Portada :: Opinin :: El cmic de la discordia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-02-2015

Uno de los filsofos ms importantes en la actualidad, desmonta sobre los crmenes de Charlie Hebdo la alternativa "Occidente o barbarie"
La bandera roja y la tricolor

Alain Badiou
eldiario.es


Hoy en da, el mundo en su totalidad est dominado por el signo del capitalismo global, sometido a la oligarqua internacional que lo regenta y sujeto a la abstraccin monetaria como nica figura reconocida de la universalidad.

En este contexto desesperante se escenifica una especie de representacin histrica engaosa. Sobre la trama general de Occidente patria del capitalismo dominante y civilizado contra el Islamismo referente del terrorismo sanguinario aparecen, de un lado, bandas asesinas o individuos armados hasta los dientes que esgrimen, para hacerse respetar, el cadver de algn Dios; del otro, en nombre de los derechos humanos y la democracia, salvajes expediciones militares internacionales que destruyen Estados enteros (Yugoslavia, Irak, Libia, Afganistn, Sudn, Congo, Mali, Repblica Centroafricana) y causan millares de vctimas sin conseguir nada ms que negociar, con los bandidos ms corruptos, una paz precaria en torno a pozos, minas, recursos alimenticios y enclaves donde prosperan las grandes empresas.

Es falso presentar estas guerras y sus repercusiones criminales como la contradiccin principal del mundo contemporneo, aquella que iluminara el fondo de las cosas. Los soldados y policas de la guerra antiterrorista, las bandas armadas que reivindican un Islam mortfero y todos y cada uno de los Estados pertenecen hoy a un mismo mundo: el capitalismo depredador.

Dentro de este mundo unificado, diversas identidades artificiales, cada una creyndose superior a las otras, construyen sus pequeos territorios de dominacin local. Hay diversas versiones de un mismo mundo real donde los intereses de los agentes siempre coinciden: la versin liberal de Occidente, la versin autoritaria y nacionalista de China o de la Rusia de Putin, la versin teocrtica de los Emiratos, la versin fascistoide de las bandas armadas En todas partes las poblaciones son llamadas a defender unnimemente la versin que el poder local sostiene.

Esto ser as hasta que el verdadero universalismo la toma de las riendas del destino de la humanidad por la propia humanidad y, por tanto, la nueva y decisiva encarnacin histrico-poltica de la Idea comunista despliegue su nueva potencia a escala mundial, anulando de paso el sometimiento de los Estados a la oligarqua de los propietarios y sus siervos, la abstraccin monetaria y, finalmente, las identidades y contra-identidades que desatan las pasiones y desembocan en la muerte.

Identidad francesa: la Repblica

En esta guerra de identidades, Francia intenta distinguirse con un ttem de su invencin: la Repblica democrtica y laica, o el pacto republicano. Este ttem refuerza el orden parlamentario establecido en Francia al menos desde su acto fundacional, a saber: la masacre, en 1871, por los Adolphe Thiers, Jules Ferry, Jules Favre y otras vedettes de la izquierda republicana, de veinte mil obreros en las calles de Pars.

Este pacto republicano al que se han sumado tantos ex-izquierdistas, entre ellos Charlie Hebdo, siempre ha sospechado que se tramaban cosas espantosas en los suburbios, en las fbricas de las afueras, en los bares sombros de los arrabales. La Repblica siempre ha llenado las prisiones, bajo incontables pretextos, de los sospechosos jvenes mal educados que all vivan. Tambin ella, la Repblica, ha multiplicado las masacres y nuevas formas de esclavitud que requiere el mantenimiento del orden en el Imperio colonial. Un Imperio sanguinario que habra encontrado un referente fundamental en las declaraciones del propio Jules Ferry decididamente un activista del pacto republicano y su exaltacin de la misin civilizadora de Francia.

Ahora bien, hay que resaltar que un nmero considerable de jvenes que habitan nuestras banlieues, ms all de sus actividades sospechosas y su falta flagrante de educacin (es extrao que la famosa Escuela republicana no haya podido, segn parece, obtener nada, aunque no llega a convencerse de que es por su culpa y no por culpa de los estudiantes), tienen padres proletarios de origen africano o ellos mismos han venido de frica para sobrevivir y, en consecuencia, a menudo profesan la religin musulmana. A la vez proletarios y colonizados, en suma. Dos razones para desconfiar y tomar serias medidas represivas al respecto.

Supongamos que es usted un joven negro o un joven con aspecto rabe, o incluso una joven mujer que ha decidido queriendo ser rebelde, porque est prohibido cubrirse el pelo. Pues bien, tiene usted entonces nueve o diez veces ms posibilidades de ser frecuentemente detenido en la calle por nuestra polica democrtica y ser retenido en una comisara que si usted tuviera el aspecto de un francs, lo que quiere decir, tan solo, tener la fisionoma de alguien que no es probablemente ni proletario, ni ex-colonizado. Ni musulmn.

Charlie Hebdo, de algn modo, no haca ms que seguir el juego a estos usos policiales, con el estilo divertido de los chistes con connotacin sexual. Tampoco esto es demasiado nuevo. No hay ms que ver las obscenidades de Voltaire sobre Juana de Arco: su Doncella de Orlans es, sin duda, digna de Charlie Hebdo. Por s solo, este poema guarro dirigido contra una herona sublimemente cristiana permite decir que las verdaderas y slidas luces del pensamiento crtico no estn en absoluto ilustradas por este Voltaire de baja estofa.

Al respecto, es reveladora la sensatez de Robespierre cuando condenaba a todos aquellos que llevaban a cabo violencias antirreligiosas en el seno de la Revolucin, no obteniendo as ms que desercin popular y guerra civil. Ello nos invita a considerar que lo que divide a la opinin democrtica francesa es estar sabindolo o no o bien del lado constantemente progresista y realmente demcrata de Rousseau, o bien del lado del negociante pcaro, del rico especulador escptico y hedonista que estaba, como el genio malvado, alojado dentro de aquel Voltaire, por lo dems capaz de autnticos combates en otras ocasiones.

El crimen de tipo fascista

Y qu hay de los tres jvenes franceses que enseguida fueron abatidos por la polica? Yo dira que cometieron lo que hay que denominar un crimen de tipo fascista. Con ello me refiero a un crimen que tiene tres caractersticas.

En primer lugar est dirigido, no es arbitrario, porque su motivacin es ideolgica, de carcter fascistoide, es decir estrictamente identitaria: nacional, racial, comunitaria, tradicionalista, religiosa En estas circunstancias, los asesinos son antisemitas. A menudo el crimen fascista apunta a publicistas, periodistas, intelectuales o escritores que los asesinos consideran representantes del bando contrario. En estas circunstancias, Charlie Hebdo.

En segundo lugar, es un crimen de una violencia extrema, asumida, espectacular, porque aspira a imponer la idea de una determinacin fra y absoluta, que por lo dems incluye, de forma suicida, la probabilidad de la muerte de los propios asesinos. Es el aspecto Viva la muerte!, el rasgo nihilista de estas acciones.

En tercer lugar, el crimen tiene la intencin por su enormidad, su efecto sorpresa y su carcter de excepcin de crear en el Estado y la opinin pblica una sensacin de terror que alimente, a su vez, reacciones incontroladas, totalmente volcadas en una contra-identidad vengativa, que a ojos de los criminales y sus jefes justificarn, por simetra, el atentado sangriento. Esto es precisamente lo que ha ocurrido. En ese sentido, el crimen fascista ha supuesto una especie de victoria.

El Estado y la opinin

Desde el principio, el Estado se ha volcado en una utilizacin desmesurada y extremadamente peligrosa del crimen fascista, porque lo ha inscrito en el registro de la guerra mundial de identidades. Al musulmn fantico se ha opuesto sin vergenza el buen francs demcrata.

La confusin ha llegado al colmo cuando hemos visto que el Estado convocaba, de manera perfectamente autoritaria, a manifestarse. Es casi como si Manuel Valls hubiera pensado en encarcelar a quienes no fueron a las concentraciones o como si se hubiera exhortado a la poblacin, una vez manifestada su obediencia identitaria bajo la bandera tricolor, a esconderse en sus casas o a desempolvar el uniforme de reservista y partir hacia Siria a toque de corneta.

Tanto es as que, en el momento ms bajo de su popularidad, nuestros dirigentes han podido, gracias a tres fascistas descarriados que no hubieran alcanzado a imaginar tal victoria, desfilar ante ms de un milln de personas al mismo tiempo aterrorizadas por los musulmanes y alimentadas por las vitaminas de la democracia, del pacto republicano y de la soberbia grandeza de Francia.

En cuanto a la libertad de expresin, hablemos de ella! La manifestacin afirmaba, al contrario, con gran refuerzo de banderas tricolores, que ser francs es que todos tengan, bajo la batuta del Estado, la misma opinin. Era prcticamente imposible, durante esos das, expresarse sobre lo que suceda de un modo que no consistiera en complacerse con nuestras libertades, con nuestra Repblica, en maldecir la corrupcin de nuestra identidad por los jvenes proletarios musulmanes y las chicas horriblemente cubiertas por el velo, y en prepararse virilmente para la guerra contra el terrorismo. Incluso lleg a escucharse el siguiente grito, admirable por su libertad expresiva: todos somos policas.

En realidad, es muy normal que la norma en nuestro pas sea la del pensamiento nico y la sumisin timorata. La libertad en general, incluyendo la de pensamiento, expresin, accin, la de la vida misma, consiste hoy en devenir unnimemente auxiliares de polica para batir a unas decenas de reclutas fascistas, en la delacin universal de sospechosos barbudos o con velo y en la sospecha constante sobre las sombras banlieues, herederas de los arrabales donde antao se masacr a los partidarios de la Comuna? O bien el esfuerzo central de la emancipacin, de la libertad pblica, debe ser actuar en comn con el mayor nmero posible de jvenes proletarios de estos barrios, con el mayor nmero de chicas, con o sin velo, eso no importa, en el marco de una poltica nueva, que no se refiera a ninguna identidad (los proletarios no tienen patria) y que anticipe la figura igualitaria de una humanidad que finalmente se haga cargo de su propio destino? Una poltica que aspire racionalmente a desprendernos, al fin, de nuestros verdaderos y despiadados amos, los adinerados regentes de nuestro destino?

Desde hace mucho tiempo ha habido en Francia dos tipos de manifestaciones: unas bajo la bandera roja, otras bajo la bandera tricolor. Cranme: incluso para acabar con las pequeas bandas fascistas identitarias y asesinas ya sean las que reivindican formas sectarias de la religin musulmana, la identidad nacional francesa o la superioridad occidental, las banderas tricolores, dirigidas y utilizadas por nuestros amos, no son eficaces. Son las otras, las rojas, las que hay que traer de vuelta.

Este artculo apareci en el diario Le Monde el 27 de enero. Se publica ahora en eldiario.es gracias a la amable autorizacin de su autor. La versin completa, publicada por primera vez en Mediapart, puede leerse tambin en castellano en este PDF.

Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/Charlie_Hebdo-roja-tricolor_6_353174694.html

Traduccin: Pablo La Parra Prez

Sobre la filosofa poltica de Alain Badiou, en el diario.es puede leerse "Un tiempo de revueltas", por Amador Fernndez-Savater



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter