si bien ahora, visto en retrospectiva, es relativamente fcil darse cuenta de las carencias y las deficiencias de esos programas de desarrollo, en su momento prometan sacar a sus respectivas sociedades de la situacin de dependencia, pobreza y subdesarrollo.

Como queda dicho, durante los primeros dos tercios del siglo XX, mientras las esperanzas y aspiraciones alentadas por ellos se mantuvieron vivas, la llamada de las promesas vagas de una "alternativa islmica" no fue lo suficiente fuerte para desafiar a los gobiernos de los lderes nacionalistas seculares y sus programas de desarrollo.

Sin embargo hacia finales de los 60 y principios de los 70 se vio claro que los programas de desarrollo e industrializacin patrocinados en gran medida por Estados Unidos en los pases musulmanes (y en otros menos desarrollados) eran muy selectivos, muy desiguales y tenan en cuenta, principalmente, los intereses de las compaas transnacionales y los de sus socios en los pases anfitriones. Todos los factores y las circunstancias favorables que haban alimentado hasta entonces los sueos de progreso econmico, derechos democrticos y soberana poltica parecan irreales y decepcionantes. Y cuando esas esperanzas y esos sueos se volvieron amargos, las promesas de una "alternativa islmica" empezaron a resultar atractivas, de ah el resurgimiento del "islam poltico" a partir de los aos 70 del siglo pasado.

Resumiendo, la evidencia histrica desmiente la afirmacin segn la cual el islam y/o el mundo musulmn son inherentemente incompatibles con la modernizacin y rebate, por tanto, que el auge de la militancia islmica en estas ltimas dcadas y las reacciones violentas como los ataques terroristas del 11-S y Charlie Hebdo sean fundamentalmente manifestaciones del "choque de civilizaciones". Un anlisis exhaustivo de las primeras respuestas del mundo musulmn a los desafos del Occidente moderno revela que, a pesar de la resistencia espordica, la poltica general fue la de avanzar en la direccin de la reforma y la adaptacin. La poltica de adaptacin y apertura se mantuvo desde los primeros contactos del mundo musulmn con el mundo moderno, a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, hasta aproximadamente el ltimo tercio del siglo XX. La reciente resistencia hacia los valores occidentales y la bsqueda de una vuelta al ethos islmico y el consiguiente retraso de la reforma islmica tienen ms que ver, por tanto, con el resultado de las polticas intervencionistas de las potencias occidentales en el mbito de la geopoltica que con la supuesta rigidez del islam.


Notas

[1] Samuel Huntington, The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order (Nueva York: Touchstone Books, 1997); Bernard, Lewis, What Went Wrong: Western Impact and Middle Eastern Response (Nueva York y Oxford: Oxford University Press, 2001).

[2] Este ensayo se basa en gran medida en el Captulo 5 de mi libro The Political Economy of U.S. Militarism (Palgrave-Macmillan 2007).

[3] John O. Voll, Islam: Continuity and Change in the Modern World , 2 ed. (Syracuse: Syracuse University Press, 1994).

[4] Karen Armstrong, Islam: A Short History (Nueva York: The Modern Library, 2000).

[5] Ibid., p. 150.

[6] Ibid., pp. 150-51.

[7] John Esposito, The Islamic Threat (Nueva York: Oxford University Press, 1992), p. 9.

[8] Robert Heilbroner, The Worldly Philosophers (Nueva York: Simon and Schuster, 1972), p. 35.

[9] Armstrong, Islam: A Short History (supra cit.) p. 145.

[10] Wu Guying, Middle East: The Roots of Conflict, Asia Times (22 de noviembre de 2002): http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/DK22Ak05.html.

[11] John O. Voll, Islam: Continuity and Change in the Modern World (supra cit.), p. 94.

Ismael Hossein-zadeh es profesor emrito de Economa (Drake University). Autor de Beyond Mainstream Explanations of the Financial Crisis (Routledge, 2014), The Political Economy of U.S. Militarism (Palgrave-Macmillan, 2007) y Soviet Non-capitalist Development: The Case of Nassers Egypt (Praeger Publishers, 1989). Ha colaborado adems en Hopeless: Barack Obama and the Politics of Illusion (AK Press, 2012) .

Fuente: http://www.payvand.com/news/15/feb/1047.html



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